El Discurso Escrito y Final de Vladímir Putin en Alaska
No fuimos nosotros quienes observamos ese minúsculo detalle: el discurso que el dictador ruso, el genocida del pueblo ucraniano, llevaba redactado desde el Kremlin y que leyó en la rueda de prensa al final de su cortísima reunión con el obtuso e inepto Donald Trump, quien sigue creyéndole todo lo que el ruso criminal, requerido por la CPI, le dice. Fue una periodista/analista de la CNN quien observó ese detallito pequeño y lo comentó ante las cámaras de este famoso y muy difundido telediario estadounidense. Y de ella traemos este tema para redactar este editorial en esta edición de nuestro periódico.
¿Pero por qué es importante ese pequeño detalle, del discurso que Putin traía elaborado, pulido y plenamente aceptado desde el Kremlin, desde su despacho y con toda seguridad escrito por uno de sus asistentes, quien trabaja para él para ese menester de escribir sus mensajes? Porque es una muestra inequívoca de que, así como llevaba esa pieza retórica, llena de alabanzas a Trump y mentiras sentimentaloides dirigidas hacia Ucrania y los ucranianos, a quienes falsamente llamó “nuestros hermanos”, pero a quienes bombardea mañana, tarde y noche, llevaba también las intenciones de no ceder nada en pro de la pacificación de esa absurda y desgastante guerra que él ha llevado a las llanuras de esa nación libre e independiente. Es más, uno de sus asistentes con rango de ministro, dijo claramente que la agenda que iban a dialogar y discutir con el crédulo Trump, llevaba prioritariamente el tema comercial, porque existen áreas en los Estados Unidos y Rusia que todavía no han sido explotadas en el aspecto del comercio bilateral, dejando de lado referirse al conflicto armado con Ucrania.
En otras palabras, Putin sabía lo que iba a hacer, decir, actuar y determinar finalmente en Alaska, el Estado marco de este encuentro mal llamado “cumbre”; pues ambos personajes, Trump y Putin, no son dignos de crear un encuentro cimero o cumbre, pues los dos son realmente dos parias de nuestro tiempo. El primero, debería estar en una cárcel en los Estados Unidos, debido a sus múltiples delitos, que van desde violaciones a mujeres en sitios públicos (como a aquella columnista que manoseó en una tienda en Nueva York), hasta defraudaciones fiscales a la Hacienda de esa nación; y el segundo, un dictador que ha amañado varias veces las elecciones en Rusia, con tal de perpetuarse en el poder; un asesino que ha mandado a sus verdugos a matar a opositores en el extranjero y fue quien ordenó el crimen de su archi-enemigo, Navalny, en una penitenciaría en el Círculo Polar Ártico, hace pocos meses; e invadió a Ucrania, donde sus tropas han perpetrado crímenes de lesa humanidad contra la población civil, siguiendo órdenes de Putin desde su escritorio en el Kremlin. Es decir y en resumen, ni uno ni el otro, merecen los puestos donde ahora están y los dos son dos piezas seguras para el banquillo de los acusados de cualquier Corte de Justicia que decida procesarlos por sus aberrantes episodios y capítulos de altísima delincuencia y criminalidad.
Y otro rasgo llamativo al haber finalizado la cita en Alaska entre estos dos sujetos, el ruso y el gringo, radica en la actitud de Donald Trump, quien, como todos sabemos, tiene su lengua solamente para decir inexactitudes, sandeces, amenazas, insultos y vulgaridades, porque había mencionado que si no había acuerdo alguno con Putin, como se preveía que así iba a ocurrir, como realmente sucedió, se iba a levantar de la mesa de negociaciones, iba a comparecer solo ante la prensa e iba a regresar a Washington para castigar económicamente al gobierno ruso y a aquellos otros que comercian con ellos y mencionó el caso de la India, que sigue comprando el crudo a Moscú. Pero nada de eso hizo. ¿Y por qué apareció un Donald Trump en evidente estado de “shock” ante los periodistas, parado al lado del genocida ruso? Simple y por dos razones: porque el ruso le llenó de halagos que tanto gustan al corredor de bienes raíces, convertido equivocadamente en presidente de los Estados Unidos; y porque no entendió, como debió haberlo entendido con toda claridad, que Putin se estaba evadiendo una vez más de su responsabilidad con respecto a la paz en Ucrania.
Es decir, lo que resultó ser clarísimo para miles de miles de personas que seguían por la televisión el encuentro bilateral ruso-estadounidense, de que Putin le estaba negando a Trump la pacificación de la guerra que él creó en Ucrania, aunque de manera elegante, refinada y sutil, el gringo, poco diestro en comprender muchísimas cosas que se dan alrededor suyo y a diario, creyó que el ruso estaba dejando la paz para otro momento más idóneo que éste. Trump –y su grupo de matones obtusos como él, y que son supremacistas blancos-, son incapaces de entender que Vladímir Putin persigue un objetivo claro, definido y que no descansará hasta obtenerlo, cual es la conquista y el sometimiento de Ucrania, adherir esa nación al territorio de Rusia, porque –en su ideario equivocado-, “Ucrania es una fantasía de unos pocos, no existe como país, es parte de Rusia y siempre lo ha sido” y por ello tiene que volver a formar parte del gran imperio ruso, del mismo modo como lo es Bielorrusia, el Estado títere del Kremlin; o Chechenia y Georgia, dos naciones que han luchado por su independencia, pero que Putin ha mandado a bombardearlas y asesinar a sus pueblos sin misericordia alguna. Trump, por lo tanto, está a “años luz” de comprender algo tan simple y evidente. Una prueba fehaciente de que nunca estuvo preparado, ni en mínimo aspecto, para meterse en política y mucho menos, ser presidente de EE.UU. Porque Trump es solamente un defraudador, un fiasco de empresario “vende-casas y edificios” y nunca un político común y mucho menos de fuelle.
¡Pues bien! Desde que Putin descendió del elegante avión color blanco, con la bandera de la Federación rusa en sus costados, se le notaba relajado, despreocupado y sonriente. Como nunca. Por supuesto, ya venía preparado desde Moscú para decir lo que llegó a decir, marcharse sin renunciar a ninguna de sus intenciones, no sin antes leer ese discurso pleno de falacias, que traía redactado desde su despacho en el Kremlin y en el que se afirmaba, de antemano, que su reunión con Trump iba a ser solamente “un bonito acto social”, donde iba a lisonjear al inepto gringo.
Por lo pronto, Putin seguirá atacando a los civiles en Ucrania, hasta quebrar la resistencia de esa nación y apropiarse de ella. No hará otra cosa.
El Próximo Encuentro de Donald Trump con Vladímir Putin en Alaska
En estos días que transcurren del mes de agosto, se reunirán en esta “tierra perdida” de América del Norte, dos seres peculiares en todo sentido; es decir, totalmente distintos al común de la gente y a los líderes del pasado: uno, el estadounidense, Trump, un esquizoide, adentrado en la tercera edad o ancianidad, un trastornado que no mide sus palabras y dice las obscenidades que siempre se le ocurren, así… “sin filtros”, sin importarle a quienes hiere o destruye. Además, es el menos político de cuantos mandatarios ha habido en los Estados Unidos, un ignorante total de la política y que está allí, en la Casa Blanca, por un error garrafal, monumental y sin precedentes de los votantes que lo encumbraron hasta ese delicadísimo puesto en la presidencia de la primera potencia mundial.
En estos momentos cruciales de nuestra contemporaneidad, el único rasgo positivo en Trump y que en el fondo posee una intención si se quiere maquiavélica o plena de ambición y egolatría, es el deseo de pacificar cuanto conflicto hay en el planeta; pero no lo hace por amor a la humanidad, pues Donald Trump es incapaz de sentir amor por nadie, ni siquiera por su hijo más joven, Barron, y mucho menos por su mujer, Melania; ya que sólo se ama a sí mismo y punto. En estos casos del belicismo alrededor del planeta, lo que pretende Trump es alcanzar el Premio Nobel de la Paz, así le cueste lo que le cueste y por encima de todo idealismo, de todo humanismo y de todo sentimiento que vaya en pos de la tranquilidad y el bienestar de los pueblos que se debaten en medio de las guerras.
Su contraparte que viajará próximamente a Alaska, es el ruso Vladímir Putin, un auténtico escorpión (alacrán, como se le llama a ese bicho en América Latina), salido de la burocracia de la KGB, la agencia de espionaje soviética y que ha ido adquiriendo conocimiento político a lo largo de su dilatada dictadura en esta nación que es la más extensa del globo terráqueo. Putin está más cerca de Stalin que de otro líder ruso del pasado, de la historia. Es un criminal que manda a asesinar a sus opositores, así se hallen en el otro punto equidistante y más lejano del Kremlin. Le gusta matar con veneno y no pierde su frialdad natural. Es una bestia glacial, propia de las estepas rusas o del Círculo Polar Ártico donde nació (en San Petersburgo). Su ataque a Ucrania, su constante retórica en la que repite que ese país “no es un país, nunca lo ha sido, forma parte de Rusia y es una fantasía de los ucranianos,” le ha hecho actuar, lo mismo que en Georgia y en Chechenia donde ha llevado también la guerra, de una manera supra-criminal, bombardeando ciudades, barrios enteros atestados de niños y donde no existen objetivos ni emplazamientos logísticos enemigos.
Putin, en su criminalidad individual y generalizada en Ucrania, sólo es superado por otro que es más asesino que él y ese es el judío, dictador actual de Israel, Benjamín Netanyahu, el que está masacrando y exterminando al pueblo palestino en estos instantes, en la Franja de Gaza.
Esos dos, el analfabeto Trump y el frívolo Putin, se encontrarán en estos días en Alaska y esto será parte del diálogo: el ruso exigirá al estadounidense, para poner la paz en suelo ucraniano, que le sean reconocidos los territorios del Donbáss, sostenidos a duras penas por el ejército invasor de Rusia; la península de Crimea; que Ucrania desista de su intención de ingresar a la Alianza Atlántica (la OTAN), y que desaparezca su ejército y ponga en su lugar una fuerza policial en su vida nacional. Además, Putin conoce mejor a Trump de lo que éste conoce al dictador ruso y por eso le hará escuchar lo que a Trump le gusta escuchar: lisonjas, alabanzas (mentiras) hacia su personalidad y a partir de allí… el gringo comenzará a darle en todo la razón al ruso y le entregará a Ucrania en “bandeja de plata.” Los ucranianos saben que eso ocurrirá. No hace falta que desempolven una bola de cristal para adivinar el futuro próximo. Zelenski, presidente de esta nación invadida, su Gabinete de Estado y su Estado Mayor en el ejército, conocen a la perfección a ambos sátrapas. Por ello, los ucranianos no aceptarán esa entrega de su territorio, esa displicencia sin límite al ruso criminal, llamado Vladímir Putin, y es por eso también que el mismo Zelenski ha avisado a ambos energúmenos que “mi país no cederá territorio a Rusia” y lo ha dicho después de que Trump adelantara que en Alaska habrá un “intercambio territorial que beneficie a ambas partes.” Y ya conocemos sobradamente ese tipo de acuerdos que busca y practica Trump, donde uno sale más dañado que el otro o el otro sale enteramente ganancioso.
“Los ucranianos no entregarán su tierra al ocupante. No pueden tomarse decisiones en nuestra contra, no pueden tomarse decisiones con Ucrania. Sería una decisión contra la paz. No conseguirán nada. La guerra no puede terminar sin nosotros, sin Ucrania. Kiev está listo para tomar decisiones reales que puedan traer la paz, que debe ser una paz digna.” Aseveró el mandatario ucranio. Esto porque Trump quiere obviar a Ucrania, el país invadido, como si se tratase de un sucio y feo mueble al que él decide quitarlo de un sitio para tirarlo a la basura o colocarlo en otro lugar, sin tomar en consideración lo que piensan, sienten y desean los ucranianos. Repetimos: ellos son los que han puesto sus muertos, sus heridos, sus ciudades bombardeadas y su territorio invadido por hordas criminales, obedientes al criminal “ex KGB.”
Después de Alaska, lo que vendrá será más duro para todos y sin duda… la guerra continuará, pues se trata de dos bestias acéfalas (sin cerebro), Trump y Putin, negociando de una manera tan vil y canalla, que no dejarán otra alternativa que la continuidad de la masacre causada por el ruso y la defensa del pueblo ucraniano.
El Pensamiento Torcido y Extraviado de Donald Trump. Cada Vez que Abre sus Fauces es para Decir Descomunales Bestialidades
Todavía recordamos cuando, durante su primer mandato y con el arribo mortal del Covid-19, esparcido por la China comunista por todo el planeta, Donald Trump, en medio de uno de sus tantos seudo-discursos, le dijo a una científica estadounidense allí presente: “Si el desinfectante que sirve para limpiar los muebles, acaba con el virus, entonces podríamos beberlo y así matamos al virus en nuestro organismo.” Quienes lo escuchaban ahí, presencialmente, no creían lo que estaban oyendo y lo que era peor se fundamentaba en que el presidente del país más poderoso del mundo lo estaba diciendo con toda seriedad y convencimiento. La científica se quedó con la boca abierta por la imbecilidad que acababa de escuchar y tardó minutos en salir del “shock” que le había causado Trump con esa temible y demencial afirmación. “Tomar desinfectante porque, así como mata a los virus en las superficies de los muebles, puede hacerlo también en nuestros organismos.” Sin palabras… el tipo se había descubierto a sí mismo y lo que tenía en el cerebro en ese momento. Ahora sigue igual o peor…
Y las preguntas que nos seguimos haciendo son: ¿Representa fielmente Donald Trump al pueblo de los Estados Unidos? ¿Son los estadounidenses tan incultos, tan “descerebrados” como su mandatario? ¿Es el digno representante de la ciudadanía norteamericana que lo llevó por segunda vez al poder? ¿Son “los gringos” –como se les dice peyorativamente-, tan “inauditos” en su quehacer diario; dicen tantas insensateces, son tan capaces de hacer tantas barbaridades como apoyar irrestrictamente a un criminal como Benjamín Netanyahu y estar de acuerdo en lo que ese judío hace en Gaza, que no es otra cosa que el peor genocidio del Siglo XXI y a ojos vistos? No lo sabemos. Tendríamos que analizar al resto de los votantes estadounidenses; es decir, a la mitad más unos diez, que representan a la mayoría que votó por Trump. Sólo así sabremos si Trump y sus seguidores, que se cuentan por millones en USA, son iguales o son la misma cosa…
Otro aspecto radica en que, cualquiera que escriba contra él o diga algo que le contradice, entonces Trump desata una “tormenta” en su red social Trust contra esa simple persona, quien, además de ser una auténtica desconocida, le estaba diciendo una verdad diáfana, cruda e intrínsecamente honesta. Es evidente que este obtuso personaje de la actual realidad de los Estados Unidos no guarda las distancias y mucho menos es consciente de su importante posición, quizás la más importante junto al Papa o al cabeza de la Unión Europea (UE), debido a que es el mandatario de la primera potencia mundial. Porque si fuera consciente en grado mínimo, no se detendría a hacer caso a la enorme cantidad de críticas y comentarios que a diario se le hacen, de parte de las personas sencillas que no están de acuerdo con lo que dice y mucho menos con lo que, equivocadamente, hace. Es decir, se comporta igual a un gamberro más y nunca como el presidente al que los votantes han llevado hasta ese elevado puesto.
Otro ejemplo de ese pensamiento torcido y extraviado de Donald Trump, de esas bestialidades que son propias de la cotidianidad en la que él vive y se desenvuelve, la dijo en contra del psicópata ex presidente de Rusia, Dmitri Medvéded, quien actualmente ostenta el cargo de vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa; pero la verdad es que su jefe, el tirano de esa nación, Vladímir Putin, lo utiliza para que salga a la opinión pública constantemente y profiera amenazas a los gobiernos occidentales y use su afilada lengua, cargada de comentarios venenosos contra todos los enemigos del Kremlin posibles. Lo cierto es que Trump se enfrascó en una agria discusión con ese personaje “putiniano”, debido a comentarios expresados por el ruso, según su costumbre, y que Trump tomó como si hubieran sido amenazas contra la seguridad de los Estados Unidos. Incluso, el norteamericano ordenó el despliegue de dos submarinos nucleares “en los sitios adecuados” para contraatacar a Rusia en el momento en que ésta dispare sus primeros misiles contra USA. Medvéded manifestó en referencia a Trump en su cuenta de Telegram: “El estadounidense vuelve a columpiarse en sus columpios favoritos –refiriéndose al tema de la guerra contra Ucrania-: ‘Estoy satisfecho con la conversación con Putin’. ‘Estoy decepcionado de la conversación con Putin.’ ‘No suministraremos nuevas armas a Ucrania’. ‘Suministraremos muchas armas a Ucrania para su defensa.’” Se burló de Donald Trump, quien lo tomó como una “amenaza” a USA. Y aquí viene la imbecilidad del mandatario “gringo” y fue cuando dijo a las decenas de periodistas que tomaban nota de sus exabruptos: “Bueno, sólo tienen que leer lo que dijo Medvédev (la supuesta amenaza nuclear). Cuando se habla de amenaza nuclear, tenemos que estar preparados. Y estamos totalmente preparados (¡?). (…)” Es decir, Trump, en apariencia, no sabe lo que resultaría de una confrontación nuclear en cualquier parte del planeta, lo que significaría la destrucción total o parcial de todo lo existente; es decir, nadie está preparado, por más refugios subterráneos y otras vías de escape que se hayan “adecuado,” la radioactividad (acordémonos de la explosión de la planta de Chernóbil, en Ucrania, en 1986), alcanzará a todas las personas estén donde estén y en las condiciones que estén.
Es así como hemos leído y escuchado otra barrabasada de Donald Trump, quien entra en opiniones erráticas por dos razones principales: porque es desconocedor de casi todo, porque no lee, no estudia, no toma un libro en sus manos nunca (y tampoco lo ha hecho en el pasado); y su capacidad para intelegir es mínima, sino nula. Es uno de los dos presidentes de los Estados Unidos más limitados que ha llegado a la Casa Blanca: el primero fue Jimmy Carter; pero aventaja a Trump en el sentido de que llegó con algo de experiencia política y administrativa, pues fue gobernador del Estado de Georgia y también fue senador por ese mismo Estado. Pero Trump nunca había estado en la política y “flotaba” en su mundo de excesos: jugarretas con sus empresas opacas (evasiones fiscales), relaciones sexuales con jovencitas (junto a su amigo el judío Jeffrey Epstein) y demás perversiones que se le ocurrían. Pero en política… ¡Nunca!
Ese es Donald Trump con su analfabetismo asombroso.
El Tema que Incomoda y Hace Zozobrar a Donald Trump: su Amistad Impúdica con el Judío Pedófilo, Jeffrey Epstein
Fue él mismo, con su impericia, su falta de inteligencia y su poco quehacer político, quien “abrió esta caja de Pandora”, de la que no salieron vampiros, serpientes, hechizos malignos ni gusanos, sino el nombre maldito del judío pedófilo, Jeffrey Epstein. Porque Donald Trump dijo claramente en la campaña anterior, que iba a desclasificar todo el material relacionado con Epstein. Y esa ineptitud suya se ha asemejado a un disparo en su propio pie, porque él sabía que su nombre estaba en esa lista y podría causarle un daño irreparable durante su presidencia, tal y como se lo está causando ahora mismo.
El tema del degenerado y enfermo sexual Epstein ha sido tan incómodo para Trump, que en todo momento, en toda conferencia de prensa en la que participa, los periodistas le cuestionan acerca de su amistad y participación en las orgías que el judío montaba en sus mansiones y en su isla privada. Es así como el prepotente y supuestamente “invencible” presidente estadounidense, ha rogado a los comunicadores de la prensa que cejen en su “majadería”, que lo dejen en paz, que no hablen más del judío sado-masoquista que fue su amigo extraordinariamente cercano e influyente… Pero no le hacen caso, porque el tema es candente y de vibrante actualidad.
Sin embargo, Donald Trump tiene “un as bajo la manga” y se fundamenta en la que fue mujer del judío, la británica Ghislaine Maxwell, hoy con 63 años de edad, quien, además de conseguirle las jóvenes menores de edad al depredador sexual, se acostaba en tríos o en orgías con todas ellas, después de haberlas engatusado con el argumento falso de que les iban a dar estudios y puestos laborales bien remunerados. Trump espera conseguir algo a cambio con esta mujer y podría ser sacarla de la prisión en los Estados Unidos, donde purga una condena de 20 años de cárcel, desde el 2021, por conspirar con su amante durante casi una década para facilitar sus crímenes. Ella es la única persona que cumple pena por los hechos, a pesar de que se presume la existencia de una amplia red controlada por Epstein, quien fue hallado muerto en agosto del 2019 en su celda en una penitenciaría de Nueva York. En aquel momento se divulgó la noticia de que se había suicidado; pero conforme pasan los años, esa tesis se ha ido debilitando palmo a palmo, para dar paso a la sospecha de una conspiración ideada por alguno de sus “amigos” de juegos sexuales, quien pagó para que lo asesinaran y así callarle la boca por completo y para siempre.
En retorno a Trump, Ghislaine espera que la saque de prisión en el tanto ella no mencione su nombre al fiscal que la va a interrogar acerca de la lista de Epstein; ella sabe que tiene que decir textualmente que “nunca vi en ninguna casa de mi marido Jeffrey Epstein, al distinguido presidente de los Estados Unidos, Honorable Donald Trump y evidentemente todo esto obedece a una trampa, a una trama malévola de sus adversarios políticos, para hacerlo quedar mal ante sus votantes y el pueblo estadounidense en general.” Palabras más, palabras menos. Eso es lo que esperan que diga esta mujer abyecta, impresentable, sucia hasta la médula, quien podría salir libre a la calle, ayudada por los jueces y fiscales que el mismo Trump puso allí en el aparato judicial de los Estados Unidos, una vez asumió el puesto de mandatario de este país.
¿Pero quién es esta mujer que muchas veces le abrió las puertas de la mansión del judío pederasta, ubicada en Manhattan, a Donald Trump, para que pasara ahí fiestas inolvidables, rodeado y acariciado por jovencitas que difícilmente llegaban a los 15 años de edad? Ghislaine Maxwell está ahora mismo recluida en la prisión de Tallahassee, Florida, de donde, muy probablemente, será trasladada a algún lugar mucho más seguro, después de haber abierto su boca y haber nombrado a personajes que eran amigos y visitantes habituales del pederasta Epstein. De esa manera se evitará que la asesinen como talvez sucedió así con su compañero de perversidades lascivas.
Esta mujer era una “socialité” (vagabunda de fiesta en fiesta), en Inglaterra, hija del magnate de los medios de prensa, Robert Maxwell, cuyo imperio mediático comprendía al famoso periódico inglés, Daily Mirror, y la Editorial Macmillan. Se crió como una adinerada hija de su “daddy”, en lujosas mansiones y trasladándose en jets privados y limousines impresionantes. Su casa era frecuentada por políticos europeos, artistas famosos y figuras de la prensa británica. Asistió al Marlborough College y a la Universidad de Oxford, donde estudió historia moderna y lenguas. Luego de haberse graduado con honores, su padre la nombró directora del club de futbol de su propiedad, el Oxford United. Quienes la recuerdan con nitidez, dicen de ella que “en ese entonces era miembro destacado de la escena social londinense.” De pronto, en noviembre de 1991, su padre, Robert Maxwell, falleció súbitamente en el mar que rodea a las islas Canarias, España. Supuestamente cayó de su yate y otros aseguran que se suicidó porque enfrentaba serios y profundos problemas financieros y fue acusado de malversar enormes sumas de dinero de los fondos de pensiones de sus empresas. Es por ello que la familia Maxwell tuvo que pagar unos US$132 millones para rescatar a ese mismo fondo; y en 1992, dos de sus hermanos fueron arrestados y acusados de fraude. A raíz de todo ese deshonor familiar, Ghislaine decidió abandonar Londres, donde el aire de la ciudad parecía asfixiarla y se fue a vivir a Nueva York, donde conoció al judío Jeffrey Epstein, corredor de bienes raíces. Lo que sucedió después entre ambos, es historia sobradamente conocida.
Llama poderosamente la atención el hecho de que esta mujer acaba de brindar nombres de la lista de su ex marido, el judío pederasta Epstein, y mencionó entre los “amigos” del depravado, al Príncipe Andrés, Bill Gates, Leslie Wexner (ex Victoria’s Secret), Bill Clinton, los hermanos Kimbal y Elon Musk y otros más, pero no ha dicho nada sobre Donald Trump, quien se encuentra ahora mismo jugando al golf en Escocia (casualidad de casualidades que no esté en USA). Ahora sólo queda esperar el paso de los días y cuál será la reacción del presidente en relación con este caso del que no cesan los noticieros estadounidenses de referirse a toda hora. Pero la gran pregunta es: ¿Logrará su libertad la celestina Ghislaine o no cumplirá su parte del trato Donald Trump? Pronto lo sabremos…
La Aplicación de la Justicia a Partir de Costa Rica y en Perspectiva Hacia el Resto del Mundo
En una oportunidad un charlatán, no exento de sabiduría, manifestó a viva voz que “las leyes son creadas precisamente para ser violadas.” Una expresión que lleva implícita una pesada y peligrosa carga de impunidad y de realidad actualizada, una realidad que se está viviendo en estas épocas tan particulares en todo el orbe. Porque las leyes, en cada país en el que posamos nuestras miradas, sufren justamente eso… una flagrante e impune violación reiterativa, por la inmensa variedad de delincuentes que nacen, crecen y actúan de espaldas –y muchas veces ante la paciencia- de las mismas leyes.
Para citar un caso que no es vergonzante por lo preocupante que se ha tornado, se dio en Costa Rica, la democracia más estable y centenaria de América Latina, donde se presumía durante largos años que sus tres poderes, en el que se incluye por supuesto el Judicial, funcionaban con la precisión de “un reloj”, sin equívocos, sin intereses espurios y escondidos y a favor de una población que cada noche se iba a sus camas a dormir plácida, segura y confiadamente. Pero hoy ya no es así. En la Corte “profunda”, en esos entresijos en los que se dificulta, como reporteros, llegar para conocer la verdad única, los magistrados, fiscales y jueces están actuando con una desfachatez increíble e inesperada para los costarricenses que componen a este pueblo. Las acciones reñidas con la sensatez y contra el Código Procesal Penal en muchos casos, están creando en esta nación un escenario de total impunidad a favor de los delincuentes y en contra del ciudadano común, trabajador y honesto, que cifra su seguridad y el de sus familias en “el buen hacer” de sus jueces.
Concretamente, el Organismo de Investigaciones Judiciales (OIJ), que es la policía adscrita al Poder Judicial, el tercer poder de esta república, actúa ciertamente con eficacia sorprendente, halagadora y digna de ser felicitada, atrapando a cuanto malhechor nacional o extranjero se cruza en su camino. Es un cuerpo policial que roza la excelencia al actuar con eficacia admirable y congruente con lo que dictan las leyes que rigen a este país. Descubren a los delincuentes, la mayoría de ellos extraordinariamente peligrosos, ligados al narcotráfico colombiano, venezolano, ecuatoriano y mexicano, los investigan, los atrapan y los encarcelan, aunque sea sólo de manera provisional, hasta que los jueces decidan acerca del futuro de esos criminales. Y aquí viene lo grotesco, lo deleznable y criticable de parte de ciudadanos y periodistas: al cabo de onerosos juicios que cuestan gran cantidad de millones de colones (moneda nacional) al Estado, los mismos jueces, en quienes se depositan todas las esperanzas para que apliquen apropiadamente la justicia, los dejan en libertad, alegando distintas excusas, como aquellas que aducen “que los testigos fallaron”
o hubo errores distintos en el procedimiento al ser procesados. El último de estos malos ejemplos se dio con una narco-familia conocida popularmente con el nombre de “los Lara”. Extraordinariamente peligrosa, con tentáculos que llevan hasta los cárteles de México, Venezuela y Colombia. Pero una jueza, cuyo nombre hemos olvidado premeditadamente, debido a la situación asqueante que ha creado con la liberación de esos delincuentes, precisamente los dejó en libertad para que continúen haciendo las fechorías. Es la impunidad en su máxima expresión y que causará, ineludiblemente, más asesinatos, más tráfico de estupefacientes, más delitos de distinta índole y más indefensión para los pobladores de este país centroamericano. Esta jueza, que se ha escondido en “las catacumbas” de la Corte Suprema profunda para no dar la cara a los costarricenses ni a la prensa, alegó en su momento “fallos en el proceso judicial que se le siguió a los Lara”, fallos técnicos de parte del juez que los sentenció y posiblemente también del fiscal y por eso no tuvo más opción que darle (regalarle) la soñada libertad a esos criminales de grueso cuño.
Y así como la justicia en Costa Rica no sirve, es disfuncional y favorece descaradamente a los delincuentes, en perspectiva hacia el resto del mundo tampoco la justicia alrededor de este planeta funciona en ningún caso. Veamos: el peor de los ejemplos son los procesos judiciales que pesaban sobre la existencia de Donald Trump, quien, antes de ser elegido presidente de los Estados Unidos, iba perdiendo juicio tras juicio; pero su pueblo acabó “premiándolo” dándole la presidencia de la nación. Y todos sabemos que Trump es un delincuente que ahora vive (o malvive) en la Casa Blanca. Aquí falló tanto el votante norteamericano como la lenta justicia estadounidense, que también debió encerrarlo en una celda, sin mucho miramiento. Tal la magnitud de sus delitos.
Y el otro pésimo ejemplo de que nuestro mundo está enfermo en esto de la aplicación de la justicia, es el del genocida, el mayor criminal del Siglo XXI, el judío Benjamín Netanyahu, quien tiene sobre sí la orden de la Corte Penal Internacional (CPI), de ser aprehendido cuando viaje a cualquier país signatario del Estatuto de Roma, que le da vida y espiritualidad jurídica a esta CPI. Una prueba de la impunidad de la que goza Netanyahu, se dio recientemente cuando su avión sobrevoló los cielos de países adheridos a la CPI y no se hizo nada por detenerlo y enviarlo a una celda en La Haya, sede de la Corte. Y las palabras del nuevo Canciller alemán, Friedrich Merz, quien ha invitado reiteradamente a Netanyahu a visitar Alemania y no ha contestado a los periodistas cuando le han preguntado: ¿Sr. Canciller usted tiene que detener a Netanyahu y entregarlo a la CPI. Lo hará usted si visita Alemania? Y Merz ha respondido con una mirada evasiva y el silencio. Vemos por lo tanto que estamos viviendo tiempos de zozobra judicial, donde las leyes parece que se han hecho, en verdad, “para ser violadas” y no por otra razón. Son épocas de vergüenza y profundísima frustración.
Un Mundo Fragmentado y al Borde del Precipicio… del Caos
Sinceramente, no recordamos a la geopolítica tan dispersa en lo que tenemos de vida sobre nuestro bello planeta Tierra. Recordamos que, después de la Segunda Guerra Mundial, el orbe se dividió en dos bloques diametralmente opuestos y claramente definidos, cada cual con su ideología monolítica, sus objetivos bien determinados y estipulados y un respeto mutuo (que en el fondo era terror recíproco), que evitó una conflagración con armas nucleares, hasta que el fracaso soviético en su campaña bélica en Afganistán, el país himalayo irreductible, hizo caer al bloque comunista como si se tratase de una seguidilla de piezas de dominó.
Luego, se habló con cierta insistencia de un mundo unipolar donde los Estados Unidos habían quedado como potencia única y reinante sobre todas las demás naciones, en especial sobre aquellas que se habían quitado los grilletes que los soviéticos habíanles puesto en cuellos, gargantas, manos, espaldas y pies. Sin embargo, los propios errores de los estadounidenses en política exterior y después de la voladura del Trade World Center (Torres Gemelas), por parte de los yihadistas de Osama bin-Laden, “las piezas”, las naciones hasta entonces dispersas, fueron buscando un reacomodo en bloques más o menos homogéneos. Esto mientras los estadounidenses, por medio del Pentágono, seguían cometiendo yerros de impresionante envergadura en distintos puntos del planeta. Como el derrocamiento de Gaddafy en Libia (hoy un Estado fallido, sin orientación alguna en ningún aspecto); la intervención en Irak (que hizo surgir al supra-criminal Estado Islámico o Daesh), y ese apoyo irracional, incondicional, ciego y asesino que los Estados Unidos siempre han brindado a los israelíes y cuyo ejemplo más reciente de ese errático proceder, fue el bombardeo a las centrales nucleares de Irán.
De tal manera, gobiernos que antes habían quedado “huérfanos”; es decir, sin el amparo de una potencia distinta a la estadounidense, se alinearon a la naciente potencia comercial, económica y militar china; y por supuesto, bajo “el alero” de una Rusia comandada por su dictador Vladímir Putin y que daba muestras de que era tan “invencible” como la anterior Unión Soviética; pero que la campaña contra Ucrania ha desnudado en sus falencias, evidentes en su indisciplinado, desmotivado e ineficaz ejército. Y tanto ha sido el grado de ineficiencia de los rusos en los campos de batalla ucranianos, que, aún si ganasen la guerra, a raíz de las cuantiosas pérdidas humanas y tecnológicas, aquello parecerá una derrota de magnitudes épicas, digna para ser contada en las enciclopedias del futuro.
Ciertamente, el mundo de hoy no es bipolar; pero es lo más parecido a la bipolaridad de otros tiempos, cuando la Unión Soviética competía con Occidente. Hoy, los poderosos, némesis de USA, son los chinos, que, a pesar de ese innegable y convincente poderío, no muestran ínfulas de dominación mundial, ni deseos de aplastar a su oponente estadounidense, sino que ejerce su poder mediante alianzas, todas ellas ajenas a las amenazas o al matonismo que era propio y característico de los soviéticos o de los rusos actuales.
Los chinos creen en zonas de influencia; es decir, buscan granjearse las simpatías de los gobiernos de otras naciones, principalmente en el tercer mundo subdesarrollado, construyendo en sus territorios obras de infraestructura que hacen creer que son donaciones; pero que, por el contrario, buscan el trueque, el intercambio de algo que a ellos, los chinos, les resultará beneficioso. Por ejemplo: “te construiremos un lindo estado para el futbol, si a cambio nos das libre pesca de atún en tus mares patrimoniales.” Y eso lo hemos podido observar prioritariamente en África, donde “los enanitos de tez amarilla y de ojos rasgados” se llevan para su casa cuernos de rinocerontes, esmeraldas, diamantes, marfil de los elefantes que masacran y otras riquezas que interesan tanto a Beijing. También esa política de las “esferas de influencia” la aplican en América Latina, a sabiendas por anticipado de que en este subcontinente americano las necesidades económicas y comerciales, son extraordinariamente preocupantes. Los chinos saben adónde llegar, qué hacer, qué ofrecer, qué construir y qué obtener a cambio…
Y eso, justamente, es lo que enciende la furia de Donald Trump, quien ha amenazado a Beijing con sus desgastados aranceles; y al gobierno de Panamá con arrebatarle por la fuerza el Canal interoceánico, si continúa rindiendo pleitesía a los orientales, dejándolos pasar gratuitamente por las esclusas de esa vía marítima que los estadounidenses construyeron en el siglo pasado.
Detrás de China se han alineado los iraníes que, dicho sea de paso, han comprobado que en cuestiones de guerra no podrán contar con la defensa de los chinos, quienes no movieron ni un dedo cuando los aviones del Pentágono bombardeaban las plantas nucleares en el desierto persa; también los rusos, coreanos del norte, los venezolanos, cubanos, nicaragüenses y el gobierno actual de Brasil, comandado por el presidente Lula Da Silva.
Al margen de lo anterior, las naciones que no hemos mencionado, que son la mayoría, cada cual busca la manera de defenderse de las insensateces que dicta Donald Trump cada vez que a su desviada cabeza se le ocurre, para dañar a esos gobiernos y sus economías. Evidentemente es un mundo fragmentado el actual, pero con el común denominador de que se dirige al caos y ha estado al borde de la Tercera Guerra Mundial, debido a la altísima criminalidad de los israelíes y la alianza que sostiene con los Estados Unidos. Es un mundo que se asoma al abismo, al precipicio, alza la mirada y retorna a cierto terreno de estabilidad, aunque sea solamente ilusoria. Pero la esperanza que queda se fundamenta en que los des-gobiernos de Trump, Netanyahu, Putin, Maduro, Milei y otros sátrapas más, acabarán al cabo de determinado tiempo. Entonces, y sólo entonces, el orbe recobrará la calma perdida y podrá retomar el buen sendero que llevaba antes del arribo de estos depravados y psicópatas que hemos mencionado.
La Soledad Militar de Irán
Con esta guerra de 12 días entre Irán e Israel quedaron comprobados varios aspectos que antes del enfrentamiento se desconocían por completo. Repasemos los más importantes:
Primero: la famosa alianza con Rusia, Venezuela y China no pasó de ser una utopía, porque ninguna de esas tres naciones movieron un dedo para defender a su supuesto “socio” en esto de la guerra y no dispararon un solo cartucho contra los atacantes israelíes y estadounidenses. Irán comprobó lo mismo que experimentó el depuesto dictador de Siria, Bashar al-Assad, quien, ante el empuje de las fuerzas rebeldes apoyadas por Turquía, solicitó la ayuda de Vladímir Putin, el ruso, y éste le abandonó en un momento crucial. Ahora Siria forma parte de las naciones aliadas a Occidente.
Incluso, cuando los bombarderos estadounidenses cruzaban el Atlántico, con el objetivo de atacar a las centrales nucleares iraníes, los rusos pudieron haber avisado a Teherán por medio de sus satélites espías y no lo hicieron. Sólo reaccionaron en la ONU con su embajador en la defensa de Irán y su derecho a investigar con energía atómica y escribieron crónicas en los portales noticiosos RT y Sputnik, órganos oficiales del Kremlin.
Segundo: China tampoco hizo algo por ayudar a los iraníes, mientras Israel bombardeaba territorio persa y los submarinos y fragatas estadounidenses, ancladas en el Mediterráneo, interceptaban gran parte de los misiles disparados por los iraníes. Los chinos fueron incluso más indiferentes que los rusos, porque en ningún momento “parlotearon” en los foros internacionales, para fingir que estaban defendiendo a su supuesto aliado.
Tercero: de Venezuela no se puede esperar nada por la distancia, primeramente, y porque la dictadura de Nicolás Maduro está más avocada al trasiego de cocaína por medio de su brazo narco, el Cartel de Los Soles, que en preocuparse por lo que suceda a un presunto aliado suyo ubicado en Oriente Próximo, como lo es Irán.
Cuarto: los estrategas del Pentágono comprobaron “en el terreno” lo anterior, que Irán y su ejército están más solos que nunca y lo más importante se fundamenta en que si los estadounidenses junto a sus aliados judíos de Israel, atacasen nuevamente a los persas, ninguno, ni Rusia ni China, acudirán a defenderlos en ningún momento, mientras la OTAN y específicamente los ingleses y franceses siempre cierran (y cerrarán) filas en torno a los israelíes y estadounidenses. Aquí la congruencia y la cohesión estratégico-militar están más que aseguradas y los grandes ganadores serán siempre los hebreos o israelíes.
Quinto: los iraníes han cometido un error garrafal en principio y no podemos creer que todavía no se hayan percatado de dicho proceder: se han puesto a entera disposición del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y de su director, el argentino Rafael Grossi, simpatizante abierto, descarado y claro de los gobiernos de Israel y los Estados Unidos, quien, además de obstruir constantemente las intenciones iraníes de trabajar con la energía nuclear, pasa información confidencial a los dos gobiernos citados, de allí que el reciente ataque a las plantas de procesamiento de uranio iraníes, haya comenzado al conocer la ubicación de dichas plantas y lo que se hacía en ellas. En esencia, mientras Irán pertenezca o sea un país signatario de la OIEA, no podrá llevar a buen término sus proyectos en esa materia. Los pakistaníes lo comprobaron a tiempo y mandaron “al olvido, al infierno,” a los espías de Israel y USA, que fingen ser inspectores adscritos al OIEA y por lo tanto a la ONU.
Sexto: el gobierno de Irán ha olvidado que su país es libre, independiente, autogestionario y por lo tanto, puede tomar el camino que mejor le parezca y elegir el modo de vida que su pueblo merezca o necesite; y supeditarse a los devaneos, órdenes y contraórdenes, caprichos e imposiciones de los Estados Unidos, que, en todo proyecto que los iraníes quieren comenzar, tienen que “pedirle permiso” a los gringos o que éstos inspeccionen las tareas que están efectuando. Una nación libre no debería, nunca, ceder su autogestión, su destino y sus planes más esenciales y progresistas a una superpotencia que en el fondo y en la superficie es enemiga, como lo es Estados Unidos, aliada indisoluble y firme de Israel, el otro supra-enemigo de Irán.
Séptimo: Irán tiene que levantar mayormente su voz en los foros internacionales de discusión y denunciar constantemente al gobierno genocida de Israel, que está atestado de ojivas nucleares, de bombas de destrucción masiva y no se somete, nunca, al arbitrio ni a las inspecciones ni sanciones de organismos como el OIEA o de parecida índole. Lo cual significa que, si los judíos quisieran destruir mañana mismo a todo Oriente Próximo, lo podrían hacer usando su armamento nuclear, con el beneplácito, el aplauso y la aprobación de sus aliados Occidentales.
Octavo: si realmente Irán quiere la energía nuclear para desarrollar proyectos pacíficos, debería volver su mirada hacia Pakistán, cuyo gobierno comenzó a ser respetado por el de India, cuando construyó su primera bomba atómica. El día que Irán posea esa bomba, Israel y sus aliados le respetarán como los iraníes se lo merecen. Esa disuasión que aparenta ser un riesgo de grandes magnitudes, en Oriente Próximo es una imperiosa necesidad para los persas; porque mientras no exista ese respeto y ese temor de parte de los judíos, éstos seguirán masacrando a los pueblos vecinos cuantas veces así lo decidan.
Noveno y final: Teherán tiene que analizar bien a sus presuntos aliados, China y Rusia, que permanecieron estáticos mientras israelíes y estadounidenses hacían lo que les venía en gana en la guerra de los 12 días; y después de esa introspección, llegar a la conclusión de que Irán y sus Fuerzas Armadas están más solos que nunca.
¿Fallo de Cálculo en Contra de la Paz o Provocación Premeditada en
Detrimento de Irán?
Quizás el titular de este comentario editorial debió haber sido: “¿Con quién está o simpatiza el argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), quien se decanta, se apasiona desmedidamente, por investigar las plantas nucleares iraníes, pero no dice nada acerca del arsenal de Israel, plagado de bombas atómicas, que llega a equipararse incluso con el de China? Los iraníes tienen incluso profundas y fehacientes sospechas de que este funcionario –a quien, dicho sea de paso, le queda enorme ese puesto que le ha encomendado la ONU y que está ejerciendo de manera ineficiente, negligente y hasta provocadoramente peligrosa-, le ha pasado información a la CIA estadounidense y al Mossad israelí, sobre la capacidad y los movimientos de los persas en materia de energía atómica. De ahí que, en los distintos bombardeos hechos a las plantas iraníes, los aviones de los judíos y los gringos, hayan llegado casi con los ojos cerrados hasta donde estaban las instalaciones, incluyendo a aquellas que estaban bajo tierra.
Esa es una variable muy importante sobre este mismo tema. Pero en lo que nos ocupa específicamente en este editorial, se refiere a la negativa del Parlamento de Irán de dejar entrar al país a este funcionario argentino y a su grupo de camarógrafos y fotógrafos, quienes, supuestamente, trabajan para él y la ONU, pero ya todos ellos lucen sospechosos de ser individuos infiltrados por el Mossad israelí y la CIA. Pero lo más preocupante para el mundo entero y en especial para la región de Oriente Próximo, se fundamenta en que, apenas alcanzada la tregua en la guerra no declarada en la que Israel atacó a mansalva a los iraníes, después de que le ha venido matando militares y diplomáticos, tanto en territorio iraní como extranjero, este argentino de apellido Grossi ha anunciado su disposición de penetrar en Irán con la finalidad de hacer inspecciones a las instalaciones que supuestamente los bombarderos estadounidenses destruyeron hasta sus “raíces.” Esta intencionalidad del argentino revelan dos aspectos precisos y preocupantes decíamos: 1. No es apropiado, no es de recibo ni es inteligente, tratar de entrar en Irán cuando apenas se ha logrado un precario alto al fuego con los judíos y cuando el mundo estuvo conteniendo la respiración, aterrorizado con la posibilidad del estallido de la Tercera Guerra Mundial y cuando un gobierno como el de Pakistán amenazó a Israel con borrarlo del mapa con una bomba nuclear, si los hebreos hacían lo mismo con los iraníes anticipadamente. Esa actitud, ese deseo de Rafael Grossi de viajar nuevamente a Irán, refleja su profunda irresponsabilidad, pues podría desatar otra vez la guerra, llamar (indirectamente) a Trump, a ese gringo desajustado, deseoso de aparecer en las primeras planas de los periódicos de todo el mundo y al vampiro sanguinario del Netanyahu, el dictador judío, para que ambos vuelvan a atacar a la nación persa.
Aquí las preguntas que surgen son: ¿Grossi quiere abrir esa herida que todavía no se ha cerrado en la identidad de la población iraní y tampoco en la judía, de manera premeditada; u obedece a su escasa inteligencia para manejarse a sí mismo y a la OIEA dentro de esta crisis intrínsecamente peligrosa? ¿O a qué responde realmente su necesidad de investigar nuevamente a los iraníes en su accionar dentro de la producción nuclear? ¿Y por qué no habla nada acerca del arsenal atómico israelí, tan peligroso o más de los ya existentes en varios países alrededor del orbe? ¿Por qué se resiste a no investigar a Israel? ¿Qué lo contiene y qué lo detiene?
Y 2. Rafael Grossi tiene que responder al pleno de las Naciones Unidas y someterse a una investigación profunda él mismo y su equipo humano, para convencer de que no es un agente del Mossad ni de la CIA y que nunca en su vida, ha pasado información a los judíos sobre los trabajos en las plantas atómicas iraníes. Por supuesto, lo más inteligente y apropiado de parte de las Naciones Unidas, sería la separación definitiva de este funcionario de la OIEA y nombrar a alguien que sepa realmente, que conozca en profundidad y fielmente lo que es la investigación atómica alrededor del mundo y lo más importante: así como se investiga a Irán y se destruyó a Irak, cuando el gobierno de Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva, se haga lo mismo con Israel, que se someta a su dictador Netanyahu y su grupúsculo de criminales que le acompañan en el poder en Tel Aviv, para que enseñen sus bombas atómicas, cuyo número –se sabe bien-, podría destruir mil veces a toda la región de Oriente Próximo, sin que este argentino haya dicho nada al respecto y hasta el momento, luego de haber estado en el cargo, a la cabeza de la OIEA, por muchos años. Porque Israel no es la excepción de nada. Es un país que actúa como el brazo militar del Pentágono en Oriente Próximo, algo así como un enorme “portaaviones” en tierra, que vela y actúa por los intereses belicistas de los estadounidenses en esta parte de la geografía mundial.
Resultante de lo anterior, de la negativa del gobierno de Irán para no dejar ingresar a su territorio a Grossi y “su comparsa” de espías, disfrazados de inspectores de la energía atómica, acreditados por la ONU, es muy posible que, dentro de pocas horas, Washington y Tel Aviv eleven sus voces y decidan volver a bombardear, asesinando a cientos de iraníes en esas incursiones aéreas (porque las guerras actuales son aéreas, nunca terrestres y los combatientes no se ven los rostros entre ellos), y todo ello gracias a la irresponsabilidad criminal de Rafael Grossi y su necedad por “inspeccionar” lo que no debe inspeccionar en aras de la paz regional y del respeto que debería profesar por la cultura islámica y en este caso, la persa. Aquí, en esto, se nota la impericia de este sujeto o posiblemente su deseo, lo mismo que Donald Trump, de aparecer en las portadas de los periódicos y de los telediarios, con ese afán desquiciado por ser famoso y pasar a las páginas de los libros de historia.
El mundo, Mr. Grossi, necesita paz. Y si usted no lo ha advertido todavía, que alguien medianamente inteligente se lo explique, porque su presencia en Irán y toda su argumentación, sólo incitan a encender de nuevo el detonante de la guerra. ¡Váyase! Usted no sirve para ese puesto.
Netanyahu, Donald Trump y “el Lobby Judío” de los Estados Unidos
El único culpable de esta tensa y peligrosísima situación que se está viviendo en Oriente Próximo en estos días, es Israel. Una verdad sin cortapisas, tan verdad como el odio que sienten los judíos por todo lo que sea y parezca musulmán o islámico. Y es que a los judíos no les conviene que se equilibren las fuerzas en la región, con la obtención de la primera bomba atómica por parte de Irán, si es que los iraníes realmente la han estado procesando o elaborando en estos últimos 10 años. Porque hay que tomar en cuenta el terror, el inmenso y profundo miedo que sienten los hebreos a todo aquel que no es de su raza y nacionalidad y que se supone son vecinos suyos. Tienen miedo hasta de sus propias sombras. Algo debe estar muy mal en el interior de cada judío, en sus consciencias, en su accionar individual y general, en su pasado y su presente (y hasta en sus planes futuros), porque esa agresividad no es otra cosa que el síntoma más claro del terror que llevan en sus adentros como pueblo y personas individuales.
Y para beneplácito y facilidades militares, el estadounidense ha elegido nuevamente en la presidencia al peor de sus presidentes posibles, que está muy por debajo de las falencias de ex mandatarios del corte de Lyndon B. Johnson, Richard Nixon o Jimmy Carter, para tomar como ejemplo a tres de los peores sujetos que han llegado a la Casa Blanca, a lo largo de la historia de este país. Beneplácito decimos, porque Donald Trump, en medio de su “oscuridad”, de ese no saber absolutamente nada de nada, pues con costo sabe leer algún titular de algún informe que llega a su escritorio, es un individuo totalmente manipulable. Su ignorancia, aunada con su inmensa vanidad, lo han convertido en el sujeto más manipulable de todos a quienes los judíos han podido encontrarse en Washington. Joe Biden, sumido en sus graves enfermedades también fue víctima de ese manipuleo del “lobby” judío y de la presencia de Benjamín Netanyahu en sus reiteradas visitas a la Capital estadounidense. Es decir, todo lo que sea débil, descentrado, desequilibrado e ignorante, puede ser “pasto fácil” para las negras intenciones de los israelíes. Es por esa causa que el último ataque militar contra las tres centrales atómicas iraníes, fue propulsado e impulsado por Benjamín Netanyahu, quien, asustado por la andanada de misiles iraníes que han caído sobre las urbes israelíes, imploró, lloró y suplicó ese ataque de los aviones enviados por el Pentágono, que también está en manos de un supremacista, pro-israelí, como lo es Pete Hegseth, algo así como el “terrier” de cacería, siempre obediente a su amo cuando éste le pida que atrape y despedace con sus fauces a las piezas que él ha elegido para cazar. Incondicional y asquerosamente fiel hasta la repugnancia.
De tal forma, Donald Trump, debido a esa escasa formación, a su casi nula capacidad, a su visceral ignorancia, a su salvajismo congénito, a su carencia de bases culturales y a su ausencia total de educación fundamental, de esa que se aprende a temprana edad en los hogares, no se ha dado cuenta de que es un monigote en las garras del lobby judío, que le manipula, le exige, le ordena, lo convence y hace con el obtuso presidente que los votantes estadounidenses llevaron a la Casa Blanca,en uno de los peores errores cometidos por este pueblo, lo que a los hebreos les viene en gana… Con los ataques a Irán, Trump ya obedeció las órdenes emitidas por Tel Aviv, por Netanyahu propiamente, para eliminar al supuesto programa nuclear iraní; luego pedirá el asesinato del Ayatolá Jamenei, el líder espiritual y político de Irán; y finalmente, exigirá a su marioneta Trump, que convierta a la nación persa en algo parecido (o peor) que Irak, un Estado fallido, desordenado y si se pudiere, dividido e inservible, tal y como hicieron los gringos y franceses con Libia, con el asesinato de Gaddafy, no sin antes lincharlo por parte de las hordas enardecidas por los militares y propagandistas estadounidenses. Eso le serviría al paranoico, agresor y psicopático Estado de Israel. Porque, entre más gobiernos islámicos sean descabezados, los judíos se sentirán más seguros.
¿Pero qué se espera en la semana que pronto comenzará? Ataques iraníes a las múltiples bases militares de los Estados Unidos repartidas en Oriente Próximo; más ataques de los hutíes a los buques que navegan por el Mar Rojo; más misiles sobre las ciudades israelíes hasta ver sus edificios ardiendo, pasto de los incendios, mientras los israelíes toman sus maletas y se esfuman hacia Grecia, Chipre, Argentina y los Estados Unidos, países donde continuarán con el proyecto sionista de apoderarse poco a poco de todo lo que a ellos les conviene o les sirve, en aras de su dominación nacional y mundial, mientras otros hebreos se meterán en los bunkers, recordando la naturaleza primitiva de la cual están hechos…
Otras posibilidades que se podrían observar en esta guerra que ha sido desatada por Netanyahu, para esconder su verdaderas intenciones de mantenerse como dictador de Israel hasta el día de su muerte, según ha revelado el ex mandatario de los Estados Unidos, Bill Clinton, y también para no ser llevado a la cárcel por sus múltiples acusaciones de corrupción, podría ser el cierre del estrecho de Ormuz, una determinación que tomará en breve el Ayatolá Jamenei y que causará una grave crisis mundial en relación con la exportación de petróleo y evitará la fluidez del tránsito de buques por esa vía marítima natural y que pertenece mayormente a Irán. La economía europea y estadounidense pagará por su desacierto de defender al Estado belicista y genocida de Israel. En las próximas horas o fechas, sabremos cuáles serán las respuestas armadas y de otra índole que decidirá efectuar el régimen iraní. Hay quienes aseguran que Netanyahu abrió, junto a su socio Trump, “la Caja de Pandora”; pero nosotros negamos tal hecho; porque lo que han abierto, en su defecto, han sido “las puertas del infierno” y Tel Aviv en llamas ejemplifica lo que aseguramos.
La Guerra Irán-Israel Tal y Como la Vemos Nosotros en The City
Cuando nos disponemos a redactar este editorial, observamos por la prensa no Occidental, detalles de los ataques iraníes a Tel Aviv, Capital de Israel, con sus misiles hipersónicos que penetran la famosa “cúpula de hierro” de la que tanto presumen los judíos y que supuestamente garantiza la defensa impenetrable e indestructible de Israel, y lo hacen como si se tratase de “un cuchillo que penetra una barra de mantequilla”; es decir, los misiles iraníes o persas, están destruyendo esta urbe orgullo del pueblo hebreo a orillas del Mediterráneo.
Netanyahu ha abierto la puerta del infierno. No se trata de la “Caja de Pandora” ni mucho menos. Porque el poderío militar iraní es más que respetable y podría contar con la colaboración armada de China, su aliado natural, y así lo ha expresado su ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi: “Pekín apoya a Irán en la defensa de su soberanía nacional y de sus derechos legítimos. El ataque israelí contra Irán crea un peligroso precedente que podría tener consecuencias catastróficas (?).” Manifestó hace pocas horas. Si releemos el comentario del dirigente chino, nos detenemos, aunque no queramos, en la expresión “consecuencias catastróficas.” ¿A qué se refirió con ello? ¿Van a enviar aviones a Teherán, barcos al Mediterráneo o al Mar Rojo? ¿Atacarán unas dos o tres veces a Judea para recordarles que deben calmarse ya, que no deben desatar más guerras en Oriente Próximo, que deben parar el genocidio diario en Gaza? Si no es eso, estaremos decepcionados por la equivocación, porque a Israel y a su líder, el carnicero dictador, Benjamín Netanyahu, hay que eliminarlo del tablero político y militar del planeta, a ese sátrapa que está bajo las faldas de los Estados Unidos, que lo ha defendido en múltiples oportunidades y hace pocas horas, incluso, los estadounidenses destruyeron desde barcos destructores anclados frente a las costas hebreas, varios misiles enviados desde Teherán. El final de Netanyahu, creemos, una vez que se tranquilicen los disparos contra Irán, podría estar cerca y posiblemente sea definitivo, pues el pueblo judío, a ese que él no respeta, no aprecia, no quiere, ni es capaz de darle seguridad, al ver sus ciudades en ruinas, le pedirán, le exigirán que renuncie y hasta podrían entregarlo a la justicia internacional para que dé cuenta del genocidio que ha causado en la Franja de Gaza. Recordemos que los israelíes están desesperados, muy enfadados, porque Netanyahu no ha rescatado a un solo rehén en manos de la facción armada Hamás, y, por el contrario, se ha dedicado solamente a destruir Gaza y asesinar a su población desarmada. Pero de los rehenes ni se acuerda, no les importa y no habla siquiera de ellos en modo alguno. Eso es lo que le reclaman sus compatriotas y se lo hacen ver en manifestaciones que realizan diariamente, frente a las dependencias del gobierno.
La verdad en estos instantes, es que la guerra está en marcha entre Irán, que es una potencia militar en la región de Oriente Próximo, y el Estado criminal que encabeza Netanyahu y su séquito de asesinos iguales a él. De hecho, el ministro de Exteriores de China dialogó, vía telefónica, con su homólogo persa, Seyed Abbas Araghchi, y le manifestó con toda contundencia y claridad que en Pekín “condenamos enérgicamente la violación de la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Irán por parte de Israel; nos oponemos firmemente al ataque brutal contra funcionarios iraníes que ha causado víctimas civiles y apoyamos a Irán en la defensa de su soberanía nacional, sus derechos legítimos y la seguridad de su pueblo.” Aseveró molesto Wang Yi, en nombre del gobierno de China. Y añadió que “los ataques israelíes representan una grave violación de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y las normas de relaciones internacionales. El ataque a las instalaciones nucleares iraníes, sienta un peligroso precedente, que podría tener consecuencias catastróficas.” Lo mismo ha asegurado el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, quien advirtió que las instalaciones nucleares nunca deben ser atacadas, so pena de causar un desastre humanitario como aconteció en Chernóbil, Ucrania. “(…) Porque cualquier acción militar que ponga en peligro la seguridad de las instalaciones nucleares, conlleva graves consecuencias para el pueblo de Irán, la región y más allá (…).” Es decir, una eventual fuga de material radiactivo, podría alcanzar incluso al territorio judío y dañar a millones de hebreos, a quienes asegura Netanyahu defender a toda costa y al más alto precio; pero que, en realidad, es todo lo contrario, pues este maniático sediento de sangre humana ajena lo que está haciendo es poniendo “en el filo de la navaja” a su propio pueblo, primero con las respuestas con misiles que le está dando Irán; y segundo, con una peligrosísima explosión de una central nuclear persa. Es por eso que a este genocida, a este criminal que actúa, que asesina a plena luz, hay que detenerlo “sobre el ya” y encerrarlo en una celda o clavarle una estaca en el corazón. Pero hay que eliminarlo cuanto antes del tinglado mundial, por el peligro que encarna, por su altísima criminalidad y sus deseos de destruir al mundo musulmán.
En estos momentos justos, cuando los misiles hipersónicos suben hasta el espacio y caen sobre los edificios de Tel Aviv, Netanyahu ha clamado a su protector, el no menos esquizoide y embrutecido Donald Trump, para que lo auxilie, para que ataque a Irán, porque el judío sabe que él y su ejército de criminales, no pueden solos ante un enemigo de tal calibre, en el caso de Irán. Así es este sátrapa hebreo que ostenta la dictadura de Israel desde hace largos años, que gusta de encender la flama de la guerra y después de que ha involucrado a otras naciones, llora por la ayuda de los gringos que una vez más acudirán en su apoyo, aunque a los judíos les falte la razón en cada conflicto que generen.
En el fondo y en la superficie, lo que quiere Netanyahu es aniquilar al pueblo persa, pues se trata este individuo de un exterminador en potencia, un psicópata en el amplio sentido del término; y desea también detener el programa atómico iraní; pero la gran verdad es que una bomba nuclear en manos de los persas, atraería el equilibrio en la región, todo el universo islámico sería respetado y el matonismo judío encontraría una detente. Eso creemos y esperamos.
Benjamín Netanyahu, un Psicópata Movido por el Odio y el Deseo de Destrucción
-Un comentario que es la voz oficial de este periódico-
Es un supra-racista que considera a los musulmanes -y en específico a los habitantes de la Franja de Gaza-, infrahumanos que debe exterminar a plena luz del día, sin que le tiemble el pulso y sin importarle el qué dirán del resto de la comunidad mundial. Su misión es asesinar, asesinar y asesinar a palestinos e islamistas y después arrebatar todas las tierras áridas, propias de la región, para dárselas a los colonos israelíes usurpadores.
No le ha importado el terror que sienten los habitantes de Israel; tampoco la destrucción en la ciudad de Tel Aviv y otras poblaciones judías, que las respuestas de Irán ha causado. Porque lo importante para Netanyahu es el fragor de la guerra. Se siente complacido con el sonido de las explosiones, los misiles que caen y los gritos de las personas. Es muy posible que las fotografías tomadas en el terreno y que muestran a los gazatíes asesinados, le hagan verlas una y otra vez, en silencio, como aquel criminal que se detiene ante su víctima que yace sin vida y la mira detenida y misteriosamente por largos minutos. Así es la mente del psicópata. Una mente descrita por los escritores famosos, desde Edgar Allan Poe hasta Agatha Christie, la célebre novelista británica. Netanyahu no es querido ni aceptado en el interior de Israel.
Día a día los hijos, esposas, madres, padres y hermanos de los rehenes que están en poder de Hamás, le reclaman el hecho de que se haya olvidado de esos secuestrados y se dedique únicamente a masacrar a los habitantes de Gaza. Incluso, en las alocuciones de este psicópata, quien intenta convencer al mundo de que los asesinatos en masa (más de 100 palestinos muertos por día), es por "el derecho de Israel a defenderse," se refieren muy poco a los rehenes israelíes, casi nada. Porque no están dentro de sus prioridades, no les importa. Y tendría que dar gracias al dios en el que él crea, que la facción armada Hamás no ha ultimado a esos secuestrados, aplicando aquello del "ojo por ojo y el diente por diente."
Pero aparte de estas personas rehenes y de los miles de gazatíes asesinados por el ejército enviado por Netanyahu, está claro que aquel que desata una guerra de exterminio y de estas proporciones, no tiene que estar bien del cerebro. Su cabeza no trabaja bien y los sentimientos bondadosos, los que emanan del corazón humano (y humanizado), están ausentes en su fuero interno. Netanyahu es un destructor, primero de sueños, ilusiones, esperanzas, promesas, deseos de progreso; y luego de vidas individuales, familiares y de pueblos enteros en conjunto; muy distante de ser un constructor de ideales como Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, Johan von Goethe, Leonardo Da Vinci y todos los grandes hombres que aportaron a la grandeza de la humanidad y de este planeta. No nos cabe la menor duda: estamos ante el gran depredador de la especie humana, el primero que aparece en la segunda década del nuevo milenio, y su nombre ya tiene un sitio -negro por cierto-, en las páginas de la historia. Las enciclopedias del futuro hablarán de Netanyahu del mismo modo como se ha hablado y escrito de Calígula, Nerón, Gengis Kan, Stalin y demás necrófilos (amantes de la muerte), que han brotado iguales a cizaña dentro de la especie humana.
Este judío, sionista a ultranza, criminal de categoría infernal, psicópata evidentísimo y convincente, ha desatado la peor guerra jamás experimentada en Oriente Próximo y quiere arrastrar al mismo conflicto a otro desajustado como lo es su "socio" en esto de criminalizar las vidas ajenas, que es Donald Trump, otro esquizofrénico en potencia que se complace cuando ve la sangre de sus semejantes derramada.
En esta guerra que ha comenzado contra Irán y su legendario pueblo persa, la prensa Occidental no está describiendo con propiedad los hechos y sólo se circunscribe a los destrozos que los aviones israelíes están causando en territorio iraní; y para evitar esa desinformación (o información a medias), hemos consultado a la prensa de países neutrales que nos ha aclarado que la destrucción de Tel Aviv, de sitios estratégicos, de inmenso valor científico para los israelíes, es una realidad sin cortapisas.
Netanyahu y los hebreos están recibiendo una "azotaina" como nunca la habían recibido de parte de ninguno de sus permanentes enemigos islámicos. Les están atacando en pleno corazón de su país, en un conflicto que podría convertirse en un acontecimiento más sangriento y permanente. Y mientras más tiempo permanezca Netanyahu en la cabeza de su dictadura, más terror e inseguridad desatará en su pueblo, que no tendrá más opción que abandonar Israel y establecerse en países seguros.
Después de que las cosas se hayan calmado, si atendieran a la cordura ambos gobiernos, el judío y el persa, las muchedumbres israelíes se agolparán ante la sede del Estado para exigirle su renuncia, porque la naturaleza humana es así: amante de la paz, sin importar raza, religión, filosofía, condición económica y social. Los judíos, lo mismo que el resto de la humanidad, queremos y ansiamos la paz, requisito indispensable para vivir y progresar en este, de todas maneras, difícil mundo.
El Riesgo a ser Insultado y Humillado cuando se Visita la Casa Blanca
Primero, recibe al invitado en la puerta de la Casa Blanca. Da la impresión, en ese momento, que Trump va a ser un anfitrión extraordinario o por lo menos, normal. Luego, lo escolta hasta la sala Oval, donde yacen desde hace minutos varios de los colaboradores (as) del presidente estadounidense, así como varios periodistas previamente seleccionados, dotados de cámaras de televisión, fotográficas y micrófonos. Aquel lugar parece el sitio idóneo para que ocurra un gran acontecimiento, muy lejos de ser lo que en otras épocas era con otros mandatarios de los Estados Unidos, cuando reinaba, en ese mismo salón, un ambiente de tranquilidad, cordialidad y relajamiento. Con Trump, contrariamente, aquello parece una multitud. Pero un dato importante: nadie sonríe, nadie parece estar relajado y si se observa bien aquel ambiente, se puede deducir que lo que sobrevendrá con el paso de los minutos, no será nada bueno…
En segundo término, Trump alarga su brazo derecho y con el índice muestra al invitado extranjero la silla donde deberá sentarse y éste se acomoda, sonriente, con su mejor expresión facial, pues sabe que lo están grabando y filmando hasta en sus mínimos movimientos corporales. Se sienta con su espalda dando en el respaldar de la bonita silla; pero, si lo notamos bien, Trump se ha sentado en el filo de su silla, con las manos entrelazadas a la altura de sus rodillas y lo hace encorvado hacia adelante, como si preparara “algo” inesperado para el visitante. Como efectivamente va a acontecer…
Después de decir algunas bagatelas, algunas palabras que hasta se tornan difíciles de entender por los circunstantes y de las cuales sólo Donald Trump sonríe, pues sólo él las ha entendido, se vuelve hacia el invitado, quien continúa sonriendo afable, agradecido, impresionado por estar en la Casa Blanca, la sede de la primera potencia mundial. Es cuando, en tercer término, Trump comienza con sus groserías, compuestas, en esencia, por acusaciones, casi todas ellas basadas en la falsedad, en los datos erróneos que supuestamente la CIA le ha dado previamente a este sujeto a quien todos los demás mandatarios alrededor del orbe, ya deberían conocer por su vulgaridad, impertinencia, grosería, incultura e ignorancia intrínseca y extrínseca también.
El primero que sufrió ese “Calvario”, fue el buen presidente de Ucrania, el buen Volodimir Zelenski, quien, por formación profesional, es un comediante, un “hombre de tablas”, de escenarios, habituado a hacer reír a la gente y conceder un entorno agradable y relajado a su público espectador. Pero en aquella oportunidad, Trump, acompañado por el siempre agrio y nada sonriente vicepresidente J.D. Vance, quien se prestó también para insultar al visitante, desmoralizó al ucraniano, quien llegó a la Casa Blanca en busca de apoyo moral, primero que cualquier otra premisa, económico y después militar, para expulsar a los rusos criminales que han invadido a su país, Ucrania. Pero se encontró con un Trump más ignorante y errático que nunca, ya que lo acusó de haber provocado la guerra con Putin (siendo éste el invasor y genocida del pueblo ucraniano), y le negó todo tipo de ayuda. Fue cuando Vance, como buen lacayo de su amo, también increpó al desmoralizado Zelenski, quien ya estaba sentado también en el filo de la silla que le destinaron para esa ocasión y balbuceaba palabras y frases que Trump le cortaba apenas salían de sus labios. Y para no dejar el tema allí, el troglodita presidente norteamericano, esa equivocación que los votantes estadounidenses elevaron hasta la cúspide del gobierno y que casi siempre porta corbata de un rojo encendido, exigió al ucraniano que se marchara de los Estados Unidos esa misma noche, que no pernoctara en Washington, pues era persona non grata para él, su Gabinete de Estado y para el pueblo en general.
Pero Dios existe. Y esa misma semana cuando Zelenski fue ferozmente humillado, el premier británico, keir Starmer, le invitó al 10 de Downing Street, donde se localiza la casa de gobierno británica, para agasajarlo y, fundamentalmente, tratar al ucraniano como la persona que es, que vale y que debe ser bien tratada. El lord inglés que es Starmer le hizo ver a Zelenski que en este mundo de conflictos e incomprensiones, también existen personas gratas, humanistas y sociables, que saben valorar a sus semejantes.
Punto y aparte. El siguiente personaje que Trump grabó, filmó, difundió al resto del planeta y humilló severa y profundamente, fue el presidente de Suráfrica, Cyril Ramaphosa, un negro pleno de calidez, caballerosidad, fuerte y arraigada cultura personal y siempre sonriente. Pues Trump le acusó de “racista”, de perseguir, apalear y asesinar a granjeros blancos, un asunto que el distinguido visitante refutó educadamente, mientras Trump le contradecía a grandes voces, con gritos que salían de su garganta mal informada por la CIA y por el entonces amigo suyo, el hombre más acaudalado del mundo, Elon Musk, quien era asesor de Trump en aquel momento y que es bien conocido en Suráfrica como el supremacista blanco que es. Hasta este instante, ya el resto de la humanidad que había visto las escenas con Zelenski y ahora con Ramaphosa, se había dado cuenta cabal de que, quien visitara la Casa Blanca, fuera quien fuera, iba a salir insultado, vituperado, humillado, desvirtuado y si fuera posible, hasta asaltado en sus bolsillos, pues tanto Trump como sus secuaces son individuos que tienen pendientes varios asuntos con la justicia y que sólo las elecciones pasadas evitaron que fueran a prisión. Son delincuentes, ahora entronizados en la mansión gubernamental, en Washington D.C.
Otro punto y aparte. Pasamos el capítulo de Ramaphosa y llegamos a la última visita a la Casa Blanca, que fue del nuevo Canciller alemán, Friedrich Merz, antagonista en el pasado de Angela Merkel, a quien Trump no soportaba por ser mujer, primero que nada, y porque la alemana era, con mucho (y de lejos) muy superior al inculto e ignorante estadounidense. La prensa alemana, casi de manera unánime, ha dicho que Merz salió indemne de la sede del gobierno de los Estados Unidos. Pero lo que no informan es que, antes de levantarse del filo de su silla, Trump le recordó la época nazi en medio de una sonrisa que si no era diabólica, estuvo muy cerca de parecerse a la mueca que esboza Satanás cuando está a punto de hacer daño, de “recrear” el mal.
¡Pues bien…! Ese es Trump. Por si alguien tenía dudas acerca de su naturaleza y su manera de comportarse.
El Inmenso Desafío del Pueblo Kurdo
Su población global se estima entre los 30 y 40 millones de personas, repartidas actualmente entre Turquía (la mayoría de ellos, donde sufren graves privaciones y persecución gubernamental, aspecto que tocaremos más adelante en este mismo comentario editorial); Irán, Irak, Siria, Alemania (la nación de Europa que más kurdos alberga); Francia, Países Bajos, Suecia, Rusia, Bélgica, Reino Unido, Kazajistán, Armenia, Suiza, Dinamarca, Jordania, Austria, Grecia, Estados Unidos, Georgia, España, Canadá, Finlandia, Australia y Azerbaiyán. ¿Y por qué está repartición de un pueblo tan numeroso y en tantas naciones ajenas? La respuesta es simple: porque no tienen un Estado y este es quizás el mayor problema, el mayor desafío que enfrenta este admirable pueblo islámico, cuya existencia se remonta al año 612 antes de Jesucristo. He ahí otra de las grandes peculiaridades de los kurdos… su antigüedad ancestral y sólo por este motivo observamos y apreciamos que no se trata de un pueblo cualquiera, surgido desde hace pocas décadas atrás. Y si quisiéramos obtener un dato más preciso que nos brinde la importancia de esta etnia, podremos mencionar nada menos que a su mayor guerrero histórico… Saladino, el famosísimo sultán que emprendió varias guerras de conquista y casi todas ellas coronadas con el triunfo, una detrás de la otra. También, gracias a este personaje tan relevante en la historia universal, los kurdos abrazaron la religión islámica, que es la que ostentan en este momento y desde hace siglos atrás, según vemos.
Pero retornemos al presente. En una crónica que aparece en este mismo periódico, resumimos quiénes son y qué pretenden del mundo los kurdos actuales. La gran noticia que este pueblo nos ha deparado en las últimas dos semanas, ha sido su renuncia a las armas, a su lucha casi perenne contra el poder de varias naciones que les persiguen, asesinan, encarcelan o destierran, para optar por “la solución pacífica”, quizás al mejor estilo de Mahatma Gandhi en la India, estrujada en las garras del colonialismo inglés y del cual final y exitosamente se desvinculó o liberó para ser más exactos. Es por esta razón que el camino que tienen por delante los kurdos es uno de los más largos por recorrer; y el desafío más grande que pueblo alguno puede tener frente a él. La razón es tan fácil de explicar y comprender, como –paradójicamente-, tan difícil de resolver para estas gentes: para lograr un territorio –que le pertenece desde la antigüedad y que le fue arrebatado por distintos grupos étnicos y nacionalidades-, tiene que luchar, ahora diplomática o políticamente, con esos gobiernos de esos países que ocupan parte de su territorio; es decir, los kurdos tienen que convencer a los gobiernos de Turquía, Irán, Siria, Irak y de Armenia, para que se desprendan de esas tierras y le den vida, origen y forma al Kurdistán. Aquí, justamente, radica la problemática de la existencia del pueblo kurdo y por la que tantos y tantos de sus ciudadanos han muerto en guerras libertadoras y de conquista por obtener un Estado final.
De hecho, su actual líder Abdullah "Apo" Öcalan, nacido en 1949 (tiene actualmente 76 años), está preso en una de las “clásicas” mazmorras del gobierno turco, pues este hombre ha sido un luchador infatigable a favor de los derechos del pueblo kurdo (favor leer la crónica al respecto en este mismo periódico, en la que se detalla la renuncia a las armas por parte de los kurdos). Este aspecto también es otro de los grandes desafíos de los kurdos, cual es obtener la libertad de su líder que ha perdido valiosísimos e importantes años de su vida dentro de las celdas del régimen turco, acérrimo enemigo, dicho sea de paso, del pueblo kurdo y sus luchas de reivindicación.
Ese colosal desafío de esta etnia, pasa por convencer a los gobiernos: turco, sirio, iraquí, iraní y armenio, para que les cedan, cada uno de ellos, esa porción territorial que son piezas de un “puzle”, que, una vez encajado por completo, les dará un enorme país, un enorme territorio, enclavado entre el Mediterráneo y los mares Negro y Caspio. Un sueño de los más caros jamás soñados por pueblo, por gente alguna en lo que lleva de existencia la humanidad. Una tarea que deberán comenzar, en el ámbito político y diplomático, y que será más ardua incluso que la misma lucha armada, en la que nunca fueron vencidos por ejército alguno, incluyendo al turco, que les dio el calificativo de “terroristas”, para justificar su guerra contra los kurdos. Y es que en esta disputa territorial, Turquía, precisamente, llevaría “las de perder”, porque la mayor porción del territorio del Kurdistán abarca un poco menos de la mitad de lo que los turcos consideran su patria y que sería irrenunciable para cualquier pueblo sobre la faz de la Tierra, como es lógico. Tendría que librarse una feroz guerra, de varios años de duración, para que esa parte del Kurdistán sea liberada del dominio turco. Desde el ángulo político-diplomático, abarcaría también ingentes esfuerzos cuyos resultados son inciertos y hacen creer más en el fracaso para los kurdos que en un eventual éxito. Como ya hemos dicho, en esto se fundamenta el colosal desafío de este pueblo que, a pesar de los pesares, tiene dos aliados indiscutibles e inesperados, en los israelíes y en los estadounidenses (aunque con Trump nunca se sabe… no se puede estar seguro y nada ni por nada), que podrían “echar una mano” a esta denodada lucha que apenas está por empezar en el campo de la diplomacia en Oriente Próximo.
Y si se llegase a un acuerdo satisfactorio con Turquía (utópico desde todo aspecto imaginario y realista), habría que esperar otras luchas frente a los gobiernos intransigentes de Irán, con los Ayatolas a la cabeza; Irak y Siria y esperar convencerlos, políticamente, para que devuelvan esos territorios para armar el “puzle” final y que los 40 millones de kurdos obtengan finalmente “su casa” para vivir cómodamente en ella.
Al margen de lo anterior, hemos escrito de un pueblo valiente (vencedor ante el criminal Estado Islámico, Isis o Daesh), cuyo sacrificio de sus valerosas y valientes mujeres, ha ido más allá de lo épico. Una etnia que merece toda la admiración de la humanidad que sabe de su existencia y de sus expectativas de siempre.
«La impunidad de Israel es absoluta. No nos dejan entrar en Gaza porque no quieren testigos» Dice Periodista
Mikel Ayestaran
Iniciamos este comentario de fondo de nuestro periódico, con la voz precisa, textual, del periodista del diario ABC de España, emplazado en Oriente Próximo, cuyo nombre es Mikel Ayestaran. Lleva dos décadas cubriendo las incidencias que se presentan en esta convulsa región y esa vasta experiencia le ha dado la autoridad más que suficiente para escribir un libro que ha intitulado “Historias de Gaza: la vida entre guerras,” gracias a la Editorial Península, sita en la propia España.
Las imágenes que aporta en este libro, son las que provienen de los habitantes de la Franja de Gaza, el sitio preferido por los israelíes, armados hasta los dientes con las armas que les han cedido los estadounidenses, y que es algo así como su “campo de entrenamiento o de tiro al blanco”, donde los judíos del ejército israelí saben que pueden disparar libremente, sin que nadie les devuelvan los tiros. La impunidad es total para esos carniceros vestidos de verde-oliva y con implementos totalmente americanos y europeos, sin que hayan tenido que fabricar nada ellos, pues el resto de los países, en Occidente, les regalan todo como si fuesen merecedores de tales deferencias. Sólo por el hecho de ser “judíos.”
Para este comunicador de la prensa, para este testigo de excepción, “la idea de la equidistancia entre ambos bandos en conflicto (los civiles palestinos y los soldados israelíes), conduce (inevitablemente) a la injusticia, porque la situación sobre el terreno es profundamente desequilibrada.” Afirma. Lo cual quiere decir que los judíos, portadores de toda arma moderna y con las órdenes irrevocables de “matar a todo lo que se mueva, a todo lo que se asemeje al mínimo hálito de vida”, son los que llevan la absoluta ventaja. O en otras palabras más simples, el judío es “el cazador autorizado y los palestinos las presas que serán cazadas en cuando aparezca el alba por levante.”
Ayestaran tiene su oficina en Estambul, Turquía, y al dar su rostro para conversar, acusa al hombre que ha visto miles de escenas inhumanas que lo han hecho fuerte interiormente y con un inacabable sentido y deseo de alcanzar la justicia, una justicia que le es evasiva a los palestinos que están siendo aniquilados, masacrados, asesinados en masa, desaparecidos y exterminados por el ejército de Israel, que se complace en realizar tales actos llenos de oprobio y sadismo sanguinario. “He visto en Gaza auténticos horrores, de los que sólo el ser humano es capaz.” Aduce fijando su mirada glacial en el piso que sirve de soporte para esta conversación tan inusual con alguien, a la vez, tan inusual por todo lo que ha visto, escuchado, sentido y deplorado. Cuando se le pregunta si los judíos son seres humanos en su concepción particular, calla y contesta que, por su criminalidad, no lo parecen e indica que Gaza no es igual a ningún otro lugar en el mundo, por la circunstancia física de lo que supone un bloqueo (de parte de los israelíes). Es cuando explica: “He cubierto todo lo que ha pasado en Oriente Próximo. Incluso la guerra en Georgia o la invasión rusa de Ucrania, pero en ningún sitio he visto un bloqueo tan prolongado. La situación es especial por esa sensación de asfixia, porque tienes una población local que está desconectada con el mundo (la gazatí).”
En cuando al comportamiento del ejército judío, causante de este bloqueo por supuesto, el periodista explica: “Ya era muy difícil entrar en Gaza, ahora ni nos dejan. Además es una absoluta dependencia de Israel y de Egipto: todo lo que entra y sale es por ellos. En otras guerras siempre he podido ayudar a amigos mediante dinero o intentando sacar a alguien. Aquí no puedes hacer nada. Como profesional está siendo especialmente complicado (trabajar): se está aplicando el máximo grado de censura (de parte de los judíos). No nos dejan trabajar y están asesinando a nuestros colegas y no pasa nada. Está siendo muy frustrante cubrirlo desde la distancia, sometidos a una brutal propaganda por parte de Israel y por parte de los medios más cercanos al aparato propagandístico de Hamás (la facción política y armada palestina). La única forma de trabajar está siendo mediante el contacto directo con los gazatíes. Intentas recurrir a las fuentes directas que te dan una visión limitada de lo que es cada familia, pero a la vez desde esos casos tan particulares y tan pequeños, puedes sacar una idea de lo que es la ‘fotografía general.’”
Asevera que los israelíes están usando el hambre “como arma de guerra y es muy poderosa.” Acentúa. Para él y para cualquier otro ser humano, habituado o no a esas imágenes, ver cómo fallecen por hambre, sed y enfermedades, mujeres y niños que componen a la sociedad civil, además de ser el acto más cobarde que puede implementar un ejército (en este caso el israelí), es sumamente desgarrador observar esas escenas que casi suceden a tus pies. Otra arma usada por los israelíes en Gaza, es el desplazamiento forzado de sectores enormes, muy numerosos, de la población gazatí. Del norte hacia el sur, preferentemente. “He visto a una sola familia cambiándose de sitio, en unas 19 ocasiones.” Narra. “No hay un lugar seguro, porque no existe un lugar con las condiciones mínimas higiénicas y de alimentación.” Agrega. Y en cuanto al derecho internacional, manifiesta completamente convencido que ha fracasado absolutamente, porque “hemos visto como el primer ministro (dictador, mejor dicho), Benjamín Netanyahu, ha estado en Hungría y no ha habido ningún problema, ignorando el derecho internacional. El único actor internacional que puede poner punto final a esto (al exterminio del pueblo palestino) es Estados Unidos, pero sabemos quién gobierna a ese país y que no habrá ningún cambio. Veo más cercana la creación de un resort, ‘la Riviera en Gaza.’ He perdido toda la esperanza en el derecho internacional y en la Unión Europea (UE). La impunidad es absoluta (de Israel y su dictador) y, precisamente, por eso no podemos entrar, porque no quieren testigos.”
Nada más por añadir. Ese es el testimonio fehaciente, real, enteramente creíble, firme, confiable y realista de lo que está sufriendo la etnia palestina en su propia tierra, un territorio que, además, le es arrebatado en porciones de todo tamaño por los colonos judíos impulsados y protegidos por Netanyahu y que van armados hasta los dientes como si fuesen mercenarios en una guerra que no es guerra, sino una masacre de un ejército contra un pueblo al que no le dejan oportunidad para defenderse. Mientras la justicia es tan solo una mueca pintada en la pared en La Haya, desdibujada por los líderes criminales. Y Ayestaran termina con esta reflexión: “Hemos normalizado la anormalidad totalmente. Ese es el gran éxito de Netanyahu. Creía que la operación israelí del 2014, lo más duro que había hecho (2,500 muertos gazatíes en 50 días), iba a ser un punto de inflexión. Ahora mueren 2,500 personas en una semana sin ningún problema.” Inconcebible, absolutamente inconcebible…
Sale a la Venta Libro que Relata los Últimos Meses de Joe Biden en la Casa Blanca. Días de Auténtico Terror
Cuando conocemos que en la sede del gobierno de los Estados Unidos preside un hombre como Joe Biden, enfermo hasta lo más profundo; o Donald Trump, un sujeto violento, intempestivo, sin disciplina alguna y cuasi-analfabeto, gran desconocedor de casi todo en el planeta en el que vive, tenemos que hacer grandes esfuerzos por no preocuparnos, porque se trata del país, la potencia mundial que regula la economía global y vigila, de acuerdo a la costumbre de sus mandatarios, el derrotero de las guerras a nivel internacional. Es decir, los Estados Unidos es una nación que marca el ritmo del acontecer diario, que permite que el resto de naciones dependan de ella de una u otra manera, aunque principalmente en el aspecto económico primero y en el bélico después.
En este caso que nos compete, el de Joe Biden, el presidente que hace pocos meses abandonó la Casa Blanca, su situación era más que alarmante debido a su pésimo estado de salud. Incluso hay quienes aseguran que él no estaba gobernando en las últimas fechas, sino que era un grupo de asesores cuyos nombres nunca trascendieron a la opinión pública ni a la prensa tampoco. En ese conglomerado de funcionarios de alto rango, tampoco estaba Kamala Harris, lo cual hubiera sido una absoluta y total garantía de seguridad, debido a la inteligencia y experiencia de esta mujer, porque se hallaba en plena campaña política por la presidencia del país, contra Donald Trump.
Durante esas fechas, las decisiones que emanaban de la casa de gobierno estadounidense, levantaban sospechas debido a lo superlativo de las cifras. Por ejemplo, en la ayuda militar a Ucrania, se le concedían millones de dólares a cada instante, cada vez que Zelenski, el presidente ucraniano, lo solicitaba; lo mismo, la cantidad enorme de armas pesadas (misiles), que llegaban a los aeropuertos de Polonia y de ahí hasta los arsenales ucranianos. Y en lo que se refiere a la masacre que Netanyahu lleva a cabo en la Franja de Gaza, Joe Biden, a juzgar por su derroche de “regalos” que hacía a este criminal judío, permitía pensar que era “un socio” en esto del derramamiento de sangre inocente palestina. Es decir, el envío de dinero y armamento, lo mismo que la ubicación de los portaaviones en aguas adyacentes a Palestina e Israel, para defender las acciones ultra-criminales del ejército israelí, dejaba pensar que Biden se había convertido en otro genocida allende el Atlántico y parapetado en el Despacho Oval en la Casa Blanca. Era un decidido “mani-rota” que dotaba de dinero y armas en cantidades impresionantes, tanto al presidente ucraniano como al exterminador y asesino de masas israelí, Benjamín Netanyahu. Pero ya vemos que no era Biden quien daba esas órdenes, sino que era su personal adjunto el que hacía esos derroches de armas y de dinero. Aun así, Netanyahu
nunca estuvo satisfecho ni contento con lo que el Pentágono y el Tesoro de los Estados Unidos le concedían para que continuara su masacre en contra del pueblo de la Franja de Gaza.
Para fundamentar nuestras afirmaciones anteriores, nos remitimos a la publicación reciente del libro llamado, Pecado Original: el declive del presidente Biden, su encubrimiento y su desastrosa decisión de volver a presentarse, escrito por el corresponsal jefe de la CNN estadounidense, Jake Tapper, y el corresponsal político de Axios, Alex Thompson. Un volumen que promete venderse semejante “al pan caliente recién horneado”, pues los votantes de ambos partidos, el Republicano y el demócrata, quieren saber por igual lo que sucedía en los últimos meses de la administración Biden, quién o quiénes mandaban, quiénes tomaban las decisiones cruciales y quiénes se encubrían detrás de la figura de un mandatario profunda y peligrosamente enfermo.
La obra se fundamenta en más de 200 entrevistas hechas a allegados del presidente y saldrá a la venta el próximo 20 de mayo del presente 2025. Con lujo de detalles, se relata cómo la edad afectó las capacidades físicas y cognitivas del expresidente al final de su mandato. Indica también el momento cuando el médico personal de Joe Biden, Kevin O’Connor, advirtió que una mala caída en el 2023 o el 2024, pudo haberlo dejado postrado en silla de ruedas. Incluso la famosísima revista semanal, The New Yorker, publicó lo siguiente en torno a este asunto tan delicado: “Lo que el público vio de su desempeño fue preocupante. Lo que sucedía en privado era peor. Si bien Biden, día tras día, podía tomar decisiones, mostrar sabiduría y actuar como presidente, hubo varios problemas importantes que complicaron su presidencia.” Este párrafo por sí solo es blando con Biden; pero lo que se añadió a continuación no lo fue en modo alguno: “(Había) un número limitado de horas en las que podía funcionar de manera fiable y un número cada vez mayor en los que parecía bloquearse, perder el hilo de sus pensamientos, olvidar los nombres de sus principales asesores o, momentáneamente, no recordar a amigos que conocía desde hacía décadas.” Cita la misma revista.
Los mismos tele-espectadores que observaban los noticiarios, se percataron de que su presidente no andaba nada bien y posiblemente por ello –y otros aspectos más-, se decantaron por votar a favor de Trump, quien, a la postre, tampoco es garantía de que las cosas funcionen mejor; y ya hemos visto que, en sus primeros 100 días en la presidencia, las cosas han ido a peor con su guerra comercial global, sus aranceles y sus palabras vulgares que delatan su escasísima cultura y nula educación.
Retornando al libro que saldrá próximamente a la luz, se narra cuando el 15 de junio del 2024, Biden acudió a una gala en Los Ángeles, California, para recaudar fondos. Allí estaban George Clooney y Julia Roberts, entre otras luminarias cinematográficas y quedaron impresionadas al ver el alto grado de deterioro de Joe Biden cuando arribó al evento: llegó cojeando y visiblemente disminuido. “Parecía que había envejecido 10 años más, súbitamente.” Exclamó Clooney, quien no daba crédito a lo que veía. Aparte de su imagen, lo que decía Biden tampoco le ayudaba mucho, pues solía confundir la identidad de las personas.
Lo preocupante, subrayamos, radica en que se trata de los dos últimos mandatarios de los Estados Unidos, una potencia que no se puede dar el lujo de tales personalidades tan erráticas, porque afectan, precisamente a toda la humanidad, quiérase o no.
... A esperar por el libro.
En el Año de las Conmemoraciones… Hay Gobiernos, Pueblos y Ejércitos que Perdieron la Moral
Ciertamente cada gobierno, pueblo y país al completo, pueden festejar o conmemorar todo lo que les plazca (o les dé la gana para ser más precisos), desde el “día de la paloma”, hasta “los huevos que pone la paloma” y “los huevos que le roban a esa misma paloma.” Es decir, todo lo que quieren celebrar, si así se sienten felices. Pero otra cosa muy diferente radica en esos mismos gobiernos y pueblos, si tienen realmente la moral para celebrar lo que celebran y más todavía, si son el ejemplo para otras naciones de lo que dicen haber conquistado.
Con mayor claridad, en el caso de la Unión Soviética (URSS), ahora la Rusia de Vladímir Putin, este dictador acostumbra cada año, cada principio del mes de mayo, recordar y celebrar con un ostentoso desfile de su ejército, en el que participan miles de soldados, el triunfo de los soviéticos sobre las fuerzas del Tercer Reich, cuyo comandante en jefe era nada menos que el famosísimo y mal querido Adolf Hitler. Está bien que lo celebre. Es su país, su territorio, su gente, su ejército y todo lo suyo que quiera pensar, decir y sentir; pero otra cosa es que mienta al mundo que ve su ostentación de desfile y diga que la otrora Unión Soviética fue la gran libertadora de aquellos pueblos que estaban oprimidos por el nazismo hitleriano.
Ciertamente, los hombres comandados por el Führer de Alemania ejercían un control despótico, si se quiere criminal, sobre los pueblos no germanos que habían sometido y sojuzgado, como el polaco, el checo, el francés, etcétera, etcétera; pero que la URSS liberó a la mayoría de esas naciones, especialmente a las que se hallaban en el camino hacia Berlín, la Capital del Reich, eso es una mentira del tamaño de las murallas del Kremlin, porque lo que en verdad hicieron los ucranianos y bielorrusos, que fueron las puntas de lanza del “ejército rojo” comunista, fue derrotar a los alemanes, para erigirse ellos, al poco tiempo, en los conquistadores y sojuzgadores de esos mismos pueblos. Es decir, cambiaron las banderas, los verdugos, los opresores y las ideologías: la nacionalsocialista alemana por la marxista-leninista soviética. De tal modo que, cuando Winston Churchill observó lo que estaba pasando en los países del Este europeo, dejó escuchar: “Ha caído un telón de acero sobre esas naciones” y aconsejó a los presidentes y generales estadounidenses seguir, después de Berlín, hacia Moscú, para realizar realmente la liberación de la Europa en guerra.
En todo caso, la mentira es “el combustible” con el cual Putin alimenta su alma glacial y criminal.
¿Y que hay de los campos de concentración nazis que los soviéticos liberaron? Bueno, esta es otra historia. Porque varias judías que fueron sacadas de esos centros de exterminio en condición de sobrevivientes, han relatado a los historiadores y en honor a la verdad: “Ciertamente los rusos nos liberaron de los nazis, pero después teníamos que huir de esos mismos rusos que nos violaban y nos maltrataban con la misma furia de nuestros primeros verdugos.” Así las cosas… Pero Putin y sus generales de pacotilla, inútiles en su guerra contra Ucrania en la actualidad, siguen celebrando y mintiendo acerca de la supuesta y ficticia “liberación” de gran parte de la humanidad.
Y en lo que se refiere a la moral de fondo, en esta celebración de su victoria sobre la Alemania Nazi, los rusos no tienen ningún asidero con respecto a la moral, cuando ellos han masacrado pueblos enteros en Chechenia, Georgia y desde hace tres años en Ucrania, una nación a la que Putin considera es “una fantasía” de los ucranianos y de la Unión Europea (UE), “no existe como tal, no es un país, mucho menos independiente, porque sigue perteneciendo a Rusia”, según ha dicho reiteradamente este presunto “libertador”, quien no es otra cosa distinta que un genocida requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), para ser juzgado por crímenes de lesa humanidad. ¡No tiene moral para celebrar nada y llamarse a sí mismo, libertador! ¡Tampoco los rusos que en aquella ocasión eran soviéticos, comandados por un dictador más criminal que el peor criminal conocido: Josef Stalin!
Vladímir Putin tiene derecho, eso sí, de celebrar la victoria sobre la Alemania Nazi, un hecho histórico que logró a medias, gracias a las estupideces que cometió Hitler con su ejército, quien no quiso entrar victorioso en Moscú, una Capital que estaba a plena disposición táctica del ejército alemán y desvió a miles de hombres al Cáucaso, dándole oportunidad al invierno ruso y a las tropas acantonadas en Siberia, ser trasladadas al frente occidental. Tampoco debe obviarse la extraordinaria ayuda material, económica, humana y hasta en el espionaje, que brindaron las fuerzas aliadas a Stalin y su piara de asesinos, para que pudieran enfrentar a los alemanes. El corredor abierto por Siria u oriente próximo por los Aliados, fue de extraordinaria importancia para trasladar a los rusos cañones, medicamentos, asesores militares, los famosos jeeps estadounidenses, municiones, aviones, etcétera, etcétera, para que el “ejército rojo” pudiera soportar la andanada bélica de los alemanes.
Tampoco, y en otra latitud de la Tierra, Benjamín Netanyahu puede señalar a los nazis y sus campos de concentración, porque algo muy parecido –y hasta peor, porque lo perpetra ante los ojos del resto de los seres humanos y a plena luz del día-, está haciendo este judío con el ejército de Israel contra el pueblo palestino, al que extermina un día sí y el otro también, con la criminalidad más abierta, descarada e infame jamás vista. Ambos dictadores, Putin y Netanyahu, no tienen moral. Nunca la han tenido, pues son dos criminales que han procedido a oprimir naciones enteras y perpetrar genocidios de inconmensurables proporciones. Por lo pronto… que sigan celebrando lo que les dé la gana, si eso “adorna” un poco su sadismo o sed de sangre ajena.
A Propósito del Ministerio de Educación de Costa Rica. Las Instituciones no son
los Edificios o los Reglamentos…
son las Personas
Cuando el sistema educativo de un país no funciona como debiera, el pueblo y la nación entera se encuentran en un serio peligro, en un aprieto de grandes dimensiones. Para ejemplarizar con mayor precisión, el sistema educacional de un país es parecido a los pulmones en el cuerpo de un ser humano: no se puede prescindir de ellos, pues la función de respirar estaría vedada, interrumpida mortalmente…
En Costa Rica, concretamente, la centenaria democracia latinoamericana, durante mucho tiempo el Ministerio de Educación Pública fue algo así como “el niño bonito de la familia, aquel que se le presenta siempre a las visitas para que lo admiren y llenen de halagos.” Fue el emblema de una nación que abolió el ejército y que ha sido una de las mejores decisiones que gobierno alguno haya tomado jamás, pues los militares en este subcontinente (y en otras regiones del planeta, como en África y Asia), sólo sirven para dar asonadas o golpes de Estado y guardarle las espaldas a los dictadores supra-corruptos que se apoderan de ese país por décadas enteras y que sólo la muerte natural los aparta de las dictaduras.
¡Pues bien… los costarricenses decidieron continuar su camino sin la molestia y el peligro de los militares! Y por muchos años se alardeó del sistema educativo robusto, esencial, formativo y se acuñó la famosa expresión de que “el ejército de Costa Rica son sus maestros.” Hasta aquí, superficialmente, todo marcha bien; pero en las entrañas, en lo profundo de ese sistema, la realidad en el devenir del tiempo, ha dejado ver las falencias que no se ajustan a las palabras que anteriormente se dejaban escuchar y que eran un dechado de halagos, felicitaciones y aplausos para los educadores. Lo cual quiere decir que la decadencia evidente de la enseñanza en Costa Rica, ha enterrado sus garras en la formación de los educadores, en los reglamentos, en los programas a enseñarse a los educandos y ha hecho que estos últimos salgan en “estampida” y deserten hacia mundos desconocidos y en la mayoría de los casos, los extranjeros llegados de países realmente conflictivos, como Colombia, Nicaragua y México, les esperen para enrolarlos o enlistarlos en los grupos de narcotraficantes y sicariato (asesinatos por encargo y a sueldo). Paralelamente a esa enorme deserción de los jóvenes, quienes deciden abandonar los estudios casi siempre después del período de medio año vacacional o en el parón de 15 días para que descansen, las críticas, los lamentos y los reportajes periodísticos se suceden unos detrás de otros, pero carentes de soluciones, de intervención “quirúrgica” a fondo en el corazón del ministerio del ramo, para evitar que ese abandono masivo de muchachos siga produciéndose año con año. Porque la crítica por el simple hecho de producirse, sin reacción posterior positiva, se queda solamente en crítica, en “caldo amargo” que sale purulento de las bocas y nada más.
Y la pregunta esencial, intrínseca, que demanda el Ministerio de Educación costarricense es: ¿Qué se debe cambiar para que todo sea funcional de cara a una sociedad golpeada por la altísima delincuencia que aparece imparable y que acusa rasgos de incultura, analfabetismo, ignorancia y ausencia de profesionalismo realmente preocupantes? La respuesta es: cambiar lo que haya que cambiar. Y esos cambios apuntan directamente a dos aspectos: los programas que se imparten actualmente en escuelas y colegios no son del agrado y no edifican el intelecto de los jóvenes; y la formación de los educadores deberá ser profunda, completa y satisfactoria. Una vez que los nuevos programas sean diseñados para complacer al estudiantado y sea atractivo y realmente pedagógico, se le podrá retener a esos jóvenes, se evitarán los inconvenientes delictivos que sufre actualmente Costra Rica; y los profesores con sobrada formación y capacidad, serán capaces de enseñar realmente no sólo sus materias respectivas, sino para la vida, marcando pautas y señalando los caminos rectos. Pero hasta el momento lo único que se hecho, ha sido cambiar al ministro del momento, a quien se le culpan de todas las anomalías y desgracias que se presentan en su ministerio; y la misma burocracia enviciada, indolente e irresponsable sigue en sus oficinas, los mismos educadores siguen con sus carencias, falencias y pésimas metodologías, aparte de sus profundas malformaciones personales (intelectuales, psíquicas, morales y culturales) y para colmo de males, las edificaciones de las escuelas y colegios se siguen deteriorando ostensiblemente y muchos de esos lugares no son aptos para recibir a los educandos en modo alguno.
Obviamente, las Instituciones –en este caso el Ministerio de Educación costarricense-, no es la varilla y el cemento, los asientos o los escritorios que hay en sus interiores y tampoco los reglamentos que abundan por doquier, sino que es el personal, la parte humana lo que hace grande o chico a un ente (cualquiera que sea), y hasta puede destruirlo si se lo propone, con indiferencia y pésima calidad, tal y como se presenta ahora mismo en esta nación centroamericana.
Por lo pronto, además de los docentes cuyas bases intelectuales son muy endebles o no existen del todo, se siguen impartiendo materias como la matemática, que es un verdadero valladar para los estudiantes, que los hace fracasar y es motivo también para que abandonen las aulas; Español con sus lecturas que no entretienen ni forman; Estudios Sociales con su tendencia a justificar a las dictaduras latinoamericanas y al comunismo mundial, etcétera, etcétera, etcétera. Lo cual sólo indica que la transformación tiene que ser profunda, radical, nunca antes hecha ni experimentada y tiene que ver con lo técnico, lo humano y lo infraestructural. Pero nadie se atreve a hablar de ello o nadie quiere ponerle “el cascabel al gato” y así vamos mal.
El Angustioso y Desesperado Escape de Elon Musk
Desde la primera administración (¿o deberíamos decir mejor des-administración), de Donald Trump en la Casa Blanca, se mencionaba con asiduidad el nombre de este multimillonario surafricano, dueño de la fábrica de autos eléctricos Tesla y de la red social X, entre otras muchas empresas que le pertenecen. Se le mencionaba en periódicos, libros y revistas de hace ocho años atrás, porque se pegaba, literalmente, a Trump, en un deseo casi maniático por pertenecer al gabinete presidencial de este corredor de bienes raíces y dueño del concurso Miss Universo, posiblemente para aumentar sus ganancias que de todos modos, ya eran supra-millonarias.
En aquel entonces, un celoso (profesionalmente) Steve Bannon, quien fungió en calidad de asesor de Trump y que tuvo que salir disparado por la puerta trasera de la Casa Blanca porque con Trump nadie funciona bien y nadie es considerado su amigo, ya le estaba pisando los talones al surafricano y le había declarado una guerra personal, amenazándolo incluso con expulsarlo de la Casa de gobierno tarde o temprano. No lo consiguió Bannon, porque en este segundo mandato del rabioso y flemático Trump, Musk regresó al gobierno con el puesto de jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), un puesto creado exclusivamente para Elon Musk, para que procediera a despedir a los burócratas del Estado, muchos de los cuales le dieron sus votos a Donald Trump, el mismo que en ese momento los estaba dejando sin sus empleos y tirándolos a la calle, cumpliendo aquel viejo adagio que dice: “Con hacerle un favor al diablo, con llevarnos (al infierno) nos lo paga.” Trump, sino no es el diablo… se parece mucho…
A los pocos días de haber asumido ese puesto, el nuevo presidente le sacó del bolsillo a Musk algunos millones de dólares, en resarcimiento por haberlo echado de la red social X, cuando Trump utilizaba su cuenta allí para insultar a cuantos a él se le antojara. Y Musk tuvo que abrir su chequera para resarcir económica “y moralmente” al horroroso mandatario de los estadounidenses. Eso fue lo primero que le cobró Trump. Pero estaría por llegar lo peor…
Durante el poco tiempo que Elon Musk estuvo en el puesto, despidió a varios burócratas, los dejó sin trabajo en su afán de “adelgazar” al Estado; cerró la agencia de noticias gubernamental, La Voz de América (VOA), una empresa Estatal del mismo corte, fama y prestigio que la Deutsche Welle, de Alemania; la BBC de Londres y de France International, entre otras más; también les quitó a los cubanos en la isla, la emisora con sede en La Florida, Radio Martí, creada por Ronald Reagan. En estos momentos, los ex empleados de la VOA tienen una fuerte querella judicial contra Trump en los tribunales de los Estados Unidos por esa arbitrariedad; además, esta nación ya no tiene una voz colegiada, de cara al mundo, que la represente y sea capaz de decir la verdad acerca de la realidad estadounidense. Y esto gracias a la impetuosidad de Musk y Trump, unidos contra Instituciones, si se quiere “clásicas” y muy prestigiosas de USA.
Y llegó lo peor… Donald Trump dio inicio a su guerra comercial contra el resto de la humanidad, de los países socios comerciales de los Estados Unidos, al poner aranceles agresivos, draconianos y esencialmente dañinos para la economía, no sólo de esas naciones, sino del mundo entero. El resultado fue la caída de las principales Bolsas alrededor del planeta: la de Tokio, Pekín, Hong Kong, Frankfurt, Londres, París y por supuesto, la más importante de todas en estos momentos… la de Nueva York. Fue cuando los expertos en finanzas y en economía le gritaron el imbécil presidente de los Estados Unidos, que se detuviera en su locura por hacer daño y destruir a quienes a él le viniera en gana. Para Elon Musk, su empresa de autos eléctricos, Tesla, en los primeros días de la guerra desatada por su “amigo” Trump, tuvo un bajonazo (una grave pérdida) en Bolsa, del 44 por ciento en las acciones y se hablaba insistentemente de que la fortuna de este surafricano había perdido unos US$104 mil millones. Sólo para empezar.
Para colmo de males y de acuerdo a la inacabable estupidez de Donald Trump, que “mete sus cuatro patas” a cada instante, se hizo fotografiar junto a Musk, con un auto Tesla a sus espaldas, para promocionar al vehículo y que subiera las acciones; pero produjo el efecto contrario, porque los estadounidenses normales, aquellos tan respetuosos siempre de las pertenencias ajenas, comenzaron a rayar los carros allí donde estuvieran aparcados, les estallaban los neumáticos, les quebraban los cristales y hasta le dejaban mensajes escritos en la carrocería y que eran insultos contra Musk. El sabotaje estaba en su mayor expresión. Además, en naciones como China, donde Tesla se vendía extraordinariamente bien, las ventas cayeron a índices alarmantes. La fortuna de Musk, que, según los conocedores, era de US$486 mil millones, había bajado súbita y alarmantemente ante los ojos desorbitados de este surafricano que se equivocó “de medio a medio” al brindarle su amistad a una bestia como lo es Donald Trump, un tipo sin sentimientos, ni principios, ni escrúpulos, ni decencia y mucho menos respeto por las demás personas. Ahora, esa fortuna es de US$298 mil millones. Suficiente para salir en franca huida del gobierno de USA.
En un solo día, Elon Musk llegó a perder US$11,000 millones con el desplome de las acciones de Tesla, una cantidad que se sumó a una caída acumulada en lo que lleva transcurrido el presente 2025, de US$110,000 millones. Si no había tomado la decisión de largarse en carrera abierta del gobierno de Trump, era el momento para tomar su maleta ejecutiva y abrir la puerta más cercana que da a la calle para salir corriendo por allí. Hasta que lo hizo. Elon Musk recibió la peor paliza moral, mental, psicológica y material de su vida personal y profesional. Ese fue su horrendo paso por la Casa Blanca, lugar donde imploró que los aranceles no deberían existir y menos entre los Estados Unidos y Europa y en su lugar debería acordarse un Tratado de Libre Comercio (TLC), por el bien de la economía mundial. Y el resabio que aprendió fue: quien se une a un déspota y canalla como Trump, sufre inevitablemente las funestas consecuencias. Ahora la realidad que tiene delante de sí, es una empinada pendiente hacia arriba para resucitar su nombre y el de sus empresas. Y la pregunta resultante es: ¿Habrá aprendido la lección?
“Gaza se Convirtió en una Gran Fosa Común.” Así según la Organización Humanitaria Médicos
sin Fronteras
Cuando pasen los años y con un mapa de Oriente Próximo, podremos explicarle a nuestros nietos todavía infantes o adolescentes, que una vez hubo un pueblo milenario, dueño de esas tierras, ahora en manos israelíes, que se llamaban palestinos y que fueron masacrados por medio de ataques contínuos de exterminio por parte del ejército judío y de su líder, Benjamín Netanyahu, quien nunca pudo ser atrapado por la justicia internacional que lo requería para procesarlo y encarcelarlo por el genocidio causado en los asentamientos en la Franja de Gaza y Cisjordania. Y les contaremos a esos niños descendientes nuestros, que, después de la masacre exterminadora, llegó la expoliación cuando les quitaron a muchos cadáveres de esos mismos palestinos, sus órganos vitales para ser trasplantados en judíos enfermos en Tel Aviv y otras ciudades de Israel y así mismo les arrebataron las tierras que ahora forman parte de Judea y que bañan las olas del Mediterráneo. Les diremos que fue un genocidio de exterminio que se llevó a cabo en la segunda década del Siglo XXI y ante todos los medios de comunicación del mundo y ante la mirada de la humanidad entera, pero que eso no amilanó a los asesinos judíos para detenerse, sino que continuaron exterminando palestinos con mayor ahínco, odio y desvergüenza alguna.
Terminaremos nuestra narrativa diciéndoles a esos chicos que la impunidad, la falta de justicia, el apoyo dado por los distintos gobiernos de los Estados Unidos, Hungría, Alemania y otros más, fue el manto que cubrió a esos israelíes para llevar a efecto tales hechos asesinos, macabros, únicos en la historia mundial, no comparables con ningún otro genocidio, porque éste, precisamente, se llevó a cabo ante la prensa y el resto de los habitantes de esta Tierra. Nuestros nietos sabrán que el entonces gobierno israelí, en la voz de su ministro de Defensa, Israel Katz, bloqueó todo ingreso de ayuda humanitaria para los habitantes de Gaza, mientras los aviones de combate vendidos o regalados por los Estados Unidos, continuaban bombardeando sobre las ruinas de toda esa zona de Palestina, donde los habitantes no tenían donde refugiarse o escapar. Les explicaremos a esos niños que las palabras de Katz en aquel momento fueron: “La política de Israel es clara: en Gaza no entrará ninguna ayuda humanitaria. Y bloquear esta ayuda es una de las principales palancas de presión para evitar que Hamás la use como herramienta con la población.” Les narraremos que, con base en esa pseudo-política de los judíos, miles de niños gazatíes, sus madres y abuelos ancianos se quedaron semanas enteras sin comer, sin agua potable ni medicinas y fueron sumando más cuerpos sin vida al exterminio.
Les diremos a nuestros pequeños escuchas que también el ministro de Seguridad de Israel, el radical (otro de los grandes verdugos del pueblo palestino), Ben Gvir, aseguró amenazante que iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance “para evitar que la ayuda humanitaria vuelva a entrar a Gaza (…).” Les narraremos que así prosiguieron los israelíes apretando la cuerda alrededor del cuello del pueblo palestino con tal de dejarlo postrado, inerte, sin vida. Y para ilustrar con ejemplos reales, verdaderos y transparentes, tomaremos las palabras de la organización Médicos sin Fronteras (MSF), que tuvo que abandonar la Franja de Gaza, so pena de ser asesinados también sus profesionales en medicina, pues ellos dijeron a la humanidad que, “Gaza se convirtió en una fosa común para la población palestina y para quienes acuden en su ayuda.” Así según las palabras de la coordinadora de emergencias de MSF en la Franja de Gaza, Amande Bazerolle. Y añadió: “asistimos en tiempo real a la destrucción y el desplazamiento forzado de toda la población de Gaza. La respuesta humanitaria se ve gravemente obstaculizada por la constante inseguridad y la escasez crítica. Gaza se convirtió en una fosa común para los palestinos y para quienes acuden en su ayuda. Los últimos ataques israelíes demuestran un flagrante desprecio por la seguridad de los trabajadores humanitarios y médicos en Gaza. MSF ha perdido 11 colaboradores desde el inicio de los ataques israelíes al estrecho territorio palestino. Pedimos a las autoridades israelíes que levanten inmediatamente el asedio inhumano y mortal impuesto a Gaza, que protejan las vidas de los palestinos, así como las del personal humanitario y médico, junto con todas las partes, para restablecer y mantener un alto el fuego.” Por supuesto, ese clamor de la funcionaria recibió por respuesta del gobierno de Israel el silencio y la indiferencia, mientras los misiles lanzados desde Bases en Judea y por los aviones de manufactura estadounidense, han seguido destruyendo las ruinas que han quedado encima de las primeras ruinas de los edificios.
Es cuando Baserolle volvió a manifestar: “Israel también impide la entrada de cualquier ayuda humanitaria al territorio; las reservas de alimentos, combustible y medicamentos, están agotadas. No se trata de un fracaso humanitario, sino de una elección política y de un ataque deliberado contra un pueblo (el palestino), llevado a cabo con total impunidad.” Puntualizó. Mientras, Philippe Lazzarini, jefe de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, advirtió que se está a un solo paso de una hambruna de consecuencias catastróficas en Gaza: “Ayer, los limitados suministros entregados durante el alto al fuego temporal, se han agotado ya, lo que pone en riesgo de hambruna a miles de miles de gazatíes.” Aseveró.
Y en el Mediterráneo y otras aguas adyacentes, portaaviones de los Estados Unidos colaboran con los israelíes y bombardean a cualquiera que quiera prestar su ayuda a los palestinos. De esa manera asistimos al exterminio del pueblo palestino “en vivo y a todo color” y sin el derecho a expresar un simple quejido siquiera, ante tal masacre perpetrada por los judíos de Netanyahu, mientras Europa, América y el resto de Asia calla y mira hacia el lado contrario o lo que es peor, se solidarizan con esta masacre canalla de más de 2 millones de seres humanos, que incluye también a periodistas y socorristas internacionales.
Había una Vez un Tirano Vulgar, Estúpido y Agresivo, Llamado Donald Trump…
Algunos adjetivos que le calzan a la perfección al presidente de los Estados Unidos y que nos ayudan a introducir este editorial, son: analfabeto congénito, petulante, arrogante, bocón, hiriente, irrespetuoso, endiosado, beligerante, voluble, machista, despiadado, tiránico, egocentrista, ególatra, libidinoso (lujurioso, obsceno, pervertido), irresponsable, insensible, inhumano, inculto, etcétera, etcétera… Y se le pueden agregar más calificativos de ese corte y siempre serán precisos porque él mismo, en cada día que amanece y se presenta ante la opinión pública mundial, hace demostración de sus falencias, de su destructivo negativismo y de su peligrosidad. Pero que se entienda: Trump es peligroso porque está a la cabeza del gobierno de la primera potencia económica y militar del mundo y no por otra razón. Porque si estuviere dentro del común de la ciudadanía, sería tan vulnerable –y más-, como cuando era llevado y traído de tribunal en tribunal para ser enjuiciado por sus múltiples e inacabables delitos. Y hubiese sido un hecho, que de no haber sido elegido mandatario de USA, en estos momentos quizás estaría en una celda, después de una sentencia definitiva contra su proceder indeseable y reñido con el respeto a la sociedad, especialmente hacia las mujeres a quienes siempre ha gustado abusar de ellas desde que se conoce de la existencia de este mamarracho llamado Donald Trump.
Incluso alguien dijo por ahí recientemente: “es posible que no lo dejen terminar sus cuatro años en la Casa Blanca y esta vez el francotirador no fallará y le dará muerte, un suceso que a nadie llenará de pesar alrededor de la Tierra.” Porque la verdad es esta: son más, muchísimos más ahora mismo, quienes le quieren ver eliminado que vivo y destruyendo lo bueno que tiene el mundo y la humanidad entera, tal y como lo ha venido haciendo hora tras hora, día tras día.
Es un tirano. Alguien también, esta vez en España, en el foro de un periódico español, le asemejó con el emperador romano Nerón, aquel loco que tocaba la lira y se reía a grandes carcajadas cuando Roma era pasto del incendio que él ordenó desatar en la ciudad: Trump se ríe cuando ve que el mundo se preocupa por causa de sus decisiones suicidas y esquizoides y que están desatando el pánico en las Bolsas y en la economía global. Y es un individuo vulgar, de un comportamiento vulgar; es más, su naturaleza, su identidad es de la más rastrera vulgaridad y si alguien no lo considera así por una u otra razón, basta que le recordemos lo que ha dicho y hecho en las últimas fechas: “(los gobernantes de) los países (afectados por sus aranceles) me están llamado. Todos quieren besarme el culo.” Rayano, rastrero, una auténtica porquería de individuo, a quien el puesto de presidente de los Estados Unidos le queda demasiado grande. De hecho, está denigrando a todo ese país desde que asumió el cargo.
Luego de esa expresión tan baja, inconcebible en la boca de un presidente y mucho menos si se trata del mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump comenzó a parodiar a los jefes de Estado que supuestamente lo llamaron para suplicarle que eliminara los aranceles (125% a los chinos y 20% a los europeos); es decir, se comportó mucho más vulgar todavía: “¡Por favor, señor, hagamos un trato. Haré lo que sea (¡!), señor. Se están muriendo por cerrar un acuerdo (conmigo).” Pero lo peor se fundamenta en que no hay certeza de que lo que dijo sea cierto, que lo hayan llamado suplicantes y de rodillas, pues de este analfabeto visceral se puede esperar cualquier mentira y de cualquier tono y tamaño. En esa oportunidad, la sala estaba repleta de donantes republicanos en Washington, esos mismos que donaron sus millones para subir al poder a este energúmeno que está causando tanto daño a todos. Supuestamente, la mayoría de esos suplicantes arrodillados ante este Nerón moderno, son aquellos que siempre han sido aliados indefectibles de los estadounidenses y de sus políticas internacionales a través de las épocas.
Y además de ese vocabulario vulgar y rastrero, Trump demuestra día a día su estupidez, su cerebro del tamaño de un guisante, sino veamos este caso: ordenó imponer gravámenes arancelarios a zonas deshabitadas alrededor del planeta, sin una economía poderosa o inexistente. Por ejemplo, el caso de las Islas Heard y MacDonald, un territorio rocoso australiano, situado al sur del Océano Indico, al que gravó con un arancel del 10 por ciento; y según los mismos reportes de la CIA estadounidense son islas despobladas, cubiertas en un 80 por ciento de hielo, algunas de ellas con volcanes gigantescos que las hacen inhabitables por el peligro que entrañan, con glaciares y con habitantes tales como los pingüinos y los leones marinos. Es decir, este imbécil llamado Donald Trump, el más grande imbécil que ha llegado a la cima del poder en los Estados Unidos, es capaz de poner un impuesto a los pájaros que anidan en los árboles que rodean a la Casa Blanca. Así de bestial es. De hecho, la prestigiosa revista británica, The Economic, definió estos tiempos como “Los días de la ruina”, para el mundo al completo.
Pero el colmo de su estupidez, de su escasa inteligencia, lo demostró cuando gravó a islas que contienen Bases militares que pertenecen a los mismísimos Estados Unidos: la de Diego García, en una remota isla del archipiélago de Chagos, donde conviven en perfecta armonía soldados ingleses y norteamericanos; de hecho, es un territorio fundamental en los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos, entre otras razones porque tiene disponibilidad inmediata de tropas, aviones y barcos militares. Pero esta bestia con el pelo teñido de amarillo, llamado Donald Trump, le metió un arancel para joder a sus propios compatriotas. Desde allí, se protege el área del Golfo Pérsico, se han atacado enclaves terroristas y han partido bombarderos en misiones hacia Afganistán e Irak en el pasado reciente. Así mismo, puso aranceles a las Islas Marshall, que son 34 atolones en el Pacífico Norte. Ahí hay una Base estadounidense donde se realizan pruebas y el rastreo de misiles balísticos. Nótese en estos ejemplos la intrínseca imbecilidad de este sujeto que no sabe hablar, no sabe nada de nada, que es un vulgar que ha superado a ex presidentes considerados de su misma calaña, en los casos de Richard Nixon, Bill Clinton y Lyndon B. Johnson, entre otros. Juzguen ustedes y verán que nos asiste la razón.
Viktor Orban
Cuando decidimos escribir este editorial sobre este personaje de nacionalidad húngara, llegamos a la conclusión de que un título más explícito o más extenso, no era necesario, pues su nombre lo dice todo y no hace falta ningún “aditamento” más, ningún adjetivo o artículo castellano antes o después de estas dos palabras. Él solo se auto-define y no hace falta presentación alguna, debido a que es sumamente conocido en el tinglado ideológico actual en Europa y en el mundo.
Viktor Orban demuestra, además, que en cualquier lugar y circunstancia donde nos encontremos, a cualquier hora y fecha, la armonía no existe, es tan utópica como la mayor de las utopías y quienes busquen un ambiente o un mundo en plena armonía, estarán buscando algo así como “rosas en el mar”, como señala el adagio popular castellano. Específicamente, en una Unión Europea (UE), en la que parece que todos se entienden a la perfección y donde surgen algunas discrepancias normales que luego son subsanadas con inteligencia y comprensión multilateral, Orban es el elemento que rompe con todas las reglas, con todo lo que se espera, con el positivismo más esperanzador y con el entendimiento final que todos anhelan. Porque él es la antítesis de la tesis que acaba, antes de que surja, con esa síntesis que podría ser la solución a los problemas dados. Es algo así, para darnos a entender mejor, como “el salmón que nada contra la fuerte corriente del río”, cuando los peces prefieren dejarse ir con el transitar del agua y casi siempre su actitud y su pensamiento siempre díscolo y reñido con el racionalismo y el realismo, echan por tierra lo que debió ser comprensión, edificación y lo mejor para millones de millones de europeos.
Para citar unos pocos ejemplos, Orban se opone a la ayuda que se le da a Ucrania para defenderse de los invasores rusos; de hecho, simpatiza con el genocida Vladímir Putin y siempre que puede, le echa un órdago al genocida ruso que ha asesinado a cientos de ucranianos, ha destruido sus bellas ciudades y hasta ha raptado a los niños de esa nación con fines nada claros y se niega a devolverlos. Pero Viktor Orban, el primer ministro de Hungría, avala todo ello y hasta lo aplaude abiertamente. Otro ejemplo lo pone en relieve cuando simpatiza con otro criminal, en este caso el israelí Benjamín Netanyahu, el dictador de Israel, y que está exterminando, de cara al mundo entero, al pueblo palestino. Últimamente, lo invitó a visitarlo en su palacio de gobierno en Budapest y era inevitable apresar al judío y remitirlo a la Corte Penal Internacional (CPI), el brazo jurídico de la ONU, con sede en La Haya, Países Bajos, pero Orban omitió tal orden de captura, recibió a Netanyahu con honores de Estado y para colmo de males, sacó a Hungría del grupo de naciones que están adscritas o son signatarias de la CPI. Es decir, se burló abiertamente del derecho internacional, de las leyes universales que reclaman a los criminales comprobados para enjuiciarlos y encarcelarlos como la justicia demanda. Ese es, en pocas palabras, Viktor Orban, “la piedra de choque dentro de la Unión Europea (UE),” y que no merece estar en el poder en Hungría, una nación y pueblo que han sufrido décadas enteras el yugo del comunismo soviético y ahora este anormal que supuestamente está allí, en ese cargo, para gobernar a los húngaros como “Dios manda”, pero no lo hace y coloca a todos “en contra de la corriente”, de la misma manera como él vive o se comporta en la vida.
Europa puede prescindir de él; es más, debería prescindir
absolutamente de su presencia y pasar página a su historia, a su des-gobierno para siempre, olvidarlo, o quizás… capturarlo también y hacerlo pagar por sus yerros en la Corte Penal Internacional (CPI), así mismo.
Nació un 31 de mayo de 1963, es jurista, político húngaro y el actual primer ministro de Hungría. Se le define ultraconservador, nacionalista y euroescéptico. Para sintetizar su pensamiento y axioma, se le ubica en la extrema derecha europea, lo mismo que su amiga, la francesa Marine Le Pen, el español Santiago Abascal, también amigo suyo y otros más de parecido talante. Para mejores señas, es admirador de Donald Trump, aplaude todo lo que el esquizoide estadounidense hace y dice; y ya vimos que actúa delante de Benjamín Netanyahu, el exterminador del pueblo palestino, con una cortesía que impresiona. Sin embargo, la mejor descripción que se le puede achacar es la de autoritario o autócrata y hay quienes afirman que le será muy difícil a los húngaros sacárselo de encima una vez que termine su período gubernativo en Budapest. Toda una injusticia para este pueblo que ha sufrido tanta represión desde tiempos retrospectivos.
Estamos seguros de que la Unión Europea, una vez que Orban desaparezca del escenario político de este continente, funcionará a la perfección, pues este húngaro renegado actúa como aquel caballo mal domado que quiere tirar del carruaje en otra dirección de aquella que tiran los demás caballos. Y así no se puede ir a ninguna parte.
Si Marine Le Pen lograra vencer a la jueza que la ha vetado para participar en la política francesa y se convierte en la próxima presidenta de Francia, Putin, el criminal ruso, la tendría más fácil, porque esta mujer es su amiga incondicional, lo mismo que Viktor Orban, y con Trump en el poder en los Estados Unidos, el destino de Ucrania estaría sellado para siempre y correría el riesgo de convertirse en el satélite de Rusia con el que tanto sueña el dictador enquistado en el Kremlin. Cerraría el círculo, un eventual triunfo electoral de Santiago Abascal en España, para tornar la realidad europea en algo indescriptible, insoportable para las libertades y la dignidad humana por la que tanto han luchado y vertido su sangre sus pueblos.
Orban, más que un primer ministro de Hungría, en el centro de Europa, es una pesadilla, un escollo, un obstáculo deleznable que se debe apartar del camino para que las cosas finalmente funcionen como deben funcionar. Porque su único papel es el de entorpecer lo que, por naturaleza, es armonioso y constructivo. Y esa actitud no se debe tolerar bajo ninguna condición ni circunstancia.
Con Otro Lenguaje, Vladímir Putin Dice “NO” a la Paz en Ucrania
Argumenta cualquier cosa para no allanar el camino hacia la paz. Un día dice una cosa y al siguiente, otro tema completamente diferente. Mientras tanto y paralelamente, bombardea los centros urbanos de Ucrania y ante un Donald Trump que talvez no se entera realmente de lo que su supuesto amigo está perpetrando en suelo ucraniano. Ante esta situación en la que Putin quiere evadir la responsabilidad de la paz, Trump mantiene intactas sus esperanzas de pacificar el conflicto armado y, posteriormente, ganar el ansiado Premio Nobel para igualarse a su némesis, Barack Obama, la persona que más odia y envidia Trump, en los Estados Unidos.
Esta vez, Putin ha ido demasiado lejos, pero se nota con claridad que lo que desea son dos cosas: continuar con la guerra a toda costa, aunque cada día le maten mil soldados rusos en las trincheras en Ucrania; y que un nuevo gobernante, distinto a Volodimir Zelenski, no le exija a Rusia la devolución de Crimea y el Donbass y si pudiere usarlo como marioneta, lo mismo que Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia, todavía mejor para el Kremlin.
En concreto, Vladímir Putin, dictador de Rusia e invasor de Ucrania desde hace tres años, ha dicho textualmente a la prensa internacional y con dirección a la Casa Blanca en Washington y sus ocupantes, que hablaría sobre la paz en esta guerra que él llevó a un país vecino, sólo si se estableciera “una administración transitoria en Ucrania (sin Zelenski desde luego), bajo la tutela de la ONU, para organizar una elección presidencial democrática (vaya cinismo cuando es Putin quien tiene cercenada la democracia en Rusia), y negociar después un acuerdo de paz con las nuevas autoridades de Kiev.” Ese es nada menos el requisito que exige Putin para acercarse a la mesa de negociaciones. Y añadió que en ese gobierno transitorio podrían estar representantes de los Estados Unidos, algunos países europeos y los amigos y socios de Rusia; es decir, Irán, Corea del Norte, Venezuela, Cuba, China comunista y todos aquellos regímenes afectos a Moscú. Estas palabras las dejó escuchar en una reciente visita suya al puerto de Mursmansk, en el Ártico, exactamente al noroeste del país.
Claramente, el actual presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, el hombre que le ha presentado batalla valiente e indoblegable a los invasores rusos y al cual Putin y su pésimo ejército que pierde más de 1000 soldados diarios, considera nada óptimo para los intereses y planes; porque mientras Zelenski esté en el poder en Kiev, el Donbass y la península de Crimea serán reclamados siempre para ser devueltos a Ucrania, país al que esos territorios pertenecen evidentemente. En cambio, un gobierno títere, montado por él en contubernio con el manipulable e ignorante Donald Trump, el primer fan de Putin que existe, le otorgaría a Rusia el poder sobre esas zonas sin obstáculo alguno, evitaría que Ucrania ingrese a la OTAN, no dejaría que una fuerza de Europa Occidental garantice la paz en el terreno y podría allanar el camino en el futuro para que Ucrania pueda ser anexionada totalmente a Rusia, como es el deseo harto conocido en el alma perversa del genocida Vladímir Putin. Cuando redactamos este editorial, no conocemos todavía las reacciones de Washington ni de Kiev ante estas palabras del dictador ruso; pero, con toda seguridad, en Kiev le darán con las puertas en las narices a Putin, sin duda alguna.
Y es que ante la valentía inesperada, firme, decidida y patriótica de Volodimir Zelenski, Vladímir Putin ha encontrado como única alternativa que los aliados del mandatario ucranio lo destituyan y arguye que aquel no es un presidente legítimo, porque desde hace tiempo debieron haberse efectuado elecciones democráticas en Ucrania. En primer lugar, se trata de un feroz y criminal dictador, en el caso de Putin, exigiendo comicios democráticos, cuando él es la cabeza de una dictadura sangrienta en Rusia, que ha perseguido, envenenado y encarcelado a decenas de disidentes (uno de los últimos fue Aleksei Navaltni, a quien asesinó en prisión el año pasado); y además, ha celebrado una farsa de elecciones en las que participaron, además de él, unos dos o tres candidatos títeres, que se prestaron para seguirle el juego farsante. Y en segundo lugar, quiere ignorar que la Constitución ucraniana no convoca a elecciones nacionales mientras el país esté en estado de guerra. Putin lo sabe, pero insiste en obviar tal mandato constitucional de un país que no es el suyo y no tiene el derecho de opinar absolutamente nada acerca de su vida interior, política, idiosincrática y de cualquier otro talante, porque Putin no es el indicado, desde ningún ángulo, para exigir, moderar, avalar y mucho menos decidir en relación con una nación exógena a la suya, cuando no es nativo de allí, no tiene parientes ni lejanos siquiera allí y además, ha asesinado a miles de ucranianos, a quienes, primeramente les arrebató sus tierras, destruyó sus casas, sus hospitales, centros de trabajo y hasta raptó a sus hijos y nietos. En la actualidad y desde hace tres años, Putin es un prófugo de la justicia, requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), y su lugar está dentro de una celda mientras se le prepara el juicio que indefectiblemente le llevará a cadena perpetua. Es decir, es un delincuente, un asesino, un secuestrador de menores ucranianos que no tiene derecho de decir absolutamente nada en referencia al país que invadió.
“Esto sería con el fin de celebrar elecciones democráticas –reiteró el genocida ruso-, y llevar al poder un gobierno capaz que goce de la confianza del pueblo y luego iniciar conversaciones con ellos sobre un tratado de paz.” Manifestó el dictador de Rusia quien tiene el descaro de hablar de democracia cuando él mismo la ha pisoteado en su país natal; y decodificando sus incoherentes comentarios, mientras Zelenski esté en el poder en Ucrania, él, Putin, no hablará de paz con nadie. Ha dicho “no” a la paz, pero con otras palabras nada directas.
De tal modo, al proseguir la guerra, los rusos seguirán perdiendo pertrechos y soldados en cantidades ingentes e impresionantes, una realidad que a él, como amante del terror y la sangre ajena, eso le tiene sin cuidado, hasta que no quede un solo ruso con vida al dejarla en las llanuras de Ucrania, en una invasión que el pueblo ruso nunca quiso ni pidió y obedece al capricho del déspota que tienen sobre sus cabezas.
Algunas de las Acciones que Ejecuta Donald Trump y que nos Gustan a Pesar de los Pesares
Que tiene entrañas de desalmado… las tiene; que posee cero cargos de consciencia… también es cierto; que le importa un comino el sufrimiento ajeno… es una realidad; que se siente superior a Dios mismo… es una verdad evidentísima en él; que se asemeja a un dictador y de los peores que pueden haber, es tan verídico como el cielo y la tierra; y muchas otras semblanzas más de su escandalosa y nada ejemplar personalidad. Ese es Donald Trump, el presidente por el cual se decantaron los votantes de los Estados Unidos, para que los gobernaran en estos cuatro años que están transcurriendo y los representen de cara al mundo y al resto de la humanidad.
Es un individuo que invita, con su sola presencia –y peor aun cuando hace gestos faciales y ademanes-, al repudio de quienes lo observan en ese preciso instante, porque es dueño de un anti-carisma que no lo tenían Hitler, Franco o Mussolini y que se asemeja un poco al frío y supra-criminal Stalin, el dictador de la Unión Soviética que asesinó a más personas que el mismo líder del nazismo, pero que los textos de historia parece que le pasan por alto esos crímenes de lesa humanidad, porque, aritméticamente, Stalin es quien más personas ha matado en lo que lleva el derrotero del mundo hasta la fecha y haría ver al israelí Netanyahu como un simple principiante en esto de segar vidas ajenas impunemente.
En todo caso y a pesar de lo que hemos detallado de Donald Trump, hay actos, axiomas que parten de él, que no dejan de llamarnos la atención y que, aunque resulte paradójico y criticable, lo avalamos y a esto es a lo que nos referimos:
Llegó a la Casa Blanca igual que un vendaval, arrasando todo lo que quiso arrasar y la impresión general que causó ya la conocemos todos: simplemente fue traumático, en especial para los migrantes latinoamericanos indocumentados que se habían colado por la frontera sur con México durante el gobierno Biden y estaban a sus anchas viviendo en los Estados Unidos. Justamente esas expulsiones a sus países de origen, las encontramos apropiadas, porque nadie, absolutamente nadie alrededor de este mundo, tiene que introducirse en un país que no es el suyo, incumpliendo las leyes y reglamentos que moderan la vida en esa nación y pueblo. Muchos de esos venezolanos, salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, haitianos y demás nacionalidades, eran delincuentes en sus respectivas naciones. ¡No todos, lógicamente! Pero entre los buenos llegó el lumpen que pasó ilegalmente por la línea fronteriza. Y para fundamentar lo que escribimos, nos remitimos al famoso “tren de Aragua”, la piara de delincuentes venezolanos que estaba causando terror en el interior de los Estados Unidos y no había derecho para los estadounidenses comunes y corrientes de sufrir tales castigos inmerecidos.
Esos envíos de los migrantes ilegales a sus respectivos países y los venezolanos delincuentes al CECOT, la mega-cárcel de El Salvador, después de un convenio entre Trump y Bukele, han sido plausibles de manera entusiasta de nuestra parte y, por supuesto, de la mayoría de las personas que están en contra de la delincuencia en todas sus manifestaciones. De paso, el “blindaje” de la frontera con México, que lo ordenó Trump el mismo día cuando asumió el poder, también ha resultado admirable y encomiable, porque si esas gentes que han emigrado tomaron la determinación de instaurar las dictaduras de izquierdas en sus respectivas naciones, ahora deben tener la entereza y la valentía para soportar las desgracias que ello ha conllevado y no emigrar a otros países que nada han tenido que ver con sus aberradas decisiones. Recordemos que cada grupo de migrantes, así como llevan sus dones personales y generales, también llevan sus miserias y sus defectos más intrínsecos y penosos. Tampoco el país de acogida está en el deber de soportar esas falencias y equívocos.
Otra de las acciones ordenadas por Trump ha sido el “adelgazamiento” del Estado; es decir, cercenar esas partes de la burocracia que en nada benefician al gobierno o a la administración pública. Porque la burocracia tiene las mismas características en Uruguay, en la China, Japón, Uganda, Tanzania y en los Estados Unidos; es decir, se comporta indolente, ineficiente, negligente, tediosa, vulgar, rayana, falta de voluntad y en nada favorece al Estado, restándole eficacia, actitud progresista y perjudica grandemente a toda la población que tiene que confrontarse a diario con ella. Elon Musk, el amigo de Trump encargado de ese “adelgazamiento” burocrático, con su famoso eMail, “dime qué has hecho el día de hoy, en qué has invertido tu tiempo”, sirvió para desnudar la pereza y la pésima voluntad de los burócratas dentro del gobierno estadounidense.
Finalmente, dos acciones que nos resultan encomiables de parte de Donald Trump, han sido el desguace del sistema educativo y la erradicación de las donaciones a gobiernos extranjeros. En primer término, la educación o la culturización de las sociedades a nivel mundial, pasa por un serio declive y en los Estados Unidos ello es muy notorio. “O educas bien, corriges lo que hay que corregir en términos de pedagogía o enseñanza, o te vas a otra cosa que te resulte mejor,” es el mensaje que está enviando a los profesores y a los dirigentes en la cúpula de esta actividad de vital importancia. Y en cuanto al dinero que los estadounidenses han venido regalando a supuestos “países amigos”, cuyos millones de dólares se quedan en los bolsillos de los presidentes corruptos, ministros y dictadores, pues…. sobra explicarlo de nuestra parte… Suspender esas regalías ha sido lo mejor, por supuesto.
Y lo más importante estriba en que todas esas acciones ejecutadas por Trump, sirven también en la mayoría de países alrededor del planeta, porque así como el mal endémico es “universal”, estas soluciones también son indiscutiblemente “universales” y sirven para todos y en todo lugar del orbe.
…Cuando un Cerebro no Funciona Bien…
La historia de la humanidad está llena de ejemplos de este tipo, de gobernantes que nunca debieron haber alcanzado el poder, debido a que no estaban en la posibilidad de llevar por buen camino la gestión gubernativa, simplemente porque no estaban capacitados para tal tarea o, en el peor de los casos… estaban enfermos, que es el tema que nos interesa en este comentario editorial.
La discapacidad mental o, en su defecto, cerebral, actúa de la misma manera que la brillantez o la inteligencia, aunque en el sentido contrario o inverso. Es decir, no podemos decir con categoría que fulano o zutano tienen un coeficiente intelectual o una inteligencia superdotada o deficiente, según sea su caso particular, porque tendríamos que hacerle una operación craneal y verificar con nuestros propios ojos lo que lleva allí dentro y creemos que tampoco, después de fallecido, esa capacidad se pueda notar de esa manera si se quiere, tan simple. La inteligencia o su contraparte, la estupidez, no tienen forma física, no se pueden ver, oler o tocar. Su amorfía, por lo tanto, se presta para que incurramos en muchos errores de juicio y preguntarnos generalmente ante un yerro cometido por esa persona: ¿Pero cómo es posible que haya hecho tal barbaridad? ¡Ese no fue un acto inteligente! Pero estamos obviando –y en el 99,9 por ciento de los casos lo hacemos-, su escasa condición intelectiva, su poca “sustancia gris” si se quiere, que está demostrando que se trata de un sujeto que no es en nada inteligente ni capacitado para cierta función, como gobernar.
Y muchos yerros, por no decir todos, son producto de esa falta de inteligencia y que tantos problemas y “hecatombes” ha causado en la historia de la humanidad. Ejemplos concretos de ello, los podemos entresacar de la antigua Roma, con los Emperadores Nerón y Calígula, a la postre relacionados entre sí por lazos familiares, pues Calígula se casó con una hermana de Nerón, para que no quedaran dudas de la psicopatía de dicha familia. Solamente si ponemos bajo “la lupa” de la falta de inteligencia, de los desórdenes mentales o cerebrales de ambos, podemos explicarnos los asesinatos que tanto complacían a uno como al otro, o el hecho de tocar la lira mientras Roma era pasto de las llamas ordenadas por Nerón. Pero si sometemos esos actos erráticos o atrofiados al hecho de que los dos eran personalidades de la antigua Roma, del impresionante imperio de la antigüedad y eran las cabezas de dicho imperio, no daremos en el quid del asunto, porque nos diremos: esas aberraciones no son precisas de dos hombres que alcanzaron la talla de emperadores y por ello, no lo podemos decodificar y mucho menos explicar.
Partiendo de esa premisa, de que debemos observar, analizar y concluir que los líderes políticos actúan sobre la base de una supuesta inteligencia (siempre abstracta y deducible por sus actos), es por esa razón que cometen los enormes errores o los grandes aciertos. Y el sistema democrático debería legislar y crear leyes para apartar ipso facto del Estado, a un personaje en condición de presidente, que esté actuando erráticamente, sin permitirle mayores prerrogativas y mucho menos perdonar sus entuertos.
En nuestra actualidad o modernidad, los últimos dos casos en los Estados Unidos -imperdonables desde el ángulo que nos muestra que se trata de la primera potencia mundial y que rige la actividad de la humanidad actual-, fueron los de Joe Biden, quien, según afirman quienes estuvieron cerca suyo, que él no estaba gobernando debido a sus problemas cognitivos, a su memoria perdida, a su poco asidero a la realidad y a su disruptiva manera de proceder, sino que eran sus asistentes quienes aprovecharon la situación e hicieron estragos con las decisiones no colegiadas que tomaron en nombre del presidente enfermo mentalmente. En una democracia avanzada, Biden hubiese sido puesto bajo la observación de los especialistas y apartado del poder por órdenes constitucionales, pero ninguna democracia actual ofrece tal posibilidad. Y ahora, en el otro ejemplo, tenemos al caso más patológico de todos: el de Donald Trump, un individuo en nada capacitado para gobernar siquiera un pequeño condado de los Estados Unidos. Pero obedece a un fenómeno en el que la sociedad estadounidense se ha retratado a sí misma y ha subido al poder al individuo que mejor la representa; es decir, a una sociedad enferma… un gobernante igualmente enfermo.
Desde todo ángulo que permita observársele, Donald Trump no ofrece garantías de nada: desde el judicial, desde el humano, desde el espiritual, económico, social, bélico y mucho menos psíquico, pues estamos en presencia de un sujeto visceralmente alienado, que responde, por su actuación diaria, más al consultorio de un psiquiatra que al Despacho de un presidente. En palabras más sencillas y directas, Trump es el resultado de un pueblo sumido en su peor decadencia, atosigado por el materialismo más abyecto y carente siquiera de los mínimos principios. En el instante en que el votante, masivamente, elige a un individuo hallado culpable de haberse propasado sexualmente con una periodista en una tienda de ropa, que robó documentos clasificados del gobierno, que sus empresas defraudaron al Departamento de Hacienda y mil acusaciones más que han resultado ser reales, enjuiciadas, comprobadas y culpadas, lo que demuestra ese ciudadano es que se siente complacido por la inmundicia de ese candidato, que le atrae su delictiva manera de proceder y que no encontró a nadie mejor para ser gobernado. Trump, por lo tanto, representa a la suciedad de una sociedad estadounidense tan extraviada como él mismo. Y lo más importante que debemos tomar en consideración: Trump es un enfermo mental, un esquizoide que demuestra diariamente el alto grado de psicosis que le aqueja y le atormenta. Los hechos que ejecuta, así lo evidencian con claridad.
Donald Trump “el Señor Aranceles” y
la Burla del Kremlin a sus
Burdas Amenazas
Si hay algo que tiene que agradecerle Vladímir Putin, dictador de Rusia, al nuevo presidente de los Estados Unidos, es el haberle quitado todo el poder “de fuego” a los ucranianos, por lo menos en el papel, mientras el Pentágono retiene la ayuda bélica y deja a los rusos con todo el poderío de su parte.
Donald Trump, dentro de su mundo de fantasías en el que creyó que la guerra entre Rusia y Ucrania era tan fácil de pacificar como la compra de un campo de golf o un hotel en los Estados Unidos, acaba de comprobar que se equivocó de medio a medio; es decir, la actitud firme de Putin ante su excitativa para deponer las armas, lo ha dejado “en la estacada” y profundamente contrariado y perplejo, porque el tirano ruso, frío como un témpano de hielo, no le obedece a nadie sobre la faz de la Tierra y mucho menos a un bravucón, un esquizoide envuelto en saco siempre azul y con la incambiable corbata roja que le caracteriza. Putin, entre otras razones, tiene muy bien aprendido su “libreto” en esta guerra en las llanuras ucranianas y quiere vencer con su pésimo ejército, que ahora tiene la oportunidad “de oro”, cuando Trump le ha quitado todo el apoyo armado y financiero a Ucrania.
La traición del estadounidense a todo el pueblo ucraniano y con él a Europa entera, es la misma que vivieron y sufrieron los afganos, cuando en el último año del primer gobierno de Trump, su secretario de Estado, el obeso Mike Pompeo, firmó en los Emiratos Árabes la entrega de todo un país, Afganistán, a los talibanes, mismos que el ejército estadounidense había combatido después de la voladura de las Torres Gemelas por parte de Osama bin-Laden, un ataque que partió justamente desde Kabul, Capital afgana. En principio, porque Trump no sabe, no conoce nada de lealtades, juramentos, pactos inquebrantables ni nada que se le parezca, por eso despide a sus colaboradores de sus puestos en el gobierno y sus empresas, con la mayor de las humillaciones y despotrica a los cuatro vientos contra ellos, sin agradecerles absolutamente nada. Lo mismo hace en política, donde es el menos político de cuantos han alcanzado la presidencia de los Estados Unidos. Hoy, Ucrania, luchando con el poco armamento que se le concedió en los meses finales de la Era Biden, busca recomponer la relación con la Casa Blanca, pero eso será un imposible de igual talante como la posibilidad de que venza en esta guerra contra el invasor llegado de Rusia.
Dentro de su reducido cerebro –recordemos que Donald Trump transcurre por ese proceso físico-biológico al encaminarse a los 80 años de edad-, y su desconocimiento casi total de la política, creyó que desarmando a Ucrania, los rusos iban a deponer las armas y la paz echaría a andar y con ella, comenzaría a gestarse el Premio Nobel que le quita el sueño desde que se introdujo en la política de su país. Pero Putin, repetimos, no obedece a nadie y mucho menos a un bisoño, a un bueno para nada, en el caso de Donald Trump, a quien no considera su amigo y sólo es bueno para mantener alejados a los demócratas del poder. Más bien, desde que Trump quitó esa ayuda a Ucrania, los ataques rusos se han intensificado en toda la línea del frente y con mayor crueldad que antes. También tienen rasgos de mayor seguridad e insistencia, pues Putin ve la posibilidad, más cercana que nunca, para ganar esa guerra que les ha costado sangre y lágrimas a los combatientes rusos, quienes mueren en un número de mil por día.
Pero alguien en la Casa Blanca, en la Oficina Oval, donde humilló a Zelenski, presidente de Ucrania, hace pocas fechas, le hizo ver que los rusos no están con el deseo, ni lejano siquiera, de deponer las armas y han arreciado el fragor de la guerra; y lo único que se le ocurrió a Trump fue amenazar a Putin con los aranceles, porque él es, precisamente, “el señor de los aranceles”, mientras el dictador y criminal de guerra Putin, se desternillaba de la risa. Esto porque el comercio entre Rusia y los Estados Unidos están en mínimos desde que decidieron invadir a Ucrania y todas las sanciones económicas ya han sido impuestas a Moscú, tanto por USA como por la Unión Europea y la economía rusa sigue andando y si ha desfallecido un poco, apenas se ha notado. Ya no hay nada que gravar en contra de la economía y las finanzas rusas; ya no hay nada, fuera de la guerra, que pueda dañar a ese país que está vendiendo su petróleo, gas y otras materias primas a naciones del lejano Oriente y lo está haciendo con gran suceso, compensando los faltantes que tiene en Europa y en los Estados Unidos.
¿Qué le queda a Donald Trump para molestar a Putin o exigirle negociar? Rearmar a Ucrania, enviar soldados al campo de batalla, reforzar las defensas de la OTAN y derrotar a Putin y su endeble ejército allí, donde los ucranianos están demostrando su valor y donde ahora luchan en dos frentes: contra la traición de Trump y su grupo de acéfalos que le rodean y contra los invasores y criminales rusos, obedientes al genocida Vladímir Putin.
Atrás han quedado las bravuconadas de Donald Trump cuando dijo que iba a detener la guerra en una semana y, por el contrario, lo que ha causado ha sido una gran desesperanza en Ucrania y el dolor de las puñaladas que les acaba de propinar a su gobierno, su pueblo y ejército, por las espaldas. Ahora la Unión Europea y el mismo Estado ucraniano tienen la palabra y la respuesta a esta guerra y en esa argumentación, justamente, no aparecen los desleales gringos.
Friedrich Merz, sin Haber Asumido Todavía la Cancillería en Alemania, ha Empezado con un Inmenso y
Deleznable Equívoco
Todavía no ha formado gobierno y espera hacerlo después de Semana Santa, según sus propias palabras; y a pesar de que todavía está “de ciudadano común y corriente”; es decir, no es el Canciller en su verdadera concepción y práctica, ya ha cometido su enorme equivocación que le podría traer agrias críticas y graves consecuencias a nivel nacional y muchas más a nivel internacional, nada menos de quienes amamos la justicia bien aplicada y respetamos a los organismos internacionales que han sido creados para aplicar esa misma justicia.
Lo segundo que ha hecho Merz después de ganar apretadamente las elecciones adelantadas en Alemania, después de sonreír satisfecho, exultante, ante los periodistas y sus cámaras fotográficas y de TV, fue invitar al genocida, el peor asesino o criminal de este nuevo milenio, para que visite a su país: nada menos que al peor de todos, peor que el ruso Putin, y que ha masacrado a miles de palestinos desde que asumió el poder en Israel y convirtió a su gobierno en una feroz y sangrienta dictadura… este es Benjamín Netanyahu, requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), órgano jurídico de las Naciones Unidas, y cuyos estatutos demandan a los gobiernos signatarios que detengan y encarcelen a los criminales requeridos por sus fiscales y los envíen a La Haya para ser procesados. Netanyahu, repetimos, es el peor de ellos en estas épocas. Últimamente, en su consciencia tiene los asesinatos de más de 50,000 ciudadanos palestinos inocentes, entre quienes se cuentan mujeres, niños (de meses apenas de nacidos), ancianos y hombres de bien, trabajadores, quienes no tenían afiliación alguna con facciones armadas que reivindican la lucha de ese pueblo por alcanzar una patria, un Estado, tal y como lo determinó la ONU en 1948.
Esta invitación, “sin pies ni cabeza”, y que no ayuda a Alemania (ni a ningún otro gobierno sobre la faz de la Tierra, pues Netanyahu es un paria), ya está causando controversia en este país del centro de Europa. ¿Qué pretende Merz, qué desea obtener de tal asesino, por qué, en su naturaleza de alemán, le gusta arrodillarse ante los judíos y en este caso ante el peor de ellos? No es pragmático, no es funcional, no es de recibo siquiera dicha invitación, absurda por demás. Y aquí viene la problemática que podría causarle un severo paroxismo a su gobierno que no ha comenzado siquiera, pues tiene que formar coalición con sus rivales para convertirse en Canciller: si Netanyahu aceptase su estúpida invitación para visitar Alemania, el gobierno alemán, en calidad de signatario de la CPI, tiene que detener al genocida israelí y remitirlo a La Haya, para que sea encerrado en la celda que le espera. No tiene otra salida, no hay escapatoria, ni moral, ni legal, ni cualquier otra que según Merz “tiene que haberla.”
Lo cierto es que los alemanes, por lo menos los dos últimos Cancilleres, han estado por debajo, muy abajo, de la reconocida inteligencia alemana: Scholz ha inculpado a todo el pueblo alemán, incluyendo a los niños que todavía no han nacido, por los crímenes del nazismo y, paradójicamente, enviando armas a los israelíes para que masacren a los palestinos; y ahora Merz, quien, al recibir la felicitación del criminal Netanyahu por su triunfo electoral, lo ha invitado para que visite Berlín y ha dicho: “En el caso de que planee un viaje… también le he dicho que encontraremos los medios para que Netanyahu pueda visitar Alemania y pueda marcharse de nuevo sin ser detenido. Me parece una idea completamente absurda que un primer ministro israelí (dictador para definirlo con toda la precisión que amerita), no pueda visitar Alemania.” Nótese el altísimo grado de estupidez de este individuo alemán que acaba de ser electo Canciller. Es decir, piensa contradecir las órdenes de la Corte Penal Internacional (CPI), cuando sabe que no puede desobedecer sus estatutos y de hacerlo, cometería un grave delito contra él mismo y su gobierno; además de ir en contra de las mayorías de ciudadanos y funcionarios alemanes, quienes son conscientes de que el genocida judío tiene que ser detenido y enviado ipso facto a los Países Bajos para ser juzgado, Merz estaría siendo un solemne irresponsable (hasta secuaz de este criminal), restándole autoridad a la CPI. Un precedente muy grave para el organismo de justicia mundial, que dejaría en una pésima posición a sus jueces y fiscales.
En el Bundestag (parlamento alemán), se han dado cuenta de esta estupidez de quien podría convertirse en el Canciller de Alemania, y se han mostrado indignados ante la invitación que éste giró al criminal Netanyahu. Recordemos que este judío, lo mismo que su ex ministro de Defensa, Joav Gallant, son requeridos por la CPI por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra en la Franja de Gaza. Por lo tanto, para el experto alemán en asuntos exteriores, Nils Schmidt, “respetamos sus procedimientos y las decisiones de sus órganos (de la CPI) (porque) esto aplica sin excepción.” Es decir, el israelí asesino tiene que ser detenido “sí o sí”. No tiene alternativa de escapatoria.
Y es que Alemania es uno de los grandes defensores de la Corte Penal Internacional (CPI), y ese desaguisado de su futuro Canciller es una de las más grandes estupideces que se hayan dicho y eventualmente decidido, y que iría en contra de la misma CPI. No habría perdón ni explicación si se llevase a efecto el escape de Netanyahu, una vez hubiera visitado suelo alemán. Alemania es uno de los 125 Estados miembros de este ente jurídico mundial.
Finalmente, el reputado experto en derecho internacional, Kai Ambos, ha escrito en su página web: “el gobierno (alemán) no tiene margen de maniobra si Netanyahu viene a Alemania.” tendría que detenerlo y entregarlo a la CPI, sin dilación ni titubeos. Otra acción, simplemente sería ilegal, inmoral e igualmente criminal.
En España
El Caso de Luis Rubiales, su Beso sin Consentimiento a una de las Jugadoras de Futbol y el Lesbianismo Posterior. Un Tema de Sórdida Doble Moral
Es importante que quede claro en este comentario editorial de nuestro periódico, que no defendemos a nadie, mucho menos a Rubiales, ni hacemos apología del irrespeto a la mujer en cualquier latitud del mundo ni de cualquier cultura; pero si deseamos dejar en claro algunos puntos que nos parecen discordantes en este feo hecho en la realidad española, en los últimos dos años.
Para ello, tenemos que partir describiendo un detalle de la personalidad de este individuo, que es el protagonista de esta historia, junto a la co-protagonista, llamada Jennifer Hermoso, jugadora de la Selección de Futbol de España, a la sazón Campeona del Mundo en el certamen organizado por Australia, en el 2023, propiamente en la ciudad de Sidney. Luis Rubiales, en ese entonces, era el presidente de la Federación Española de Futbol (FEF), un tipo de “buena estampa” física, alto, vestido con excelentes trajes de Kashmir, las mejores camisas y corbatas y una simpatía que bien podríamos decir “era a flor de piel.” Un tipo con “duende” o “ángel”, como dicen los andaluces cuando alguien es poseedor de carisma. No obstante, su lado oscuro, como también suele decirse, es su poco o nulo tacto en ciertas circunstancias que obligan a la mesura, la cordialidad, la caballerosidad, el buen modo y ante todo… el respeto. Por ejemplo, Rubiales no se abstuvo de rascarse los testículos en el palco que él compartía durante un juego de balompié, con la Reina de España, doña Letizia, y una de sus dos pequeñas hijas. Además, algunas palabras que no trascendieron a la prensa cuando él mismo gritó al calor del juego. Ese gesto ciento por ciento obsceno, le dio la vuelta al orbe, pues la televisión por satélite lo transmitió a cientos de países de manera simultánea. He ahí el fallo “capital” en el comportamiento y en la personalidad de Luis Rubiales y deja creer que, ante una mujer, cualquiera que esta sea, este individuo no se contiene ni detiene, ni guarda la compostura como debería…
Y es en este punto en concreto, donde comienza “su penar” cuando, también al calor del futbol, Rubiales se salió de la mesura y arremetió espontáneamente contra la jugadora de la Selección Nacional española de Futbol Femenino, Jennifer Hermoso; y, tras haber ganado la Copa del Mundo en Sidney, aquel 20 de agosto del 2023, el entonces presidente de la Federación, la abrazó fuertemente, le sonrió y estampó un beso (aparentemente inocente) en la propia boca de la futbolista. Ese simple gesto que, a nuestro juicio, no debió pasar de ahí, se convirtió, en los últimos días, en todo un ajetreo sin parangón en la realidad de esta nación europea y de toda su historia.
No era para tanto. Rubiales no le tocó ninguna de sus partes nobles a la mujer, tampoco le dijo nada fuera de tono y el beso fue simple, lo que llaman de “piquito”, con los labios estirados y sin que mediara la lengua en medio. Pero la mujer se sintió ultrajada, violentada y hasta violada, según el escándalo que armó después. “Una inocentada” de parte del temerario e incontenido Rubiales, le costó el alto cargo que ostentaba en la Federación Española de Futbol (FEF), y acaba de terminar el proceso judicial en su contra por causa de ese insípido e insignificante beso, dado al calor de la celebración por el triunfo obtenido. Quizás en otros países como Inglaterra, los Estados Unidos o Francia, hubiese pasado inadvertido y el mundo hubiera continuado girando con toda normalidad; pero España todavía tiene esos rezagos del más trasnochado puritanismo.
Y aquí viene lo peor: el juez, que más bien pareció un inquisidor de aquellos que mandaban a las supuestas brujas con sus gatos negros a las hogueras por cualquier gesto que hicieran, ha multado a Luis Rubiales con la estrafalaria cifra de €10,800 (unos US$11,300) “por agresión sexual” (¡!), y no podrá acercarse a la jugadora por nada de este mundo. Muchos españoles comunes y corrientes, de esos que van a los estadios con regularidad, han opinado textualmente “que esa enorme cantidad de euros no se ajustan por haber besado a una mujer tan fea.” Y, les guste o no, estamos de acuerdo con ese comentario. Talvez hubiese valido la pena pagarlos si la mujer hubiese sido preciosa o medianamente sensual; pero la Hermoso no es para nada “hermosa” ni regularmente. Y aquí viene la otra parte, la que saca de las casillas a cualquier hombre que se precie de serlo: la fiscal del caso apareció en la televisión española en medio de una diatriba, porque su intención era que el juez le metiera al procesado dos años y medio de prisión. Además, fueron absueltos en el mismo juicio, por el delito supuesto de coacción, al exentrenador de esa misma Selección de futbol, Jorge Vilda, quien también perdió su cargo al frente del combinado español; y otros dos directivos, quienes eran acusados por haber llamado telefónica y presuntamente a la Hermoso (que no es nada hermosa), para que depusiera su demanda, porque ciertamente “el asunto del besillo no era para tanto escandalillo” y menos en un país que se enorgullece por ser “la puerta de entrada a Europa”, que se ha modernizado y que tiene un gran auge en esto de los deportes, en las últimas dos décadas.
¿Y la doble moral? Pues aquí viene: esa misma tarde-noche en Sidney, Australia, después del “escandaloso” beso de Rubiales, las mismas mojigatas jugadoras se fueron a los vestidores y a las duchas y allí, desnudas, se besaron entre ellas, con sus lenguas también desnudas, se abrazaron impúdicamente, se frotaron, se restregaron unas con otras en medio del agua de las regaderas o estrujadas en un rincón del camerino y se mostraron toda su pasión lésbica, porque la mayoría (sino todas), son lesbianas y todos en España lo saben. Pero un simple beso, al calor de la celebración, de parte del expresidente de la Federación, fue algo así como un paroxismo para una de ellas, la Hermoso (que no tiene nada de hermosa), y se supo que ella misma se frotó su pelvis con su novia en el mismo camerino, posterior al beso. ¿Será que la Jennifer se sintió ultrajada porque el beso provino de un hombre y su condición lésbica la hace detestar a los hombres? No lo sabemos, ni lo sabremos nunca, porque ella nunca lo dirá, pero hemos comenzado a creer que eso fue lo que originó tan ridículo escándalo.
Los Supremacistas han Llegado a la
Casa Blanca
Para conocer la verdadera esencia de Donald Trump y sus colaboradores más cercanos en el nuevo gobierno de los Estados Unidos, debemos, primero que cualquier otra premisa, dilucidar qué significa el término “supremacismo”. Se entiende como la ideología que defiende la preeminencia de un conglomerado social sobre el resto de la sociedad o un pueblo, aduciendo para ello la superioridad de acuerdo a la raza, sexo, el origen o la nacionalidad. La misma palabra lo dice todo: supremacía, estar encima o por encima de…
También se le considera la creencia de que un determinado grupo (ya sean blancos, chinos, judíos o negros) de personas, es superior a todos los demás existentes, por causa de la etnia, la religión, la orientación sexual, el idioma, la clase social, ideología, nacionalidad, cultura o por pertenecer a un grupo de la población en particular. Y con fundamento en lo anterior, el supremacista y su gente se reserva el derecho de actuar como bien le parezca, ya sea con violencia, con discriminación, expulsiones raciales y nacionalistas o la más practicada de todas, mediante la indiferencia hacia los que él considera son inferiores.
Una vez descrito lo anterior y ahondado en el concepto, pasamos a conocer mejor al presidente de los Estados Unidos, el líder actual de los supremacistas y del supremacismo estadounidense, durante tantas décadas conjuntado en la Ku-Klux-Klan y en otras nominaciones racistas que han persistido y subsistido en esta nación. En específico, Donald Trump presenta rasgos muy bien definidos de lo que es un supremacista en los Estados Unidos. Veamos: es un americanista a ultranza; es decir, su país es lo primero, lo medular y lo último dentro de sus prioridades y así lo ha hecho saber en cada discurso suyo durante las campañas políticas y cuando ha estado en la Casa Blanca, desde su escritorio en la Oficina Oval. Desprendiéndose de ello, los estadounidenses son lo primero, lo subsecuente y lo último en sus mismas prioridades y de ahí el desprecio y la expulsión de todo inmigrante, quien representa, étnica o racialmente, todo lo que Trump desprecia, puesto que el blanco, rubio y fuerte es lo que él admira y admite a su alrededor y dentro de su país, únicamente. Por lo tanto, el latinoamericano que acusa rasgos de ignorancia, analfabetismo, no dominio, ni básico siquiera, del idioma inglés y además, se ha introducido en los Estados Unidos de manera ilegal, es el principal objetivo de su persecución y su posterior e inmediata expulsión. Y por ello, en cada avión que parte desde los aeropuertos estadounidenses, llenos de deportados, significa para Trump un triunfo de su supremacismo sobre aquellos que le resultan verdaderamente repugnantes y repudiables. Con respecto a las otras razas, en especial los negros, el actual mandatario “se anda por las ramas”, con sumo cuidado, tanto al hablar como al actuar, pues sabe que se trata de un conglomerado muy numeroso en los Estados Unidos, que son nacidos en esta nación (por eso se les llama afro-americanos), y que han demostrado su fuerza en las calles, cuando la policía se ha ensañado con alguno de sus miembros y Trump no quiere echarse encima a ese grupo racial que le resultaría tan perjudicial a la paz que, en el fondo, él desea tener para continuar con sus políticas trazadas y concebidas previamente a su llegada a la Casa Blanca. Un ejemplo de esto, lo demostró en la campaña política pasada, cuando Kamala Harris se le enfrentó y comenzó a atacarla por ser mujer (una muestra más de su supremacismo), y por ser mestiza, hija de mujer nacida en la India y padre jamaiquino, de raza negra. Sabemos que Trump hubiese atacado con mayor fiereza a la señora Harris, pero hubiera quedado al descubierto su racismo que mantuvo algo velado, en todo caso.
Otros rasgos de su supremacismo, los enseña en la fuerza; en ese sentido hace uso del ejército norteamericano, con el que amenaza a todo aquel que represente para él un peligro. “Enviaré a los soldados a la frontera sur con México. Recuperaré el Canal de Panamá con mis soldados. Invadiré y haré nuestra la isla de Groenlandia. Le demostraré a China nuestra fuerza militar en el Pacífico Este y sur. Invadiré México para combatir a los cárteles de la droga” Etcétera, etcétera, etcétera. Con esa palabrería él se siente poderoso, fortísimo y lo principal para su ego… cree que es el dueño del mundo, que puede decidir sobre naciones y pueblos enteros, sobre la paz y la guerra, sobre el bien y el mal y lo demuestra día tras día cuando genera, cada cinco minutos, una noticia que mueve a las agencias de prensa y causa conmoción, preocupación o alerta en las partes que el involucra conscientemente. Su lema parece ser, en tal caso: “aquí estoy, soy el dueño de todo lo que ves, sientes, por donde caminas y palpas y tienes que estar pendiente de mí a cada instante.” Es un poco el jugar a ser dios, por encima del verdadero y existente Dios que está en los Cielos. De hecho, no se le conoce religión a este individuo y la única vez que le vimos dentro de un templo, fue en París, cuando se produjo la reapertura de la Catedral incendiada de Notre Dame.
Por otra parte, los supremacistas se llevan bien entre ellos, sino observemos a Elon Musk ahora metido en la Casa Blanca, un tipo que se siente poderoso debido a la gran cantidad de millones de euros y dólares que yacen en sus cuentas y que además ha nacido en Suráfrica, país sede del supremacismo en el continente negro. También a Peter Hegseth, su secretario de Defensa y jefe del Pentágono, quien acusa en su torso tatuajes con cruces y letreros en sus brazos que hablan de sus preferencias, gustos personales y su fe, y le ha encantado sentarse frente a los líderes de la OTAN para demostrarles “su poder” y el de su amo, Trump.
Pero el aspecto que les hace sentirse superiores a estos individuos, sin duda es el dinero, su “credencial” para aplastar a todo aquel que ose anteponérseles en su camino y en sus decisiones. Y ya empezó Trump, cortándole la ayuda al Tercer Mundo que, en su opinión, es una molestia, un lastre, para los Estados Unidos.
Donald Trump Defiende a su Amigo Netanyahu y Ataca a la Corte Penal Internacional. Con Amenaza
Incluida
Desde que perdió las elecciones frente a Joe Biden, la furia, la frustración y la sed de venganza (no sabemos contra quién o contra qué), invadieron el fuero interno de Donald Trump y se pasó los cuatro años de la administración demócrata, profiriendo insultos, amenazas y profecías de que iba a regresar a la Casa Blanca y pondría las cosas en su verdadero contexto… el contexto que a él le iba a beneficiar, por supuesto.
Y una vez que ganó los comicios recientes en noviembre pasado a Kamala Harris, desató toda esa frustración contenida, esa humillación por haber sido derrotado por el anciano y nada funcional Biden, junto a las querellas que le llevaron a varias salas de tribunales en condición de imputado. De tal manera, todo lo que ahora estamos viendo que parte desde Donald Trump, es el resultado de esa explosión de ira, venganza, dolor, ego herido, orgullo mancillado y deseos de reivindicación que yacía en su tormentoso y mezquino espíritu, pues se trata de un individuo que suele actuar igual a un hipopótamo enfurecido en medio de un museo de cristal. Un sujeto incapaz de cultivar y respetar a las amistades y si las tuviere, serían del mismo corte que él: incapaces de dar tranquilidad y felicidad a los que están a su alrededor y mucho menos respetar los límites que separan al bien del mal. Es por ello, que uno de sus poquísimos amigos es el judío Benjamín Netanyahu, quien lo acaba de visitar en Washington y las fotografías oficiales de ese encuentro, muestran al judío rebosante de felicidad porque, tanto él como Trump, hablan el mismo lenguaje de violencia, asesinato, belicismo y despojo de sus pertenencias a los demás, en este caso concreto al pueblo palestino.
Lo que dialogaron en privado ha ido saliendo a la luz pública, no porque ellos así lo hayan querido, sino porque las actitudes posteriores de los dos, manifiestan los acuerdos a los que llegaron: un resort en lugar de la población gazatíe, un centro frente al Mediterráneo en lo que hoy es la Franja de Gaza, para hacer mucho dinero para Trump y los judíos; continuar asesinando por medio de bombardeos a esa misma etnia y el punto medular de este comentario editorial… atacar y hacer desaparecer a la Corte Penal Internacional (CPI), que tiene como uno de los objetivos aprehender a Benjamín Netanyahu y procesarlo por la infinidad de crímenes que él y su gobierno han cometido en Gaza y no sólo en el último año, sino desde que se convirtió en dictador de Israel.
Es así como, después de que el judío regresó a su madriguera en Tel Aviv, Trump procedió a firmar uno de sus famosos decretos, esta vez en contra de la CPI, principalmente por las acciones de los fiscales de ese organismo contra los Estados Unidos y sus aliados, o más precisamente, contra Israel. El documento suscrito por Donald Trump dice textualmente: “La CPI ha emprendido acciones ilegítimas e infundadas (¿?) (es decir, los más de 50 mil palestinos asesinados por Netanyahu en Gaza, son “infundados”, según el cerebrito minúsculo de Trump), contra Estados Unidos e Israel, nuestro estrecho aliado, y ha abusado aún más de su poder al emitir órdenes de arresto infundadas (¿?) contra el primer ministro (dictador, debe entenderse), Benjamín Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Galant. Las recientes acciones de la CPI sientan un precedente peligroso, poniendo en riesgo directamente al personal actual y anterior de Estados Unidos, incluidos miembros en servicio activo de las Fuerzas Armadas, al exponerlos al acoso, abuso y posible arresto. Esa conducta maligna, amenaza con infringir la soberanía de Estados Unidos y socava la labor crítica de seguridad nacional y política exterior del gobierno estadounidense y de sus aliados.” Cita el decreto.
En acto seguido, ordenó, a la sombra del documento firmado, restricciones financieras y la obtención de visados para viajar a los Estados Unidos a personal que labore en la CPI, lo mismo para sus familiares inmediatos (esposas e hijos), que colaboren en investigaciones del tribunal contra ciudadanos estadounidenses e israelíes. Además, pidió al Departamento del Tesoro de USA que le entregue la lista de personas adicionales, que pueden verse afectadas con esa medida y deberá serle entregada en un lapso de 60 días.
El mensaje que deja entender y entrever Donald Trump con esa medida contra la CPI, dice que nadie, absolutamente nadie y ninguna Institución alrededor del mundo, tienen el derecho de señalarlo a él, a sus familiares, ciudadanos estadounidenses ni israelíes, así hayan cometido los crímenes de lesa humanidad que la Corte Penal Internacional está señalando a Netanyahu y que han sido sumamente evidentes, extraordinariamente claros, en la Franja de Gaza, cuyos asesinatos de civiles palestinos sobrepasan a los 50,000. En Israel, y en lo que atañe a Netanyahu específicamente, la algarabía por esa determinación del obeso Trump, está más que manifiesta en estos días, por la felicidad que sienten por ello.
Y la CPI respondió así a esa nueva bravuconada de Trump: “Condenamos la emisión de esa orden ejecutiva por parte del presidente estadounidense Donald Trump, para sancionar a funcionarios del tribunal, lo que va a perjudicar su labor judicial independiente e imparcial. La CPI se mantiene firme junto a su personal y se compromete a seguir brindando justicia y esperanza a millones de víctimas inocentes de atrocidades en todo el mundo en todas las investigaciones que tiene abiertas. Entre ellas, se encuentra la que es razón de las sanciones que busca imponernos Estados Unidos, que incluye una orden de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu por crímenes de guerra y lesa humanidad. Hacemos un llamamiento a nuestros 125 Estados Parte, a la sociedad civil y a todas las naciones del mundo, a unirse en defensa de la justicia y los derechos humanos fundamentales.”
Por lo pronto, la orden de captura contra el vampiro sangriento Netanyahu, sigue en pie y seguirá igual hasta que lo atrapen y lo hagan encerrar en la celda que le aguarda y su amigo el esquizoide Trump, no podrá ayudarle de ninguna manera. Ya lo veremos…
Gustavo Petro Probó el Poderío de los Estados Unidos… y se Sintió Impotente
y Vencido
Gustavo Petro Urrego (Ciénaga de Oro, Córdoba, el 19 de abril de 1960), es el presidente actual de Colombia. Un fulano de ingrata apariencia exterior y con un pasado todavía menos presentable, ya que fue militante –de los más activos posibles-, en el Movimiento 19 de abril, el famoso y criminal M-19, que tantas muertes de inocentes causó en este país suramericano. En palabras más directas, simples y sencillas: muchos de esos asesinados pesan sobre la conciencia de Petro, quien, en su papel de miembro activo del M-19, puso bombas con sus propias manos, artefactos mortíferos en las grandes ciudades colombianas, ya que era una agrupación terrorista urbana.
A pesar de que, en apariencia, se hizo a un lado de aquella ideología criminal, sus gustos actuales, su identidad, su retórica (principalmente) y su firme desprecio por los países occidentales, encabezados por los Estados Unidos, le retratan con claridad lo comunista que fue y que sigue siendo, aunque diga que ya no lo es o quiera ocultarlo. En su reciente enfrentamiento con Donald Trump, utilizó parte de ese desaguisado verbal para atacar al estadounidense y, aunque éste no entendió nada o no se lo tradujeron al inglés, “desnudó” el alma de Petro y nos dio a conocer lo que subyace en ella: recuerdos patéticos de Salvador Allende, ataques trasnochados a la administración de Richard Nixon a la que culpó de haber derrocado al presidente chileno marxista (en 1973), utilización de personajes de las novelas de Gabriel García Márquez, a la postre un comunista más y gran amigo del dictador criminal de Cuba, Fidel Castro. Ese es Petro, quien sigue denotando su afinidad con Karl Marx, su absurdo libro Das Kapital, la “biblia” del comunismo, y también su gusto por los movimientos y dictaduras de semblante y clara definición filo-comunista, presentes en algunas naciones de Asia y de esta América Latina que no aprende de su propia historia.
Y una vez recordado quién es Gustavo Petro, el mandatario marxista de Colombia, nos remitimos a su enfrentamiento desigual con la Casa Blanca, sede del gobierno de los Estados Unidos. Cuando los pilotos de los dos aviones militares estadounidenses informaron a la torre de control del aeropuerto bogotano El Dorado, que iban a aterrizar, Petro de inmediato saltó del lugar donde yacía en aquel momento y comenzó con su habitual verborrea “anti-imperialista” y a despotricar contra la figura de Donald Trump, quien le estaba enviando nada menos que un contingente importante de los primeros deportados, compuesto por colombianos que se habían ido para USA, aplicando “la ley de la jungla”, donde y en la cual los papeles de identificación y los permisos legalizados, no valen absolutamente nada. En esto de las deportaciones masivas, Trump lleva toda la razón. Ningún ser humano que se considere civilizado, puede llegar a una nación que no es la suya, alardeando de que puede saltar las vallas fronterizas (si las hubiera), y quedarse a vivir allí, como si se tratara de su propio hogar y al margen de todas las leyes ahí concebidas y puestas en funcionamiento.
En acto seguido, Gustavo Petro Urrego ordenó que no dieran permiso de aterrizaje a las dos aeronaves y se devolvieran con su cargamento de ilegales por donde vino, porque, según él, la tripulación de colombianos venía maltratada, al tener esposas y grilletes por todas partes y aquello, según su modo de ver las cosas, era “inhumano.” Pero al devolver los dos aviones, él mismo estaba contribuyendo a la zozobra e incertidumbre de esos colombianos deportados, pues no sabían realmente lo que estaba ocurriendo y es posible que pensaran que no se les iba a recibir en ninguna parte. Mientras tanto, el presidente de Colombia seguía profiriendo insultos, frases retadoras y demás argumentos propios de aquellos politicastros característicos de las décadas de los 60s y 70s, a la usanza de Fidel Castro y Salvador Allende, que se complacían en insultar a los “odiados gringos”, imperialistas causantes de todos los males de Latinoamérica. Y cuando Trump ordenó la imposición del arancel del 25 por ciento a los productos de exportación colombianos, un desajustado y delirante Petro devolvió esa decisión al ordenar también que los productos estadounidenses sufrieran otro arancel del 25 por ciento en su entrada al mercado colombiano. Era el ridículo en su máxima expresión. Se estaba poniendo al lado de la super-potencia que son los Estados Unidos o, como dijo alguien una vez, estaba comparándose con los 50 Estados o países que conforman a la Unión Americana, porque eso en realidad son los Estados Unidos: 50 naciones bajo una misma bandera. Por otra parte, es relativamente poco lo que compra Colombia a USA, pero es mucho lo que vende a los “odiados gringos” y por eso la economía y la supervivencia de todo el pueblo colombiano, depende de lo que los estadounidenses les compren, porque es el mayor socio comercial de Colombia. No es la miserable Cuba, ni la absurda e insignificante Nicaragua y mucho menos la narcotraficante Venezuela.
Pero vendría el peor “zarpazo de la fiera”, para situar en su lugar a Petro, o mejor dicho… hacerle regresar a la realidad: Trump ordenó la suspensión de todas las visas de los colombianos y con ello interrumpía la entrada de aquellos a los Estados Unidos. Fue cuando diplomáticos, empresarios y demás, nacidos en Colombia, se quedaban, de un minuto a otro, estacionados en Brasil, España, Inglaterra y demás naciones donde estaban en aquel momento, en misiones de trabajo. Tampoco los funcionarios de los consulados y embajada de Colombia en USA, podían ingresar a sus sedes. Fue cuando Petro se dio cuenta de que estaba bajo una de las gigantescas “patas de la fiera”, esa fiera que siempre han combatido él y sus camaradas comunistas y que siempre se estrellaron ante su poder. En este caso y en los del pasado, Petro había perdido y acabó dándole la razón a Trump.
De tal modo, si aprendió la lección, deberá ser comedido la próxima vez; sino la aprendió, pasará a la historia como el presidente obtuso que realmente es, en la siempre revuelta y anárquica Colombia.
Las Incoherencias y Servilismo del Canciller Alemán, Olaf Scholz
Definitivamente este político, que de todas maneras no es apreciado en Alemania, no merece seguir ostentando el cargo –altísimo cargo, por demás-, de Canciller de la República. No merece sentarse en la misma silla y frente al mismo escritorio que utilizaron hombres y mujeres verdaderos, amantes de su patria, cuyos nombres resuenan fuertemente en la historia de Europa y del mundo entero: Konrad Adenauer, Willy Brandt, Helmut Schmidt, Helmut Kohl, Gerhard Schroeder y Angela Merkel. Definitivamente, Olaf Scholz ha dado muestras, no solo de un visceral anti-patriotismo, sino una estupidez que nos ha dejado perplejos, porque nos ha tomado por sorpresa y que deja en muy mala posición la consabida y afamada inteligencia alemana. A partir de él, podemos decir, con dolor en el alma, que hay también “alemanes tontos, descabellados y dueños de una inteligencia mínima.” Todo ello debido a lo que ha dicho recientemente Scholz.
Su último discurso en conmemoración de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, por las tropas soviéticas, casi al final de la Segunda Guerra Mundial, nos dejó anonadados. Repasemos algunas de esas expresiones lapidarias de este individuo que, además de su escaso cabello en su cabeza, también tiene escasas las ideas y la sustancia gris que sustenta a la mente y a la inteligencia en todo ser humano: “No debemos aceptar, ni aceptaremos ninguna relativización (del holocausto, llamado así por los judíos). Y también recordaremos a cada nueva generación su responsabilidad permanente (¡?). Una responsabilidad que llevan todos en nuestro país, sin importar su historia familiar, su religión o el lugar de nacimiento de sus padres y abuelos.” Así, mencionado en un acto en Berlín, organizado por la Comisión Internacional de Auschwitz, para recordar los 80 años que han transcurrido desde que los rusos entraron en dicho complejo situado en Cracovia.
Acentuó al decir que “todos en Alemania llevan sobre sus hombros la responsabilidad provocada por el crimen civilizatorio del holocausto. El carácter único del holocausto debe ser transmitido a través de datos y hechos, así como a través de los millones de destinos individuales que lo conforman, para evitar que los jóvenes lo consideren un pasado difuso; una tarea que corresponde a escuelas, Universidades, centros de formación, cursos de integración de extranjeros y también a la vida diaria.” Manifestó un incoherente, solícito, rastrero y servil Olaf Scholz a los judíos que lo escuchaban en la Capital de Alemania.
Pero vamos por partes… primeramente, los judíos ya no tienen la moral, ni mínima siquiera, para quejarse de persecuciones, ya sean de parte de los Reyes Católicos españoles, con la famosa y llevada y traída “sefarade”; tampoco por los pogromos ejecutados por los Zares rusos; y tampoco por lo acontecido con su raza durante la última guerra mundial. Esto, después de los asesinatos, a plena luz del día, de miles de miles de miles de palestinos desde 1946/47, cuando arribaron los primeros hebreos a Oriente Próximo. Los judíos, evidentemente, se han colocado en la misma línea de asesinatos de sus otrora verdugos, los españoles medievales, los rusos zaristas y los nazis. Han estado masacrando, a vista y paciencia de la humanidad, a los palestinos, excusándose, según suelen hacer, con el estribillo cansino de que son terroristas o antisemitas. En segundo término, todo alemán que no haya participado en las muertes de los judíos entre 1940 y 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, está exento de ser señalado “culpable” de dichos crímenes de lesa humanidad. Y mucho menos aceptar estas dos sinrazones esgrimidas por Scholz de que cada alemán (nacido o no nacido todavía), tiene que sentirse responsable y culpable de “tales atrocidades.” Es decir, si nosotros culpásemos a cada judío que vive actualmente en Tel Aviv o en Nueva York por los crímenes perpetrados por su ejército y su genocida líder, Benjamín Netanyahu, estaríamos también “en lo correcto”; pero no es así, porque todo hebreo que no haya asesinado nunca a un palestino, no es culpable de lo que hacen muchos de sus compatriotas.
En otro estado de cosas y usando ese mismo razonamiento torcido de Olaf Scholz, el Canciller que dejará de serlo prontamente, pues perderá inevitablemente las próximas elecciones debido a su estupidez congénita, a su servilismo con los judíos y por su olvido premeditado de los crímenes de palestinos cometidos por las fuerzas armadas de Netanyahu, entonces los ingleses de hoy en día deben sentirse irremediablemente culpables por los desmanes perpetrados por los piratas o bucaneros en los siete mares por los que navegaron hace siglos atrás; o los franceses por los excesos de Napoleón, o los españoles por lo acaecido durante la Conquista de América. ¡No señor Scholz, el sentimiento de culpa –y aún más sin tener esa culpa en nuestra consciencia-, es una de las peores emociones humanas que carcome el alma de quienes lo llevan dentro de sí y no le permite ser feliz de manera alguna, entre otras desavenencias internas que causa. Entonces, el alemán que nunca apuntó con su arma a un judío o nunca lanzó las pastillas del gas zyklon B, por las trampillas que había sobre las cámaras de gas, no tendrá el deber de sentirse culpable. Y lo dicho por Scholz obedece simplemente a una majadería que debe terminar ya o debió terminar en 1947 a lo sumo y tomar la vida con la madurez, la inteligencia y la creatividad superlativa, para que el mundo pudiera seguir girando positivamente y observar a su destino con optimismo.
Los alemanes, austríacos, ucranianos, letones y demás nacionalidades que participaron en aquel genocidio, ya han muerto y los pocos que quedan, están muy ancianos; y quienes no participaron en ello, pueden (y deben) dormir tranquilos en sus cálidas habitaciones, cada noche. Pero Benjamín Netanyahu está allí, ahora mismo, masacrando a palestinos inocentes. ¿O es que acaso esos mismos palestinos no pueden calificar dentro del concepto de “holocausto”? ¿Es que acaso vale más un judío que un palestino y a este último no se le debe prestar importancia ni interés alguno de parte de la comunidad mundial cuando es asesinado y sus tierras arrebatadas por los colonos israelíes? Pero Olaf Scholz, siempre servil, rastrero e incoherente, rinde pleitesía al gobierno actual de Israel y hasta le regala armamento “made in Germany” y calla o justifica esas masacres a plena luz solar. Dichosamente, le queda poco en la Cancillería de Alemania a este individuo impresentable y su último discurso para congraciarse con los hebreos, “ha sido el último clavo en su ataúd como político.” Los electores alemanes le cobrarán esas absurdas palabras. ¡Ya lo verán el día de las elecciones nacionales!
El Final de la Administración Biden.
Este Expresidente no se Puede Ir para su Casa tan Olímpicamente: Tiene que Rendir Cuentas por su Complicidad en los Crímenes de Lesa Humanidad, en Confabulación con Israel
Estados Unidos es una potencia tal, tan poderosa –valga la redundancia-, que se “ha dado el lujo” de tener en la Casa Blanca a presidentes realmente ineficientes, inválidos mentales, corruptos extremos y uno que otro…. indecente. Aun así, el país no se ha visto grandemente perjudicado y ha seguido su derrotero con absoluta normalidad hasta que, en la siguientes elecciones, “se corrige el problema, el entuerto”, del pésimo mandatario.
En concreto, Jimmy Carter, recién fallecido a los 100 años de edad, puso al mundo de cabeza, según hemos escrito en infinidad de crónicas y comentarios al respecto, y le dio mayor poder a los soviéticos, quienes, prácticamente, se adueñaron del planeta, de varios países, con su hegemonía nefasta. Richard Nixon fue un demagogo peligrosísimo, dueño de la mentira en todos sus matices y características y un corrupto “de marca mayor”, que sólo el indulto que le otorgó su amigo Gerald Ford, lo libró de la cárcel. Bill Clinton fue el más indecente de todos, un lascivo que convirtió a la Oficina Oval en un burdelillo improvisado todas las tardes, donde se encerraba con la becaria Mónica Lewinski para hacer sus porquerías sexuales. Fue sobreseído por los congresistas, seguramente porque “el sexo oral” que Clinton confesó le hacía la Lewinski, en la escala de valores que manejan y creen los estadounidenses, no pertenece a la lista de obscenidades, como si es sancionable en todos los demás países y parlamentos alrededor del mundo. Incluso, retrospectivamente, John F. Kennedy, quien es poco menos que un santo para los norteamericanos, fue también un individuo sin pudor, que se involucró con mafiosos (Sam Giancana compartía su amante con el entonces presidente), y sus flirteos con la traumatizada Marilyn Monroe es materia conocida y manejada por más de la mitad de la humanidad actual y anterior.
Y para ser más precisos con este tema, Joe Biden, quien gobernó estando convincente y profundamente enfermo, fue un gobernante discapacitado a quien le hubiera sentado de maravillas estar en su residencia, rodeado por su esposa, hijos y nietos, disfrutando de la tranquilidad que sólo la familia puede dar. Y este es todo un aspecto digno de ser sopesado y analizado con la seriedad que amerita, por los psiquiatras que se pudieren interesar en “el caso Biden.” Y sus males fueron tan evidentes, que fue hecho a un lado por el Partido Demócrata después de aquel famoso debate contra Donald Trump, en el que Biden apareció perdido, difuso, incoherente y mentalmente enfermo, muy enfermo. A tal extremo, que el demoníaco Trump sintió pena por él y no le atacó violentamente como suele hacer y se dedicó a compadecerle frente a las cámaras de la TV de los Estados Unidos de América. Esos han sido los últimos presidentes de esta gran nación, la primera potencia mundial a la que muchos admiramos por los méritos de su pasado y por la grandeza inherente que posee.
Pero, haciendo énfasis en Joe Biden, sentimos y creemos que no se puede ir a su casa así, tan tranquila y olímpicamente, pues tiene mucho que explicar a los fiscales y jueces de la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en los Países Bajos, que, dicho sea de paso, no le han requerido en modo alguno, a pesar de que sus actuaciones con respecto a los habitantes de la Franja de Gaza, fueron tan criminales como lo han sido las de su amigo (y socio), Benjamín Netanyahu. Biden estuvo de acuerdo, envió armas y millones de dólares a Netanyahu para que comenzara y continuara la matanza de palestinos, lo mismo que incentivó y patrocinó los ataques al Líbano, Irán y en última instancia, a la herida Siria, que acababa de vivir una guerra para deshacerse de su dictador Bashar al-Assad. Aunque Joe Biden, legalmente, tiene “una carta debajo de su manga” y se fundamenta en su estado mental, que es el estadio en el que mayormente se manifiestan sus dolencias y falencias. Sus abogados podrían, si eventualmente fuese requerido por la Corte Penal Internacional, echar mano a su deteriorada condición mental en el momento cuando apoyó y estuvo de acuerdo en masacrar a los gazatíes, en búsqueda del aniquilamiento total de ese pueblo.
Es por esas razones que Biden pasará a la historia -lo mismo que Nixon, Clinton, Carter y otros-, por su pésimo estado de salud, que, en todo caso, no fue óbice para alentar, insuflar y participar directa e indirectamente, en el genocidio llevado adelante por los israelíes en la Franja de Gaza. Deberá pasar a la historia como el presidente que se asoció con un criminal llamado Benjamín Netanyahu, dictador de Israel, y ambos participaron de lleno en el exterminio de una etnia… la palestina. Y de la misma manera como se señala culpable a Lyndon B. Johnson por haber causado la guerra en Vietnam, con todos los agravantes que conocemos sobradamente, así también debemos señalar con el dedo acusador a Joe Biden por su implicación en la altísima criminalidad que hemos confirmado y reproducido en este comentario editorial.
Es muy posible que, tras marcharse a su residencia, supuestamente para pasar sus últimos años en paz, rodeado por los suyos, alguien, en Suráfrica, Australia, Europa o los mimos Estados Unidos, presente la acusación contra Biden y la fiscalía de la Corte Penal Internacional, ordene su captura. Todo “pende de un hilo”, según hemos podido observar en los últimos años, en cuanto al funcionamiento de esta Corte. Y Biden se lo merece. De eso no tenemos la menor duda, porque las vidas humanas inocentes que él ordenó cercenar y Netanyahu y sus hordas criminales así lo hicieron, claman por justicia y el debido respeto póstumo.
María Corina Machado, Edmundo González y Juan Guaidó, Tres Nombres que Oscilan
entre la Impotencia y el Ridículo
La camarilla que gobierna a Venezuela (o des-gobierna, para ser más precisos), ha asumido el poder nuevamente, después de unas elecciones que perdieron contundentemente, pero que, al final, se robaron los resultados como era esperable de parte de quienes no creemos “en cuentos de caminos o en hechizos de brujas en cavernas.”
Meses antes, el delgaducho y trigueño Juan Guaidó, un personaje entresacado de no se sabe dónde y cuándo, había salido en clara huida, al cruzar un puente fronterizo con Colombia, porque si se hubiera demorado unos minutos más, esa misma camarilla conformada por el militarote (gorila suramericano), Vladímir Padrino, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, un triunvirato realmente criminal y corrupto, lo hubiesen detenido y encerrado en una de las famosas mazmorras del régimen. Así terminó su “papel” co-protagónico este raro y oscuro personaje Juan Guaidó, a quien la comunidad internacional le puso el mote de “presidente encargado” (para Venezuela) y todavía no sabemos encargado de qué, para qué y con qué… Era un personaje del que el triunvirato Maduro-Cabello-Padrino, se burlaba de él hasta más no poder, a mandíbula batiente, debido al ridículo que estaba haciendo, pues no logró mover a la dictadura ni un ápice y mucho menos derribarla.
Y ahora han aparecido en el panorama político venezolano otros dos personajes, la señora María Corina Machado, quien no deja de azuzar a los contrarios al régimen narco-comunista que los oprime, para que se hagan a las calles de Caracas y se enfrenten con los motociclistas enviados por Cabello y den sus vidas en el intento… Muy fácil e irresponsable para esta señora, tratar de convencer a los venezolanos para que pierdan, además de sus trabajos y los pocos frijoles que pueden comer, sus propias existencias ante un gobierno que no escatima esfuerzos para apalear a los opositores, secuestrarlos, encarcelarlos o asesinarlos. Ella sabe que esa dictadura no va a caer, así se hagan 20 manifestaciones por mes; pero aun así, envía a las personas sencillas, apolíticas por naturaleza, para que sean atacadas por los matones y esbirros enviados por los dictadores.
Y siempre fiel a sus formas de manipulación, María Corina sacó de no sabemos dónde, a Edmundo González Urrutia, un anciano que debería estar tranquilo en su casa en el exilio, junto a sus nietos y bisnietos, gozando de los últimos años de vida que Dios le regala, con esa bondad propia del Creador. Y este señor, de quien no dudamos que es una excelente persona, pues se le nota en sus modales y en su mirada diáfana, le ha hecho caso a la incendiaria Machado y ha estado vagando por Iberoamérica, desde el Palacio de Zarzuela, en España, hasta la Casa Rosada en Argentina, hablando mal de Maduro, argumentos que todos en este continente conocemos, porque sabemos de la madera podrida de la que está hecho este ex conductor de autobuses que Hugo Chávez dejó en su lugar, en la cúspide de la feroz dictadura que ahora dirige. Tampoco, el senil Edmundo va a lograr que la dictadura se mueva, aunque sea en mínimo espacio.
Los tres, Machado, González y Guaidó, parecen ser tres personajes extraídos de una pésima novela, escrita por un novelista de poca monta y que nadie quiere leer, debido al fracaso de sus intenciones y un régimen dictatorial que sólo la fuerza del ejército estadounidense podrá tirar del Palacio de Miraflores, mediante unos cuantos misilazos. Y por el momento, y de acuerdo a la naturaleza de Donald Trump, no está dentro de sus prioridades derrocar a Nicolás Maduro y al cártel de los soles, que son los que mueven los hilos de la política en esta nación de América del Sur. A Trump le interesa obtener el Premio Nobel de la Paz, primeramente, y si se metiera en Venezuela, ese sueño se le vendría abajo; y, en segunda instancia, fortalecer a Israel, la patria de su yerno, Jared Kushner. Por lo demás, lo que suceda con unos mestizos, mitad negros-mitad indios, en Venezuela, o en cualquier parte de este subcontinente, a Trump le tiene sin cuidado: “que se maten solos,” es lo que podría decir en el silencio de la Oficina Oval, en la Casa Blanca, una vez que acceda al poder en los Estados Unidos.
En conclusión: la dictadura de Venezuela va para largo en el tiempo, atrás de la cubana y la nicaragüense; y María Corina Machado podría quedar mal al final de esta narrativa, porque podría ser encarcelada, sin que nadie, en la comunidad internacional, mueva un solo dedo para rescatarla de las garras de los dictadores. Esto, siendo positivos. Y en el peor de los casos, podría caer asesinada por las balas de un francotirador, de esos que están apostados en puentes, pisos altos de los edificios y demás escondrijos, cuando se dan las manifestaciones callejeras que esta mujer impulsa cada vez que a ella se le ocurre. Últimamente, el régimen tiene vigilada la casa de la madre de Machado, una señora anciana que escucha como los drones lanzan cosas a su tejado y los motociclistas y autos de la dictadura, transitan por la calle que pasa frente a su humilde vivienda. Es una señora que merece estar en paz, por su edad, por su condición de mujer y porque no es política ni le importa lo que los tiranos en Miraflores hagan o dejen de hacer. Pero eso parece no importarle a su hija, Corina Machado, quien quiere pasar a la historia semejante a la “Juana de Arco venezolana.” ¡Menudo ridículo, menuda impotencia caballeros…!
Y para ponerle “el último clavo al ataúd” de la oposición, Edmundo González ha ordenado al ejército venezolano que desobedezca a Maduro, “porque yo soy el presidente de Venezuela y su comandante en jefe”, les ha dicho. Maduro se desternilla de la risa y quienes conocen la realidad de este país, hacemos lo mismo… por no llorar. Es el ridículo de la mano de la impotencia total.
La Comparecencia de Netanyahu ante
los Tribunales, Despierta en Él su
Instinto Asesino y lo Eleva a
la Enésima Potencia
En la historia judicial y criminal en varios países, se sabe de casos psiquiátricos de imputados, quienes, después de haber comparecido ante el juez y el tribunal, han regresado a sus celdas y han asesinado a su compañero allí mismo o en los patios de la prisión, ya que el encuentro con los juzgadores, les han “activado” su sed criminal, su deseo incontenible de seguir asesinando a quien fuere y cuando fuere. Es una extraña reacción que, hasta el momento, se les ha escapado a los profesionales en psiquiatría, quienes no tienen respuesta precisa y amplia sobre dicho fenómeno. Parece que la sala de juicios y todo el ambiente que ello representa, significa potenciar esos instintos criminales que los encausados llevan adentro y los dejan escapar cuando les resulta oportuno.
Benjamín Netanyahu, el dictador de Israel –porque eso es lo que es… un dictador con todas sus letras-, cada vez que tiene que comparecer ante los jueces, desata todo su sadismo, toda su sed de sangre, su “vampírica” esquizofrenia contra los indefensos palestinos y procede a exterminarlos; es decir, continúa con su cometido, cual es exterminar a ese pueblo que representa para él “el éxtasis”, “el clímax de su satisfacción sangrienta” y ordena bombardearlos, mientras hace oídos sordos a los llamamientos de la comunidad internacional para que cese su altísima y descarada criminalidad. Porque a él nada le detiene cuando entra en esos lapsus de sadismo, cuando le complace el hedor de los cadáveres de gentes inocentes y desarmadas y parece que se retroalimenta cuando le enseñan films, fotografías y estadísticas de los palestinos que han sido masacrados pocas horas después de que ha girado sus órdenes.
En pleno Siglo XXI estamos frente a un asesino a plena luz del día, como lo estuvieron nuestros padres y abuelos ante Josef Stalin o el mismísimo Vladímir Lenin, quienes masacraron a millones de millones de rusos y ucranianos, en los albores del siglo pasado. Los analistas políticos prefieren sintetizar y explicar con mayor claridad y sencillez las actitudes de Benjamín Netanyahu, el dictador de Israel, cuando tiene que confrontar a los tribunales de su país, que le requieren por su elevado grado de corrupción: dicen que ataca a sus enemigos en el exterior, para que la opinión pública en el interior de Israel se desvíe en medio de un patriotismo artificial, eleve a la figura de Netanyahu, declarándolo “un patriota consumado, que libra una guerra en varios frentes, para defender a los israelíes y movido por su profundo e inquebrantable amor a Israel y por lo tanto, hay que elevarlo a la condición de un caudillo judío, un líder, de la estatura del Rey David u otros de la saga de esta nación.” Sencillo. Pero hay algo más de fondo.
Ahora mismo, Netanyahu ha tenido que enfrentar a un tribunal, siendo el único “primer ministro” (entiéndase dictador, que es lo que es), en funciones en esta nación, que es llevado ante la justicia, debido a varias acusaciones, como el caso 1000, que señala que él y su esposa recibieron regalos extravagantes e ilícitos, de parte del magnate de Hollywood, a la postre también judío (nacido en Israel), llamado Arnon Milchan; y del inversor australiano, James Packer, entre el 2007 y el 2016, por un valor de US$186,000. Al parecer, Netanyahu favoreció a ambos en sus distintas necesidades. Al australiano le ayudó a renovar su visado estadounidense; y a los israelíes expatriados retornados, les amplió la exención fiscal.
En el caso 2,000, se le acusa a Netanyahu de fraude por un supuesto acuerdo con el editor Arnon Mozas, propietario del periódico israelí Yedioth Ahronoth, para promulgar una legislación reguladora para debilitar al medio de prensa rival, Israel Hayom.
En el caso 4,000, se le acusa porque, cuando fue ministro de Comunicaciones, autorizó decisiones regulatorias entre el 2012 y 2017, que beneficiaron financieramente a la empresa israelí de telecomunicaciones Bezeq, entonces propiedad del multimillonario Shaul Elovitch, y a cambio, éste proporcionó cobertura favorable en su sitio web de noticias, Walla. Elovitch y su esposa también están siendo juzgados y niegan haber cometido irregularidades. En todas esas acusaciones, Netanyahu se declara no culpable y dice estar preparado y dispuesto a demostrar su inocencia; y para que el gran público no le señale a él y le inculpe con sus opiniones, lo mismo la prensa israelí, ha ordenado bombardear objetivos en la devastada Siria y ha invadido territorios en las Alturas del Golán y allende la frontera, hasta llegar muy cerca de Damasco. En la Franja de Gaza ha continuado masacrando a mujeres, niños y ancianos, con la finalidad de quedar como el “adalid de la defensa de Israel”, cuando nadie, ningún pueblo y ningún ejército están atacando a los judíos en la actualidad.
Desde el ángulo político, obviamente Netanyahu no quiere soltar el poder, como ha publicado el diario Maariv, cuando ha asegurado, con base en una encuesta reciente, que el genocida podría perder las elecciones anticipadas; y podría salir derrotado electoralmente debido a su incapacidad total para liberar a los secuestrados por Hamás y por las nuevas revelaciones salidas a la luz en el juicio que se le sigue. Además de abandonar el gobierno, Netanyahu se expone, de resultar culpable, hasta 10 años de cárcel, según el código penal israelí.
Pero, toda esa tensión y el sentirse en “el ojo de la opinión pública” de manera negativa, le ha reactivado su instinto asesino, aniquilador y necrófilo, y ha decidido causar más muerte en Gaza y ahora en Siria, bombardeando e inmiscuyéndose en varios países simultáneamente. Y aunque parezca el argumento de una novela gótica, al mejor estilo de Bram Stoker, podríamos estar al frente de un “vampiro clásico” (Netanyahu), quien encuentra saciedad al ver la muerte y la sangre vertida de seres humanos indefensos. Todo un tema para ser analizado científicamente, por científicos serios y profundos.
El Libro se ha Convertido en un Auténtico Artículo de Lujo, que Desencanta a los Posibles Compradores y al Auge de la Cultura Personal y General
Comprar un libro en estos tiempos, se asemeja mucho, en el precio, a la adquisición de un perfume francés o de un traje a la medida. Así de caro es adquirir un buen Tomo para degustar por medio de la lectura. De hecho, lo que menos abunda en los países del Tercer Mundo o del mundo subdesarrollado, son precisamente las librerías. Y las existentes, no presentan auge en las ventas y tampoco se llenan con los posibles clientes. El libro es un bien en desuso, un artículo perfectamente prescindible en nuestra época, más todavía si lo ponemos en competencia con otras opciones como los teléfonos móviles (o celulares), los televisores de última tecnología y otras tendencias como la ropa o pagar a hacerse en la piel un tatuaje llamativo.
Muy pocas son las personas que invierten unos cuantos billetes en la compra de un buen libro y por lo tanto, son muy pocas las personas que leen en la actualidad; y son otras muchas las que consideran ofensiva la existencia de los libros. Así como se lee y se interpreta: hay una inmensa cantidad de personas, de seres humanos que se dicen ser “pensantes”, a quienes la adquisición de la cultura les molesta y quienes leen les molestan todavía más. Estamos, por lo tanto, ante casos reales de primitivismo, salvajismo y de incentivo al analfabetismo, a la ignorancia y a lo retrógrado.
Lo anterior puede ser comprensible desde cierto punto o cierto ángulo en que lo observemos; pero lo que no es aceptable es el comercio con los libros de parte de los grandes importadores: con los sobreprecios que imponen a cada volumen, a cada ejemplar de obra literaria, hecho que desalienta la compra y el potencial cliente preferirá tomarse un café o un té con algo de comer, antes que comprar un libro que le resultará caro en demasía. Y esta problemática –porque es uno de los problemas más agudos y extendidos que pueden haber-, la encontramos desde México hasta el Cono Sur latinoamericano, en Argentina y Chile; y si es en África, Oriente Próximo y Asia, la problemática adquiere visos realmente preocupantes y decepcionantes: hoy, ahora, son muy pocos los seres humanos que invierten su dinero en literatura, en cultura, por ende.
Ante esta situación la pregunta que descuella es, ¿Lo harán adrede los gobernantes para que los pueblos del Tercer Mundo subdesarrollado no se culturicen, para que no adquieran la destreza de pensar, cuestionar cosas y moverse en el sentido contrario a lo que quiere el dictador o el gobernante en cada país? Posiblemente sí. Porque un pueblo que piensa, es más difícil de manipular, de engañar y dominar. Las revoluciones contra el despotismo han comenzado siempre cuando los pueblos han empezado a leer más o menos profusamente y a plantearse asuntos como la falta de libertades, de equidad económica, de repartición sana y justa de la riqueza y las oportunidades y sobre los obstáculos al progreso humano individual y conjunto. En otras palabras: al dictador no le sirve, no le conviene, no le interesa, que los pueblos lean, que aprendan y que se muevan en sentido contrario a sus políticas despóticas y hasta criminales. El dictador suele ponerse en lugar de los libros, de los manifiestos y de los textos ideológicos, porque él tiene que abarcarlo todo, para dominarlo absolutamente todo, lo intrínseco y lo extrínseco del alma del hombre.
Con base en lo desglosado en este comentario editorial, la función del “librero”, del importador de libros que provienen desde España y otras pocas naciones de habla española, es tan importante como la del educador, quizás mayor que la de éste, ya que es un facilitador de la cultura y puede hacer que un pueblo comience a amar la lectura y depositar su progreso personal en la adquisición de libros. Es por esa razón que deberá pensar, primeramente, en la manera de llegar al comprador que no está habituado a gastar su dinero en libros, en entusiasmarlo hasta que tenga deseos de conformar su primera biblioteca en algún recodo de su casa de habitación e invertir en su preparación, en su incentivo intelectual, del mismo modo como lo hace en sus alimentos y en sus vestidos. Es un desafío, un reto que parece no estar en las prioridades del librero, del importador, quien, en apariencia, ve prioritario el negocio ante el esparcimiento de la cultura. Y es lógico, según el principio de la oferta y la demanda que sustenta a cada negocio y su negociante. Eso es claramente entendible, pero no atendible de nuestra parte.
Desgraciadamente, bajar los precios de los libros para que sean adquiridos por el gran público que ahora se mantiene al margen de esa actividad, no supone ser el desvelo siquiera de los ministros de Cultura o de Educación de estas naciones tercermundistas. Nunca se lo han planteado siquiera, ni lejanamente. De lo contrario, esta sería otra América Latina, y el Tercer Mundo estaría dando visos positivos de avance en lo intelectual, lo racional y lo cultural.
Por lo pronto, seguimos observando cómo el mundo actual y sus gentes transitan por una evidente decadencia en todos los órdenes, principalmente en la producción de música, literatura, corrientes de pensamiento (prácticamente inexistentes), ideologías y demás aspectos que mueven y moderan a la humanidad. La decadencia ejerce su dominio casi total, donde el dinero, el sexo desencadenado, el pésimo gusto, el arte horrendo y los políticos sin gran preparación intelectual, es lo que priva, reina y ejerce un impresionante dominio.
En todo caso, la lectura podría ser el paliativo, la salvación...
En la Acusación a Netanyahu por Genocidio, ¿Dónde Permanece Joe Biden, su Máximo Proveedor de Armas y Defensor ante los Contraataques Islámicos?
Benjamín Netanyahu, como buen sátrapa que es y congénito violador de los derechos humanos, es un oportunista de “rompe y rasga”, según ha dejado observar en los últimos meses. Nos explicamos mejor: porque, mientras el demócrata estadounidense Joe Biden estuvo en la presidencia de esa potencia mundial, Netanyahu siempre acudió a la Casa Blanca y a pronunciar sus discursos llenos de amenazas criminales contra los pueblos de Oriente Próximo, y luego darse un fuerte abrazo (supuestamente fraterno) con Biden, quien, además, siempre fue su aliado incondicional y permitió el envío a Israel de millones de dólares y cargamentos impresionantes de armas, para que el ejército de asesinos, bajo el mando del dictador Netanyahu, continuara con el genocidio en la Franja de Gaza y más recientemente en el Líbano. Biden no escatimó en voluntad y esfuerzos concretos, para respaldar el derramamiento de sangre vertida por las bombas y misiles lanzados por Israel.
Pero, cuando ganó las elecciones republicanas Donald Trump, a la postre con un yerno judío llamado Jared Kushner, y su hija Ivanka Trump convertida a la religión sionista, Benjamín Netanyahu no cabía de contento en la sede del gobierno judío en Tel Aviv. Es decir, Netanyahu estaba extraordinariamente bien a la sombra de su protector, el longevo Joe Biden, pero, cuando conoció de la victoria inobjetable de Trump, se puso todavía más alegre. Cuestión de oportunismo, indudablemente, en el judío que está acostumbrado a ver ganancia hasta en los mismísimos infiernos, si fuera el caso.
Sobra decir que, con Trump en Washington, Israel, los israelitas y su criminal dictador, Benjamín Netanyahu, tendrán todas las garantías de seguridad a su favor, más todavía cuando Donald Trump está deseoso de atacar a Irán y destruir sus plantas nucleares y con ese ataque quedará sellada por muchos años más, la seguridad del Estado judío, ya que los iraníes representan la mayor preocupación en la región para los hebreos. Muy posiblemente una de las primeras acciones militares que los estadounidenses efectuarán, una vez que Trump asuma el gobierno de los Estados Unidos, será un ataque fulminante desde sus portaaviones estacionados en aguas del Mediterráneo, en el Levante. De eso no tenemos la menor duda de que sucederá de esa manera, sin dilación alguna. Posiblemente Netanyahu y Trump ya lo hayan conversado, decidido y delineado desde que el segundo logró su resonante triunfo sobre la demócrata Kamala Harris, quien estaba dispuesta a ponerle límites a la carnicería que los judíos llevan a efecto en Palestina y el Líbano.
Empero, en una variable sobre el mismo tema, la figura de Joe Biden, el mandatario que próximamente dejará el gobierno de los Estados Unidos, en cuál “resquicio” entra, o en cuál situación queda después de que la Corte Penal Internacional (CPI), el brazo jurídico de las Naciones Unidas (ONU), ha pedido la detención de Netanyahu y llevarlo hasta La Haya, Países Bajos, para meterlo en una celda y procesarlo posteriormente por los innegables y evidentísimos crímenes que él y su ejército compuesto por criminales también, han perpetrado en la Franja de Gaza. Porque, aunque Biden no dio las órdenes directas para efectuar las masacres de mujeres, ancianos y niños en Gaza, siempre fue claro en decir que su alianza con Israel no tenía condiciones y estaba allí, precisamente, para suplir cualquier necesidad armada o financiera que los judíos tuviesen en el momento del exterminio en la misma Gaza. ¿Esa determinación del presidente norteamericano lo involucra en los asesinatos en masa o de ninguna manera se puede pensar así en referencia a él? Es una pregunta que sería bueno formulársela al fiscal de la CPI y a los magistrados de dicho organismo de justicia.
Sin embargo, desde nuestra observancia, Joe Biden tiene parte de la culpa moral (y material también), pues ha actuado como aquel otro individuo que presenció una vez un asesinato en la ciudad de Londres, quien no intervino directamente en la muerte del otro fulano, pero facilitó, prestó el cuchillo, para que el otro actuara en consecuencia y diera muerte a su oponente. Biden siempre estuvo anuente a entregar miles de toneladas en armas a los israelitas, incluyendo aquellas bombas que destruyen búnkeres y se internan kilómetros adentro en la tierra una vez dejadas caer. Tampoco ha expresado este anciano mandatario estadounidense, su pesar por los miles de niños que han sido masacrados por Netanyahu, ni por las mujeres gazatíes a quienes les ha quitado las vidas, ni por los ancianos y hombres de bien que vivían en ese mismo enclave palestino. Más bien y por el contrario, dijo algo así como que el “ejército de Israel es el más moral del mundo”, posiblemente cuando Netanyahu le movió los hilos de su boca para que lo dijera como si se tratase de una marioneta, debido a la ancianidad, las enfermedades y la debilidad física y mental que acusa Joe Biden desde hace tiempo atrás. Un hombre entrado en años, perfecta y fácilmente manipulable, más aun por esa clase de criminal que es Benjamín Netanyahu.
Por esa razón volvemos a formular la pregunta a la que todavía nadie le ha dado respuesta: ¿Adónde queda Joe Biden después de que la CPI ha pedido la captura de Netanyahu por su altísima criminalidad en Gaza, si el presidente estadounidense facilitó las armas y el dinero para llevar a cabo dicho genocidio? Moralmente es tan culpable, afirmamos, como el judío en cuestión, aunque nadie lo haya señalado.
Laura Chinchilla y sus Afanes de Protagonismo
Nayib Bukele, el brillante y carismático presidente de El Salvador, visitó Costa Rica, “vino, vio y venció.” Para resumir con tres verbos lo que significó su visita a este otro país centroamericano que, dicho sea de paso, está siendo azotado por la delincuencia en grado superlativo.
Su recorrido por esta nación se fue “en olor a multitudes” que lo alababan, lo vitoreaban por donde fue y todos querían tomarse selfies con el gran y victorioso mandatario de los salvadoreños, el mismo que llevó la paz y la seguridad a ese pueblo que estaba siendo asesinado por los delincuentes de “las maras.”
Desgraciadamente para los triunfadores como él, siempre surgen los anti-cuerpos, quienes, movidos por la envidia de su arrollador éxito, intentan demeritarlo, rebajar el calibre de sus logros y hacerlo un desgraciado a toda costa y con todas las malas intenciones del caso. Una de esas personas fue la ex presidenta de la República de Costa Rica, Laura Chinchilla Miranda, quien gobernó (o des-gobernó, para ser más precisos), del 2010 al 2014, en medio de una administración que todavía sufre los estertores de una enquistada corrupción que no le permitieron a su partido, Liberación Nacional, ganar otro proceso electoral desde que ella abandonó el poder.
En aquel cuatrienio nos comentaba una periodista costarricense, cuyo nombre nos reservamos pues no tenemos permiso de ella para transcribirlo, este análisis acerca de la administración que estaba liderando la Chinchilla: “El problema de este mal gobierno radica en que es la primera mujer que llega a la presidencia y lo está haciendo tan mal, que los votantes difícilmente volverán a llevar a otra mujer a ese mismo cargo.” Dicho por una mujer profesional en referencia a otra mujer que era la presidenta de este país. Y hacemos énfasis en ese detalle para que no se diga después que fue un comentario “machista”, expelido por la boca de un hombre resentido con las féminas o algo así por el estilo.
Y, ciertamente, después de la Chinchilla nunca más otra mujer ha podido ascender a este máximo puesto gubernamental. Es decir, la Chinchilla dejó la “tierra quemada”, políticamente, y los electores no desean otra equivocación parecida al llevar a otra dama a la Casa de Gobierno. Tal fue su fracaso. Todavía en las salas de los tribunales se debate en relación con los casos de corrupción que se dieron durante su paso por la presidencia; pero, ahora, con la llegada del presidente salvadoreño, esta misma ex funcionaria se ha llenado su bocaza para insultar y criticar con acritud al distinguido visitante que pasó unas pocas horas entre los costarricenses, quienes lo aplaudieron hasta el cansancio, lo llenaron de aprobaciones y no dudaron ni un ápice en darle el lugar que el mismo Nayib Bukele se ha ganado dentro de la realidad de El Salvador. Pero, en “las antípodas”, en el lado oscuro de la vida, apareció esta mujer con su boca llena de odio, envidia y resentimiento para decir de manera textual lo siguiente, cuando observó a las multitudes que aclamaban al moderno mandatario salvadoreño: “la Costa Rica que hoy lo ha recibido (a Bukele), es la que se conforma con las migajas de un gobernante mediático e inescrupuloso que sólo ofrece el pan de la seguridad para hoy, pero el hambre del Estado de Derecho para mañana.” Un argumento majadero, demagógico, sin profundidad alguna que, al leerlo por encima, se nota la pésima construcción semántica del mismo y no entendemos qué tiene que ver “el pan de la seguridad” –una forma extraña de hablar-, con “el hambre del Estado de Derecho para mañana.” No sabíamos, además, que el Estado de Derecho pasaba hambre y necesita pan para seguir con vida o algo así. Lo que sí está claro a pesar de esa argumentación poco feliz y que muestra la falta de ilustración de esa mujer, es que salió a la prensa, llamó a algún periodista que le puso atención desdichadamente, para recordarle a los costarricenses que ella está viva, está allí en su casa y se llama Laura Chinchilla, la primera y única mujer que ha sido presidenta de Costa Rica. Es decir, ella es la que tiene hambre del pan para que la publiciten gratuitamente en los medios de prensa y la mejor manera, para llamar la atención, es atacando al brillante mandatario salvadoreño de visita en esta nación.
En otro estado de cosas, Laura Chinchilla deberá entender que una cosa es “hablar bien” y otra muy distinta es “hablar mucho” y esto último es lo que siempre ha hecho ella, disparando ráfagas de palabras que aparentan decir mucho, pero que, al analizarlas con cierto detalle, no dicen absolutamente nada. Además, su enorme boca le ayuda a mover con mayor agilidad su lengua. Eso es evidente.
¿Qué puede decir esta ex presidenta de Costa Rica sobre los logros de Bukele, cuando ella fomentó la inseguridad que se sufre actualmente en Costa Rica, si su gobierno fue ineficaz en mantener a raya a la creciente delincuencia que amenaza con co-gobernar a este país? Y ello sucedió cuando se llenó su bocaza diciendo que su esposo era experto en seguridad y “demás yerbas mansas.” Puro bla-bla-bla sin pies ni cabeza, muy propio de esta mujer habituada a disparar las palabras como si fueran balas en una guerra de guerrillas.
Pero hay que aceptarle a Laura Chinchilla que logró su cometido: fue atendida por algún periodista que seguramente no tenía tema para escribir y publicar; y logró que los votantes se acordaran de aquel error que cometieron al llevarla a la presidencia de la República. Quizás hubiese sido una excelente locutora de radio, porque ese es “el fuerte” de ella: hablar, hablar, hablar y más hablar, aunque sus verborreas siempre han estado desunidas de la acción. Desgraciadamente para ella, en su papel de gobernante, no le llegó siquiera a la suela de los zapatos de Bukele y esa es otra verdad sin cortapisas.
Kamala Harris, su Derrota y las Casas de Encuestas
Desde hace unos años retrospectivos, se hacen presentes en todos los procesos electorales que se escenifican alrededor del planeta. Su presencia resulta infaltable y forma parte de esa extraña “fauna” durante las votaciones. Se trata de las agencias de encuestas o empresas encuestadoras, que generan a sus dueños millones de dólares o euros, pagados por gobiernos, partidos políticos que se disputan la presidencia del país, periodistas y hasta por el capital de personas privadas
El fenómeno sociológico que se da con estos pésimos “profetas” o adivinos de las elecciones, es bastante extraño, porque rara vez aciertan en el resultado final –matemáticamente siempre quedan lejos con sus augurios-, y, a pesar de que cometen esos enormes yerros, las gentes y los gobiernos siempre siguen creyendo en sus supuestas facultades.
Hemos sabido que muchos de los fundadores de esas casas de encuestas han sido perdedores congénitos durante sus vidas, pero tuvieron la idea de ganarse el dinero fácil en cada campaña política y resolvieron así los problemas que les planteaba la existencia cotidianamente. La mayoría de ellos no son científicos, ni siquiera politólogos, periodistas, analistas, sociólogos e historiadores y el común denominador de sus personalidades es el fracaso anterior, en experiencias de todo tipo que han resultado fallidas. Son aventureros por naturaleza. Pero resolvieron sus fracasos por medio de las encuestas.
Tenemos que ser honestos y sinceros y decir que, en las últimas elecciones de los Estados Unidos, las que acaban de acontecer, las cifras citadas por los encuestadores nos engañaron como nunca en nuestras labores como comunicadores de la prensa que somos y aficionados a la alta política. Creímos, de acuerdo a lo que nos arrojaban las encuestas, que Kamala Harris iba a arrollar al indecente Donald Trump de una manera indiscutible y rotunda. Pero sucedió todo lo contrario: la arrollada y traumatizada fue ella y su grupo de asesores de campaña.
Y es que esos mismos facinerosos de las encuestas dijeron, y lo hicieron con tal seguridad que les creímos, que el empate técnico de los dos candidatos iba a llegar más allá de la fecha de votación; es decir, se iban a cerrar las urnas para sufragar y la incertidumbre iba a continuar en el Colegio Electoral, en el conteo de los votos, y nos íbamos a tardar para conocer el nombre del ganador. ¡Mentira! ¡Todo fue un vil engaño de esos aventureros que ya tenían sus bolsillos llenos de dinero! Y el fiasco fue de tal magnitud que, apenas habían transcurrido dos horas del conteo de los votos, cuando el mapa de los Estados Unidos,
Estado por Estado, se iba pintando de rojo… rojo republicano y Trump iba ganando los Estados imprescindibles para el triunfo final, con una facilidad pasmosa, hasta llegar a la cifra “mágica” de los 270 votos electorales y sobrepasar ese dígito con sobrada cantidad. Pero los encuestadores, como suele suceder en todo el mundo, se esfuman, no dan sus rostros a la audiencia y muy pocos periodistas y analistas los llaman a rendir cuentas… las cuentas de sus engaños reiterativos y en todas las democracias que suelen salir estafadas por ese grupo de vándalos.
Kamala Harris les creyó y su amplia y bella sonrisa resultaba todavía más “poderosa” ante el veneno verbal que Trump dejaba escapar en cada concentración de masas. Muchos creíamos que el triunfo de la primera mujer a la Casa Blanca, era tan posible como la salida de la luna en una noche oscura. Pero fue brutalmente “apaleada”, con un resultado en las votaciones que ni Hillary Clinton lo sufrió en las elecciones en las que se enfrentó al mismo magnate inmobiliario. Es posible que, basada en esos argumentos agoreros de los encuestadores, la Sra. Harris bajara la intensidad de su campaña, que les creyera más allá de los números que ellos barajaban cada día y se sintiera segura con los mensajes que daba al gran elector, que, por el contrario, los cansaba, los aturdía y los convencía de votar por el republicano.
También esos pillastros de las casas de encuestas le hicieron creer que ella era la dueña del voto de los hispanos, de los negros (porque esa raza es leal entre sí), de las mujeres, de los puertorriqueños y de los muchachitos que apenas iban a votar por vez primera en sus vidas. ¡Otra enorme mentira, del tamaño de la Bahía de San Francisco! ¡Solemne mentira que posiblemente le hizo entrar en relax a la pobre negrita que engatusaron con sus falacias y cifras irreales!
Bueno, lo anterior está más que transparente, mayormente claro: las empresas de encuestas fueron creadas y sólo existen para llenar de millones de dólares a sus dueños. Nada más. Pero lo más triste para los procesos democráticos radica en que la desaparición de esos delincuentes que se visten de señores, está todavía muy lejana; y debería legislarse, promulgar leyes para perseguirlos, para que dejen de estafar con sus cálculos falsos y predicciones que, además de erróneas, sólo crean falsas expectativas de triunfo, cuando la verdad es otra muy distinta. Desgraciadamente seguirán apareciendo en cada proceso de votación, desde Suramérica hasta Norteamérica y desde Las Antillas, hasta África, Oriente Próximo y la lejanía de Asia. Están y estarán en todas partes donde se realicen votaciones bajo el amparo del sistema democrático.
Los encuestadores en los Estados Unidos dijeron que Kamala Harris iba a hacer sufrir a Trump y depararle una sorpresa electoral, ella lo creyó y la realidad, a la inversa, casi le ocasiona un paro cardíaco.
¡Pobre mujer y pobres los embaucados!
Así Afectan las Elecciones de los Estados Unidos a la Realidad Mundial
Desde luego, hay que partir de la premisa de que los Estados Unidos es la primera potencia del mundo y como le escuchamos una vez decir a alguien, “en realidad son 50 países que conforman a uno solo”, porque cada uno de sus Estados representa una fuerza humana, tecnológica, agrícola y de productividad general que, sumados, dan como resultado lo que conocemos con el nombre de Unión Americana. Cada uno de esos Estados tiene sus propias leyes y estándares de productividad, lo mismo que sus peculiares características que lo hacen diferente en muchos campos a los demás. En resumen, son 50 Estados empujando al unísono, todos, en plena armonía, a la potencia que han dado a la “escenografía mundial.”
Es por esa razón que el resto de países del orbe, quieren comerciar y “llevarse bien” con los estadounidenses, quienes han conformado al enorme mercado hacia donde van casi todos los productos (y también inmigrantes), para obtener las ganancias para supervivir. Todos quieren ver con los Estados Unidos, relacionarse con esta gran nación y ser beneficiados por su gobierno, ejército, pueblo y grandeza en sus distintos matices. Y como decía alguien más por ahí y en otro momento, “el vuelo accidentado de una mariposa en Arizona o en cualquier otra región estadounidense, afecta al indo-pacífico, lo mismo que a Australia o África.” Es decir, todo lo que ocurra, sea bueno o sea malo, en el interior de los Estados Unidos, termina por afectar al resto del planeta o a la geopolítica y a la economía mundial. Y el comienzo de esa afectación, parte con los procesos electorales que se desarrollan en estos 50 Estados que hemos mencionado.
No obstante, ahora más que en el pasado lejano y reciente, los dos candidatos han generado una expectativa inusual, lo mismo que un temor con una base bastante amplia y razones varias, que son del todo atendibles y entendibles también. En el caso de la demócrata Kamala Harris, la ilusión, la alegría y el beneplácito se refleja en los rostros de los demás líderes mundiales, pues, en principio, se trataría de la primera mujer presidenta de esta potencia y para mejores señas… ¡es de raza negra! Algo inédito durante toda la existencia de esta nación como tal. Por lo demás, se trata de una mujer muy inteligente, curtida en los avatares de la política, conocedora de las leyes, pues ha sido fiscal en San Francisco de California en una etapa de su vida y por ello, es respetuosa del Estado de Derecho, el mismo que Donald Trump, su contendor, ha mancillado una y otra vez, cuando le ha dado la real gana, en detrimento de muchas personas e Instituciones. De tal modo, Kamala Harris representa una ilusión completamente nueva, digna para soñar y anhelar lo mejor para el planeta entero. Y en este punto en particular, fundamentada en su sensibilidad de mujer, sabemos que ella lucharía denodadamente por lograr la paz y la justicia en los conflictos de Oriente Próximo y Ucrania, porque ya lo ha demostrado con hechos y palabras. De tal manera, no sería del gusto del genocida judío, Benjamín Netanyahu, quien desea proseguir con el baño de sangre de palestinos que responden a su plan perfectamente trazado, para exterminar a ese pueblo. En síntesis, el mundo estaría mejor si Kamala Harris resultase presidenta de los Estados Unidos. Por lo menos, estaría confiado al tener en la Casa Blanca a una mujer sabia, sapiente, inteligente y con alma en su fuero interno, cosa que Trump no tiene, puesto que estamos frente a un individuo desalmado en el peor concepto que encierra el término.
En su defecto y por el contrario, Donald Trump, por el Partido Republicano, representa todo lo opuesto a la Sra. Harris: representa a la violencia intrínseca y extrínseca, el abuso, la violación de las leyes establecidas, la burla y la agresividad de frente al Estado de Derecho, el machismo, la degradación del género femenino, la humillación diaria y constante a sus subalternos, el racismo, el poder fundamentado en el dinero que presuntamente tiene en grandes cantidades y las intervenciones militares allí donde a él le llamen y se le ocurra. Así mismo, su mente supremacista estaría acorde a las de Vladímir Putin, su gran amigo en Rusia; y principalmente a la de Benjamín Netanyahu, pues Trump es judío por las simpatías que ese pueblo le despierta y porque su hija Ivanka ejerce una importante influencia sobre él y al estar casada con un judío llamado Jared Kushner y haber abrazado la fe judaica. De tal forma, el exterminio que Netanyahu le tiene confesado a los palestinos, con Donald Trump en la Casa de Gobierno estadounidense, proseguirá en los territorios de Gaza y Cisjordania, de acuerdo al itinerario y la agenda que posee en sus manos el dictador de Israel.
Y con respecto a América Latina, el subcontinente será olvidado por Trump o dejado de lado como lo hizo en su primera administración (o “des-administración” para ser más precisos), y ello favorecería a tiranos como Ortega, en Nicaragua, Díaz-Canel, en Cuba y Maduro, en Venezuela. Porque, en principio, Trump considera que Latinoamérica es un foco de inmigrantes, de inestabilidad política y de miseria material, además de la inferioridad racial que representan sus pueblos indígenas y mestizos, en comparación con la raza blanca a la que él pertenece y que le hacen el supremacista blanco que es realmente.
Con Donald Trump nuevamente en la Casa Blanca, los aviones con miles de deportados estarán de regreso a sus respetivos países en los cinco continentes, mientras el mundo se incendia en el fragor de las distintas guerras. Eso y más significan estas elecciones en USA.
La Historia de David y Goliat de Otro Modo: Cuando Goliat era Judío…
El gran éxito mundial e histórico de los judíos, se ha fundamentado siempre en su fantasiosa manera de explicar los acontecimientos o mejor aún… al crear narraciones fantasiosas para “encandilar” a sus lectores crédulos y así lograr la admiración de ellos hacia el pueblo hebreo. Veamos algunos ejemplos: “una nube acompañaba al pueblo judío una vez que salió de Egipto. La nube era luminosa y de noche les brindaba luz en su trayectoria por el desierto. Dios (“el gran dios de Israel,” nótese la manipulación hacia el lector), era el que enviaba esa nube.” O sino este otro: “David, hijo de Saúl, se llenó de coraje, de la ira enviada por Dios y tomó su honda y lanzó una enorme piedra sobre la cabeza del gigante Goliat y le dio muerte.” Todo con la venia y el poder conferido por “el dios de Israel”, tal y como aparece en el antiguo testamento de la Biblia que se tragan los cristianos desde que están en pañales, en sus cunas. Narraciones propias de mentes manipuladoras y con profundas ansias de conquistar a la humanidad y apoderarse del mundo desde épocas antiquísimas. Quien las cree, es oportuno que vea a un profesional de la psiquiatría y de manera urgente. Son narraciones insólitas, fuera de toda lógica, raciocinio y realidad, que bajo ninguna premisa pueden aceptarse y mucho menos asimilarse como si fuesen verdad.
Y detrás de esa manipulación, el estribillo incansable del “pueblo elegido por dios”, que no es otro que el judío o el israelí y también eso se lo han creído por centurias los crédulos, los que “muerden los anzuelos” y los que conforman el rebaño de ineptos que se aglomeran en las iglesias cristianas, incluyendo a los ortodoxos de oriente y a los católicos de occidente, por supuesto.
¡Pero no hay tal “culebra con pelo”! Todos esos relatos son ficticios, son falacias, son mentiras del tamaño de las pirámides de Egipto. Y el pueblo judío simplemente es una etnia cerrada, extraordinariamente hermética, que sólo se roza entre ella misma, que mercadea, equitativamente, entre sus miembros y comercian con lo que ellos llaman “gentiles” o no judíos –que es la inmensa mayoría de los seres humanos-, para ganar su dinero y hacerse cada vez más ricos. Se sienten poderosos, los más intelectuales sobre la faz de la Tierra, los más inteligentes, los grandes inventores, los grandes escritores (ya han dicho que el alemán Thomas Mann era judío, que Goethe está a un paso de serlo, etcétera, etcétera); la “esencia del conocimiento” por encima de Platón, Sócrates o los grandes pensadores franceses de la Ilustración. Ellos lo son todo y los demás, somos una camarilla de ignorantes, ineptos, crédulos, a los que pueden sojuzgar, engañar (siempre engañar) y estafar. Y esa es precisamente “la gran estafa de la existencia humana. Y cuando las cosas no van como ellos lo planearon, se hacen “los pobrecitos”, intentan despertar lástima y evocan e invocan a la sefarade o expulsión de los judíos de España, de parte de los Reyes Católicos; o el genocidio nazi, “el holocausto”, como han bautizado a los hechos de la Segunda Guerra Mundial en los campos de exterminio. Sin tomar en consideración el genocidio, el exterminio que los judíos mismos están llevando a cabo con los palestinos en la actualidad y a plena luz del día. Pero parece que el “buen dios de Israel”, no es tan “buen dios”, ya que les permite asesinar impunemente y con la ayuda de los Estados Unidos (país en manos de los judíos precisamente), mientras el resto de los hombres vemos angustiados e impotentes lo que hacen estos criminales, ubicados detrás de su líder, el criminal de criminales, Benjamín Netanyahu.
Dejando el devenir a un lado, llegamos al centro de este comentario editorial de nuestro periódico: cuando el gigantesco Goliat era judío y el pequeño David era una modesta y humilde mujer costarricense, llamada María Otárola, costurera para mejores señas, y cuyo nombre fue usado por la poderosísima ex defensora de los habitantes, la judía Ofelia (Masha) Taitelbaum Yoselewich, para engañar al sistema tributario de Costa Rica. Utilizaba el nombre de la señora para mentirle a Tributación Directa, al mostrarle documentos (falsos), que indicaban que María Otárola le daba asesorías a las empresas de la judía y se le había pagado a aquella, más de 30 millones de colones. Así hacía creer que esas cantidades exorbitantes de dinero representaban gastos para sus empresas y nunca ganancias. Un delito para evitar tributar conforme a las obligaciones de ley. Pero la humilde costurera se percató de que su nombre estaba siendo usado ilegalmente, llamó a la prensa y allí comenzó a desentrañarse todo, absolutamente todo. La humilde operaria de su máquina de coser, se enfrentó entonces, al poderío de la comunidad judía, mientras Masha Taitelbaum le ofrecía riquezas, pensiones (escuche la conversación telefónica entre la judía y la humilde trabajadora costarricense en esta dirección: Conversación telefónica entre Ofelia Taitelbaum y la denunciante María Otarola), con la finalidad de que no diera a conocer a la prensa ni a la opinión pública la defraudación, el delito, que estaba cometiendo. Esa plática telefónica se dio, coincidentalmente, cuando la periodista de un medio televisado estaba acompañando a doña María Otárola y quedó grabada y luego subida a la red YouTube.
Allí comenzó el desplome de la poderosísima Ofelia (Masha) Taitelbaum, la miembro de la también poderosísima comunidad judía de Costa Rica y del “pueblo elegido de dios”, y hace pocos días ingresó a prisión, a pesar de que los jueces (cobardes por antonomasia en este país), intentaron “darle largas al asunto” para no enfrentarse con los hebreos, dueños del comercio costarricense, Instituciones gubernamentales y de poderosos bufetes de abogados. Pero ya está en prisión. Ahora, su ineficiente abogado quiere conseguir “casa por cárcel” (mansión por cárcel, mejor dicho); pero ya Ofelia Taitelbaum conoce los sinsabores de una prisión en su verdadera y realista naturaleza. Esa es la historia, en resumen, cuando Goliat era judío y David fue personificado por una humilde costurera, dueña de una agudísima inteligencia natural, que no necesitó ni honda ni piedra para derribar a su peligroso enemigo. Muchos dicen que no era un gigante, sino una serpiente venenosa, de esas que menciona tanto también el antiguo testamento de la Biblia.
Joe Biden, a su Manera, un Hombre, un Presidente Diferente…
Pocas veces, poquísimas oportunidades, el ser humano tiene la posibilidad de adivinar el futuro como va a suceder, como el actual mandatario de los Estados Unidos, Joe Biden, en su enfrentamiento electoral con Donald Trump. Quizás esos acontecimientos que se dan en la vida y que llevan “un carril” único, una sola vía que indefectiblemente sabemos que se va a cumplir, ayudada por la lógica, esa ecuación simple, aritmética, del 1 + 1 = 2, nos facilitó discernir lo que se iba a presentar. En palabras más simples, Joe Biden, si hubiera continuado en la postura de enfrentarse a Trump, como quería su esposa y estaba empujando para que ello se diera contra todo racionalismo, todo sentido común, la derrota hubiese sido un desastre para Biden, un hecho profundamente traumático y humillante; y una victoria sin apelaciones y aplastante para el republicano. En esos momentos en los que Biden se aferraba a la candidatura tozudamente, con toda terquedad, enviando al mundo un mensaje de irracionalidad nada comprensible, Donald Trump era el hombre más feliz de los Estados Unidos, porque sabía que la presidencia estaba a su entero alcance y no le iba a costar nada lograrla nuevamente.
Pero, dichosamente, Joe Biden se acordó que gran parte de su existencia, de su vida personal, fue un hombre reflexivo, comprensivo, acostumbrado a dar “esos golpes de timón” en el momento preciso, para no ser arrastrado por la tormenta, decidió hacerse a un lado, declinar en su candidatura y dejarle su lugar a Kamala Harris, quien lo está haciendo verdaderamente bien a favor de los demócratas y talvez, muy posiblemente, a favor de todo el país, si resultare electa en noviembre próximo.
Sin embargo, Joe Biden se equivocó plenamente cuando también se hizo a un lado, atendiendo y obedeciendo una petición que le hizo en aquel instante su amigo Barack Obama, entonces presidente de la nación, para que se apartara de su pre-candidatura en el interior del Partido Demócrata y le diera paso a Hillary Clinton. “Todavía no es tu tiempo. Espera un poco más y deja que Hillary sea la candidata”, dicen que le dijo Obama a Biden y éste la dejó a manos de un sanguinario Trump, quien despedazó a la mujer con una crueldad y facilidad que entristeció al resto de la humanidad que seguía atentamente aquellas elecciones presidenciales en las que triunfó el troglodita candidato republicano. Y decimos que Biden se equivocó, porque era su momento preciso, su momento exacto, para convertirse en mandatario de los estadounidenses, cuando estaba en sus cabales, cuando era un hombre entrado en años, pero no el anciano que acusa un deterioro manifiesto hoy en día. En aquella oportunidad, sin duda, habría vencido a Trump con la experiencia acuñada y acumulada por Biden, quien ostentaba el cargo de vicepresidente de Barack Obama, y tenía un bagaje político extraordinario que ahora la ancianidad está borrando velozmente de su memoria y es posible que pronto quede como aquel niño de pocos meses de nacido y cuya memoria está en blanco. Es decir, la orden girada por Obama a Biden, también fue una de las grandes equivocaciones del primer presidente negro de los Estados Unidos, contrario a lo sucedido hace pocos meses, cuando se le aconsejó a Biden dejar su camino a Kamala Harris, porque, en verdad, él no podía confrontar a un sujeto sin escrúpulos ni límites humanistas ni humanos, como lo es Donald Trump.
¿Pero por qué Joe Biden es un hombre y un presidente diferente? Fuera de la extensa introducción actualizada de lo que ha sido la vida reciente de Biden, hemos de afirmar que hay varios aspectos, positivos y otros no tanto, que le hacen un ser distinto a todo lo que ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos. Repasemos someramente algunos de ellos: Biden ha superado gran cantidad de enfermedades de riesgo, como los repetidos aneurismas que sufrió, y en vez de marcharse a casa y dejarlo todo, en especial su posición de privilegio dentro del Partido Demócrata, prefirió recuperar la salud y seguir sirviendo a su país. Paradójicamente, esas mismas enfermedades –que se haría largo detallarlas aquí y ahora-, le han pasado “la factura” en el último año de su presidencia y se le nota cansado, perdido en su memoria y en sus movimientos físicos externos. Rasgos que estaba aprovechando Trump a su favor, para derrotarlo contundentemente en las próximas elecciones y de ahí que le pidieran a Biden mantenerse al margen de los comicios venideros.
Otro aspecto que le hace diferente, es su innegable humanismo. Es un hombre esencial e intrínsecamente bueno. Todo en él es bondad y se le nota a la distancia; y acompaña a esa cualidad con un sufrimiento repetitivo que va más allá de ser una prueba de vida. Y nos referimos al problema de drogadicción de su hijo Hunter, que a otro papá más débil interiormente, le hubiese doblegado y hasta causado una enfermedad mucho más complicada; pero Joe Biden ha sabido sobrellevar ese sufrimiento por el hijo que él ama incondicionalmente.
Otra paradoja es la que le muestra como “un amigo de sus amigos”, aunque ello signifique equivocarse garrafalmente, y nos referimos a su lealtad con el genocida judío, Benjamín Netanyahu, quien se ha aprovechado de la bondad de Biden y de su avanzado estado senil, para comprometerlo en ayudar al ejército israelí y con esas armas que Biden le ha estado facilitando, Netanyahu extermina a diario al pueblo palestino en la Franja de Gaza; y ante los ojos de los musulmanes del mundo, Biden aparece ahora mismo tan asesino como Netanyahu y ahí radica su más grave equivocación.
Pronto nuestro personaje dejará la Casa Blanca y quedará registrado en las páginas de la historia estadounidense, en especial cuando su partido y sus amigos le dijeron que renunciara a la reelección presidencial. Y eso también le hizo diferente.
Netanyahu Imparable en su Criminalidad y el Mundo Impasible, Sólo Observa como Asesina a Palestinos y Libaneses
Ayer decidió masacrar a los habitantes de la Franja de Gaza; hoy ataca al Líbano; y mañana a Irán o Siria o posiblemente a la mismísima Turquía. No tiene límites en su criminalidad. Pero siempre escoge a objetivos más débiles y menos armados que las milicias israelíes, para demostrar su supuesto poder bélico. Nunca se enfrenta con potencias regionales –Tel Aviv lo ha estado pensando mucho para dar respuesta violenta a los iraníes-, o a Rusia, Corea del Norte o China, porque sabe que significaría el fin del Estado judío, que no es otra cosa que un “gran portaviones en tierra” del verdadero Israel, que es el que está enclavado en el corazón de los Estados Unidos.
Con una población de más de 6 millones de judíos en Norteamérica, propiamente en suelo estadounidense, dominan la economía y la política de la primera potencia mundial y desde Washington, la Casa Blanca y el Capitolio, deciden cuál pueblo “vive y cuál muere.” Son los “titiriteros” que manejan a los presidentes de los Estados Unidos, más sin son estúpidos, descerebrados, como Donald Trump, o seniles como Joe Biden, para que reabastezcan al ejército israelí con lo más moderno en armas, del inmenso arsenal del Pentágono. Porque Israel, por sí mismo, es sólo un “experimento” de los propios judíos, quienes quieren ver si el mito de la “tierra prometida” puede ser llevada a la realidad en ese pedazo estéril de desierto, en el Neguev. A los judíos no les interesa compartir tierras con los palestinos, un pueblo al que consideran inferior en todo sentido, en especial en el racial, el genético, y con ellos al resto de la humanidad que presuntamente y de acuerdo al mismo mito, la misma fantasía devenida a lo largo de la historia, no es “el pueblo elegido por dios” (nótese la minúscula utilizada en este caso), como sí lo han sido ellos, los hebreos, supuestamente. De tal manera, Israel, en Oriente Próximo, solo tiene tres propósitos: servir de base militar para el verdadero país de los judíos, que son los Estados Unidos, una nación construida por europeos inmigrados prioritariamente, y otras etnias que hasta allí arribaron y de la que los judíos se han apropiado lenta, voraz y calladamente; llevar a la práctica sus intenciones de dominación mundial con base en el supuesto del “pueblo elegido” y del “pobrecito, perseguido y ‘cocinado’ en los hornos del nazismo”; y llevar a efecto las fantasías expresadas en el antiguo testamento de la Biblia, en el Talmud y la Torá, en los cuales se afirma que son legatarios de un país, un territorio, donde se enclava actualmente judea o Israel. Y si tiene, para ello, que exterminar a otros pueblos, como el sirio, el iraní (persa), libanés, árabe, egipcio o palestino, el resto de la humanidad tiene que callar, porque ellos, los judíos, son quienes tienen “licencia para matar” y les asiste una impunidad que no se sabe quién diablos se las otorgó, por encima de todas las leyes creadas por el hombre y por encima del bien y del mal. De hecho, mientras el ejército israelí, armado y vuelto a rearmar por los Estados Unidos, masacra las poblaciones de Gaza y Beirut, Netanyahu, su dictador criminal asegura que esas milicias judías son “el ejército más moral del mundo (¡?).” Otras de las famosas frases fantasiosas que los fanáticos de la Biblia se la creen a pies juntillas. No, por el contrario, los israelíes, desde que llegaron a Oriente Próximo, han sido usurpadores de territorios que no les pertenecen, arrebatándoselos a los grupos étnicos que allí fijaron sus casas desde épocas antiquísimas, y después, asesinando a esos antiguos propietarios. Hoy, los descendientes de aquellos mismos judíos de 1948, llevan a efecto el aniquilamiento, la destrucción total y la masacre sanguinaria de esos pueblos que les resultan estorbos para ejecutar los planes del “gran Israel” en tierras que no les pertenecen. La ONU ha ordenado que los colonos judíos que han asesinado y robado posesiones a los palestinos, tienen que devolverles esos territorios a sus dueños originales y marcharse al corazón de Israel. Pero lo hebreos, como se consideran un pueblo “metafísico,” que sólo es digno de obedecer a los designios de su dios (nótese la minúscula), no obedecen a las determinaciones de las Naciones Unidas y, en respuesta, decretan que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, es persona non grata, que tiene prohibida la entrada a Israel y es antisemita y demás estupideces que suelen endilgar los hebreos a quienes no están de acuerdo con la limpieza étnica que llevan a la práctica desde que llegaron a la región.
Regresando al tema de Benjamín Netanyahu y su séquito de criminales, su mal llamado “Estado Mayor”, está aniquilando a los palestinos de Gaza, destruye hospitales, clínicas, barrios enteros, edificios de apartamentos, escuelas, colegios, Universidades; asesina a madres con sus hijos en brazos, a ancianos, enfermos que estaban tendidos en sus camas hospitalarias; a cooperantes de Occidente, miembros de ONGs; y en Líbano, además de masacrar a su población desarmada, ha atacado y vuelto a atacar, a Cascos Azules de la ONU, que están allí en misión de paz; pero no pide perdón, no da explicaciones a nadie, porque Netanyahu, el vampiro asesino israelí, y su grupúsculo de mal llamado “generales”, entrenados en los Estados Unidos, se sienten superiores al resto de la humanidad y lo hacen presuntamente con la venia de su dios todopoderoso, que, obviamente no es nuestro Dios, que es pleno en amor, justicia, paz, armonía, comprensión, respeto por el semejante y convivencia.
Mientras tanto, el mundo, principalmente las potencias de Occidente, ven lo que hace Netanyahu y calla. Parece que lo avala y lo acepta. Sólo Emmanuel Macron ha dicho, con voz débil, que hay que detener el envío de armas a Israel; y el premier inglés, ha dicho algo parecido, pero apenas audible. ¿Estarán Francia e Inglaterra controladas también por los judíos que allí viven en condición de parásitos? Posiblemente así es. Mientras tanto, las redes sociales se llenan de los mismos judíos que escriben y defienden los asesinatos en masa efectuados por Netanyahu y los suyos y los “bibliómanos” (amantes de las fantasías del antiguo testamento), justifican inmoral y equivocadamente, esa sangría propia del vampirismo que los judíos ejecutan en Oriente Próximo con sus vecinos más débiles.
Sin duda, estamos asistiendo al primer genocidio del Siglo XXI, perpetrado por Israel, mientras el mundo lo tolera. ¿Cuáles otros pueblos están en la lista para ser masacrados por los Estados Unidos y su “portaaviones” Israel? Cualquiera. O donde el vampiro fije su mirada y ponga su dedo índice para masacrarlo después.
Continúa entre los Venezolanos en el Exilio la Charlatanería y el Juego Insulso del “Presidente Encargado”
No existe incertidumbre alguna acerca de quién ganó las elecciones pasadas en Venezuela y quién las perdió. Desde el mismo momento del primer conteo de los votos, el mundo entero que seguía por la prensa el acontecimiento, se percató de que la dictadura sangrienta de Nicolás Maduro y “el cartel de los soles” habían sido derrotados de manera contundente e inobjetable.
Además, recientemente el Centro Carter presentó ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), las actas originales con los resultados apabullantes en contra de la dictadura venezolana. Es así como no ha quedado ninguna duda sobre el ganador y el perdedor. Pero Edmundo González Urrutia, el candidato vencedor, desde su exilio en Madrid, España, parece que está cayendo en lo mismo de hace unos años atrás, cuando Juan Guaidó no hizo otra cosa que el ridículo al dejarse nombrar por la oposición y un grupo de gobernantes latinoamericanos, “presidente encargado”, una especie de gobierno paralelo a la dictadura, que nunca tuvo legitimidad en el interior de su país y más bien fue la burla o la mofa del dictador Maduro y sus secuaces, quienes no dejaban ni acercarse a Venezuela al famoso Guaidó, quien terminó huyendo a pie hasta la frontera con Colombia y de allí hasta su exilio en los Estados Unidos. En resumen, la imagen de Guaidó fue insulsa, ridícula, sin peso alguno y proclive a ser ignorada allí donde fuera, justamente por su falta de legitimidad.
Se estaba enfrentando a todo el poderío del ejército venezolano y a la dictadura más acérrima y enraizada, junto a la cubana, que existe en América Latina y el resultado ya lo vimos: su huida hacia Norteamérica sin haber conseguido ni un ápice de democracia ni libertad para Venezuela y su pueblo. Más bien, debería darle gracias a Dios porque no resultó asesinado o encarcelado por el régimen narco-comunista que está destrozando a esa nación desde la cúspide del poder.
En vista de lo anterior, del peligro que entrañó la vida y la seguridad de Juan Guaidó, el ex candidato González Urrutia no aprendió la lección de su paisano y ha dicho a toda voz que piensa regresar a Caracas el próximo 10 de enero, para tomar posesión en calidad de nuevo presidente de Venezuela. ¿Qué es lo que persigue este señor entrado en años: ser apresado y encarcelado por la dictadura; ser asesinado de un balazo seco apenas ponga un pie en el aeropuerto internacional, hacer el ridículo como Guaidó, ser la burla de los dictadores, que no se le permita ni bajarse del avión y ser enviado de regreso, en el acto, por donde vino; o quedar como un mártir de la lucha por la democracia en su país y en los anales de la historia, tras ser ultimado por el sistema narco que gobierna allí? Porque otra cosa, no la va a lograr. En principio, porque esa dictadura está enraizada fuertemente en Venezuela, esta enquistada y sólo una invasión de los Estados Unidos podrá erradicarla del poder, semejante al derrocamiento de Manuel Antonio Noriega en Panamá, en 1989. Pero otra vez la charlatanería insulsa de Juan Guaidó… ¡Por favor, ya no más!
Textualmente, Edmundo González Urrutia manifestó, después de haber participado en el Foro La Toja-Vínculo Atlántico, donde se llamó a él mismo “presidente electo”, cuando en realidad sólo es el “candidato ganador de los comicios”, que regresará a Venezuela y que su estadía en España es sólo pasajera. “Mi salida del país es sólo temporal –expresó-. Pero no por ello dejé de verme obligado a alejarme de Venezuela a causa de presiones inenarrables y amenazas extremas que tocaban incluso a lo más cercano de mi vida familiar.” Entonces, si desprendemos lo que podría sucederle con su regreso a Caracas en enero próximo, él mismo ya lo ha descrito: serán más “presiones extremas” de parte de la dictadura chavista que ostenta el poder; a no ser que sea un plan bien meditado y elaborado en conjunto con María Corina Machado, para que, con la presencia del ganador, las masas de ciudadanos se hagan a las calles y se enfrenten nuevamente con la policía y el ejército que respaldan y sostienen a la dictadura. En otras palabras, ¿Ambos quieren que los represores hagan correr más la sangre de los inocentes, azuzados irresponsablemente por Machado y González Urrutia? Porque, repetimos, a esa dictadura venezolana no la baja nadie del poder con presiones diplomáticas o políticas. Los sátrapas de irán solamente con el uso descomunal de la fuerza, de una coalición de ejércitos regionales o de la Armada de los Estados Unidos.
Lo único bueno rescatable en el caso de la crisis política venezolana, ha sido el informe, totalmente creíble, de parte del Centro Carter y de su analista, Jennie K. Lincoln, quien fue líder de la delegación que estuvo en Venezuela como parte de la misión técnica para las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio. En dicho informe se pueden ver las actas verdaderas, originales, que evidencian el triunfo de Edmundo González Urrutia por encima del dictador Nicolás Maduro Moro. “Estas actas son elementos clave –dijo Lincoln-. Acabo de recibir los originales de Venezuela que tienen un código QR, que es significativo y que les permiten a los testigos de miles de mesas, recabar información de manera sistemática de los datos originales elaborados por el CNE.” Así declaración suya en una sesión ordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA). Al finalizar su comparecencia, indicó que las votaciones se decantaron a favor de González Urrutia con un 67 por ciento, contra 31 por ciento a favor de Maduro. Una paliza numérica y electoral que demostró una vez más que el pueblo venezolano quiere algo distinto a lo que tiene encima suyo, en forma de dictadura permeada por el narcotráfico.
Pero la charlatanería de otro “presidente encargado” ya no puede ser nuevamente. No más el hazmerreír de los dictadores.
El Ser Humano ha Cambiado Poco o No ha Cambiado en Nada
La reciente intervención del Organismo de Investigaciones Judiciales (OIJ), la policía que está al servicio de la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica, la pequeña nación de América Central, en la que detuvo a la presidenta ejecutiva de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), Sra. Marta Esquivel, junto a su grupo de directivos de la misma entidad médica, ha sido un feo pasaje que quedará en la retina de los ciudadanos al pasar el tiempo y en las páginas grises (sino negras) de la historia de este país, que se está habituando a esta clase de bajos espectáculos conferidos por la policía judicial.
Es semejante a “un linchamiento” público, desmoralizante, nada elegante, nada diplomático, grosero, humillante y vejatorio contra personas que merecen un trato ciertamente diferenciado. Pero, en contraste, el OIJ no siempre actúa así, sino que depende de quiénes sean los imputados, a cuál sector representan, a cuál partido político y cuál puesto público ostentan en el momento de las detenciones. Por ejemplo, a la judía Ofelia Taitelbaum, ex defensora de los habitantes, claramente defraudadora en el sistema de Hacienda, entre otros casos, y que está para “re-fundirla” hasta el día de su muerte en prisión (obsérvese este video en YouTube, donde la encausada involucra a una humilde señora del pueblo de Costa Rica, para encubrir uno de sus múltiples delitos: Conversación telefónica entre Ofelia Taitelbaum y la denunciante María Otarola (youtube.com)), la mal llamada “justicia” de Costa Rica la dejó en libertad, a sus anchas, y la delincuente hebrea se pasea por todo el país y sale al extranjero, siempre burlándose claramente del sistema judicial de esta nación. Nunca fue llevada a los tribunales en las famosas “perreras” del OIJ, con un séquito de motociclistas de la policía, aullando con sus sirenas, para despertar a la población aletargada y no se perdiera el horrendo espectáculo. Por el contrario, siempre llegó elegantemente vestida, acompañada por su abogado y sus leales, esbozando esa cínica sonrisa que la ha hecho famosa en los últimos tiempos.
Lo anterior sólo significa que el OIJ, sus directores, eligen a quiénes humillar y las razones por las cuales (siempre ocultas), deben tirar por los suelos a esas personas de cara a la opinión pública. Lo sucedido recientemente con la presidenta ejecutiva de la CCSS, nos recuerda aquellos días de la Revolución Francesa (de 1789 a 1799), cuando los ciudadanos comunes se agolpaban en las calles de París ante el paso de carretones, siempre descubiertos, en los que llevaban a los aristócratas para cortarles sus cabezas en la guillotina, mientras ese mismo pueblo gritaba exaltado y exultante, ante la sangre que salpicaba de aquel filoso instrumento. Y aquel horroroso espectáculo gustó tanto a las masas, que acabó por salirse de las manos a sus dirigentes, hasta que fueron llevados ellos mismos al patíbulo para ser guillotinados. Sino recordemos la muerte de Maximilien Roberspierre, el máximo gestor de la gran revuelta contra la clase gobernante, quien no se pudo librar él mismo del “monstruo” que había creado. “Pan y circo”, decían los romanos, siglos atrás. Y es que el gran populacho sólo necesita esas dos cosas para estar conforme: la comida diaria en su mesa y el fútbol de mitad y fin de semana. Lo demás… no viene al caso.
Retornando al hilo de nuestro relato, el traslado de la señora presidenta ejecutiva de la Caja Costarricense del Seguro Social, doña Marta Eugenia Esquivel, en la consabida “perrera” que sirve para trasladar a los gamberros que asesinan y venden droga en las calles de la Capital, nos recuerda aquellos lejanos años cuando en Francia, propiamente en París, el pueblo gritaba entusiasmado cada vez que una cabeza de algún Príncipe o un gentilhombre caía al sesto, depositado al pie de la guillotina. Un espectáculo digno de un vampiro, de un ser sediento de sangre y al que le gusta congraciarse con el sufrimiento humano ajeno. Indudablemente, el ser humano no ha cambiado nada desde entonces: sigue siendo sádico, deshumanizado, amante de las emociones fortísimas y muy bajas y deseoso de hacer el mal, a pesar del cristianismo que existe y que lo incita a ver los valores que actualmente parecen trasnochados y en claro desuso.
Y lo peor radica en que las mismas autoridades judiciales, en este caso el fiscal general, algunos jueces, el director del OIJ y la mismísima policía judicial, el OIJ, están incentivando al aumento de la deshumanización generalizada, están garantizándole al gran populacho su “espectáculo callejero de cada día” y que pierda lo poco de sensible que podría tener. Después, entre tragos de cerveza o aguardiente, comentarán lo acontecido, entre risas, críticas agrias y con el resentimiento social a flor de piel. Eso justamente son antivalores que las autoridades, supuestamente encargadas de impartir la justicia, están incentivando, aumentando y consolidando en el espíritu general de una población que cada día se ve reducida en su formación integral, porque el sistema así se lo impone.
Mala imagen para Costa Rica. Principalmente para un país que se precia de ser la democracia más antigua y sólida de América Latina y que se preocupa muchísimo por la imagen de cara al mundo que éste pueda evidenciar. Pero esa imagen cada vez está más desvirtuada y de un feo “color marrón”, que no es otra cosa que una mancha que costará mucho lavarla o erradicarla por completo.
Y el tema adquiere mayor profundidad y asco, cuando recordamos que el supuesto delito que se le atribuye a la Sra. Esquivel, no existe y el asunto, el contrato con las cooperativas, no está en marcha, sino que yace en la Contraloría General de la República, órgano oficial que podrá darle curso legal o desecharlo, según sea su veredicto final. Es decir, todo esto ha sido un “linchamiento” público, al mejor estilo del OIJ. Nada más.
Un Mundo en Llamas
Cuando se produjo el desplome o la desaparición definitiva de la Unión Soviética, a todas luces el “imperio del mal” que sembraba el terror y la discordia en el mundo, creímos, ingenuamente, que seguirían muchos años más, décadas enteras, de paz, comprensión y hermandad, si se quiere, en un mundo que dejaba de ser bipolar, para convertirse en “unipolar”, con los Estados Unidos como única potencia en el concierto de las naciones.
Pero nos equivocamos. Porque si en una casa infestada de plagas, de insectos miserables y reproductores de enfermedades, no se combaten hasta exterminarlos, de nada valdrá que pintemos nuestro hogar, lo embellezcamos por dentro y por fuera, si esas cucarachas, zancudos palúdicos y demás alimañas siguen conviviendo con nosotros y nos atacan desde sus escondrijos. Y eso justamente sucedió con la desaparición de la URSS con sus líderes avejentados, anquilosados y con sus cerebros llenos de dominación mundial, expansionismo de la ideología marxista-leninista y con el terrorismo sanguinario en sus acciones más inmediatas. Porque donde creímos ver el surgimiento de un Sol de libertad, justicia, armonía, respeto multilateral e intercambio de conocimientos, virtuosismo y filosofía humanista, no se habían extinguido aquellos individuos que habían causado centenas de actos infames en contra de sus congéneres.
Más claros todavía, en la Rusia que pretendía abrirse a la economía de mercado y a la supuesta democracia al mejor estilo Occidental, subsistía un individuo como Vladímir Putin, calladamente y escondido entre las ruinas de lo que una vez fue la URSS que él siempre amó, respetó, admiró y sirvió desde el corazón de la temida KGB o policía secreta del régimen soviético. Aquel ruso nacido en San Petersburgo, la que fue la elegante y europeizada Capital de los Zares Romanov, sólo necesitaba el empuje, el espaldarazo en la política, que le llegó a los pocos años de haber dejado definitivamente a la desaparecida Alemania Oriental, aquel satélite que sirvió tan fielmente a la Unión Soviética. Putin había trabajado mucho tiempo en la sede de la KGB en “la otra” Alemania y había regresado a Moscú, donde su amigo Boris Yeltsin le tendió su mano y lo llevó en calidad de asesor, al Kremlin, centro del poder en la Rusia que se debatía y subsistía entre los escombros ideológicos y sociales del final de la URSS.
Y Putin subió y subió como la espuma dentro de la nomenklatura política, hasta atrapar todo el poder para sí y algunos de sus más cercanos colaboradores. Pronto se dio a conocer como un nostálgico del anterior poderío militar que tenía la Unión Soviética y comenzó a dar pasos en ese sentido; es decir, deshacerse de los pertrechos y el material de guerra anticuado, para resarcir al país de un nuevo ejército con nuevo armamento y llevar a “la nueva Rusia” por el sendero del rearme, hasta convertirla nuevamente en potencia mundial. Y Putin mismo lo creyó, hasta albergar y difundir incansablemente la idea y la imagen de que Rusia tenía al segundo ejército más poderoso
de la Tierra, solo superado por el Pentágono estadounidense y por encima del chino, el británico y el francés. Las consecutivas derrotas en las llanuras de Ucrania, han sacado a millones de seres humanos que así lo creíamos, de nuestro error, porque no hay tal segundo mejor ejército en Rusia, sino una cantidad enorme de pésimos soldados que “caen como moscas” por causa de los drones ucranianos; y sus vehículos blindados son un total engaño, una mentira de proporciones hiperbólicas o exageradas.
En todo caso, el advenimiento de Putin en el poder en Rusia; de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela; Donald Trump en los Estados Unidos; Benjamín Netanyahu en Israel; los talibanes en Afganistán; Xi Jinping en China; Daniel Ortega en Nicaragua; y otros más con semblantes de dictadores sanguinarios, solo han servido para demostrarnos cuán equivocados estábamos en el sentido de que el mundo iba a ser mejor con el derrumbe soviético. Porque el mundo está nuevamente en llamas. Los focos donde nacen las guerras, los conflictos interhumanos y el sufrimiento con toda su intensidad, no se han aplacado y, por el contrario, parecen haber reaparecido con mayor fuerza que durante la existencia del mundo bipolar.
Cuando no nos equivocamos, basados en las evidencias otorgadas por los acontecimientos históricos y actuales, es en el momento cuando afirmamos que esta sangría global, estas guerras entre hermanos de la especie humana, solo son propias de seres que no tienen afinidad con la paz, con la comprensión y que prefieren el dolor a la convivencia sana y armoniosa entre los pueblos.
Incluso, en medio de la “guerra fría” entre soviéticos y estadounidenses, no habíamos observado con tanta claridad y a plena luz del día, un genocidio tan abierto, tan a la vista del resto del mundo, como el que los israelitas están efectuando con el pueblo palestino, al que están aniquilando, asesinando a diario a no menos de 150 personas, a madres, niños pequeños, mujeres embarazadas, ancianos, médicos, funcionarios extranjeros de las ONG y a todo aquel que no sea israelita y esté ubicado en la mira de un lanzamisiles o de un rifle de los saldados judíos.
Es un mundo en llamas: con guerra en Ucrania, con fuerte tensión bélica en el Mar de China, entre taiwaneses y chinos continentales; en las profundidades del África, en Oriente Próximo y en los disparos de algunos alienados en edificios y calles de los Estados Unidos, con esas masacres citadinas que se suscitan de vez en vez y donde mueren tantos inocentes como los culpables de accionar sus armas.
Sí, nos equivocamos: no hubo paz después de la “guerra fría.”
Tres Temas:
Desde la Actitud Engreída y Fatua del Presidente de España, Pedro Sánchez, Pasando por el Debate Presidencial en los Estados Unidos, Hasta los Destrozos Causados a Los Rusos en Ucrania
*-- Edmundo González Urrutia, el candidato ganador en las últimas elecciones venezolanas y quien fue despojado de ese triunfo por la dictadura chavista que encabeza Nicolás Maduro, se exilió en España; o mejor dicho, regresó a España donde ya vivía desde que su amiga y socia en estos entresijos de la política, María Corina Machado, lo llamó para que prestara su nombre para figurar como postulante a la presidencia de Venezuela. El caso es que fue recibido en La Moncloa, sede del gobierno español, por el histriónico (por no decirle claramente payaso), Pedro Sánchez, el fatuo presidente ibérico, en los jardines, sin corbata y con una actitud distante, frívola y totalmente desapegada del protocolo que se supone merece el ex candidato de la democracia venezolana. ¿Qué pretendía Sánchez con esa actitud y apariencia? Primero, restarle importancia al visitante, porque viene de un país latinoamericano, “menos que cualquier otro europeo o menos que España misma;” y segundo, enviarle un mensaje silente (sin palabras) a los dictadores en Venezuela, quienes amenazaron con romper relaciones de todo tipo con España, que Edmundo González “no significa tanto para el gobierno español y sólo se trata de un visitante más al palacio de gobierno.” Fuere lo que fuere, la actitud de Pedro Sánchez fue una bofetada a un pobre hombre entrado en años, que no está para ser usado en la política ni en ninguna otra actividad y mucho menos ser minimizado por un individuo como Sánchez, quien está en La Moncloa, gracias a los pactos espurios que logró con los catalanes en fuga (con el delincuente Carles Puigdemont, principalmente, y con Ezquerra republicana), tras haber perdido los comicios nacionales a principios de este año, con el Partido Popular (PP), que no pudo formar gobierno, justamente para no pactar con sediciosos y gentuza al margen de las leyes. Menuda ofensa para quien se dice ganador de las elecciones en Venezuela. ¡Pobre Edmundo! ¡A sus años sufriendo esta clase de vejámenes, de parte de gentes que no lo superan ni moral ni socialmente, como lo es Pedro Sánchez!
*-- Otro tema: el debate de los dos candidatos en los Estados Unidos, la señora Kamala Harris y el siempre venenoso y analfabeto Donald Trump, se llevó a cabo, organizado por la cadena televisiva ABC. Sobradamente, ganó la señora de raza negra, hija de un jamaiquino negro, bien negro, como lo son los habitantes de la isla de Jamaica, cuna de impresionantes y grandes atletas; y de una mujer de tez oscura, morena o trigueña, oriunda de la India. Por lo tanto, Kamala es todo lo que el racista Trump detesta: es negra e hija de inmigrantes, de esos que él tanto critica, combate y dice que comen perros y gatos en Springfiel, desatando las burlas en las redes sociales y en todo sitio donde se comenta esta estupidez dicha por Trump.
Para aquellos que albergaban algún tipo de admiración por Donald Trump, durante este debate quedó desnudada su nula intelectualidad y su corazón negro, que se mueve solamente empujado por el supuesto poder que le da su supuesta riqueza, aunque hay quienes aseguran en los Estados Unidos que está ahogado en deudas y sumido en la quiebra financiera. Y el simple hecho de pagar los honorarios a sus abogados, representa un gasto descomunal de dinero que, muy posiblemente, sacará de las arcas del Partido Republicano o de las donaciones que ya ha pedido abierta, clara y descaradamente por su red social Truth. Desgraciadamente, en paralelo a la ineptitud y salvajismo cavernario de Donald Trump, también ha quedado al descubierto la otra mitad del pueblo estadounidense que lo apoya: solo a un pueblo imbécil y embobado, se le ocurriría apoyar a semejante tiranosaurio enloquecido que muerde aquí y allá, sin saber por qué, para qué y a quiénes. Pero esa es la realidad de los Estados Unidos, cuya ciudadanía pasa por una decadencia impresionante y la manifiesta situándose detrás de un candidato como Trump, quien ha perdido todos los juicios –incontables procesos judiciales-, y que a todas luces es un delincuente defraudador del fisco, azuzador de las masas de gamberros, agresor y violador de las mujeres y cliente regular de las prostitutas, a espaldas de su esposa Melania y su hijo Barron. Todo eso quedó al descubierto durante el debate que él perdió y que venía observándose paulatinamente, desde hace tiempo atrás.
*-- El ejército ruso es una mentira. “No hay tal culebra de pelo”, como dice el refrán popular, porque las palizas diarias que los ucranianos dan a los rusos en los campos de batalla, han demostrado que las armazones de los tanques invasores y demás blindados, son solamente chatarra para que se exhiba a la vera de las carreteras de Ucrania, oxidada y destruida por los misiles y drones que usan los soldados de Ucrania en defensa de la patria. Y la invasión de este mismo ejército a Rusia, hasta llegar a la conquista de Kursk, en las planicies rusas, ha puesto en entredicho la capacidad de los rusos para defender a su propio territorio. ¡Los ucranianos se han introducido cientos de kilómetros adentro de Rusia, sin ninguna oposición armada de parte de la supuesta segunda mejor armada del mundo, después de la estadounidense! Según alardeaban lo rusos en sus desfiles militares, antes de la invasión a suelo ucraniano.
Así va el derrotero diario en este planeta tan dispar y que no termina de hallar la sensatez y la convivencia pacífica, respetuosa y cordial entre las naciones.
La Descomposición de una Sociedad o de
un Pueblo, se Nota en los Rasgos
de sus Políticos
En la Costa Rica de las décadas de los 70s, 80s y 90s y todavía en el nuevo milenio, los políticos o los individuos que se aventuraban a participar en los procesos electorales con sus respectivos partidos, tenían ciertos rasgos exógenos (en su apariencia externa) y en los endógenos (en su interior), que los hacían notorios (nó notables, que se entiendan ambos términos, por favor). La mayoría de ellos utilizaban la política para saciar sus ambiciones personales y adquirir riqueza mediante una corrupción no tan abierta como lo es actualmente, sino por medio de ardides y siempre solían salir airosos cuando no eran siquiera acusados de nada ante los tribunales de justicia.
Esos políticos de aquellos años, en resumen, tenían cierto “donaire” que ante el pueblo llano, el “ciudadano de a pie”, los hacían ver respetuosos incluso. Engañaban con sus apariencias, por supuesto. Y les añadían los apellidos, un cierto abolengo –que desde luego era inventado, aumentado o exagerado por ellos mismos y por sus asesores bien llamados de manera peyorativa, “chupa-medias”-, y con esos “aderezos” la imagen estaba lista para asaltar al poder, mediante el engaño demagógico a los votantes.
Los habían en Costa Rica, en la fauna política, de todos tamaños y colores: gordísimos, con apellidos italianos, arrogantísimos, verborreícos casi todos ellos, delgados, “pagados de sí mismos”, aquellos que se creían “la quinta esencia del Universo”, algunos pocos bien parecidos o con cierto atractivo y otros, decidida y manifiestamente horrendos o feos. Pero el común denominador de todos ellos, era precisamente el orgullo, la fatuidad, ese creerse que nacieron para ser líderes de un país, conducirlo y lograr esa performance que solo ellos podían alcanzar. También tenían en común la arteria de la corrupción, la negligencia, la poca capacidad digerencial y el despilfarro de los bienes Estatales, que llevaron a Costa Rica a la crisis socio-económica que el país sufre hoy en día. Aquí, en este punto específico, hay que hacer énfasis en que el legado delincuencial que se puede observar en las calles de los barrios, con el auge y las matanzas hechas por la delincuencia, es eso justamente… un legado de aquellos pésimos presidentes y sus ministros de Justicia y Seguridad Pública, entre los que habían ebrios congénitos y que, al final de sus recorridos políticos, se pensionaron con mensualidades que sobrepasan los 5 millones de colones (moneda costarricense). Costa Rica, en tal sentido, no tenía otro camino que descender a los infiernos, tal y como se está viendo en estos momentos, con una sociedad aterrorizada por el sicariato en las calles y los corruptos en los gobiernos.
La descripción anterior se refiere a épocas retrospectivas, según hemos subrayado. Pero en la actualidad, los aspirantes a altos cargos gubernamentales y claramente, a la presidencia de la República, acusan rasgos bastante deplorables, que no se diferencian en modo alguno del grosor compuesto por el hombre vulgar, de ese que puebla las calles y conforma lo que se llama también vulgarmente “la gran chusma” o la caballa que en Europa bajó del poder a la aristocracia y la exterminó en parte, en las guillotinas. Un ejemplo de estos, es el politicastro Luis Amador, un individuo que tiene un “anti-carisma”, ya que su apariencia física y más todavía, facial, invita al votante, en especial al sexo femenino, a volver su rostro al lado contrario y desdeñarlo para no darle su voto. El individuo es feo, realmente feo. Y para colmo de ridiculez, él se cree el non plus ultra, el ser más inteligente de Costa Rica y de las naciones circunvecinas; y en el momento cuando habla, hace un derroche de verborrea, cuya intención es impresionar a quienes les escuchan.
Llegó a la política recientemente cuando el actual presidente, Rodrigo Chaves, lo nombró ministro de Obras Públicas y Transportes; pero una madrugada, el feo Luis Amador salió como una exhalación por el aeropuerto internacional con destino a Canadá, un día después de que su jefe Chaves le solicitara su renuncia al cargo, del que salió por la puerta chica, al descubrírsele ciertos movimientos en su Cartera, reñidos con la honradez, la dignidad y la honorabilidad. Esa misma madrugada, en una de las salas del aeropuerto, la policía judicial, el famoso OIJ, le estaba esperando y le quitó celulares y su computadora portátil, para investigar qué clase de mensajes e indicios varios podía tener en esos aparatos. Mismos que ahora forman parte de la investigación que se le sigue a Amador, por su comportamiento al frente del ministerio que tuvo a su cargo.
Pero luego vendría lo más sorprendente: fiel a su orgullo mal cimentado, a su fatuidad congénita, Luis Amador envió un mensaje al pueblo costarricense desde su refugio en Canadá: “regresaré para convertirme en presidente de todos ustedes.” Dijo así como se lee y no requiere interpretación alguna, más allá de su autoengaño y de su arrogancia, muy propia de los políticos de este país, más cercanos a la vulgaridad cotidiana y callejera, que a la distinción que esa actividad debería tener.
Trató en enrolarse en el Partido Unidad Socialcristiana (PUSC), para utilizarlo como vehículo para ser candidato a la presidencia; pero lo acaban de vetar de allí en “las primeras de tanteo.” Hoy, este personajillo característico de estos tiempos, no tiene plataforma alguna y tendrá que idear un plan que lo lleve a saciar su narcisismo (porque se cree una belleza de hombre), y sus afanes de protagonismo. Ese es el grueso dilema que tiene este costarricense, digno representante de un pueblo que está en franca decadencia, que, además de haber perdido sus valores esenciales, ha perdido su rumbo y hasta su identidad. No tenemos la menor duda: la descomposición de la sociedad actual, se nota en los rasgos de sus políticos. Punto.
Según se Perfilan los Acontecimientos,
Kamala Harris Ganará las Próximas
Elecciones de los Estados Unidos,
Perooooooooooo…
¿Qué Sucederá con Donald Trump?
Las encuestas hechas en esta nación después de que el presidente Joe Biden anunció su retiro de la candidatura con vistas a los próximos comicios, le han dado el espaldarazo a Kamala Harris, la nueva candidata por el Partido Demócrata, un punto porcentual por encima de Donald Trump. Si aplicáramos la justicia y la lógica que debería imperar en todas las cosas de este mundo, Harris debería ir adelante del cuasi-analfabeto Trump, por más de 15 puntos porcentuales, tomando en cuenta su carisma, su inteligencia, el hecho de que es mujer, su color cobrizo, su experiencia profesional y humana y su innegable humanismo que se le sale por todos los poros de su cuerpo. Mientras Trump es poco menos que un dinosaurio herido, viejo, desdentado y maloliente que tiene al intestino grueso conectado con su esófago, garganta y boca y por eso solo materia fecal suele escupir por su horrenda bocaza. Es la calidad de Kamala Harris versus la violencia incendiaria de Donald Trump. Pero en cuestiones políticas y según se han ido presentando los avatares en los Estados Unidos, la lógica aquí no existe, se hace trizas frente a los sucesos y con base en ello, Kamala solo lo aventaja en un punto. Mal para quienes queremos ver una paliza sin contemplaciones al republicano Trump. En este sórdido caso nos preguntamos, ¿Dónde estás los votantes inteligentes dentro del Partido Republicano; dónde están sus líderes pensantes? Porque ese apoyo que tienen hacia Trump, “no tiene ni pies de cabeza”. Sólo a un descerebrado se le ocurriría apoyar a semejante individuo, que debería estar en una celda de una penitenciaría, debido a sus excesos y reiteradas violaciones de las leyes estadounidenses y nunca luchando por el máximo puesto en este país, cual es la presidencia de la nación.
En todo caso, si las cosas siguen perfilándose del modo en que lo van haciendo hasta el momento, Kamala Harris será la vencedora en estas próximas elecciones y dejaría a Donald Trump “tendido en la cuneta” y en estado mental y anímico muy grave, verdaderamente grave, más todavía cuando conocemos su estructura psíquica –demencial por demás o esquizoide-, que no tolera los fallos, los yerros y mucho menos las derrotas. Incluso, ya lo vimos cuando Joe Biden lo venció inobjeta y claramente en los pasados comicios, cuando la bocaza de Trump comenzó a delirar y a asegurar que le habían robado las elecciones y lanzó a las hordas, compuestas por la peor gente que existe en los Estados Unidos, contra el edificio de El Capitolio, donde pidió que encontraran a su entonces vicepresidente Mike Pence, y lo asesinaran. Porque eso exigió el cavernícola Trump, nada menos que la muerte de su ex compañero en la Casa Blanca. Gracias a Dios, este hombre con aspecto de gentleman a la inglesa, pudo escapar por uno de los pasillos secretos de El Capitolio y así salvó su vida. Todo porque Donald Trump quería que Pence dijera que él había sido el ganador de los comicios y nunca el demócrata.
Aparte de lo anterior, algunas personas murieron en el interior del edificio, entre guardias de seguridad y gentes invasoras azuzadas por Trump. Y en esos hechos, el troglodita Trump tiene la culpa “intelectual” por haber provocado, en principio, la batalla campal que allí se dio y por esos crímenes. Pero la “justicia” de los Estados Unidos nunca ha contemplado tal culpa del republicano menos ortodoxo que ha habido en ese partido político.
¡Bien! Fundamentados en los acontecimientos pasados, es muy posible que una nueva derrota de Donald Trump será imposible de asimilar para ese fantoche de los negocios inmobiliarios y hay amplios y profundos conocedores de la realidad de los Estados Unidos, quienes aseguran que Trump podría causar una guerra civil en esta potencia mundial. ¿Inconcebible? Ya no tanto. Más aún si conocemos la naturaleza y la esquizofrenia que dominan en el alma, la mente y los sentimientos de Trump. Con él y por él, es posible cualquier calamidad a su alrededor. Otros, prefieren que él gane, pero temen que quiera perpetuarse en el poder y que, al cabo de sus cuatro nuevos años de administración, no quiera dejar la Casa Blanca y se convierta en “el Putin estadounidense”, también de acuerdo a su horrorosa personalidad que solo desgracias emite, crea y esparce allí por donde vaya y esté.
Por supuesto que lo mejor que le puede pasar a los Estados Unidos y su pueblo, es que Trump envejezca –todavía más-, y que el deterioro de sus facultades físicas le impida causar desórdenes, aunque su “mayor poder” o su hándicap está en su lengua mordaz, agresiva, violenta y capaz de incendiar la realidad social de su país, tan solo al proferir unos cuantos insultos, que son tan característicos en él y solamente en él. Entonces, su desaparición completa del tinglado político estadounidense, sería lo mejor para todos.
Lo cierto es que, echando unas dos décadas atrás nuestra memoria, si en esa época nos hubieran descrito a Trump y todo lo que es capaz de hacer en detrimento de las sociedades de un país, le hubiéramos respondido: “¡Usted delira, usted no está en sus cabales! Porque un individuo como el que usted describe, es impensable en la gran potencia norteamericana.” Pero allí está. Existe. Es nefasto y se llama Donald Trump, un ganster de nuestro tiempo, capaz de cualquier maldad hasta hacerle el amor a su propia hija, Ivanka. Algo que él mismo ha sopesado y dicho públicamente. Así… tal bastardo.
Nicolás Maduro y Venezuela: Hasta que la Muerte los Separe
“El código de justicia” -si el término cabe en este caso-, que manejan los países Occidentales o las potencias del momento, es bastante injusto, de acuerdo a lo que nos han dejado ver desde tiempos trasanteriores, a lo largo de la historia. ¿En qué consiste? Fácil: si a países como Inglaterra, Francia e Israel, les atacan, entonces sus aliados irrestrictos corren en su ayuda y esos son, invariablemente, los Estados Unidos. O viceversa: si atacasen a los estadounidenses –recordemos la voladura del Trade World Center o Torres Gemelas-, entonces sus amiguetes acuden prestos a servirle. Recordemos también la invasión de Afganistán, para capturar a Osama bin-Laden.
Pero si es otra nación, africana, asiática, latinoamericana o que no tenga importancia económica para el mundo occidental, entonces nadie acudirá en su ayuda, aunque sus respectivos pueblos estén sufriendo las peores vicisitudes. Los ejemplos de la tiranía castrista en Cuba, a pocas millas náuticas de la costa sur-este de los Estados Unidos, la de Nicaragua y ahora la de Venezuela, ilustran apropiadamente lo que estamos afirmando. ¿Cómo es posible que los ex presidentes estadounidenses prefirieran volver sus rostros al lado contrario, para no observar el sufrimiento del pueblo cubano, debatiéndose, entre la miseria material, espiritual, el hambre, los casi nulos salarios, las escasas oportunidades de progreso (por no decir ninguna) y la falta de libertades en todos los aspectos? Para los que no son muy versados en cuestiones políticas, esa actitud desinteresada e indiferente de parte de los gobiernos de los Estados Unidos, desde 1959, año de la caída de Fulgencio Batista, hasta nuestros días, no tiene una explicación aparentemente racional. En principio porque los satélites espías norteamericanos y los propios espías en “el terreno”, todo lo consignan y la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca, saben que en el interior de Cuba se llevan a cabo las peores violaciones de los derechos humanos a diario y sin contemplaciones, al estilo estalinista que fue el adoptado por el régimen instaurado por los hermanos Fidel y Raúl Castro, desde que se hicieron con el poder en la isla.
Pero Cuba, ni Nicaragua, ni Venezuela, aunque esté exportando cocaína en cantidades industriales para que los jóvenes estadounidenses drogadictos se llenen sus narices con el “polvo blanco,” no pertenecen a esa reducida élite de las naciones y pueblos que “merecen” ser defendidos y liberados de las garras de las tiranías. No son ingleses, ni franceses, ni israelíes… son simplemente antillanos, centroamericanos y suramericanos con piel cobriza, con rasgos indígenas e improductivos para los intereses financieros de las grandes potencias. Que Venezuela produce petróleo… es cierto, pero extrañamente a los “gringos” eso parece no desvelarlos en absoluto y por esa razón no actúan para liberar al pueblo venezolano del cártel de los soles, que es el que gobierna (o desgobierna, para ser más exactos), a Venezuela.
Estas reflexiones, que más bien son un repaso por el pasado reciente de estos países, para adentrarnos en la realidad actual venezolana, donde sabemos todos quienes lo hemos visto, que allí se hizo un fraude de dimensiones colosales, en el proceso electoral que acaba de darse en esta nación. Y lo sabe la Casa Blanca, lo saben en Londres y París, pero se han circunscrito únicamente a “berrear” (quejarse, aparentando cierta amargura), por la usurpación de la verdad y la honestidad que ha hecho el dictador Nicolás Maduro y su camarilla de narcotraficantes, llamados Vladímir Padrino, Diosdado Cabello y otros más, que son componentes de ese horrendo círculo de delincuentes que se han hecho con el poder en ese país.
Lo que está haciendo actualmente el dictador criminal de Venezuela, el conductor de autobús, Nicolás Maduro, es esperar pacientemente hasta que la comunidad internacional deje de quejarse por su fraude electoral y continuar después, tranquilamente, en el Palacio de Miraflores hasta que “la muerte lo separe” de la dictadura que encabeza y que tiene a los venezolanos huyendo de su patria, cruzando por “el Tapón del Darién”, sitio donde han muerto decenas de inmigrantes y ahora está vedado, debido a un convenio bilateral entre los gobiernos de los Estados Unidos y de Panamá.
Y quienes esperaron ingenuamente que Joe Biden ordenara a su ejército, precedido de una fama histórica de “libertador”, para que tirara de su dictadura a Maduro, pecaron de eso precisamente… de ingenuos. Porque Venezuela y su sufrido pueblo no pertenecen “a la élite”, al reducido grupo de naciones que SÍ interesan a Washington, Londres y París. Recordemos que en la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se involucraron contra Hitler, primeramente por el ataque a Pearl Harbor por parte de los japoneses, y después por los bombardeos alemanes a Inglaterra. De lo contrario, hoy mismo estaríamos todos hablando alemán, debido al muy posible triunfo germano en esa guerra. Entonces dejémonos de falsas esperanzas, de ilusiones de adolescentes, que Nicaragua, Cuba y Venezuela no significan nada “en el ideario” estadounidense, son “repúblicas bananeras”, que no producen gran cosa y el petróleo venezolano ha sido sustituido hace tiempo por el saudí para abastecer al mundo Occidental y por lo tanto, no representa una preocupación, ni leve siquiera, para los norteamericanos, el hecho de que haya una dictadura feroz, asesina y abiertamente descarada en su antidemocracia, y por ello no es menester que envíen ni a un solo espía de la CIA a observar lo que ahí ocurre.
Es por esa razón que debemos quitarnos la venda de los ojos y decir que habrá Nicolás Maduro para rato… “hasta que la muerte lo separe” del pueblo que esclaviza y asesina a diario, porque ninguna potencia acudirá a liberar a esa gente, así sea asesinada en masa en los próximos años. ¡A otra cosa! Porque esa es una espera inútil.
Los Judíos Involucran al Mundo en sus Rencillas, Odios y Guerras, Después de Haber Encendido los Conflictos
Recientemente, invadieron el territorio iraní y en plena Capital de este país, Teherán, asesinaron a un líder del grupo palestino Hamás; lo mismo han hecho en Líbano y en otras naciones de Oriente Próximo, África e incluso Europa. Antes de ese asesinato, han estado masacrando todos los días a la población de la Franja de Gaza, mientras los colonos judíos arrebatan las tierras a los mismos palestinos en Cisjordania y hacen caso omiso a los mandatos de la ONU, que les han ordenado devolver esas tierras que no les pertenecen y han robado impunemente.
Después de haber asesinado al importante dirigente de Hamás en Teherán, después de haber violado el territorio ajeno de un país que representa un verdadero peligro para Israel y sus judíos, claman por la ayuda de las potencias occidentales para que los defiendan de un eventual y futuro contraataque iraní. Es decir, luego de haber creado la enorme tensión que tiene a los propios judíos en Tel Aviv y otras ciudades israelíes “con el corazón en la boca”, por el temor que les despierta una guerra directa con Irán, tratan de involucrar a otras naciones que nada tienen que ver en ese conflicto que solo en las mentes beligerantes y agresivas de los judíos pre-existe y existe.
Con todo el descaro por el odio despertado en los iraníes y demás grupos musulmanes, el ministro judío de Relaciones Exteriores, Yisrael Katz, les dijo a sus colegas francés e inglés que espera la ayuda de sus respectivos gobiernos cuando los iraníes lancen sus ataques contra Israel. Lo cual significa que los quiere involucrar en una guerra que sería, a no dudar, a gran escala en la región y que se cobrará miles de vidas (sino millones) y todo por culpa de los judíos o israelíes que han encendido “el polvorín” que está a punto de explotar. Tanto Stépheane Sjournat, de Francia, como David Lammy, de Inglaterra, lo escucharon en una visita reciente que Katz hizo a ambas naciones europeas y siempre con la misma “cara de ángel” que ponen los judíos y sus argumentos de “eternas víctimas” de la maldad de la humanidad, asumiendo el papel de perseguidos, cocinados en hornos nazis y del “pueblo elegido por Dios que despierta las envidias y los odios en el resto de la humanidad” y por esas razones (sin razón), las potencias de Europa tienen la obligación irrenunciable e ineludible de defenderlos, porque es “una obligación moral de esas naciones” ponerse al lado del “pueblo más amado por Dios,” según la verborrea y las fantasías acuñadas por siglos por los judíos y ampliamente difundidas.
Las palabras descaradas y desvergonzadas dichas por Katz en París y Londres, fueron estas textualmente: “Dejé claro –nótese el tono autoritario que utilizó, como si fuera una obligación defender a los guerreristas de Israel-, a los Ministros de Asuntos Exteriores de Francia e Inglaterra: si Irán ataca, Israel espera que la coalición internacional encabezada por los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, se una a Israel no sólo en la defensa sino también en el ataque. Es el descaro judío, después de haber provocado la ira del mundo islámico en toda su magnitud y jugando al estratega militar, Katz agregó: “Si Irán no detiene la agresión directa e indirecta contra Israel, pagará un alto precio –nótese la amenaza de aniquilación de Irán y su pueblo que este sujeto ha lanzado-, en el campo estratégico y en el económico. Esta es la única oportunidad de evitar una guerra total.” Profetizó el enviado del genocida hebreo Benjamín Netanyahu.
En otro semblante del conflicto, los israelíes no solo quieren que esas naciones “pongan la carne de cañón” para defender a un pueblo que no merece ser defendido, como es el judío, conflictivo desde el inicio de su existencia, y que ha estado masacrando y aniquilando a los civiles palestinos desde octubre pasado, y lo peor se fundamenta en que esa aniquilación la está llevando a cabo ante las miradas del mundo entero, sin que sientan el menor remordimiento, ya que los israelíes consideran a los palestinos una “raza inferior” que no merece consideración alguna y mucho menos tienen derecho a existir. Así según palabras reiterativas expresadas por dirigentes judíos, dichas a través del tiempo.
En lo que estriba a los Estados Unidos y sus constantes intervenciones militares a favor de Israel, se sobreentienden, debido a la enorme cantidad de judíos que militan en los dos partidos mayoritarios estadounidenses, el Republicano y el Demócrata, y la permanencia de esos mismos hebreos en el Congreso y el Senado de esa potencia, motivo por el cual la Casa Blanca se ve presionada a inmiscuirse en cuanta guerra provoquen los israelíes, poniendo las vidas de miles de soldados norteamericanos en peligro, sólo para satisfacer las ansias de sangre, muerte y conflictos que tanto gustan a los hebreos. Y es que cada quien, cada pueblo, cada país, tiene que asumir su propia carga de responsabilidad por los desmanes y problemas causados por sus dirigentes; lo cual significa que si Israel invadió el espacio aéreo de Irán para asesinar a un dirigente de Hamás -lo mismo que a personal diplomático iraní en Damasco, Siria, hace pocos meses-, son los israelíes los que tienen que asumir las culpas y las consecuencias de dichos actos criminales. Porque el resto del mundo, de la humanidad, no está en la obligación de defender a una raza, a un pueblo, que se deslinda de los demás seres humanos, porque se considera el “pueblo elegido por Dios” y demás argumentos fantasiosos y fuera de toda lógica y racionalidad y mira a las otras naciones con el desprecio y la prepotencia racista y financiera que ha caracterizado a los judíos desde el principio de su existencia.
Si el Elíseo y Downing Street deciden cerrar filas con Israel en una guerra que no les compete, sería poco inteligente de parte de esos dos gobiernos al enviar a sus soldados a morir por otra gente que no vale la pena; y deberían dejar que sean los israelíes los que se coman solos todos esos misiles que les caerán encima desde Irán.
Los Mossos d’Esquadra y Toda la Policía Española son el Hazmerreír del
Mundo Entero
¡Dios proteja a España de un atentado terrorista fulminante y a gran escala, como los ocurridos en París, Francia, o en Alemania! Porque la policía española no estaría preparada, y en particular la de Cataluña, los famosos Mossos d’Esquadra, para repeler un ataque de tal magnitud, llevado a efecto por terroristas internacionales y perfectamente entrenados para tal hecho. Y nos remitimos a lo sucedido recientemente, hace pocos días, en Barcelona, la Capital de Cataluña, cuando el prófugo de la justicia, Carles Puigdemont, regresó a esa ciudad con previo aviso a las autoridades (¡!), llegó hasta la tarima de los oradores frente al Parlamento catalán, pronunció un encendido y corto discurso en el que despotricó contra España y sus Instituciones, se bajó solito de aquel sitio y desapareció como por arte de magia, al mejor estilo de un ilusionista de principios del Siglo XX, el Siglo pasado.
Nadie intentó detenerlo. La policía, los famosísimos Mossos, que más bien parecen individuos que actúan de “extras” en una película de acción, quizás las de James Bond, lo escucharon complacidos, pues muchos de esos oficiales simpatizan con el separatismo que canturrea a diario Puigdemont, lo observaron gesticulando con ademanes amenazadores y después lo dejaron marcharse. Incluso, uno de ellos le facilitó el automóvil personal, para que Puigdemont se escondiera en la parte posterior, en el maletero o cajuela, del mismo modo como hizo la primera vez para marcharse de Cataluña hacia el exilio en Bélgica, cuando la policía española lo buscaba para encarcelarlo. Pero se escapó así, sin más ni más, con una facilidad pasmosa, que cualquier delincuente consabido y curtido quisiera manejar para sí mismo y aplicar ese método cada vez que los uniformados quieran detenerlo.
Con esa complacencia, con esa ineficacia, con esa negligencia, con esa soporífera manera de hacer valer la justicia, los Mossos o policía de Cataluña, no deberían siquiera existir como cuerpo policial. ¡Dios los libre a los catalanes y al resto de España de un atentado fulminante y fulgurante de terroristas internacionales! Reiteramos. Porque con esos seudo-profesionales, la tragedia estaría más que asegurada. Lo que se quiere decir sin mucho preámbulo, es que Puigdemont desnudó a las autoridades y les mostró al mundo entero como realmente son: faltos de ética, principalmente; traidores a la patria, porque permitieron el escape de un individuo que tiene deudas morales y materiales con España al completo; desvergonzados, porque no les importó ser el hazmerreír de toda Europa y el resto de la humanidad que se ha enterado de esta noticia; negligentes como principiantes, porque perdieron de vista al automóvil donde iba escondido el politicastro catalán con rumbo a la frontera con Francia; y permisivos, porque sabían con suma antelación que el delincuente iba a regresar a España, propiamente a Cataluña, a su Capital, Barcelona, y lo dejaron entrar al país sin mover un solo dedo para detenerlo. En palabras resumidas: toda España ha quedado “oliendo mal”, a corrupción, a podredumbre en sus Instituciones que tienen que hacer prevalecer la seguridad del sistema democrático y de su pueblo; y todo por culpa de unos policías que incumplieron con su deber de capturar a un individuo que, por sí mismo, no es peligroso, pues no usa armas, ni se hace acompañar por matones, sino que su única ventaja es su verbo, su palabra discursiva para convencer a las masas de catalanes, con su mensaje de separatismo y odio visceral contra España y los españoles. ¡Era tan fácil detenerlo, que una sola pareja de policías, sin mucho esfuerzo, le hubieran tomado cada uno por cada brazo y conducido a la delegación para ser enviado después ante el juez que dictó su captura por haber robado millones de Euros del gobierno catalán, la Generalitat! Es decir, Carles Puigdemont, el político corrupto de Cataluña, quien defraudó al fisco de la Generalitat y se fugó hacia Bélgica, donde vive en una bonita mansión en Waterloo, con todas las comodidades que aquel dinero hurtado le permite, se escapó en las propias barbas de la policía y del sistema judicial español, de un modo inconcebible que quedará registrado en la historia de esta nación europea, pero de manera vergonzosa y digna de ser evitada en las conversaciones de café, en las tertulias que se dan por las tardes en las urbes de este país.
Por supuesto que el accionar errático de la policía española dará para varios debates y para que se implementen cambios profundos y radicales en esos cuerpos de seguridad, pues la nación entera está desprotegida y a merced de cualquier atacante, especialmente en estos aciagos tiempos de terrorismo urbano y que se complace en hacer estallar a la vieja Europa por los aires, cada vez que les place a los fanáticos fundamentalistas del odio. Es decir, el resabio que ha dejado Carles Puigdemont, se puede expresar con estas palabras: “Así como les he puesto en el peor de los ridículos con mi llegada y escape de Barcelona, otros lo podrán hacer con mucha más agilidad, más destreza y profesionalismo, poniendo en peligro lo que debería estar salvaguardado por obviedad, por lógica y por naturaleza.”
Si nosotros fuésemos españoles, tendríamos mil y un millón de razones para estar preocupados con esos “agentes del orden” (nótense las comillas), con esos policías, quienes, además de soporíferos-adormilados, son unos traidores de grueso cuño. De los peores que hemos visto en nuestras vidas.
Lo que No Entiende el Mundo Libre Acerca de Venezuela
En ciertos países llamados “potencias occidentales”, en Norteamérica y Europa, creen que el dictador de Venezuela, Nicolás Maduro Moro, va a dejar el poder tan solo con entablar conversaciones con él y han nombrado al brasileño Lula da Silva para que se dé a la tarea de conversar con el tirano y criminal venezolano, pero no comprenden que el diálogo puede servir en ciertas latitudes del planeta, con algunas personas que son sensatas; pero en América Latina y propiamente en América del Sur, esa “ensoñación”, ese “anhelo mágico” no surte el menor efecto.
Ciertamente, Lula podrá llegar al Palacio de Miraflores, sede de la dictadura venezolana en Caracas, sería bien recibido, con todos los honores de un jefe de Estado, y habrá sonrisas, abrazos, apretones de manos, chistes y demás parafernalia que se vive en la cúspide del poder entre iguales o colegas; pero nada más. Y será un hecho que Maduro prometerá esto, aquello y lo otro y Lula regresará a Brasil, a Brasilia, donde tiene la sede el gobierno de este inmenso país y llamará por teléfono a Joe Biden, el “buenazo” de Biden, para decirle que Maduro le prometió que mostrará las actas que no ha enseñado a la opinión pública mundial y “habrá democracia en x cantidad de meses, después de una concertación tal, con la oposición cual.” Y Biden lo creerá. Porque así son los anglosajones de crédulos y tienen el defecto de creer que sus homólogos los gobernantes, siempre dicen la verdad y que cumplirán sus palabras una vez que las han dicho a sus interlocutores. Entonces… la dictadura venezolana proseguirá su errático rumbo, enviando más cocaína al primer mundo civilizado, llenándose más los bolsillos con millones de dólares y usurpando las riquezas naturales del país, con prioridad en el petróleo que suelen vender a las naciones que no tienen bloqueo comercial con Venezuela y su dictadura.
De hecho, la gran verdad que nadie se atreve a decir en estos aciagos momentos en Venezuela, cuando la sangre de los ciudadanos corre por las acequias y asfalto de las vías de las ciudades, aduce que esa dictadura no se va a terminar prontamente, que va a continuar hasta que se hagan ancianos sus cabecillas y ya no puedan valerse por sus propios medios. Que el diálogo, la concertación, los bloqueos comerciales, las amenazas militares que nunca se cumplen, los ruegos de la ONU, la ineficacia de la OEA y toda esa “comicidad” estéril que se les hace llegar a Maduro y sus secuaces, no va a resultar positiva y mucho menos constructiva en ningún sentido ni en ningún momento. LA DICTADURA EN VENEZUELA ES INCAMBIABLE Y SEGUIRÁ ALLÍ HASTA QUE ELLOS, LOS TIRANOS, ASÍ LO QUIERAN. Es una gran verdad que todos los que hemos visto la política mundial por años, lo sabemos que así será, porque los dictadores tienen demasiado qué perder si abandonan el poder y mucho qué ganar si continúan en él.
Tampoco, en los Estados Unidos, Donald Trump hará nada distinto por el pueblo de Venezuela, porque las prioridades de ese maniático neoyorquino son adquirir más fama en todo el planeta, el poder que tanto le obsesiona y ganar el Premio Nobel de la Paz, por el que ha estado luchando desde su primera administración, para igualarse con Barack Obama, su referente para competir. Ya estuvo en el poder Donald Trump y no hizo nada por solucionar la problemática humanitaria y gansteril que sufre el pueblo venezolano. Se enfocó únicamente en Oriente Próximo, propiamente en defender y rearmar a Israel, a instancias de su yerno que es judío; y se concentró también en tratar de humillar a los líderes europeos del momento, con quienes Trump sentía un profundo complejo de inferioridad y un machismo recalcitrante que “se le salía por las orejas”, se le notaba con claridad en relación con la canciller alemana, Angela Merkel. En resumen, Trump no sería tampoco una solución al agudo y profundo problema socio-político-financiero de Venezuela. No enviaría ni una mosca a atacar al pésimo y hambriento ejército venezolano, porque lo que busca Trump, es el Nóbel de la Paz, reiteramos, y que el pueblo de esa nación suramericana siga en medio de la fetidez de su anacrónica y gansteril dictadura. Esto, en el hipotético caso de que Donald Trump gane las elecciones de noviembre en los Estados Unidos. Un acontecimiento que se le está escapando de sus garras.
¿Entonces, qué es lo que procede en el problema venezolano? La misma “receta” que se le dio a Panamá y a su sempiterna dictadura, que venía desde la noche de los tiempos y una vez que las tropas estadounidenses bajaron del poder a Noriega, este país centroamericano se convirtió en un ejemplo para otros de América Latina, con una democracia que funciona casi perfectamente y con un pueblo que goza de libertades individuales y conjuntas, realmente admirables. Eso es precisamente lo que no entienden franceses, estadounidenses, alemanes, españoles, ingleses, australianos, canadienses, etcétera: la solución para Venezuela y su régimen de facto, pasa por una invasión militar a gran escala, con el aval de las Naciones Unidas, el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), y de todas las organizaciones pro-derechos humanos existentes. ¿Pero lo harán las potencias occidentales? No lo creemos. En principio porque la crisis de los venezolanos, se les olvidará mañana mismo cuando el régimen aplaque las manifestaciones de los ciudadanos; y porque los estadounidenses solo sienten que el mundo son ellos, Europa e Israel y el resto de la humanidad les importa un comino…
Preparémonos para Soportar el Lenguaje Fecal de Donald Trump
Cuando habían transcurrido apenas unos pocos segundos del disparo que rozó su oreja derecha y los guardaespaldas le alzaban e intentaban llevarlo lejos de la tarima de los oradores en el penúltimo mitin que celebró Trump, y a pesar de que su oreja sangraba y un hilo de esa sangre le llegaba hasta una de sus comisuras, éste no dejaba de proferir palabrotas en inglés, que es su idioma natal. Lo pudimos notar, porque el movimiento de sus labios daba esa facilidad para interpretar las palabras que estaba vociferando en ese instante. No le importaba el momento apremiante, lo único que tenía validez para él en aquella circunstancia, era hacer valer su carácter supra-violento del que se siente muy orgulloso y lo ha hecho saber al mundo entero desde que irrumpió en la política de los Estados Unidos.
Partiendo de esa base, debe ser muy triste ser empleado de Donald Trump, ya sea en condición de chofer de sus limusinas, mayordomo, cocinera, plomero o cualquier otra labor que se tenga que hacer bajo su control y supervisión. Debe ser el típico jefe que grita a sus empleados, que los humilla a sabiendas que no pueden renunciar, porque, de lo contrario, se morirían de hambre. Se da con Trump aquella fábula del asno que narró una vez el filósofo alemán Friedrich Nietzsche: “¿Puede ser un asno trágico: sucumbir bajo la carga que lleva encima y no poder tirarla por uno de sus costados? En cualquiera de los dos casos, el pobre animal no tiene una alternativa distinta que el sufrimiento o la tragedia de su vida.” Así debe suceder con los empleados de este “bocón” que llegó a ser presidente de la mayor potencia mundial, simplemente porque su opositora, Hillary Clinton, ya había cometido demasiados errores en la política anteriormente, y el electorado se decantó por lo “nuevo”, lo “novedoso” o lo desconocido en el tinglado estadounidense y se equivocó eligiendo a lo peor de las dos posibilidades. Porque, aun siendo Hillary Clinton un personaje sumamente cuestionado, superaba con creces al estafador, violador de mujeres, mentiroso, falso, mal hablado, violento y sin escrúpulos ni sentimientos nobles que es Trump. Pero el destino suele actuar en muchas ocasiones de manera impredecible e inexplicable, a pesar de las reflexiones que le dediquemos a posteriori.
Para “aterrizar” en el tema de este editorial, debemos recordar que el intestino grueso de Donald Trump, de acuerdo a una famosa caricatura que un dibujante hizo de él, no va a parar adonde siempre van los intestinos gruesos; es decir, al ano de toda persona o animal irracional, sino que, en su caso particular, finaliza en su boca. Por eso es nauseabunda y despide solo palabras fecales, con olor a excremento humano ahí donde esté, no importándole si es un sitio sacro-santo o un burdel de la peor calaña. Él no se mide en ningún lugar ni ante nadie, así sea Dios mismo, el Todopoderoso, quien ha bajado del Cielo para dialogar con Trump. Porque lo importante para el ex presidente es humillar y comienza por utilizar sus palabras más execrables posibles.
Las usó contra Hillary Clinton durante la campaña en la que compitió contra ella por la presidencia; las volvió a usar contra Joe Biden y quiso repetirlas cuando el actual presidente de los Estados Unidos mostró sus falencias, sus dificultades para debatir ante la televisión, debido a su mal estado de salud cognitiva. Sin embargo, en este último trance, Trump no fue tan cruel como de costumbre. ¿Por qué? No lo sabemos. No nos explicamos por qué se contuvo, si tenía todo a disposición para hacer trizas a Biden.
Pero ahora que Kamala Harris será la candidata por el Partido Demócrata, se le ofrece a Trump la extraordinaria posibilidad de denigrarla, humillarla, tratarla como ya la está tratando… desde prostituta, hasta los renglones más abajo que a su mente pervertida se le ocurra. Es por eso que debemos tomar asiento y escuchar el vocabulario más vil, salvaje, nada caballeroso y vulgar, que un individuo puede vociferar contra una mujer que, a ojos vistas, es toda una dama y es dueña de un pasado y un presente dignos de encomio y admiración. Porque esa es Kamala Harris, quien tiene la posibilidad “de oro” de derrotar a este canalla llamado Donald Trump y hacerlo morder el polvo y que se levante en una guerra civil o en un conato de furia, como lo hizo contra el edificio de El Capitolio, cuando fue derrotado por Biden hace ya casi cuatro años atrás. Porque eso es lo que ha dicho claramente: si pierde las elecciones venideras, se alzará contra todo lo instituido y hará el peor caos jamás visto en los anales de existencia de esta nación. Entonces será la oportunidad única para los fiscales y jueces estadounidenses para fundirlo en prisión de una vez por todas y donde debió haber estado desde que instigó a sus hordas de delincuentes para que atacaran al Congreso de los Estados Unidos. Pero han sido demasiado permisivos con este tiranosaurio que solo sabe alimentarse con hamburguesas y Coca-Cola y no lee siquiera los titulares de los periódicos de cada mañana. Se trata, en resumen, de un troglodita, un ser de las cavernas, que usa saco y corbata y presume de los millones de dólares que tiene (¿O debe a sus acreedores, en su defecto?).
Preparémonos entonces, para escuchar el lenguaje que partirá desde su intestino grueso y será sonorizado por sus cuerdas vocales en contra de su adversaria política, a quien ya le ha dicho “Kamalasutra”, “la mujer que llegó donde llegó a punta de usar su cama (con sus amantes)”, y otros improperios que aluden a su condición de mujer, de su raza negra, de ser hija de inmigrantes y de todo lo que él cree que es oportuno para atacar a Kamala Harris, la mujer (exacto: la mujer), que lo va a derrotar de manera inapelable en este noviembre próximo.
El Sistema Educativo de un País es el Alma y el Fundamento
de su Pueblo
¡Bienaventurados aquellos hijos cuyos padres son profesionales de la educación, pues son doblemente bendecidos! Primero, porque tendrán al maestro las 24 horas del día dentro de las paredes de su hogar; y en segundo término, porque el sistema educativo de la nación les dotará de otro educador en los salones de clase, cada día que asistan al centro educativo.
Y en el caso opuesto, traemos de la antigua Grecia aquella máxima que realmente fue una sentencia del filósofo del cinismo, Diógenes: “No hay peor pecado en las vidas de los hombres, que la ignorancia.” Y es que, con base en la ignorancia, en no conocer con propiedad las razones, las causas y los principios de la sabiduría, el ser humano ha cometido errores atroces que se han pagado con la cárcel o con la muerte. Es por ello que la educación, el proceso educativo, sin ser asfixiante, es el alma de los pueblos, es el cimiento de las personas individualmente o en conjunto y eso hay que tenerlo siempre claro en las mentes y corazones de los gobernantes, porque un pueblo, un ciudadano instruido, será el orgullo, la dignidad y el acierto de su familia y de la población entera.
Lamentablemente, en muchos países la educación ha sido dejada de lado y han perjudicado a mediano plazo a la idiosincrasia y a la cultura general de sus respectivos pueblos. De tal modo que, la falta de instrucción en los centros educativos, contrae para las vidas la pobreza, la falta de trabajo para ganar salarios dignos, y, de acuerdo a lo que hemos estado observando en estas primeras décadas del nuevo milenio, impulsa a la inmigración a pie, por continentes enteros, con los hijos “al lomo” o a las espaldas, cruzando selvas, ríos caudalosos y enfrentándose a las bandas de delincuentes que operan en los distintos trechos por los que tienen que pasar estos inmigrantes, solo para escapar del hambre, la falta de oportunidades diversas e intentar vivir un futuro promisorio.
La sempiterna miseria del África, de la India, de Pakistán y de la mayoría de naciones suramericanas, tiene su base, su cimiento negativo, en la carencia parcial o absoluta de la educación. Porque un pueblo educado, culturizado, no permitiría jamás el arribo al poder de dictadores de la talla inhumana de Fidel y Raúl Castro, de Díaz-Canel, de Daniel Ortega y su horrenda mujer, de Nicolás Maduro ni su protector Hugo Chávez Frías, nombres de individuos que han llegado a hacer únicamente profundos e irreparables daños contra los pueblos cubano, nicaragüense y venezolano, que no supieron vislumbrar, debido a la falta de instrucción académica, lo que esos sátrapas podrían dañar una vez entronizados en el poder. La educación individual y conjunta de esos pueblos, hubiese detenido a tiempo la aparición y el arribo de esos delincuentes en su papel de dictadores. Hoy, esos errores deparados por la falta de sabiduría, de conocimiento básico en la política, los tiene caminando desde Venezuela hasta el frontera entre Estados Unidos y México, en decidida huida de las dictaduras comunistas oprobiosas y vergonzantes.
Por lo que hemos reseñado en las líneas anteriores y por otras razones más, toda democracia que se precie de serlo verdaderamente, tiene que reforzar su sistema educativo y enseñar, paralelamente a la aritmética, la literatura y las artes, a ser libres, a valorar la libertad, la dignidad del hombre, la honorabilidad y a vivir con decencia y respeto, dentro de la demarcación de una nación que goza de garantías humanitarias, del respeto del hombre por el hombre y en el mayor progreso posible, generador de riqueza, comodidades y vidas dignas. Y para que lo que aquí exponemos sea una robusta realidad, las Universidades subvencionadas por el Estado, deben preocuparse porque los educadores que salen de sus aulas, sean personas capaces de formar a las almas que se sientan frente a ellos, cada vez que asisten a tomar sus clases. No se puede concebir, no se puede aceptar y mucho menos tolerar, a un educador deficiente, mal ejemplo de todo lo malo y lo deficiente, porque, precisamente, son espíritus, mentes en formación, lo que tendrán bajo su responsabilidad.
En otras palabras, un educador ineficiente, improvisado y negligente, debilitará a la democracia, a los valores de las personas y a los sueños, las vocaciones y las iniciativas de sus alumnos. En otras palabras, la democracia y sus gobiernos cambiantes, no podrá permitir que el sistema educativo sea creador de adefesios, de personas frustradas y resentidas, quienes darán frutos también permeados por la derrota o el fracaso y que, a la postre y al unísono, dañarán al país a mediano plazo en el transcurrir de los años. Justamente en ello se fundamenta la principal diferencia entre las potencias mundiales y los países del tercer, cuarto y quinto mundo… en la instrucción lograda mediante la enseñanza en las aulas de escuelas, colegios y Universidades.
Los gobiernos deberán procurar la formación de un pueblo de señores y nunca de un ciudadano que tendrá una actitud de servidor de otras nacionalidades, a manera de vasallaje. Lamentablemente ello lo podemos observar en América Latina, en el Caribe, en África y en muchas naciones asiáticas, mientras la frustración que depara el fracaso y las dictaduras, hacen insostenible la convivencia de esas personas.
Leer, estudiar, instruirse, buscar la superación personal sostenida, siempre, permanente y diaria, es lo que puede marcar la diferencia entre los salvajes que siempre están allí en la asechanza y el hombre digno, honorable y de gran calidad, porque la educación es su esencia y su “motor”, ante cualquier premisa.
En Costa Rica, Causas, Efectos, Contradicciones, Consecuencias y Soluciones ante la Impresionante
Ola de Criminalidad
En cualquier lugar de la geografía de este país -que no es nada extenso y, por el contrario, es uno de los más pequeños territorialmente de América-, es posible enterarse por los medios de prensa de los actos del sicariato, todavía “en ciernes” por lo aparatoso y falto de destreza que se observa, contra determinadas personas, principalmente por asuntos de drogas, trasiego, no pago del consumo o por la vendetta (venganza), tan propia de esa actividad ilícita. El país se ha escapado de las manos de las autoridades, de los jueces, fiscales y de la población misma, tan orgullosa de los años 90s hacia atrás, de su idiosincrasia y sus logros profesionales, vivenciales y toda índole posible. Ahora, el costarricense, al ver el “mar de sangre” que enluta a muchas familias por causa de los asesinatos, calla o se queja amargamente y dice cosas como: “hace pocos años atrás era imposible pensar que algo así iba a suceder.” Pero sucedió y sucederá durante mucho tiempo más, debido a la inoperancia del sistema educativo, primero; y de las autoridades policiales y judiciales, después.
Las causas son externas e internas. Para citar un solo caso, la cercanía con Panamá, una nación que siempre ha sido un paraíso fiscal, puente para suramericanos que trasiegan drogas y cuna de dictaduras sangrientas; y también con Colombia, una nación que no hace falta que describamos, porque todos sabemos los problemas profundísimos y brutales que se presentan en las entrañas de su pueblo. Y estos últimos han “anclado” en Costa Rica, “han descubierto” el remanso de paz que era este país centroamericano y lo han convertido en refugio, sitio de descanso y para establecer contactos con sus “socios” en la actividad del narco. De paso, han enseñado a los nativos de este lugar a matar, a asesinar desde sus motocicletas, al mejor estilo de Medellín o Cali. Una actividad que recibe el nombre de sicariato o la muerte de otro semejante a sangre fría por cualquier error que haya cometido de cara a los narcotraficantes. En otros términos, un “oasis” lleno de paz, virtud, tolerancia, indiferencia a lo que sucedía en el exterior y esa manera de vivir de espaldas a los hechos difíciles que se daban en otras latitudes, embelesaron a los colombianos (y últimamente a los componentes de los cárteles mexicanos también), y se afincaron en Costa Rica indefinidamente. La ausencia de una policía eficaz, profesional y debidamente armada, también atrajo a estos delincuentes/asesinos suramericanos y se asentaron todavía más y mejor dentro de estas delimitaciones geográficas.
A este motivo debemos agregarle otra causa, pero esta vez de carácter interno: el sistema educativo costarricense, por donde quiera que se le vea, es una perfecta ineficacia y solo sirve para crear frustración en los jóvenes, quienes terminan abandonando los colegios y escuelas, para deambular por las calles sin rumbo fijo, hasta que son “empleados” por un colombiano o un mexicano. Y son “empleados” (¿o será mejor decirlo de esta manera: son enrolados o enlistados?), para que trabajen para ellos trasladando la cocaína de un punto al otro, para que actúen como sicarios o sean prostitutas en los garitos que aquellos han montado en distintos lugares de la capital y otras provincias. Casi siempre en esos grupos de nuevos “servidores” a las labores de los narcos, va un nicaragüense deseoso de ver correr la sangre ajena y de ganar algún billete que en su país de origen le está vedado del todo, debido a la dictadura de hambre de los Ortega-Murillo.
En otras palabras, el sistema educativo de Costa Rica, con toda su enorme burocracia que gana salarios inmerecidos y exorbitantes, “es una invitación” a la deserción de los estudiantes y a ensanchar mucho más la brecha entre los ricos y los pobres, los jornaleros mal pagados y los profesionales, entre la gente decente y los sicarios. Esa es la realidad actual de Costa Rica; pero sus “tecnócratas” y parlanchines de tertulias televisadas y radiofónicas, tienen miedo de “ponerle el cascabel al gato”, les llena de pánico decirle las verdades a quienes tienen el poder en sus manos y que, al fin y al cabo, son los que saldrán huyendo a Miami, Florida, cuando el país se les torne “irrespirable.” Pero dejarán a quienes no podrán viajar por falta de dinero, con esta problemática que es gravísima, que se ha escapado del dominio de todos y que tiene al país entre los más sangrientos del hemisferio. Y esa es la única verdad. Esas son las causas y las consecuencias del acabose en el que están sumidos los costarricenses en la actualidad.
¿Las soluciones? Nadie las aporta. Nadie, siquiera, da la idea para que se celebre un gran debate nacional de todos los sectores de la sociedad para tratar de detener o tan solo… marcar una pauta que irradie una pequeña luz y de ahí parta, posiblemente, una solución expedita y salvadora. Mientras tanto, se tiene a un ministro de Seguridad Pública y a un director del Organismo de Investigaciones Judiciales (OIJ), a quienes les encanta aparecer a diario en la televisión, entrevistados por los periodistas y congraciarse al decir que detuvieron a “fulano” y a “mengano” o allanaron una casa donde estaban escondidos “tales y cuales”, pero no eliminan “la mala hierba” desde la raíz y tampoco aportan proyectos o ideas para solucionar esta sangría que recorre al país de océano a océano y de frontera a frontera.
Por lo pronto, un espejismo de solución está en estas dos actitudes de parte de los ciudadanos: 1. Orar para encomendarse al Ser Supremo para que lo proteja a él y a su familia; y 2. No salir en horas de la noche a las calles y así evitar las sombras oscuras que podrían acecharle. Parece absurdo, pero es lo único a lo que se puede echar mano ante tanta ineptitud por doquier.
La Terquedad en el Individuo es una de las Peores Consejeras, Pues Atrae el Fracaso, la Debacle…
Ciertamente hubo otros y variados factores que le hicieron perder la guerra a Hitler y causar la destrucción casi total de Alemania, con todas las consecuencias posteriores, pero el principal y que se movía en el trasfondo de su personalidad y los hechos, era este estado emocional: la terquedad. El Führer era un hombre absolutamente terco. No escuchaba a nadie, no sopesaba consejos, indicaciones, sugerencias, la llamada “voz de la sabiduría” de los expertos. No. Prefería cambiar a sus asesores, enviarlos donde creía que no le mandarían sus comentarios y opiniones y le permitirían seguir en su camino errático hasta el final de su propia vida, misma que le costó precisamente por su terquedad que le acompañó hasta el fin.
Richard Nixon, el ex presidente estadounidense, es otro ejemplo de lo que no debe hacer un mandatario en aras de la tozudez, de la terquedad. Por esa razón le costó la presidencia de los Estados Unidos, a inicios de la década de los 70s. Y se nos iría la vida mencionando caso tras caso deparados por la historia, de hombres que malograron sus altas posiciones y hasta sus propias vidas, por no escuchar las sugerencias de los asesores que les señalaban que el camino que habían tomado era el equivocado.
Esta introducción en retrospectiva, para “aterrizar” en la personalidad de Joe Biden y su esposa, Jill, quienes insisten en enfrentarse al monstruoso, al depredador y carnicero inhumano de Donald Trump. Y tanto el esposo, Joe, como su consorte, la profesora jubilada, Jill Biden, no escuchan consejos de los miembros del Partido Demócrata, de las personas calificadas en los avatares de la política de los Estados Unidos, quienes tienen sus pies bien puestos en la tierra, en la realidad circundante, y saben con todo acierto que la derrota contra Trump será inobjetable, de las peores que se deberán recordar en el futuro, debido a lo portentoso del desastre electoral que significará.
Pero Joe Biden, dentro de sus evidentísimas limitaciones, cuando la memoria le falla ostensiblemente y le traiciona en los momentos que son los cruciales, insiste en que él es el candidato, es el presidente del país y por lo tanto, tiene el derecho, el deber y la obligación de derrotar por segunda vez al republicano. Nada más irreal, obtuso, engañista y fuera de registro, porque Joe Biden no está en condiciones de participar en ninguna campaña de ninguna política, de ningún proceso, de ningún Estado, porque médicamente se trata de un hombre enfermo. En-fer-mo. Así como se lee y se deletrea; y, además de quedar “tendido en la lona” por causa del knockout que le dará su adversario, podría sufrir, adicionalmente, un ataque al miocardio u otro derrame cerebral, uno de los muchos que ha sufrido en el pasado o a lo largo de los últimos años. De hecho, siendo groseros de nuestra parte, se le podría llamar peyorativamente, “el anciano de los aneurismas”, por la enorme cantidad de esos desórdenes en la salud, que ha experimentado y de los que ha regresado milagrosamente a la vida.
Aparte de su historial médico, Joe Biden no puede debatir, no puede defenderse de los furibundos ataques de sus enemigos políticos, no puede hilar un argumento más o menos coherente y mucho menos, puede impresionar y convencer a los votantes de que él es mejor opción que Donald Trump. Y no lo puede hacer porque han sido tantos sus problemas de salud, que ahora le están pasando “factura” y son muy notorios. Son las consecuencias de una vida aquejada por las enfermedades y que no le permiten ser el mozalbete que una vez fue hace 70 años atrás (ahora tiene 81, pero parece de 90 años por su contextura física y sus movimientos corporales torpes e inseguros).
Es de esa manera como la terquedad, no solo del presidente Biden, sino de su esposa Jill, quien debería ser “ese faro en la tempestad” que podría guiarlo a llegar a “buen puerto” y se retire a descansar, dejándole la opción de competir a otra persona en esta carrera electoral, es lo que está llevándolo hacia un fracaso anunciado, inminente, obvio, decretado con suma antelación y de la que los demócratas están renegando en estos precisos instantes.
En la semana que acaba de terminar, la revista semanal alemana, Stern, publicó en su portada una caricatura que resume todo lo que va a suceder en noviembre próximo cuando se den las elecciones presidenciales en los Estados Unidos: el gigantesco rostro de Donald Trump, con sus fauces abiertas a horcajadas, llevándose un tenedor que tiene prensado a Joe Biden, y a quien va a tragarse fácilmente. Abajo, la leyenda en alemán: “Das Amerikanische Drama” o “El Drama Americano.” Lo cual significa que, en aquellas mentes que más o menos saben algo de política, el triunfo del anacrónico y vulgar Trump será tan fácil como arrebatarle un dulce a un niño a la salida del Kindergarten, un día cualquiera. De hecho, Joe Biden no será simplemente derrotado, sino “hecho añicos”, “destrozado”, “humillado” y “borrado de la faz de la Tierra” políticamente, durante las elecciones nacionales venideras. Se lo están diciendo todas las personas: en las entrañas del Partido Demócrata, los donantes millonarios quienes se podrían retirar para no hacer malas inversiones con su dinero; los periodistas, los encuestadores, los analistas… pero Biden es terco, lo mismo que su mujer y quieren dirigirse al precipicio, al suicidio en toda su magnitud. Amén.
Las Lecciones que ha Dejado “en el Aire” Julian Assange, el Hacker
Australiano
Con base en nuestro reportaje de fondo en este mismo periódico, que trata sobre la liberación definitiva, por parte de una jueza estadounidense, al hacker australiano Julian Assange, culpable de haber publicado miles de documentos clasificados que pertenecían al gobierno de los Estados Unidos, analizamos la existencia y el papel en el mundo moderno de este hombre, que ingresó siendo todavía joven y con el cabello rubio, a la embajada del Ecuador en Londres, Inglaterra, para evitar ser deportado hacia suelo estadounidense, donde le esperaba la justicia para darle cadena perpetua por el delito de publicación de documentos secretos.
Quiérase o nó, Assange es todo un personaje de nuestro tiempo, impensable décadas atrás cuando la informática, el universo de las computadoras y del internet, no era siquiera un proyecto en la mente de sus inventores posteriores. Es un personaje que parece sacado de una película de ciencia ficción, pero es tan real como usted o como nosotros, que habla, se relaciona con los demás, ingiere alimentos, camina, pasea, tiene esposa e hijos y comete errores y aciertos, igual a todos nosotros.
Y como es un personaje de nuestra Era, lleva en el alma el “hackeo”, el apropiarse de documentación que no le pertenece para publicarla de espaldas a la legalidad y a los gobiernos que la poseen en calidad de “top secret”. A Julian Assange le gusta ser así, le va ser así y es muy posible que, después de su evasión en la embajada del Ecuador en Londres y los cinco años preso en una cárcel inglesa, no haya aprendido o asimilado la lección y continúe en el mismo “hackeo”, a pesar del sufrimiento que ello podría causar nuevamente en su esposa Stella e hijos. Y el mejor consejo que se le puede dar a Assange, ahora con varios kilos en su abdomen, producto de su inactividad en la cárcel, y con el pelo totalmente blanco, encanecido por el sufrimiento y la distancia de su familia y país, es el de abandonar toda actividad que le pueda meter nuevamente en embrollos, en líos como el que acaba, difícilmente, de superar ante el gobierno de los Estados Unidos. Porque estuvo a un “trist” de ser enviado a tierras norteamericanas y ser fundido dentro de las paredes de una celda, por el resto de su vida. Creemos que a su mujer e hijos, ello no les gustaría de nuevo. Vivirlo otra vez y sufrirlo desconsoladamente como lo sufrieron.
¿Pero cuáles enseñanzas nos ha dejado Assange a nosotros mismos que seguimos el periplo de su vida, desde que fue señalado por el Departamento de Estado y de Justicia de los Estados Unidos, por sus evidentísimos delitos de hackeo de documentación altamente sensible para esa potencia?
Primero, que no existe en todo el planeta Tierra, en ningún país, un
ejército ni medianamente moral, mucho menos “pulcro y santo”, como ha querido dar a entender el senil Joe Biden, refiriéndose al ejército de Israel, que masacra un día sí y otro también, a cientos de palestinos con sus misiles que lanza sobre la franja de Gaza.
En concreto, la Casa Blanca y el Pentágono han querido vender la idea al resto de la humanidad, de que su milicia permanece en Irak en una misión profundamente humanista, para restablecer la paz y la concordia entre los iraquíes después del derrocamiento de Saddam Hussein y es incapaz de cometer actos en contra de la población civil y reñidos con la justicia; pero videos y fotografías, publicados por Assange en su página web WikiLeaks, demuestran que los estadounidenses en este país de Oriente Próximo se han comportado como una verdadera soldadesca, como lo hicieron de parecida manera al final de la Segunda Guerra Mundial cuando se dieron a la violación sexual de mujeres alemanas, de igual forma como lo hacían los soldados soviéticos en aquellos años. Es así como el ejército estadounidense (lo mismo que el israelí), se han comportado en los campos de batalla y en las ciudades de las que se han apoderado, como auténticos criminales y gamberros de la peor calaña. Incluso, los israelíes o judíos, han utilizado a civiles palestinos heridos como escudos humanos, en el capó de sus vehículos de combate, para evitar el supuesto fuego enemigo en las calles de Gaza. También se han encontrado cadáveres de palestinos, abiertos “en canal” por los mismos israelíes, para sacarles sus órganos internos y que estos les sirvan posteriormente en trasplantes para los judíos que los necesitan.
También nos ha enseñado que el mundo actual sigue polarizado, cuando tiranos y dictadores latinoamericanos y asiáticos, en los casos de Rusia, China y Corea del Norte, le han mostrado sus simpatías después de que destapó secretos de Estado norteamericanos en WikiLeaks. Esa deferencia de parte de los tiranos, en nada ayuda a la imagen de Assange, porque la ensucia, la desprestigia, la amilana, la empequeñece y no le hace ningún bien, en síntesis.
Finalmente, Julian Assange no ha estado a la altura de un periodista, porque actuó parcializado al publicar únicamente lo que concernía a los Estados Unidos y dejó por fuera a los rusos, chinos, norcoreanos y demás gavilla de tiranuelos que masacran y encarcelan a diario. Es decir, la figura de Julian Assange es solamente la de un hacker que atacó a la seguridad estadounidense y tuvo que sufrir la peor persecución que un individuo de su especie pudo sufrir. Por lo demás, fue un hombre ejemplar en su lucha por alcanzar su propia libertad y reunirse con su familia. Ojalá no escatime ese esfuerzo y el logro al haberla alcanzado.
¿El Futbol y Solo el Futbol Irá a Sacar a la Argentina de su Miseria y Hondos Problemas Financieros
y Sociales?
El deporte, en cualquiera de sus manifestaciones, está bien. ¡Por supuesto que está bien! Ayuda en múltiples aspectos a las personas que los practican: los alejan de las drogas, de los malos impulsos y pensamientos y ayudan a la salud general. Pero cuando un pueblo, una nación, que podría generar muchísima riqueza mediante la agricultura, la ganadería y la explotación de sus recursos minerales, cifra todas sus actividades en un deporte en el que un día eres ganador y al otro, un depresivo derrotado, las cosas tienen que marchar mal. Y eso es precisamente lo que sucede a los argentinos en el 99,9 por ciento de sus ciudadanos: cifran su felicidad general e individual si el balompié les da satisfacciones a nivel internacional y el resto… ¡Qué se lo lleve el diablo! No les interesa.
De hecho, el famoso dicho popular de que “cada niño que nace viene con un bollo de pan debajo del brazo”, en Argentina se puede decir y leer de esta manera: “Cada niño que nace viene con un balón de futbol debajo del brazo.” Y sus padres y toda la población lo espera como si se tratara del “mesías”, el que deparará a todos los argentinos grandes satisfacciones y alegrías. Y lo vivieron con Maradona y ahora con Lionel Messi y cuando este último se retire de ese deporte, los hombres de la radio y televisión crearán a otro ídolo, porque en eso, justamente, se fundamenta la vida de todos ellos dentro de la demarcación de este país suramericano (no europeo, como dicen ellos, que es otra disonancia e incoherencia en la que ellos viven).
Y llegan a tal ridiculez, a tales niveles de estupidez general, que elevan a la categoría de “dios” al futbolista de sus amores, como lo han hecho con Diego Armando Maradona, uno de los peores ejemplos para todas las generaciones de lo que no se debe hacer cuando se es un deportista de élite o se está “en la cresta de la ola”, porque Maradona no es recomendable para nadie y en ningún sentido. Mientras tanto, los otros aspectos del país se van al precipicio, se derrumban, ante la indiferencia del pueblo que vive metido en sus viejos y vetustos estadios o pegados a los aparatos de televisión, observando los partidos nacionales e internacionales y dando alaridos de dolor cuando pierden o anotan sus goles. Es aquí donde la sociología de esta nación se torna preocupante, porque cifran todos sus impulsos, toda la fuerza de voluntad, toda la razón de vivir, en un deporte que, sea el equipo que lo practique, un día está en lo más alto del triunfo y al otro, está postrado en lo peor de su decadencia. Porque si hay algo inseguro y cambiante, es precisamente el futbol, que depende de muchos factores para mantenerse arriba o caer en lo más bajo de las tablas de posiciones. Incluso grandes Selecciones como la alemana, la italiana y la brasileña, en estos momentos están “mordiendo el polvo”, debido a su inesperada mediocridad.
Hoy, esta nación austral, rica en recursos minerales y agrícolas, está transitando por una de sus etapas más dolorosas y peligrosas, cuando la miseria, el poder adquisitivo de su moneda, la falta de fuentes de empleo y el bajísimo nivel educativo, entre otros entuertos, tienen a la gran mayoría de los argentinos por debajo de la línea de la miseria. Por eso repetimos la pregunta: ¿El futbol y solo el futbol irá a sacar a la Argentina de su miseria y hondos problemas financieros y sociales? Lo dudamos. El balompié solo saca de la miseria a quienes lo tienen agarrado por “las asas”; esto es, a los dirigentes de los equipos, a los agentes que trafican con los jugadores en el extranjero y a aquellos futbolistas que triunfan en los grandes clubes. Pero este deporte, por sí solo, es incapaz de poner a producir a una nación. Nunca lo ha hecho, nunca lo han intentado desde el centro de un estadio o de un club y nunca se lo han planteado seriamente siquiera, porque este deporte… solo es un deporte y nada más. No es una doctrina financiera, moral, de vida y mucho menos…. es capaz de saciar el hambre de miles de personas que en estos momentos carecen de lo básico en la Argentina para poder vivir.
Pero, en medio de esta aguda y profundísima crisis socio-económica, cuando tienen a un presidente recién electo que parece más a un payaso que a un mandatario serio, los argentinos, los supuestos tecnócratas que deberían estar pensando en resolver esta crisis, están observando la Copa América y gritando de emoción cuando Lionel Messi toca el balón o chuta a gol. ¡Paradoja de paradojas! ¡Irresponsabilidad de irresponsabilidades cuando solucionar lo que anda mal, se relega a un último o penúltimo lugar, en cuanto a las prioridades!
Y todavía se pone más demencial el asunto, cuando no se tiene nada en la cocina para cocinar y alimentar a los hijos, y tampoco en las carteras para comprar esos alimentos, pero se sueña con derrotar en un futuro cercano a los alemanes en sus propios estadios o en una Copa del Mundo, y a los brasileños demostrarles que “Maradona y Messi son mejores que Pelé.” Resolver los problemas acuciantes, puede esperar y los estómagos vacíos se olvidan de los alimentos, mientras los futbolistas argentinos ganen los partidos que hacen felices al pueblo, a la gran masa de fanáticos que nacieron para el futbol, crecieron para ello y mueren con una sonrisa masoquista porque el balompié significa todo para ellos y los demás. Y no es una broma, un mal chiste lo que estamos afirmando, porque esa es la realidad de esta nación y su pueblo, en el mismo nivel de los brasileños, que se debaten entre la pobreza, el narcotráfico y la miseria…. ¡Pero qué les importa, si tienen un balón en sus pies y la ilusión del próximo partido!
La Eurocopa 2024 en Alemania, una Bocanada de Aire Fresco que nos Llega entre Tanta Violencia
Nadie mejor que un alemán para que nos explique que es la destrucción por causa de la guerra, pues ellos sufrieron, experimentaron y perdieron dos Guerras Mundiales. ¡No fue una tiradera de petardos lo que ellos vivieron! Nó. Fueron dos guerras supra-violentas, especialmente la segunda y si hubiese sido otro pueblo, en estos instantes los alemanes no existirían, porque la supervivencia hubiese sido nula en otra etnia. Pero se trató de una raza fortísima, adusta y acostumbrada a luchar para superar lo cotidiano que les presenta la existencia.
Esta introducción porque en el mismo país que quedó destrozado por las bombas aliadas, lanzadas desde las fortalezas volantes y por los soviéticos, ahora mismo se está celebrando un festival de goles y de partidos de futbol que son la delicia de todos aquellos a quienes seduce y embelesa este deporte de masas. Alemania ha organizado dos Mundiales de balompié, dos Olimpiadas y dos Eurocopas con singular éxito y eso les convierte en un pueblo alegre, alejado del fragor de la guerra, que solo miseria y dolor trae a las naciones y a sus gentes. Y mientras los aficionados abarrotan los modernísimos estadios alemanes, en las llanuras ucranianas siguen disparándose los morteros, los misiles, las ametralladoras y las intenciones nefastas del dictador ruso, Vladímir Putin, enloquecido en los años finales de su vida, siguen manifestándose sobre el sufrimiento del pueblo ucraniano que se defiende con inigualable valor. Lo mismo sucede en la Franja de Gaza, donde los ataques israelíes tienen como objetivo aniquilar, desaparecer o exterminar a los palestinos, a vista y paciencia de la comunidad mundial que observa ese exterminio, a veces sin creer lo que está viendo.
Es por esos acontecimientos lamentables, que la celebración de la Eurocopa en Alemania, una nación levantada igual que el Ave Fénix, de las cenizas de la conflagración armada, resulta ser un agradable tiempo de relax, de entretenimiento, de amistad y de esperanzas para que el ser humano se renueve y piense en los caminos que llevan a la concordia y la paz. Las imágenes de los aficionados escoceses, inundando las calles y plazas de Munich, al sur del país, ante la mirada tranquila y divertida de los alemanes, demuestran que la tolerancia, la fraternidad y la condescendencia pueden ser los impulsos que lleven a las personas hacia estadios agradables y lejos de pensamientos destructivos como las guerras, las drogas, los diversos vicios que conducen a la muerte, los femicidios y otras manifestaciones de odio tan comunes en el devenir de la humanidad, desde “la noche de los tiempos.”
Solo el futbol, “el deporte rey”, el que causa todas las pasiones sin necesidad de caer en lo violento cuando es bien visto, disfrutado y asimilado, es capaz de unir a un blanco con un negro en los graderíos y en el rectángulo de juego; a un musulmán con un judío, a un alemán con un ruso y a un japonés con un estadounidense, para citar unos pocos ejemplos. Porque el deporte es eso justamente: disfrute, hermandad, un buen tiempo de solaz y la esperanza de un mundo mejor.
No obstante, lo mejor está por verse todavía en esta Eurocopa que se lleva a efecto en Alemania y será cuando el equipo nacional de Ucrania salte al verde césped del estadio donde tendrá que medirse con sus adversarios. Todos sabremos en ese momento, lo que llevan en sus espíritus esos 22 futbolistas, e invariable e inevitablemente será el sufrimiento entremezclado con la preocupación por sus familiares, amigos, conocidos y compañeros que han quedado en su patria y que están expuestos, sin excepción, a las descargas asesinas del ejército invasor llegado desde Rusia. Aun así participarán en este certamen balompédico con arrojo, valentía y determinación, como si en su país todo fuera normal y rutinario, como si sus gentes se desplazaran en paz hacia los trabajos y centros de estudio, según era antes de la invasión criminal ordenada por el genocida Vladímir Putin.
Será interesante ver a los ucranianos con su juego aguerrido, valeroso y diestro, que les hizo empatar a cero goles en un partido amistoso con los anfitriones alemanes, pocos días antes de la inauguración de la Eurocopa que ahora estamos disfrutando. Sin que ellos lo deseen, están dando un ejemplo extraordinario al resto de la humanidad, que nos dice que, a pesar de verse y sentirse invadidos por un ejército de criminales, en el caso de los rusos, los ucranianos pueden practicar un futbol efectivo, eficaz, agradable a la vista y sin complejos de ninguna clase, precisamente cuando los misiles de sus enemigos destruyen sus ciudades, calles, plazas y asesinan a sus familiares y amigos.
A no dudar, la Selección Nacional de Ucrania será el equipo a respetar, admirar y aplaudir en esta Eurocopa, que ha resultado ser una bocanada de aire fresco entre tanta guerra, tanto dolor y tanta incomprensión que nos ha llenado las mentes, las almas y nuestras voluntades pintadas de gris-sufrimiento. Una competencia que ha atraído los rayos del Sol de la esperanza porque el ser humano puede ser mejor cuando así le apetezca y reconstruir lo que otros han tirado por los suelos.
¡En hora buena Alemania! La vida parece resurgir con el rodar del balón en sus campos de futbol.
¿Por qué la Sociedad Costarricense Desciende Cada Día al Infierno?
Cuando un país entero se está yendo al abismo social, emocional o psíquico y espiritual, hay que plantearse primero la pregunta “¿Por qué está sucediendo esto? O sino estas otras: ¿Qué se está haciendo mal para que estas situaciones nos estén golpeando con esa fuerza inédita e inusitada? O sino, ¿Qué debemos cambiar para que las cosas rectifiquen y sean mucho mejores que antes de que se produjera esta desgracia?
Por supuesto que hay conformistas o todavía peores y son aquellos que se niegan a ver la realidad cotidiana, permeada por la drogadicción de los jóvenes, quienes consumen cada vez drogas más fuertes; el cuasi-analfabetismo, producto de un sistema educativo que no atrae a los muchachos para que estudien, sino que los invita a la deserción; la indolencia de las autoridades de gobierno, quienes no quieren cambiar el “alrevés” que se ve y se palpa en las calles; los crímenes, el sicariato, los femicidios, etcétera, etcétera, que es lo que tiene a Costa Rica, el que fuera el país remanso de paz y concordia en el centro de las Américas, al borde del precipicio y acercándose cada vez más a la caída libre, sin voluntad alguna para evitarlo.
Ya es hora de sentarse y meditar seriamente para cambiar la situación, es el momento preciso cuando las causas que han hecho empeorar y enfermar a la sociedad costarricense están allí, a la vista, y no se resisten al cambio. Sin embargo, lo que subsisten son dos cosas que evitan poner manos a la obra: la falta de interés para efectuar ese cambio psíquico-espiritual-cultural; y la abulia para entrarle de lleno y de frente a este comienzo del acabose.
¿Pero cuáles son los aspectos que tienen cada día peor al costarricense, en términos generales? Veamos:
Primeramente, el sistema educativo estéril, no funcional, nada formativo, frustrante y pleno de educadores ineficientes, con poquísima cultura personal y la intelectualidad necesaria para impartir el mensaje educativo y llegue al alma de los educandos. Por otra parte, todavía no sabemos en qué momento se pasó de un determinado número de tiempo en las escuelas y colegios, a los extensos horarios de hoy en día, cuando los muchachos y profesores salen a las 4 de la tarde, causándoles un desgaste único por causa del cansancio. De los años 80 hacia atrás, o en retrospectiva, el tiempo en los centros educativos era muchísimo menor y el resultado era un costarricense mejor preparado e infinitamente culto en comparación con lo que hay ahora. Es un principio de “calidad” (educativa) y no de “cantidad” en medio de las paredes y muros de los colegios y escuelas.
Y, en esencia, los programas, en especial los de aritmética y física, que parece que sus cometidos son los de acabar con las ilusiones de los alumnos, tienen que ser erradicados por algo enteramente funcional y que permita al educando salir airoso, avante en sus planes, sueños y más caraos proyectos. En resumen, la reforma educativa visceral, frontal, intrínseca y extrínseca está clamando porque se dé, porque se lleve a efecto sin dilación, sin demora alguna, hoy más que nunca.
En segundo término, la inmigración masiva desde otras naciones latinoamericanas hacia Costa Rica, un flujo y reflujo humano que se lleva a cabo sin ningún control de parte de las autoridades que tienen a su cargo el cuidado de las fronteras, es lo que está ocasionado una mezcla social que en nada beneficia al costarricense, ya, de todas maneras, proclive al fracaso y a la mediocridad. En ningún modo es una inmigración culta, sino, por el contrario, plena en analfabetismo, salvajismo, intolerancia, rudeza, prepotencia, criminalidad y con los bajos instintos “a flor de piel.” Sino, sirvan estos ejemplos: las cárceles están llenos de esos inmigrantes que han cometido delitos flagrantes; los burdeles están llenos de prostitutas que han llegado a Costa Rica y que no han visto otra alternativa distinta a lo que están haciendo ahora mismo, basadas en la venta de sus cuerpos; y los narcotraficantes, por lo general con el trasiego de la droga en pequeñas cantidades, aupados por el sicariato o el “crimen por encargo”, han dado un giro nefasto a la sociedad costarricense, principalmente a la juventud, tan proclive al aprendizaje de “las malas artes.”
En tercer término y final (para tratar solo tres aspectos medulares de la actual descomposición de la sociedad), los medios de comunicación, en especial el cine, la televisión y el auge de las redes sociales, solo difunden imágenes y mensajes llenos de violencia, sangrientos en grado sumo y mezclados con la pornografía más degradante que existe. La tenencia de aparatos como los teléfonos móviles o celulares, desde muy tempranas edades de los niños de escuela, hacen que esos mensajes reñidos con la decencia y las buenas maneras, sean vistos a diario, ayudados por el internet y la indiferencia de sus padres, quienes, en números apabullantes, están divorciados, no casados o separados, en casas donde la palabra “hogar” solo es una reminiscencia de lo que antes predominó en Costa Rica. La desintegración familiar, la soledad de los jóvenes mientras sus madres están en sus trabajos y la ausencia de sus padres, es otro desencadenante de lo que estamos observando en la transformación social que hace sucumbir a la nacionalidad costarricense y la hace asomarse a la hondura en la que están otras naciones latinoamericanas y de la que es casi imposible salir, una vez que nos hemos precipitado hasta allí.
Y también es preocupante la desidia, “la miopía” de los gobernantes de turno, quienes, en tan solo cuatro años de duración de sus respectivas administraciones, es muy poco lo que pueden transformar en positivo. Eso es lo que está ocurriendo en Costa Rica, la que una vez fue la flamante “Suiza centroamericana.”
Ucrania Combate “con Uñas y Dientes,” con un Ejército Desgastado
Hay una verdad sin cortapisas en relación con esta guerra ruso/ucraniana: si Rusia resultare vencedora en el conflicto, Vladímir Putin, dictador ruso, se haría política y militarmente más fuerte y pensaría en conquistar a otras naciones occidentales limítrofes con Rusia, en menoscabo de la OTAN. Es decir, del triunfo o de la derrota, depende el futuro de la libertad de los europeos, aunque muchos no lo quieran ver de esa manera y acostumbren a minimizar los peligros o aún peor, volver sus rostros al lado contrario para no observar la realidad de lo que está sucediendo o podría suceder.
Ya hemos visto que las sanciones económicas han hecho mella en Rusia, pero ha encontrado el paliativo en China y otras naciones asiáticas, ex soviéticas, que han servido semejantes a “pulmones para respirar” a las finanzas de Putin y los suyos; de tal forma, han podido evadir este castigo, que en otros casos sí han causado estragos en las naciones afectadas. Los rusos cuentan con aliados poderosos como Vietnam, Corea del Norte, Irán, China y Tailandia, entre otros, que detestan a los Estados Unidos y todo lo que tenga que ver con los estadounidenses. Eso no lo previó la Casa Blanca antes de imponer las famosas sanciones económicas tras la invasión rusa a Ucrania. Por otra parte, los rusos están usando armamento cedido por los chinos e iraníes en el terreno ucraniano, una muestra de que estamos nuevamente viviendo en un mundo bipolar, con los estadounidenses y sus aliados europeos por un lado y los rusos, chinos y demás, por el otro. Una confrontación aparentemente sin remedio alguno desde la revolución rusa de 1917.
Retomando el tema inicial, propiamente en el campo de batalla, la situación ha variado mucho desde que el Congreso de los Estados Unidos abandonó momentáneamente a Ucrania, para concentrarse en la matanza de palestinos que lleva a efecto Israel. En ese ínterin, en ese lapsus de olvido, los rusos tomaron por vez primera la iniciativa y han conquistado más territorio de Ucrania y han desnudado las falencias del ejército de Kiev, como por ejemplo, el desgaste de los soldados ucranianos, quienes tienen que dar todo de sí por la patria y un esfuerzo superlativo aunque sus fuerzas no lo permitan. Están desgastados, no tienen tropas de refresco, de intercambio, que los puedan sustituir. En otras palabras, de nada vale el armamento sofisticado que les envían desde Polonia, Estados Unidos, Alemania, Francia, Dinamarca, España e Inglaterra, junto a otros aliados de buen corazón con su causa, si los hombres están al punto del desmayo, del surménage, que es un agotamiento casi “sin retorno”, o cuando los nervios se despedazan y hacen a los afectados colapsar. Todo ello habla muy mal del ejército de Ucrania y no permite que las esperanzas resurjan, se renueven y permitan ver la posibilidad de una victoria frente a los invasores rusos.
Sin embargo, queda “una carta por jugar”, escondida en una de las mangas de los jugadores de la OTAN y se fundamenta en la posibilidad de inmiscuirse directamente en el conflicto, con tropas francesas, alemanas, inglesas y hasta estadounidenses. En todo caso, los asesores militares de estas naciones, han estado trabajando con los soldados ucranianos desde que comenzó la guerra y eso lo sabemos todos. Putin ha previsto esta posibilidad, la ha ventilado a los cuatro vientos y ha amenazado a Occidente con llenar sus cielos de misiles con cabezas nucleares.
Recientemente el tema salió nuevamente a la superficie en la prestigiosa agencia noticiosa alemana, Deutsche Welle, donde uno de sus redactores y analistas escribió: “Cuanto más bombardea Rusia a Ucrania, más se cuestionan las líneas rojas en Occidente. Algunos países abogan por ataques en Rusia, otros podrían enviar instructores (…).” Esta problemática, esencial y básicamente, comenzó cuando los Estados Unidos comenzaron a concentrarse en Israel y su ejército judío en Gaza y abandonó a Ucrania, como hizo definitivamente con Afganistán y entregó a este país a los talibanes en el primer año de gobierno de Joe Biden. Parece que los norteamericanos no son unos socios o aliados muy confiables en casi todos los casos. Por su parte, el Washington Post ha publicado en estos días recién idos: “A medida que Rusia avanza, la OTAN considera enviar entrenadores a Ucrania. Esto permitiría al gobierno de Kiev entrenar más rápidamente que antes a los soldados recién movilizados que se necesitan con urgencia y desplegarlos en el frente. La restricción más importante parece ser: no realizar operaciones de combate directo con Rusia.”
Pero “el factor tiempo” en toda guerra es importantísimo; esto quiere decir, en el ejemplo de Ucrania y Rusia, que la última nación, al tener a un dictador como gobernante, Vladímir Putin, éste decide sobre la marcha lo que tiene que hacerse en el frente de batalla; mientras, los ucranianos tienen que hacer partícipes a sus aliados en Europa, al cuartel general de la OTAN y a la Casa Blanca, que tendrá, a su vez, que someter cualquier determinación al Congreso y si es período pre-electoral, todavía peor para los interesados. Mientras tanto, en ese lapso lento de la toma de decisiones de unos y otros, “el rodillo” del ejército ruso avanza inexorable por las llanuras incendiadas de Ucrania.
Tal y como están las cosas, si alguien apostara por el triunfo futuro de Ucrania en esta guerra, le dirían que es un desfasado o un desconocedor absoluto de la marcha que lleva la situación.
Ligeramente creíamos a Joe Biden un poco mejor que el corrupto Donald Trump. Incluso le pasábamos por alto su senil manera de pensar, hablar y comportarse. Decíamos de él que estaba en “la cúspide” de su proceso en la vida, cuando el hombre ya lo ha vivido todo, lo ha superado todo, lo ha sufrido todo y también… se lo merece todo. Sin embargo, Joe Biden nos desencantó últimamente y lo que ha dicho es imperdonable porque ha partido desde un cerebro torcido, una mente equivocada y una lengua que solo insensateces ha dicho en los últimos años.
También le perdonamos aquel pasaje inhumano que provocó en Kabul, Afganistán, en el aeropuerto internacional de aquella ciudad, cuando los aviones militares abandonaron a los ciudadanos afganos y muchos de ellos, que se habían escondido en los fuselajes, cayeron a tierra cuando los aparatos se elevaron de regreso a los Estados Unidos y a sus Bases militares en Europa. En aquella ocasión, un día después, y en conferencia de prensa, Biden se apoyó en un portafolios que llevaba en sus manos, puso el mentón en el borde y con la mirada clavada en el suelo, no sabía qué decir ni qué responder a los periodistas que lo miraban fijamente en silencio. Y al perdonarle ese gesto de desprecio por los afganos que querían salir de su país ante la llegada de los talibanes, por haberlos abandonado a su suerte, una suerte que están sufriendo de lleno en estos momentos en ese país enclavado en las montañas del Asia central, le dimos el aval porque fue Donald Trump quien firmó ese pacto satánico con los talibanes, para devolverle la nación entera y Biden solo cumplía con el pacto sellado entre Mike Pompeo, el obeso Secretario de Estado de Trump, y los criminales fundamentalistas conocidos con el temible nombre de talibanes. Por eso le dejamos pasar a Biden aquel errático proceder de sus aviones en el aeropuerto donde se aglutinaban las personas, rogando porque los sacaran de Afganistán, el país que traicionó Trump y lo hizo devolverse siglos atrás con la imposición de las leyes talibanas fungiendo nuevamente.
Pero ahora, lo que ha dicho Joe Biden no tiene perdón de nadie y mucho menos de quienes respetamos las vidas ajenas y nos parte el alma observar como el ejército criminal de Israel, enviado por Benjamín Netanyahu, asesina a personas inocentes en la Franja de Gaza, en las exiguas tierras que conforman lo que queda de Palestina. ¿Y qué ha dicho el senil presidente de los Estados Unidos? Se ha referido a la orden de captura internacional dictada por un fiscal de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, contra el asesino genocida Benjamín Netanyahu, dictador no declarado de Israel, por su masacre contra la población civil de la Franja de Gaza. Concretamente, Biden dijo que esa orden de arresto es “escandalosa”, porque, entre otras razones, “Israel y Hamás no son equiparables. Seré claro: –mencionó un alienado Biden-, no importa qué insinúe el Fiscal, (porque) Israel y Hamás no son equiparables de ninguna manera.” Y así lo hizo divulgar en un comunicado que le dio la vuelta al mundo. En palabras sencillas y directas, este mandatario norteamericano que se ha caracterizado por decir “bellaquerías” e incoherencias a lo largo de su gobierno, ahora ha salido con esta posición política, esencialmente inhumana y también criminal, lo mismo que los judíos a los cuales defiende ardorosamente, porque le está brindando a Netanyahu la oportunidad de quedar impune ante sus miles de víctimas mortales en Palestina.
Y para embarrarla todavía más, Biden, el senil presidente estadounidense que casi no puede caminar por la acción del paso del tiempo, por su avanzada edad que le aconseja que es mejor quedarse en casa tranquilo, leyendo y escribiendo sus Memorias, se preguntó en el mismo comunicado: “¿Con que autoridad osan comparar a los monstruos de Hamás con los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (DFI), el ejército más moral del mundo?” ¡Inconcebible, inaudito, increíble, indigerible, ininteligible, horrendo, deleznable, condenable y reprocharle a este anciano llamado Joe Biden, quien se especializa en decir estupideces, animaladas del tamaño del Empire State! ¡El ejército israelí o judío es, en la actualidad (y desde 1948 cuando irrumpió en tierras palestinas), uno de los más criminales por sus masacres reiteradas en Cisjordania y Gaza. Y no solo los soldados son criminales o genocidas, sino también los colonos que arrebatan las tierras a los palestinos y se pasean por los contornos portando fusiles de asalto para matar a sangre fría a los musulmanes.
Por otra parte, Israel y un sector importante de su pueblo son los primeros compradores de órganos humanos, son traficantes de esos órganos que adquieren en personas del tercer mundo para trasplantarlos en judíos que los necesitan con premura. Un delito de los peores que pueden existir en este mundo y en estos momentos.
Y en retorno al ejército israelí, es menos genocida que el ruso y comparable solo con el Estado Islámico, Isis o Daesh, por la factura de sus crímenes, capaces de horrorizar a la más glacial o frívola de las personas. Tanto Biden como su adversario, el no menos estúpido Donald Trump, no merecen la presidencia de los Estados Unidos, dos judeófilos, dos serviles de la raza judía (que los manipulan desde el congreso estadounidense), una de las más criminales y sanguinarias que han existido sobre la faz de la Tierra. Nada de “ejército moral”… Es solo otra bestialidad de Biden.
Además de creerse “el pueblo elegido de Dios”, una falacia tan antigua como quienes lo concibieron y lo escribieron así a lo largo del Antiguo Testamento de la Biblia, los judíos se creen demasiado buenos, demasiado inteligentes, (solo ellos han inventado grandes artefactos que facilitan las vidas de las personas), y aseguran que los grandes compositores clásicos son judíos, los grandes inventores, los grandes escritores, etcétera, etcétera, etcétera. Los chinos también se lo creen y siempre han asegurado que inventaron la pólvora, la comida a base de pastas, que Marco Polo llevó a Italia después de uno de sus viajes a Oriente y demás fantasías que les pasa por la cabeza a ciertos pueblos.
Pero la verdad es que ni los judíos ni los chinos son los creadores de todo lo que ellos dicen ni son todo lo que ellos quieren que aceptemos. En el caso de los primeros, no son el pueblo elegido de un Dios que sería totalmente imperfecto con ese tipo de preferencias étnicas; ni son buenos, sino veamos la masacre que llevan a cabo día a día en Gaza, Palestina; ni son los más inteligentes sobre la faz de la Tierra. La mayoría de los escritores, músicos y pintores clásicos, son, mayoritaria y contundentemente, de otras razas y nacionalidades y muy pocos, casi ninguno… judío. Y en la actualidad, dependen de las armas que les regalan los estadounidenses y los automóviles, submarinos y otros vehículos que les facilitan los alemanes, fundamentados en ese estúpido sentimiento de culpa por las matanzas nazis en los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. Sin ambos, norteamericanos y germanos, los judíos actuales serían nada y de hecho son… NADA. Lo único que hacen los hebreos maravillosamente, es vivir a expensas de otros pueblos, incrustarse en el alma de esas naciones, en la idiosincrasia ajena y vivir cómodamente como parásitos, un pueblo dentro de otro, para sacar provecho de sus empresas, industrias, economía (principalmente), su política y de toda esa realidad nacional; y mientras viven parasitariamente, no abandonan sus tradiciones, su religión, sus costumbres, el gusto por las mujeres de esos otros pueblos, a las que embarazan, pero nunca les dan el estatus de señoras, porque son incapaces de casarse con ellas. Solo disfrutan del sexo sin cortapisas que ellas son capaces de ofrecerles, al contrario de las mujeres judías que practican el sexo llena de trapos en todos sus cuerpos. ¡Inaudito!
Hoy, cuando el exterminio de la población de la Franja de Gaza sigue su curso ante la complacencia de la Unión Europea (EU) y de los Estados Unidos, el gobierno de Suráfrica ha acusado ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, Países Bajos, a Israel, por masacrar a una población indefensa, de la que mueren asesinados mujeres, niños y ancianos y ningún terrorista como aseguran los israelíes, los perpetradores de este genocidio irrefutable y clarísimo ante los ojos de la humanidad entera. Los gobiernos de Egipto, Colombia y Turquía, prontamente se unirán al surafricano para reforzar la acusación contra los judíos y se espera que más gobiernos hagan lo mismo para desenmascarar el espíritu asesino que habita en cada israelí y el odio que profesan contra el mundo musulmán y en específico contra el palestino. Yendo al grano y en el seno de la CIJ, los hebreos han negado que se trate de un genocidio lo que están haciendo en Gaza y han insultado la inteligencia de todos nosotros, quienes vemos todos los días la matanza diáfana, flagrante e inmisericorde que los israelíes efectúan contra el pueblo palestino. Ese insulto se ha dado cuando han expresado los hebreos: “Es una guerra trágica, no un genocidio.” Tampoco es una guerra porque Israel no tiene a otro ejército frente al suyo, al cual combatir en los campos de batalla y se ensaña contra la población inocente gazatí. Nótese el altísimo grado de cinismo de parte del gobierno israelí con el eufemismo que ha utilizado, para no aceptar que están aniquilando a todo un pueblo con sus bombas y misiles ante los ojos incrédulos de la humanidad que los observa detenidamente y horroriza.
Y añadieron en la sede de la Corte: “el caso de genocidio promovido contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, en el que Suráfrica pide al alto tribunal de la ONU ordenar un alto al fuego en Gaza, está totalmente desconectado de los hechos.” Así afirmado por el abogado judío ante los jueces, este 17 de mayo del presente 2024. Es decir, según este criminal hebreo, cuando sacan los cadáveres de los niños y mujeres palestinas debajo de los escombros en la bombardeada Gaza, lo imaginamos todos nosotros, es una película ficticia rodada por el cine de Hollywood y lo que vemos no es verdad… Ese es el cinismo en su máxima expresión, el insulto a la inteligencia global de la humanidad. Y agregó el hebreo: “Por cuarta vez, Suráfrica presenta al tribunal una imagen que está totalmente desconectada de los hechos y las circunstancias”, argumentó el abogado que representa al gobierno de Tel Aviv, llamado Gilad Noam, y remató: “El caso supone una burla de la atroz acusación de genocidio.” Mientras tanto, los miles de cuerpos sin vida de los gazatíes argumentan la verdad: están siendo exterminados a plena luz del día por las bombas judías o israelíes.
Empero, cuando ya no quede con vida un solo palestino, a los israelíes le corresponderá un trabajo arduo y cansado, porque tendrán que convencer al mundo de que ellos siguen siendo “los pobrecitos del holocausto, los perseguidos permanentes, el pueblo elegido de Dios hervido en aceite por los Zares rusos, los nazis, los Reyes Católicos españoles, etcétera, etcétera.” Pero ya nadie les creerá, porque los judíos, además de ser un pueblo parasitario que se aprovecha de otros pueblos, es genocida, exterminador racista y amante del dinero y solo el dinero, en función del cual viven o basan sus existencias.
La Eterna Culpa de Alemania la Convierte en una Nación Cómplice de Israel
Nos quedamos boquiabiertos por el asombro, cuando leímos en el libro autobiográfico del excanciller alemán, Helmut Schmidt, llamado “Hombres y Poder”, cuando escribió, palabras más, palabras menos, que uno de los grandes errores del Japón, después de la Segunda Guerra Mundial, propiamente de su gobierno, es no enseñar en las Instituciones educativas sobre la gran culpa que tiene su pueblo antes y durante el desarrollo de esa misma guerra. Lo cual quiere decir que los japoneses están en medio de un monumental error por no sentirse culpables, décadas después de finalizada la guerra, y no cargar con ese sentimiento de culpa a través de lo que le resta de existencia a su población, Estado y país. ¡Inconcebible y demencial en un hombre tan brillante como lo fue el canciller de Alemania, Schmidt!
En principio, el sentimiento de culpa en cualquiera de sus manifestaciones, ya sea en personas individuales o en la colectividad de una nación, es uno de los sentimientos más perjudiciales que existen, porque erosiona el alma, delimita las acciones positivas y coarta la libertad del individuo, lo hace sentirse menos en relación con los otros y actuar erráticamente en muchas circunstancias que le presenta la vida.
Y la verdad sea dicha: en una guerra, más todavía si es de carácter planetario, la culpa tiene que ser repartida entre todos los participantes, entre los vencedores y los vencidos, porque la guerra es el resultado de políticas equivocadas que, precisamente, llevaron al gran enfrentamiento internacional. De hecho, Carl von Clausewitz, el filósofo y estratega bélico alemán, manifestó con absoluta precisión que “la guerra es la política llevada o practicada por otros medios.” Sino observemos el caso del israelí o judío, Benjamín Netanyahu, quien lleva décadas enteras en el poder de Israel, en lo que bien podríamos llamar una dictadura no declarada de este sujeto: está fuertemente cuestionado en su país por actos de corrupción, tiene deudas morales y jurídicas con las leyes israelíes, los jueces de su misma raza y nacionalidad le esperan para juzgarlo y sentenciarlo, pero él se parapeta, se refugia, en el poder que una coalición fuerte y blindada políticamente, le depara en estos momentos. Incluso, quiso restarle fuerza al Poder Judicial para otorgárselo de inmediato al Ejecutivo y hacer así que el Primer Ministro, es decir, él mismo, fuese más poderoso que el aparato que imparte justicia. A ese descaro llegó Netanyahu, el actual criminal que está masacrando y exterminando a la población palestina en la Franja de Gaza.
Ante tal situación que lo “ponía entre las cuerdas”, un debilitado, cuestionado y firme candidato a la cárcel, llamado Benjamín Netanyahu, se inventó el ataque de Hamás, en octubre pasado, y comenzó a bombardear a Gaza, bajo el amparo y la imagen de un supuesto nacionalismo israelí, que los judíos siempre se “lo tragan”, le creen y lo elevan a la estatura de “héroe nacional” y defensor de los más altos valores del ser hebreo o judío. Así desvía la tensa situación interna en Israel, hacia lo externo, y quienes pagan sus yerros políticos son los pobres palestinos, a quienes mata por docenas, por centenas y miles. Lo que queremos decir con este ejemplo del criminal Netanyahu, significa que no siempre las guerras tienen una razón general, que involucra al sentimiento real, compasivo y necesitado de un pueblo, de una nación… ¡No! En muchas ocasiones, un conflicto estalla para salvar “el pellejo” de un solo individuo y por eso ningún pueblo que ha participado, bajo engaños, en un enfrentamiento bélico con otro pueblo, puede ni debe sentirse culpable.
En lo que estriba a Alemania y los alemanes, ese sentimiento de culpa en referencia a los judíos, por lo acontecido en los campos de concentración nazis, los ministros y militares de Hitler comenzaron a pagar sus deudas morales a partir del Juicio de Nürenberg donde fueron juzgados y la mayoría de ellos hallados culpables y ahorcados; después, el Mossad, o la oficina de espionaje judía o israelí, se encargó de detectar, ubicar, perseguir y matar en clara venganza, a varios alemanes que habían cometido crímenes de lesa humanidad y que estaban escondidos en América del Sur: Adolf Eichmann y Klaus Barbie, para citar solamente dos ejemplos. A otros “peces gordos” los dejaron escapar inexplicablemente o los explotaron en sus conocimientos y a favor del Estado de Israel, esto considerado un acto inmoral de parte de los judíos.
Colateral a lo anterior, esa gran culpa que arrastran los alemanes, generación tras generación, no tiene asidero lógico alguno, es antinatural, inaceptable desde cualquier ángulo que se le analice y observe, porque las generaciones, entre otros aspectos, se han renovado, quienes manejaron y administraron los campos de exterminio, han muerto en su inmensa mayoría por causas naturales o por la acción de la venganza de los mismos judíos, infiltrados entre los jueces y fiscales Aliados (gran cantidad de quienes impartieron justicia en Nürenberg, eran de raza judía). Así las cosas, Alemania y los alemanes apoyan a los israelíes en todas las acciones de genocidio que perpetran en contra de los palestinos, empujados por ese sentimiento de culpa que puede conducir a los alemanes hasta el mismísimo infierno, porque creen necesario y justo estar al lado de los criminales israelíes que están exterminando a mujeres, ancianos y niños en Gaza. ¡Nótese hasta donde el sentimiento de culpa en una nación es perjudicial e inaudito! Se han convertido los germanos en “reos de pecados y asesinatos ajenos”, solo porque su política, pedagogía y psicología general así les obliga. Espantoso e inaceptable de verdad, porque la Segunda Guerra Mundial, hace muchos años quedó atrás, entre otras razones de peso.
El Discurso Desgastado y Nada Inteligente de los Judíos que ya Todos Conocemos de Memoria
¿Pero qué diablos se creen que son? ¿Intocables, no criticables, no juzgables, perdonables en todos sus yerros y crímenes? ¿Con el derecho de masacrar, cambiar el curso de la historia para mal, violar mujeres, engañar, estafar, amar más al oro y al dinero que a sus propios padres y familiares? ¿Dueños de sus propias vidas y destinos, aunque hayan pasado por encima de personas y pueblos enteros? ¿Y de dónde sacaron esa historieta estúpida y demencial de que son “el pueblo elegido de Dios? ¿Con cuál finalidad crearon ese imbécil eslogan que solo Dios les pertenece y solo Dios les favorece y les permite todas las tropelías que se les ocurran? Y es que NADA DE ESO SON Y LES ESTÁ PERMITIDO A LOS JUDÍOS, quienes, si cometen un daño a segundas y terceras personas, tienen que ser encarcelados, juzgados y llevados a pudrirse en una prisión, porque son iguales a los demás, porque no tienen superioridad sobre los demás y no son intocables como ellos se creen.
Y lo que es peor, según su escala de valores (materiales), si un judío no tiene dinero, entonces… ¡NO VALE NADA! Ellos todo lo justifican, lo sopesan y lo valoran por el caudal de dinero que cada uno de ellos guarda en lo oscuro de su caja fuerte. Entre ellos mismos establecen diferencias que se han tornado mortales en otros estadios y circunstancias a través de la historia.
Tampoco los seres humanos normales, centrados, realistas, con los pies bien puestos en la tierra y con un código de conducta y espiritualidad adecuado, estamos obligados a rendirles pleitesía a los judíos, por más que los antiguos hebreos hayan escrito esas babosadas que aparecen en el Antiguo Testamento de la Biblia judeo-cristiana. Ninguna persona con “dos dedos de frente” puede permitirse creer que Moisés se enfrentó al Faraón de Egipto y convirtió su vara en una serpiente por el poder que le dio Dios en aquel momento; o que cruzaron el Mar Rojo todos los judíos dejados en libertad de su esclavitud en Egipto y los ejércitos del Faraón se ahogaron cuando Moisés con un movimiento de brazo, ordenó que las aguas se cerraran. Toda esa fantasía que nos han metido en nuestras cabezas desde niños, se disipan cuando crecemos y nos percatamos que esas estupideces solo han querido poner en alto relieve a un pueblo (el judío o hebreo), por encima de los demás pueblos que conforman al resto de la humanidad.
Desgraciadamente para los mismos judíos, les hemos conocido en persona, moviéndose en su cotidianidad y en relación con otras personas no judías y no nos ha gustado su comportamiento: siempre avarientos, groseros, insultantes, faltos de educación, de modales, de cortesía, resentidos con el mundo por los crímenes que, merecidamente, le infringieron en la España Medieval, en la Rusia zarista y en la Alemania nazi. Los judíos, con sus comportamientos deshumanizados, frívolos, elitistas, egoístas, materialistas ciento por ciento y por creerse superiores al resto, causaron ese menosprecio y desprecio de quienes los persiguieron en el pasado. En otros términos: no nos gustan, no los queremos ni en calidad de conocidos, no queremos compartir nuestras mesas, aunque sea ocasionalmente, con ellos, ni que nos dirijan siquiera la mirada. Porque NO-LOS-QUE-RE-MOS. Y tampoco nos
tragamos “la píldora” de que son “el pueblo elegido de Dios” ni todas esas estupideces que solo los estúpidos pueden creer, asimilar y auto-engañarse con esa fábula. ¡No lo son, nunca lo han sido; Dios no es un Dios imperfecto que prefiere solo a un pueblo aunque sea una etnia criminal como son los judíos y hayan dado al mundo a seres tan abyectos como León Trotsky, Karl Marx, Vladímir Lenin y ahora a Benjamín Netanyahu! ¡El Dios en el que creemos, el Cristo vivo, no prefiere a un pueblo lleno de abominaciones, de ídolos con pies de barro y con absoluto desprecio por el resto de la humanidad! Nuestro Dios es el de todo el mundo, el Padre amadísimo que nos ve a todos como sus hijos por igual y protege a un pueblo con el mismo amor e intensidad, de igual manera como lo hace con todos los demás pueblos que componen a la especie humana.
¡Y ya basta de su discurso desgastado de que aquellos que rechazan a los judíos, son antisemitas, neo-nazis, racistas y terroristas! Porque eso justamente le ha dicho al presidente de Colombia, Gustavo Petro, el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Israel Katz: “El presidente colombiano es un antisemita odioso.” Y nosotros y muchos millones de congéneres alrededor del planeta, también lo somos… ¡Y qué! ¿Qué van a hacer con nosotros porque no los queremos, nos repugnan a nuestro lado, no nos gustan los judíos para nada y por nada! ¿Y por qué Petro es antisemita? ¿Por qué no está de acuerdo con la matanza evidentísima y descarada que el ejército israelí está ejecutando en la Franja de Gaza? ¿Por qué no está de acuerdo con la limpieza racial que lleva a cabo Netanyahu en Gaza, contra niños, mujeres y ancianos? ¿Por qué Gustavo Petro no está de acuerdo con los bombardeos a maternidades, hospitales, asilos para ancianos, que ejecutan los aviones y blindados judíos en la misma Gaza? Nosotros tampoco estamos de acuerdo con esa actitud genocida de Netanyahu y los judíos que lo acuerpan en estas masacres que hace a diario. Y si nos tildan de “antisemitas”, SÍ LO SOMOS ¡Y QUÉ! ¿Qué van a hacer contra nosotros? ¿Se van a apoderar de nuestros gobiernos, como están habituados a hacer comprando con su sucio dinero las consciencias de los políticos latinoamericanos y nos van a perseguir y meter a prisión? NO LOS QUEREMOS, CIERTAMENTE SENTIMOS ODIO POR LOS HEBREOS, NO ACEPTAMOS SUS FANTASÍAS BÍBLICAS Y ESTAMOS más cerca de los palestinos masacrados que de los perpetradores que les han quitado sus valiosísimas vidas. QUE LES QUEDE CLARO A LOS VERDUGOS DE SIÓN.
La Verdad sobre el Efecto de las Sanciones Económicas a Irán y Rusia
Son, “en el papel”, las armas más poderosas de los Estados Unidos y Europa Occidental contra los desmanes de los países que no gravitan en la órbita de estas potencias; es decir, al no poder enfrascarse o aventurarse en una guerra “en caliente” con el país invasor, en este caso Rusia a Ucrania, los estadounidenses echan mano a una serie de sanciones que, supuestamente, van a debilitar al guerrerista. ¿Pero, realmente, han servido de algo esas sanciones financieras?
A simple vista parece que no mucho. Porque el ejército ruso sigue apareciendo más fuerte sobre el terreno y en los últimos meses, ha repuntado en sus ataques contra el ucraniano, con las firmes posibilidades de ganar la guerra mientras en el Congreso norteamericano los congresistas estaban metidos en disputas retóricas que lo único que hacían era detener la ayuda económica y militar al gobierno de Ucrania. Y en lo que respecta a la República Islámica de Irán, las exportaciones del crudo, del petróleo, han sido más exitosas que nunca, permitiendo ganancias superlativas en millones de dólares para esta nación de Oriente Próximo.
Ciertamente, gran cantidad de empresas transnacionales han salido en estampida de Rusia y se han congelado decenas de cuentas en Bancos estadounidenses y europeos de los magnates rusos, pero parece que “la vida continúa” sin grandes dificultades para las gentes del país más extenso de la Tierra. En palabras todavía más entendibles, Irán ha sufrido las sanciones de Occidente por espacio de casi cuatro décadas y nunca hubo, en la historia de la humanidad, una nación más sancionada que Rusia; pero parece que el efecto de estas medidas es limitado, que no han logrado el objetivo medular, que es el debilitamiento de estos dos países y que cesen, en el lado ruso, sus ataques a Ucrania; y en el lado iraní, su producción de armas no convencionales y el apoyo a grupos anti-israelíes y antinorteamericanos en la región. La vida sigue su curso en las realidades de ambos sancionados.
En lo que respecta al petróleo iraní, para citar el ejemplo más emblemático y el centro de las sanciones a esta república islámica, Teherán sigue enviando cantidades record del crudo a la China; pero los chinos niegan categóricamente que estén comprando “el oro negro” a los iraníes. Cero, nada, ni una gota. Aseguran los orientales de tez amarilla. Y estas afirmaciones las tenemos que creer, porque realmente es así. ¿Entonces, qué es lo que sucede? Simple: Irán convierte su petróleo en petróleo malayo; es decir, Malasia es el gran “testaferro”, “la gran tapadera” de los iraníes y lo vende a China. De tal manera que en los registros aduaneros chinos no parece ningún pago hecho a Irán por ningún concepto. Y Beijín queda imbuida en la más absoluta verdad. Porque el petróleo que compra es “made in Malasia.” Así según el portal Bloomberg, experto en materias primas.
Más claro aún: Irán entrega el crudo a Malasia y obtiene productos que, por el curso normal, debido a las sanciones, no puede obtener; y, de paso, los malayos se convierten “por arte de magia” en el cuarto proveedor de petróleo del mundo, después de Arabia Saudita, Rusia e Irak y China se convierte en el mercado final de ese crudo. Así, los iraníes evaden las sanciones estadounidenses.
Por el lado ruso, puede conseguir piezas de repuesto para autos alemanes de lujo o componentes electrónicos para armas, en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, en Kasajistán y Kirguistán, que tienen acuerdos aduaneros con los rusos y el movimiento intrafronterizo de mercaderías sancionadas adquiere gran facilidad, burlando las sanciones de Occidente. Armenia es otra de las naciones que facilita las cosas a los rusos, donde las ventas de autos alemanes aumentaron últimamente en un 1,000 por ciento.
Rusia, hasta el momento, ha sufrido 13 sanciones de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos, pero, lejos de colapsar, su economía aparece fuerte y, para citar algunos ejemplos, el Banco ruso Alfabank, tiene fuerte presencia en Kazajistán; y el gobierno de Rusia acaba de elevar su previsión de crecimiento para el actual 2024, del 2,3 al 2,8 por ciento. El Fondo Monetario Internacional (FMI), estima que el crecimiento de la economía rusa puede llegar al 3,2 por ciento. En resumen, lo que impulsa a la economía rusa radica en el alto gasto público, las inversiones en la maquinaria de guerra y los altos ingresos por las exportaciones de petróleo.
Los índices anteriores son desalentadores para los más optimistas en los Estados Unidos, quienes han cifrado sus esperanzas de causar daño a los rusos por medio de las sanciones económicas y, por el contrario, esa economía, en lugar de resentirse, parece más sólida y segura. Naturalmente, el apoyo de China, tanto a Irán como a Rusia, juega un papel importantísimo, lo mismo aquellas naciones cuyos gobiernos no simpatizan con el de los Estados Unidos y están siempre anuentes a llevar la contraria a los norteamericanos.
Otro caso es el de los oligarcas rusos que tienen sus cuentas bancarias congeladas en los Bancos europeos y parece que serán esos capitales los que se utilizarán para reconstruir a Ucrania, una vez finalizada la guerra; y aquí la gran pregunta que surge es: ¿Habrá mecanismos para conseguir que sea ese dinero el que se usará en la mencionada reconstrucción? ¿Habrá mecanismos legales para ello? Si no los hay, tendrán que devolverlo a sus dueños y hoy, simplemente, siguen ganando intereses en beneficio único de sus dueños.
Asesinos Famosos que Mueren de Manera Natural y Gozando
de Impunidad
Algunos nombres famosos de estos criminales son los de Lenin, el padre de la Unión Soviética; su colega Josef Stalin, quien masacró a más seres humanos que ningún otro homicida de su tiempo y retrospectivo también; Fidel Castro y su hermano Raúl, en Cuba; Hugo Chávez, quien destrozó a Venezuela hasta hacerla uno de los países más miserables de nuestra época, etcétera, etcétera, etcétera. Todos ellos y muchos más que se nos haría muy extenso enumerar, murieron por causas naturales, por enfermedades y escaparon olímpicamente del banquillo de los acusados en tribunales de justicia, donde debieron comparecer sin dilación, pero no fue así… porque escaparon, el resto de la humanidad los dejó escapar y fallecieron cuando todavía tenían el poder en sus manos (garras, para ser más exactos).
Por supuesto que es cierto que algunos de ellos fueron juzgados in absentia y posiblemente Fidel Castro fue al que más se le juzgó en tribunales de Francia, España y Estados Unidos, pero jamás hubo ningún intento más o menos serio por capturarlo en sus múltiples viajes al exterior (incluso estuvo varias veces en las Naciones Unidas en Nueva York), pero los norteamericanos no hicieron ni un simple ademán por atraparlo y llevarlo a una penitenciaría donde debió acabar sus días, debido a sus miles de crímenes de lesa humanidad contra los cubanos que no estaban de acuerdo con su régimen de hambre, miserias y demás calamidades que sufrieron bajo su dictadura criminal. Fue tan asesino, tan criminal, como el que más, como los líderes narcotraficantes mexicanos y colombianos que han sido perseguidos por las fuerzas especiales de la policía, hasta darles cacería y meterlos en prisión. Son muy pocas las diferencias entre los ex gobernantes impunes y la semejanza más evidente es su alto grado de criminalidad, abierta, manifiesta, puesta ante los ojos del resto del mundo.
No estamos pidiendo un final como el de Anastasio Debayle, el ex dictador de Nicaragua, quien fue asesinado de un bazukazo en Asunción, Paraguay, por los montoneros argentinos y uruguayos; o el de Muammar Gaddafy, ex dictador de Libia, ametrallado desde un avión francés de la OTAN, y atrapado por una turba de gentes enemigas que procedieron incluso a violarlo sexualmente, según se dio a conocer después de que le dieron muerte. Aberraciones de aberraciones, el hombre justiciero convertido en bestia. A eso, precisamente, no nos referimos, sino a la justicia verdadera, de acuerdo con las leyes internacionales, a los Tratados vigentes, redactados por juristas de renombre y consagrados en la realidad del mundo actual.
En estos momentos, en nuestra actualidad hay unos cuatro que merecen ser llevados hasta la presencia de un tribunal internacional y después proceder en consecuencia, acordes con los veredictos dictados por los jueces. Dos de ellos son prófugos que, si se descuidaran, podrían ser capturados por las autoridades porque, justamente, son carniceros, tan ciertos, tan reales y tan procesables como Jack “el destripador”, el famosísimo asesino londinense, quien mataba por el simple placer de ver a sus víctimas sufrir. A saber: Vladímir Putin, el dictador de Rusia, quien ha desatado una guerra criminal en Ucrania y ha secuestrado niños ucranianos incluso; Benjamín Netanyahu, el judío-israelí, quien lleva a cabo un genocidio “a plena luz del día” en la Franja de Gaza, y desde que está en el pináculo de la dictadura en Israel, no ha dejado de asesinar en Siria, Líbano, en Cisjordania y Gaza. Los dos requeridos claramente por la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, Países Bajos; y también completan este “cuarteto” de criminales, Aleksandr Lukashenko, dictador de Bielorrusia, quien gobierna en su país con “puño de hierro”; y por último, Ramzán Kadírov, “el socio” de Putin en la masacre y represión del pueblo de Chechenia. Estos cuatro sujetos, muy posiblemente, escaparán de la justicia, porque tienen el poder asegurado en sus respectivos países, viajan acompañados de séquitos donde los guardaespaldas no se despegan de ellos; aunque el único que podría quedarse ayuno de poder, sería Benjamín Netanyahu, cuando los mismos judíos se cansen de él y le quiten el mandato que le han conferido; pero su escapatoria (en un 90 por ciento factible y segura), sería huir hacia los Estados Unidos, donde sus gobernantes son leales a su amistad y estarían felices de evitarle la pena de comparecer ante un tribunal internacional de justicia para ser encarcelado posteriormente.
La vida, el mundo en el que nacemos y vivimos, suele ser gravemente injusto en múltiples oportunidades, según analizamos en los cuatro casos que hemos utilizado a manera de ejemplos.
Y en los cuatro criminales que hemos mencionado y los otros más del pasado reciente y lejano, las superpotencias europeas, junto a los Estados Unidos, han pecado de desidia, de desinterés, de abulia, de indolencia y de falta absoluta de voluntad para hacer valer las leyes universales y el caso de los estadounidenses, han preferido perseguir a narcotraficantes, a “peces medianos y pequeños”, antes que a los mismos criminales que han vivido, incluso, a pocas millas marítimas de sus costas.
Desdichadamente, en los casos de Cristina Fernández de Kirchner, la corrupta política argentina; el analfabeta Daniel Ortega, de Nicaragua; y Nicolás Maduro, el criminal dictador de Venezuela, les veremos gozando de impunidad, haciéndose ancianos, rodeados de sus nietos y en completa felicidad. Porque el mundo actual funciona así y desestima la existencia de la justicia.
¿Entonces… Para Quién o Quiénes
es la Cultura?
“La cultura es lo que nos diferencia de los animales irracionales y de los individuos incivilizados.” Este es un aforismo tan cierto como el ciclo que se da entre el día y la noche, la luz y la oscuridad, que acuden siempre puntuales y crean ese fenómeno de la constancia en la naturaleza.
De tal modo, se desprende que la cultura es imprescindible en la misma medida del comer o el vestirse por pudor y protegerse del inclemente Sol y del frío, según sea el caso. Pero eso no lo entiende la mayoría de la gente, en la mayoría de las naciones donde nacen, crecen, se reproducen y mueren. La cultura es un bien esencial, transmisible de padres a hijos, de abuelos a nietos, de generación en generación y que establece la distinción o lo contrario, la calidad de las personas o lo contrario, la diferencia entre unos y otros. Esto tampoco lo entienden los demás, en un grado superlativo alrededor del planeta donde habitamos.
Incluso, hay continentes enteros donde priva la cultura y los hace superiores a las demás masas continentales. Por ejemplo, todos quieren ir a Europa sin saber realmente por qué. De hecho, la mayoría de los viajeros lo hacen, para regresar a sus tierras de origen a fanfarronear que estuvieron en París, Londres, Roma o Madrid y crear envidia y presumir que son “gentes de mundo”, que se manejan con tanto virtuosismo y facilidad al subirse a un avión como lo hacen a un autobús de su barrio. Y llenan sus redes sociales de fotografías tomadas en los sitios donde estuvieron y sus conversaciones parten de esos momentos cuando viajaron y terminan cuando el interlocutor, cansado de su “monotema”, prefiere marcharse lejos de aquel fanfarrón.
Pero esos zoquetes que presumen de ser viajeros, no saben por qué les encanta ir a Europa y tampoco han sabido comportarse en aquel continente, porque, precisamente, la cultura no es lo suyo. Y es que Europa llama todas las atenciones, justamente por su cultura entrañable, intrínseca, donde tomarse un café simple y sencillo, equivale a un acto cultural que involucra sentarse en las afueras de la cafetería, leer un buen periódico y hasta dirigir las miradas educadamente, de soslayo, sin incomodar a nadie más. Esos pequeños detalles –sin apelar a los grandes detalles-, es lo que crea la cultura de los europeos, entre millones de aspectos más. Y es que los europeos vienen cultivando esto de “culturizarse” desde milenios atrás; es un altísimo perfil que ha atraído a otros pueblos que han fijado sus vidas, sus viviendas en sus interiores, igual a “pueblos dentro de otros pueblos” (los musulmanes y los judíos), porque les ha atraído la cultura que es propia, de manera innata, de Europa. Sino veamos a los judíos que suelen comportarse parecidos a los europeos –hasta sus apellidos los toman de los alemanes-, y desdeñan los orígenes de sus antepasados que se remontan a las épocas del supuesto cautiverio del pueblo hebreo en Egipto y la diáspora a través del desierto, guiados por Moisés y todas esas historietas que nos han metido en nuestras cabezas desde que tenemos razón. Lo mismo los argentinos, quienes matarían literalmente con tal de poner un solo pie en tierras europeas. ¿Por qué? Ni ellos mismos lo saben y es porque la cultura, la exquisitez, los seduce, los amilana, los acompleja y los empuja a querer ser iguales a quienes poseen la cultura en su formación, en su genética incluso.
¿Pero qué es la cultura? Para darnos una idea lo más exacta posible, traemos del recuerdo aquellas palabras llenas de tristeza y frustración implícita, dichas por el conde ruso Lev Tolstoi, el gran escritor de fama mundial: “Yo daría a cambio todos mis premios (obtenidos merced a su excelente creación literaria), por una esposa amable, comprensiva y educada.” Se deduce entonces que su mujer le deparaba una vida infernal y contrastaba grosera y salvajemente con la cultura, la capacidad intelectual del gran escritor, haciéndole sus días insoportables. Lo mismo le sucedía al Mariscal Tito, el fundador de Yugoslavia, a quien sus asesores le aconsejaban, sin tapujos y directamente, que se divorciara de su esposa, una mujer enferma de celos, horrendamente insegura y paranoica. Un contraste entre sus éxitos políticos, económicos y sociales, con aquel ser que le desgraciaba a diario su tranquilidad y felicidad cuando quería descansar de sus tareas de Estadista. Pero los dos, el escritor ruso y el político yugoslavo, habían unido sus vidas a mujeres intrínseca y extrínsecamente incultas. Aquello no podía funcionar en ningún aspecto…
Desgraciadamente, las fuentes para obtener la cultura, por lo menos en América Latina, no están al alcance de las masas: el precio de los libros es exagerado, el acceso al internet lo mismo (o imposible del todo), los periódicos y revistas prácticamente han desaparecido y en su lugar el auge de los pésimos “artistas” populares, la pornografía gratuita y las ideologías que fomentan el odio, expresadas por individuos como Donald Trump o Vladímir Putin, es lo que ejercen su dominio en la actualidad y se transmiten por la televisión, esa “caja de resonancia maldita” que llega a todas las casas y convierte a los hogares en infiernos. Entonces, para contestar al titular de este editorial: la cultura es para los poderosos económicamente, los que pueden pagar buenos colegios, profesores de verdad, bien preparados, con mística laboral, los que enseñan de verdad; y los que pueden comprar libros cada vez que se les ocurre, los que pueden escribir sus propios libros y los que tienen acceso a las cosas agradables y formativas de la vida. El dinero lo es todo en estas épocas, aunque no lo queramos aceptar.
Así, la cultura en una persona lo es todo y sin ella… prácticamente no habría nada en los corazones, las almas y las mentes y cada quien debería luchar por los paliativos en ese sentido.
Putin se Cree con el Derecho Reservado de que Solo Él Puede Asesinar y
Masacrar Sumariamente
Se pone muy mal, se descompone, su rostro redondo se le enrojece y suelta las palabras más abyectas que puede decir en público, cuando se dirige a los rusos por medio de la radio y la televisión. Ese es el genocida Vladímir Putin, quien no soporta cuando le matan soldados en el frente, cuando sus campañas militares han fracasado una y otra vez, estrellándose contra las defensas ucranianas; cuando su ex amigo y traidor, el judío Eugeni Prigozhin se alzó en armas contra él y todavía más cuando los miembros del ISIS-K le acaban de volar todo un edificio para espectáculos cercano a Moscú y asesinado a más de 150 personas que allí se encontraban en la espera de un concierto de rock. Todo eso le perturba, lo saca de su comodidad y frialdad habitual y le hace recordar que él sufre tanto peligro como el que más y quizás más que los demás gobernantes importantes del mundo.
En palabras sencillas: él puede llevar la guerra adonde le place, de hecho la ha llevado a Chechenia, Georgia y finalmente a Ucrania; puede masacrar a la población civil cuando ordena bombardearlos indiscriminadamente y hasta puede secuestrar a sus niños para llevarlos al interior de Rusia, como lo haría un sucio pederasta, con las peores intenciones de fondo. Putin cree que tiene todos los derechos adquiridos para desangrar a quienes crea que debe desangrar y asesinar, quitarles las vidas a poblaciones enteras, sin que la humanidad que lo observa tenga el derecho de quejarse, señalarlo, criticarlo y mucho menos sancionarlo. “¡Solo yo puedo asesinar, solo yo soy el criminal en este sitio y nadie puede compartir este beneplácito, este beneficio que el representante espiritual del mal me ha conferido!” Parece que es el grito maligno que suele decir cuando se siente amenazado por alguien más…
Su doble moral, el rasero con el cual mide los acontecimientos y las naciones, le hace actuar de manera aberrada, muy característica de los famosos asesinos que ha habido en la historia; es decir, se comporta sereno cuando le corresponde invadir y matar en los países vecinos y a sus ciudadanos; pero cuando le responden, cuando los ucranianos, para citar un ejemplo actualizado, le bombardean muy ocasionalmente ciudades dentro de la demarcación de sus fronteras, alza su voz y todos alrededor de la Tierra pueden escucharle, quejándose porque “han violado el territorio sagrado de la “Madre Rusia” y es cuando tilda a los enemigos de “nazis”, “fascistas” y crueles cobardes que han atacado a su patria. Últimamente, cuando el ISIS-K le llenó de “petardos” la sala de espectáculos en Moscú, Putin pidió, incoherentemente, que la humanidad no rusa se solidarizara con él y en la guerra contra el terrorismo, porque “ese flagelo no se puede permitir, no se puede tolerar que asesinen a ciudadanos rusos que fueron tomados desprevenidamente…” Ha dejado interpretar en sus discursos dichos después de la masacre perpetrada por los fundamentalistas islámicos.
Y para no perder su costumbre de asesinar, al día siguiente llenó los cielos de Kiev y otras urbes ucranianas, con misiles y drones iraníes y procedió a bombardear, alegando que los terroristas eran lo mismo que los ucranianos en el frente. Él si puede matar en cantidades industriales, él, Putin el ruso, el bárbaro, el heredero de otro criminal llamado Josef Stalin, tiene el aval para quitar las vidas que él quiera, cuántas quiera, cuándo quiera y dónde quiera. Y lo hace sumariamente, a poblados enteros o a personas individuales como a los disidentes que huyen lejos de Rusia o a aquellos que han regresado, como fue el caso de Aleksei Navalni, a quien asesinó descarada y abiertamente ante los ojos de la opinión pública. Putin es un caso único del genocida moderno, que exige un estudio profundo de parte de especialistas en medicina, para desentrañar lo que lleva en su cerebro y en su cuerpo sin alma, glacial como un témpano de hielo, de esos que abundan en el norte de Rusia.
Desprendiéndose de lo anterior, el ataque reciente al sitio de espectáculos en Moscú, le recordó a Vladímir Putin que tiene muchos enemigos en la misma Rusia, que son facciones armadas de considerar y temer, para tener en cuenta en caso de nuevos atentados terroristas, que le odian más que a nadie, según es el caso del ISIS Jorasán, el Estado Islámico que volvió a la vida (para sembrar la muerte), en el Afganistán pre-talibán, poco antes de que las tropas estadounidenses abandonaron ese escarpado país de desiertos, arena, polvo y fundamentalismo talibán.
Le han recordado que no puede ni debe bajar la guardia, que todas las ciudades rusas son excelentes escenarios para atacarlas súbitamente, asesinar a sus ciudadanos y sembrar el terror y el caos, precisamente porque el mismo Putin ha hecho nacer esos odios desbordados, haciendo daño directo y colateral también, a los musulmanes, los chechenos y otras etnias que ha querido sojuzgar con toda la violencia que a él le ha parecido la adecuada en cada caso, en cada guerra que ha desatado y en cada genocidio que ha cometido mediante su ejército de vándalos y pésimos soldados.
¿Y la comunidad internacional, los organismos que velan por las vidas de las personas a nivel mundial? Bien, gracias… ¿Y usted?
De repente, la ilusión del nacimiento de un niño, se convierte en una severa preocupación para sus padres, quienes han esperado con ansia, amor y ensoñación, la llegada del pequeño, quien, inevitablemente, su primer objetivo será el de “iluminar el hogar que lo ha concebido, que lo ha hecho nacer.” Naturalmente, las reacciones de los progenitores son muy variadas y van desde la decepción, hasta la desesperación, la ira, la frustración y el desencanto. Y la razón se ha fundamentado en el nacimiento de un pequeño con autismo, una condición tan desconocida como dolorosa emocionalmente para todos los componentes de la familia que lo acoge.
¿Pero por qué sucede la desazón en el seno de cada hogar? Porque ha nacido una persona que no podrá valerse por sí sola en la mayoría de los casos. Ciertamente, hay múltiples variables dentro del autismo, ya que unos lo presentan y lo sufren con muchísima intensidad y otros de manera leve, que les permite aprender un oficio y medio paliar las exigencias que les presenta la vida diaria. Pero será notorio dentro de la sociedad, que son personas distintas y por esa causa, también sufrirán menosprecio, aislamiento e incluso burla, de parte de aquellos que se consideran “normales” y “tocados por el dedo divino de Dios” o los supra-inteligentes que aparecen por todas partes en la circunferencia del mundo.
Convivir con un autista es difícil y plantea grandes preocupaciones, enormes inquietudes en sus padres, desglosadas en: “¿Ya estoy viejo, con quién quedará mi hijo el día cuando yo muera? ¿Cómo será su camino por la vida si es un discapacitado, tal y como lo demuestra palmo a palmo, paso a paso, fecha a fecha? ¿Y cuándo envejezca más, cómo podré sobrellevar sus cambios bruscos de carácter, cuando se violenta y me agrede o a su propia madre?” Y la interrogante más formulada en los padres, es aquella que dice: “¿Qué hice mal para que el destino, Dios o la vida misma, me enviara a un hijo con esas características?”
Todo ese dolor, toda esa incertidumbre, toda esa impotencia se manifiestan precisamente porque convivir con un autista es de las situaciones más duras que los padres de familia pueden enfrentar. Al principio, el desconocimiento “los pilla” desprevenidos y comienzan a analizar, averiguar y percatarse sobre el autismo. Y en medio del recorrido, los papás se convierten en expertos, versus una sociedad que no sabe absolutamente nada sobre ello. Incluso, a nivel de Instituciones gubernamentales, como los ministerios de Educación o Policía, suelen cometer yerros enormes en el trato (y enfrentamiento) con un autista: llegan incluso a esposarlos porque creen que están drogados o que son “dementes” que deben estar encerrados en un nosocomio. Tampoco hay voluntad, por lo menos en América Latina, Asia y África, por conocer con precisión de qué se trata tal condición.
¿Pero cómo se manifiesta el autismo en una persona? A medida que el niño va creciendo, los padres pueden ver conductas totalmente distintas en comparación con sus otros hermanos o niños del vecindario: no miran directamente a los ojos, no aprenden a hablar con abundancia y repiten constantemente los mismos vocablos; caen en estados de agresividad contra quienes les rodean o contra ellos mismos, golpeándose con furia y frustración; o lloran sin causa aparente. Todo es distinto en ellos. El espectro autista aparece tan desorientador en los pequeños como en sus padres y educadores. Y hay que apelar al corazón de las personas, en los barrios y sitios de enseñanza, para que los comprendan, los toleren y los acepten; incluso… que los ayuden cuando así lo requieran. Sin embargo, el común denominador en el mundo de hoy, es la indiferencia en nuestros congéneres, quienes reaccionan con miedo ante el joven con autismo o porque ese problema les suceda a ellos también cuando procreen sus propios hijos.
A pesar de que el espectro autista es eso… un espectro… hay un comportamiento que los hace similares a unos y otros y se trata de la violencia. Se han dado casos cuando los familiares, especialmente en la adolescencia, les construyen una habitación en el solar interior, para que el joven se golpee allí en soledad y rompa todo lo que quiera romper cuando la ira los invade. La violencia, entonces, la agresividad desenfrenada, acompañada de una fuerza descomunal, crea mayor problemática y desencanto en los papás. Son muchos los casos de madres de familia que han tenido que ser atendidas en hospitales, debido a los ataques de sus hijos con autismo.
En las naciones del tercer mundo subdesarrollado, el inconveniente adquiere dimensiones más trágicas, pues no hay una preparación adecuada en los educadores; o, mejor dicho, no hay personal profesional para atender adecuadamente estos casos y la improvisación sobre la marcha, es lo que prevalece. Es así como los padres de familia comienzan a soñar con un sistema funcional, con adelantos que solo en los Estados Unidos, Canadá y Europa, existen, y no tienen otro camino que “apañárselas” solos con este padecimiento que ha sido bautizado con eufemismo irresponsable de “condición”, cuando es algo mucho más peliagudo, más profundo y más desentrañable que un simple adjetivo que solo trata de alivianar la fuerza que le es inherente al autismo.
Los gobernantes no son conscientes de este problema, porque la política de poco cuño es lo de ellos; como tampoco son conscientes de que esta problemática va en aumento año con año y en sus propias narices sin que sean capaces siquiera de “olfatearlo” a corta distancia. Fuerza, valor, sabiduría, mucha paciencia y amor en quienes lo sufrimos. No hay otro sendero por recorrer.
Aleksei Navalni Podría ser un Enemigo más Eficaz contra Vladímir Putin,
después de su Asesinato
El archienemigo del dictador ruso, Putin, asesinado en la prisión en el Ártico, ha dejado testimonio de su sufrimiento y persecución en un libro que saldrá prontamente a la venta y que, sin duda alguna, causará tanto o más impacto como lo fue su muerte. Está previsto que será el 22 de octubre de este mismo año cuando sus Memorias aparezcan en las grandes librerías de Europa y los Estados Unidos. Millones de personas, aliadas moralmente con su causa, las esperan con verdadero interés y ansia.
Para desgracia de su némesis, Putin, Aleksei Navalni comenzó a redactar el libro después de que el tirano intentó matarlo usando veneno y lo terminó de escribir precisamente en su celda en la prisión del Ártico, donde fue ultimado por orden de Vladímir Putin. Y, según se ha comprobado a lo largo de la historia, esos libros póstumos suelen causar mayor impacto que el mismo autor, quien, en vida, no tenía tanto arraigo ni era capaz de “mover las montañas” como suelen hacerlo los libros.
Basta con que echemos una mirada retrospectiva a los grandes escritores universales, como Leon Tolstoi, Montesquiau, Diderot, Rousseau, Clausewitz, Fichte y muchos más, quienes dejaron sus pensamientos impresos antes de morir y los resultados fueron enormes, impresionantes y cambiaron muchísimas cosas en el derrotero que llevaba la humanidad. Es muy posible que esta obra, que ya está en imprenta en una editorial de los Estados Unidos, vaya a ser más eficaz que “el Gulag” de Alexandr Solzhenitsyn, quien dio a conocer al resto de la humanidad como eran los campos de concentración repartidos por toda Rusia asiática, durante la época del comunismo y que han cambiado poco desde la desintegración de la Unión Soviética. Esos libros del disidente ruso, refugiado en Occidente, tuvieron un impacto fortísimo en el mundo y pusieron en evidencia la maldad que sostenía al Estado comunista ruso. Por ello se espera que esta obra redactada por Navalny será determinante en muchos aspectos y de frente a la dictadura belicista y genocida de Vladímir Putin.
Para conocer un poco más de lo que tratará el libro, la editorial Knopf adelantó que “es la historia completa de su vida: su juventud, su vocación activista y su familia, y su compromiso con la causa de la democracia y la libertad rusas, frente a una superpotencia mundial decidida a silenciarlo.” El libro tendrá un tiraje inicial de 500,000 ejemplares y se llamará “Patriota”. Y para mejores señas: ya ha sido traducido a 11 idiomas, de ahí la envergadura y el éxito asegurado antes de que salga a la luz pública.
La parte frívola del asunto, “el sórdido tema del dinero”, significará para la viuda de Navalni, Yulia Navalnaya y sus dos hijos, una importante ganancia que se la tienen bien merecida después de tanto sufrimiento ocasionado por la persecución a la que se vieron sometidos por los espías de Putin, el envenenamiento que causaron en su esposo y en el encarcelamiento y crimen final; porque ese libro, desde antes de que salga a la venta, será un “hit”, un best sellers a no dudarlo. La misma Navalnaya ha opinado así acerca de la obra escrita póstuma de su marido: “Este libro es un testimonio no sólo de la vida de Aleksei, sino de su inquebrantable compromiso con la lucha contra la dictadura, una lucha por la que lo dio todo, incluida su vida. Compartir su historia, no sólo honrará su memoria, sino también inspirará a otros a defender lo que es justo y a no perder de vista los valores que de verdad importan.”
Aleksei Navalni comenzó a redactar el libro poco después de que Putin intentara envenenarlo, por medio de los servicios secretos que envió para tal misión. Ello ocurrió en el 2020. Fue en un hospital de Alemania donde le salvaron la vida al opositor a la dictadura de Putin y al activista más importante de los últimos años en Rusia. En sus Memorias, Navalni manifiesta su total convicción “de que el cambio no puede resistirse y que llegará en Rusia. No es en absoluto la forma que imaginé que Aleksei escribiría su biografía; y cuando comenzó a redactarla rápidamente se vio atrapado por ese trabajo.” Escribió su viuda en su cuenta de X.
Mientras tanto, Kira Yarmish, su portavoz en la Fundación que él creó, dijo lo siguiente: “Hoy es el fin de los secretos. El libro de Aleksei, que empezó a escribir en Alemania y terminó en la cárcel, será publicado. En él incluye correspondencia desde la cárcel y relata su carrera política, los numerosos atentados contra su vida y la de las personas más cercanas a él, y la campaña que él y su equipo libraron contra el régimen de Putin.” Dijo la funcionaria, quien trabajó incansablemente junto a Navalni en los años más duros contra el Kremlin y el poder de Vladímir Putin.
Desde luego, será prohibido en toda Rusia, por lo peligroso que resultaría ser para la dictadura “putinesca”; pero en Occidente se vendrá como “pan recién horneado y puesto en la vitrina”… se venderá ipso facto y de eso estamos completamente seguros. Pero lo más “delicioso” será su ingreso subrepticio en la misma Rusia y su circulación de mano en mano entre los lectores rusos, quienes tomarán consciencia de que tienen encima a un Estado criminal al cual hay que derrocarlo de una manera u otra.
En resumen: el libro de Navalni tendrá un record de ventas, servirá para conocer las tramas sangrientas de Putin y la vida de un hombre (Navalni), valiente como pocos y comprometido con la libertad. Lo esperamos en América, para comprarlo sin demora.
La Elección de Mario Bergoglio o el Papa Francisco, ha sido el Peor Error del Cardelanato en los Últimos Años
Parece un mal chiste o una burla cada vez que el Papa argentino abre su boca, pues demuestra su impericia natural, su escasa cultura y su poco acierto para decir las cosas. Porque cada vez que da declaraciones, especialmente sobre temas de suma delicadeza, enfada a una parte de la opinión pública que se siente herida, golpeada en lo más íntimo de su fuero interno e insultada en lo más sensible. Y hay ejemplos de ejemplos de esto que afirmamos, porque Jorge Bergoglio, el primer Papa de nacionalidad argentina (y esperamos que sea el último), no es diplomático, no sabe hablar, no sabe emitir una opinión centrada, equilibrada, que deje satisfechos a unos y otros. Y eso no puede suceder en el jefe de la Iglesia Católica, más todavía cuando esta gigantesca Institución mundial ha venido a menos en las últimas décadas, por todas las problemáticas que ha venido arrastrando desde la muerte de Juan Pablo II, un hombre que supo ser Pontífice de verdad y que ninguno de sus sucesores ha podido emular o acercársele a su estatura, un poquito apenas.
Para remitirnos al pasado más reciente, Francisco I, el Papa argentino, en primer término no emitió comentario alguno cuando Putin envió a sus hordas contra Ucrania; tampoco condenó las matanzas de la población civil ucraniana, ni el rapto de niños ucranianos por parte de las tropas rusas para llevarlos arbitrariamente a Rusia. El silencio “decía más que sus palabras”, porque todos caímos en la cuenta de que el Papa era amigo de Putin, el genocida, y aceptaba tácitamente todos los crímenes que estaba cometiendo. Sin embargo, la presión mundial hizo que el Pontífice expresara ciertas palabras sin peso, pero palabras al fin…
Últimamente, el Papa argentino retó al presidente de Ucrania para que negocie la paz con el carnicero ruso, Vladímir Putin… ¿Pero, acaso no debió lanzar ese reto al ruso, al invasor del país vecino, y exhortarlo a retirar sus tanques y soldados criminales de tierras que no les pertenecen? Nó, Francisco I no lo hizo, su corazón no le dictó que debía dirigirse a Putin y exigirle que detenga el derramamiento de sangre ucraniana con su bestial guerra. Tampoco ha pensado -y mucho menos dicho- que, en una eventual concertación de la paz, Rusia tendría que devolver los territorios del Donbás que no le pertenecen y que ha adherido arbitrariamente, lo mismo que la Península de Crimea, arrebatada por la fuerza a Ucrania.
Simplemente ha hablado de una rendición del ejército ucraniano, como requisito indispensable para obtener la paz. ¿Pensará lo mismo Putin? Por supuesto que nó. Porque una vez que Ucrania plantee la posibilidad de deponer las armas en la defensa de su territorio, Putin se lanzará sobre el país vencido con mayor ferocidad, hará que su actual presidente huya al exilio, sino lo encarcela o envenena como es su criminal costumbre y dará forma a un Estado “títere” como lo ha hecho con Bielorrusia y su monigote instalado en Minsk, Alexandr Lukashenko, el servil suyo y del Kremlin. Porque Vladímir Putin no cree en el respeto a los pueblos libres de las naciones vecinas, no cree en una paz justa y duradera, sino en la famosa “pax romana” que incluye la sumisión y la esclavitud del vencido. Los ucranianos lo saben y por eso se dejarán hasta la última gota de sangre frente a los invasores rusos.
Evidentemente Jorge Mario Bergoglio, que es el nombre verdadero del Papa Francisco, no estaba capacitado para subir al Trono de San Pedro, porque, entre otras cosas, el pobre es un remedo de los anteriores Pontífices, a partir de Pío XI y sus sucesores. Es uno de los “cabezas de la Iglesia” más flojos, más deficientes y más limitados intelectualmente que recordamos y que han alcanzado esa posición en la jerarquía de la Iglesia Católica. Tampoco ha hecho, a lo largo de su pontificado, grandes esfuerzos en otros campos que resultan imprescindibles por corregir, como la pederastia, la homosexualidad y los abusos sexuales de parte de varios sacerdotes, obispos y otros líderes de la Iglesia en detrimento de jovencitos víctimas. También su silencio en torno a problemas medulares que postran a la humanidad, como el hambre, la injusticia, las persecuciones por diversas causas a los más débiles o componentes de minorías. No se ha manifestado nunca a favor de la mujer, la maternidad, la ancianidad, la eliminación del racismo en sus distintas manifestaciones y países; la corrupción gubernamental, las dictaduras oprobiosas como la de su amigo Putin en Rusia, o el asesinato de los disidentes como lo ejecuta también su entrañable amigo Putin. Nada, el Papa actual es un fiasco en muchísimos sentidos y enoja, enfada más de lo que agrada a quienes lo escuchamos. Por ejemplo, ha instado a Zelenski, el presidente de Ucrania, para que asuma una posición sumisa y de vencido, sin haber sido derrotado, ante el invasor ruso y poco ha faltado para que los emisarios enviados por el Vaticano a Kiev, aconsejen al mandatario ucranio que “pida perdón a Putin”, como base para comenzar una negociación tendiente a alcanzar la paz.
Además, sus permanentes quejas por supuestas enfermedades por parte de Begoglio, le muestran como una persona indolente, ociosa y desinteresada por la verdadera misión por la que fue encumbrado hasta la estatura de Pontífice; es decir, se queja permanente y recurrentemente de que sufre gripe, tiene un pie malo, una torcedura en el cuello, se le cayó una uña del dedo meñique de su mano izquierda y babosadas de ese talante. Ante tal despropósito, solo esperamos que este mal Papa desaparezca, así de cualquier modo, pero que deje su cargo a otro que lo merezca.
¿No Intervención en la Vida Interna de un Estado o Indiferencia Criminal de Parte de la Comunidad Internacional?
La situación general de Haití, desde que tenemos uso de razón, siempre ha sido peliaguda, de las más inestables, inseguras y difíciles por las que puede atravesar un gobierno, un país y su gente. ¿Cuándo se vino abajo Haití y su pueblo? No lo sabemos. Incluso unos dicen que tuvo, en una etapa de su existencia, el beneplácito de ser una de las naciones con mejor calidad de vida de toda América. Es posible, pero muy pocas personas –o casi ninguna-, pueden dar fe de ello, porque, desde la década de los años 50, Haití siempre ha presentado una cara triste, de miseria, de faltantes en todos los órdenes de su vida y un lugar del que “todo el mundo sabe dónde está, pero nadie quiere ir a visitarlo.”
Lo que sí es cierto, como el Sol que sale por levante cada mañana, es que las ex colonias británicas y francesas, cuando se quitan el yugo del colonialismo que ha pesado sobre sus cuellos, muestran después una impresionante pobreza, que le han dejado sus anteriores amos. Basta con que revisemos un poco la historia de algunas naciones africanas, asiáticas y latinoamericanas, que han sido colonias inglesas y francesas, para darnos cuenta de esa irrefutable y dura realidad. Haití fue colonia de Francia. Hay quienes dicen que fue “el mercado de esclavos” de los piratas franceses, quienes sacaban a los negros del África, los trasladaban a Haití y ahí, en esa parte de la isla La Española, los comerciaban para que trabajaran en las plantaciones de banano, algodón y café, en otros territorios ubicados en tierras del “nuevo mundo.” Es muy posible que así fuera. Habría que revisar pormenorizadamente la historia haitiana para cerciorarnos; y si fue de esa manera, no nos sorprendería nada, pues británicos y franceses siempre han visto a la raza negra como una “especie” digna para ser explotada, vendida, segregada, humillada y maltratada. El racismo en su máxima expresión.
Retornando al pasado reciente, Haití no tenía alternativa alguna: tenía que ser pobre, pero pobre de verdad, porque sus dictadores, especialmente la famosa familia Duvalier, lucraron con la poca riqueza que generaba el comercio, la agricultura y el turismo de esa porción de la isla. “Baby” Doc Duvalier, el último de esos autócratas, terminó exiliado en Francia –no podía ser en otro lugar-, podridamente millonario, con el dinero que había depositado en Bancos franceses a lo largo de su dilatada dictadura en Puerto Príncipe. Luego vino un “intento de democracia” con el Padre Jean Bertrand Aristide, quien intentó, honradamente, de sacar a su país de la miseria, pero no lo logró y terminó exiliado, antes de que lo asesinaran en una nación donde las vidas humanas valen tanto como un arbusto de cacao; es decir… ¡Nada!
Y el simulacro de democracia continuó, sin convencer mucho a las potencias que observaban con cierto cuidado y recelo a Haití y su derrotero,
hasta llegar al asesinato de Jovenel Moïse, el último presidente elegido democráticamente. Un magnicidio que conmovió a toda la comunidad internacional, pero no nos sorprendió, porque en Haití pueden pasar hechos así y hasta peores, como los que estamos observando hoy en día, con ex policías convertidos en líderes pandilleros, que se dedican a asesinar en las calles de las vetustas y derruidas ciudades.
Pero queremos llegar a este punto: la comunidad mundial, en especial la americana, siempre ha sabido que Haití es “un Estado, un país, una población fallida.” Siempre lo ha sabido. Y ha sabido del hambre profunda, mortal, de su población absolutamente negra, mayoritariamente negra, descendiente directa de aquellos esclavos que los franceses sacaron a trompicones del África para venderlos en América; pero nunca ha procurado frenar esa hambre, paliarla, erradicarla, ayudar a los haitianos, invertir en Haití, crear empresas, generar puestos de trabajo para la juventud descarriada y desorientada que aquí crece día a día, sin ninguna ilusión mayor que encontrar una fruta o una hogaza de pan con la cual engañar a sus estómagos vacíos. Y lo que es peor: gobiernos como el de Francia y los Estados Unidos, toleraron siempre a los dictadores corruptos de Haití, hasta les dieron asilo cuando fueron derrocados, pero nunca trataron de alejarlos del poder y ayudar, política y militarmente, a ese gobierno para que conociera la democracia, el sistema capitalista y el progreso sostenido que los haitianos siempre han urgido.
Si le preguntabas a un burócrata del Congreso estadounidense o del Palacio de El Elíseo en París, por qué no intervenían en Haití, te contestaban que respetaban el principio de “autodeterminación de los pueblos, de la no intervención en la vida interna de ningún Estado” y otros sofismas de ese mismo corte, que solo eran eufemismos para decir en realidad: “Haití nos importa tanto como lo que sucede en Uganda o Kenia en estos momentos.” Era la práctica de la indiferencia absoluta, mientras el país desfallecía en medio de su abyecta miseria diaria. Lo que significaba nada menos que lo que sucediera en Haití, no era relevante en modo alguno para las grandes potencias occidentales, como si vivieran en esa porción de la isla, solo animales indignos de tener calidad de vida.
Sin temor a equivocarnos, la desidia, el desinterés, la deshumanización de los gobiernos ricos, de los países poderosos, dio como resultado lo que Haití es hoy en día, porque Washington, París o Londres, prefirieron “volver el rostro al lado contrario”, antes de ser solidarios con los haitianos. Y lo que es peor, tampoco ahora, en medio de este caos, las superpotencias hacen algo. Triste de verdad.
Terminaron los 32 Años de Johnny Araya en la Alcaldía de San José, Capital de Costa Rica
Estuvo el tiempo más que suficiente para haber hecho una obra colosal en lo físico/estructural de San José o despedazarla por completo; sin embargo, el hoy ex alcalde josefino, Johnny Araya, no hizo una cosa ni otra… no despedazó a la Capital y tampoco la embelleció, pero sí la transformó, y de paso mató a una serie impresionante de tiendas, de negocios tradicionales, que marcaron épocas en la vida e historia de este país, la centroamericana Costa Rica.
No se nos acabaría la lista de barbaridades, de “desapariciones” de tiendas, restaurantes y distintos negocios y del cambio que hizo en lo profundo y en “la fachada” de la ciudad, hasta convertirla en algo nada funcional, plagada de fealdad, de delincuencia, indigentes por todas partes, alcohólicos que piden limosna a los turistas desvergonzadamente y emigrados de las demás naciones centroamericanas, especialmente mujeres nicaragüenses que se han adueñado de calles y avenidas, las más céntricas existentes, para vender sus productos “comestibles”, impresentables y ajenos a la salubridad que toda comida que se vende al público, debería tener.
No más de entrada en este editorial, tenemos que afirmar y confirmar que el paso del ex alcalde Johnny Araya durante 32 años, fue un fiasco, un experimento que no pasó de serlo y una desgracia total en lo urbanístico, lo humano, lo social, lo comercial, lo financiero y lo estético, entre otros aspectos más. Sin más dilación, Johnny Araya se trata de un individuo sediento de poder y cuando lo tiene en sus manos, necesita más y mayormente más poder. Prueba de ello, trató de utilizar la Alcaldía de San José para catapultarse hacia la presidencia de la República, pero falló estrepitosamente, a tal extremo que ha sido el peor candidato del Partido Liberación Nacional (PLN), al que siempre ha pertenecido, ya que en el balotaje o segunda vuelta, se declaró abiertamente incompetente para seguir en la lucha política. Dijo que no tenía financiamiento y mencionó otros entuertos más que nunca habíamos escuchado en el devenir de esta nación, de un político curtido, como se considera él. En otras palabras, su desastre proselitista en esa campaña política a nivel nacional, le hizo ver que, en sus afanes políticos “Araya ya había tocado techo”, que la Alcaldía de la Capital era a todo lo que podía aspirar en su existencia y se quedó quieto allí, hasta cumplir los 32 años en su oficina, sintiéndose el dueño de ese puesto, devengando un salario más alto que el Alcalde de Madrid, España, y jugando al “Herodes,” dueño de San José de Costa Rica.
Con él, todo lo bueno y bonito de la anteriormente funcional ciudad Capital, quedó relegado, olvidado, desechado y desaparecido, hasta convertirse en una urbe impresentable a los ojos de los visitantes extranjeros. Y podríamos citar ejemplo tras ejemplo de su pésima gestión, pero hay otros subtemas todavía más interesantes de su paso por la Alcaldía, que debemos desentrañar. Por caso… ¿Por qué se le permitió a Johnny Araya ser elegido y reelegido en ese puesto? En primer término, porque el votante josefino –y también a nivel de país-, no está interesado en esas elecciones y no acude a las urnas a votar. Ese desinterés favoreció a Araya, mientras se frotaba las manos ante el ausentismo de los ciudadanos en los centros de votaciones. Basado en ello, dio la impresión de que “entrenó” a un grupo de funcionarios municipales que trabajaban para él, para que votaran siempre por él cada cuatro años, y estos acudían religiosamente a depositar sus sufragios por su jefe Araya, dándole la mayoría aritmética en el conteo de los votos. Y, de paso, esos acólitos permanecían en sus puestos en el Concejo Municipal, la Alcaldía y en todo el aparato donde la sombra de Johnny Araya se extendía. Es por esa razón que el nuevo Alcalde se encontrará con un numeroso grupo de leales al Alcalde saliente y que, muy probablemente, causarán al nuevo edil problemas, durante el período en el que estará en su Despacho. Es así como los mandos medios y altos, están ocupados por gente afín a Araya y le son adictos en el amplio sentido de la expresión.
Un segundo factor a favor del ex alcalde Araya, se fundamentó en la ley que permitía la reelección en ese puesto, de manera consecutiva, de tal manera que la inasistencia de los votantes a las urnas y la susodicha ley, formaron un binomio que favoreció a Johnny Araya para relegirse a lo largo de 32 años ininterrumpidos y perjudicó a la ciudad Capital, que fue regida por algo poco menos que una dictadura y el tipo feliz en su silla de mando, ordenado ejecutar allá, viajando por donde le dio la real gana y echándose al bolsillo millones de colones (moneda costarricense), por alterar la armonía ciudadana, el paisaje capitalino y fomentar a las decenas de indigentes y alcohólicos que deambulan por sus calles, plazas y aceras, más la gran cantidad de vendedores callejeros que ahora subsisten y persisten en San José de Costa Rica a toda hora.
Han pasado nada menos 32 años de ese individuo en la Alcaldía de la Capital, suficientes para hacer lo que hizo; pero nos confortamos pensando que pudo haber sido peor, conociendo la clase de politicastro, ególatra y negligente que es Araya. Desgraciadamente se fue sin devolver lo mucho que le quitó a los capitalinos y sin que un fiscal lo llamara a dar explicaciones…
"Generar Miedo”, es la Consigna del Dictador de Rusia, Vladímir Putin
Es evidente que, cuando se deshace de algún enemigo que ha cobrado cierta notoriedad, como en el caso de Eugeny Prigozhin, el renegado judío, al que Putin eliminó cuando viajaba en un avión hace pocos meses, al dictador de Rusia no le interesa negar ni confirmar mucho menos, que él ha sido el perpetrador de ese asesinato. Deja a la imaginación de quienes leen la noticia y crean preferiblemente que realmente él fue el asesino entre bastidores, quien ordenó que se consumara esa muerte en particular. Y, ciertamente, Putin ha sido el culpable. ¿Quién más podría hacerlo en ese inmenso país, sino él? Su naturaleza criminal, adormecida mientras era un don nadie o escalaba apenas hacia la cúspide del poder, ahora se manifiesta en toda su magnitud.
El tirano nacido en San Petersburgo, esto es Vladímir Putin, quiere que le teman, que las gentes, principalmente sus adversarios políticos, tiemblen cuando piensen en la posibilidad de que podrían ser asesinados por él, por medio de su aparato represivo, propiamente su oficina de espionaje y que trabaja por todo el continente europeo y con mayor eficacia en el interior de Rusia.
Tampoco sus subalternos en el Kremlin, en la oficina de comunicación o propaganda, emiten documentos o rinden declaraciones a la prensa internacional en los que nieguen que ha sido Putin el perpetrador de esos magnicidios. Porque –insistimos-, lo que desea el dictador es que el mundo le tema, tiemble ante su presencia y ante la alternativa de ser eliminados allí donde se encuentren. Por esa razón, la mayoría de sus opositores yacen escondidos en el exilio, “en algunos países de Europa”, sin que se mencionen sus escondrijos, sus paraderos, por el mismo temor a ser ultimados a balazos, lanzados desde un piso elevado de un edificio de apartamentos u hotel o ser envenenados, tal y como intentó hacer primeramente con Aleksei Navalni, a quien sí pudo envenenar –de manera indubitable-, en la penitenciaría ubicada en el Ártico ruso.
Con el tirano que está enquistado en el poder en Rusia, sucede lo mismo que con el Papa Borgia, Alejandro VI, en el Renacimiento italiano: cuando invitaba a alguien a cenar a su palacio, el invitado sabía con antelación que no saldría vivo de esa cena, pues iba a ser envenenado con los platillos que le iban a servir. “Era un secreto a voces”, como lo es actualmente en la Rusia de Putin: cuando alguien postula su nombre para unas elecciones supuestamente democráticas y será el antagonista del dictador, quien también será candidato, sabe, de antemano, que esa determinación suya le llevará a la muerte o en el mejor de los casos, al destierro en el extranjero. Putin no permite que una sola ráfaga de viento sople en su contra, porque su dictadura no acepta ni la más leve contradicción en los términos, en los conceptos y mucho menos en el rumbo que lleva el país, de la mano de este sujeto sanguinario.
El silencio del dictador es más que elocuente. Quien no lo haya
interpretado al cabo de cada asesinato, simplemente no conoce nada sobre el comportamiento de los asesinos. Putin aplica aquello de que “quien calla otorga” y él está otorgando con sus silencios la verdad de la que todos hablan: que él se deshace de sus enemigos por todos los medios a su alcance y donde se hallen esas personas que solo quieren terminar con su prolongadísima presencia en el Kremlin y que haya, por vez primera, democracia en Rusia. Incluso sus amigos repartidos en distintos puntos del orbe, aplican sus mismas tácticas: Nicolás Maduro, en Venezuela, encarcela y aniquila a quienes le presenten oposición; Daniel Ortega, en Nicaragua, hace lo mismo; de igual modo Díaz Canel, en Cuba, etcétera, etcétera, etcétera.
Después del asesinato de Aleksei Navalni, su esposa Yulia, herida y dolida en lo más profundo de su yo interior, de su espíritu de esposa, madre y ciudadana coartada en todos sus derechos civiles, amenazó con proseguir la lucha de su marido y acabar con el gobierno dictatorial de Putin. De tal manera, ya sabemos quién será la próxima víctima del tirano. Ya sabemos quién aparecerá envenenada o recluida en una prisión, posiblemente en la misma del Círculo Polar Ártico, donde fue enviado y ultimado su esposo Navalni. Porque con Putin no se juega. Con él no hay segunda opción, no hay senda de escape… es la muerte o la muerte. No hay beneficio alguno ni alternativa diferente alguna para los disidentes.
El problema se fundamenta en que los opositores al dictador saben del peligro que corren y aun así se precipitan a él, como hizo Navalni al regresar a Moscú, después de que los médicos alemanes le salvaron la vida cuando Putin intentó envenenarlo durante su estadía en Alemania. Los más sensatos, aquellos que aman más a sus vidas que a la lucha fallida por democratizar a Rusia, han huido y permanecen bien ocultos, donde el brazo tenebroso y sangriento de Vladímir Putin no puede encontrarlos y mucho menos, asesinarlos.
Dios quiera que Yulia Naválnaya rectifique y se dedique al cuidado de sus dos hijos adolescentes, quienes se han quedado sin su padre, la víctima por excelencia del criminal en el poder.
Organismos que Velan por los Derechos Humanos en unos Casos Ardientes Defensores de las Condiciones del Hombre; en Otros, Extremadamente Tibios y en una Tercera Posición… Criminalmente Indiferentes
No importa el nombre de la organización que usted recuerde en estos instantes o que se le haya venido a la cabeza, pues hay una inmensa cantidad de ellas, distribuidas en algunas latitudes del planeta, especialmente en los países del primer mundo desarrollado, principalmente en Inglaterra, Francia y España (nunca en Ruanda, India, Bolivia o Madagascar), pero lo que usted siempre notará es que son “mucho ruido y pocas nueces”, como dice el viejo refrán popular. Es decir, publican, publican y publican lo que sus dirigentes (“vive bien”), desean denunciar, pero no pasan de allí. ¡Perdón, nos equivocamos! Porque otra cosa que hacen es pedir dinero para mantener “el negocito” que resulta ser siempre extraordinario en ganancias financieras. ¡Y pensar que han muchos mecenas que creen en ellos, les acreditan dinero mes a mes y con ello pueden subsistir y vivir holgadamente! La más famosa, sin duda, es Amnistía Internacional, por lo menos la más dinámica y conocida a nivel global.
Las intenciones en la superficie siempre son las mismas: liberar a los presos de consciencia o que logren juicios justos; aunque las intenciones subrepticias o en el trasfondo, indican que lo que desean es mantenerse vigentes, “en la cresta de la ola,” para que todos sigan creyendo en ellas. Y las “temperaturas” con las cuales actúan, pueden ir de lo más pasional y constante, hasta la total indiferencia en referencia a casos comprobados de violaciones de los derechos humanos. Durante la dictadura de Fidel Castro, en Cuba, por ejemplo, hubo momentos cuando las denuncias alcanzaban “decibeles” sumamente altos, en los que se defendían a los presos en las cárceles y a los fusilados en los patios de los centros penales, pero, con el paso del tiempo, fueron amainando esas mismas denuncias, hasta quedar menos que la espuma del mar al reventar las olas, en las playas de la isla prisionera en las garras y fauces del dictador.
Otra cosa fueron los objetivos que, supuestamente, buscaban y que iban en pos de liberar a los presos y darles hogares seguros en el exilio; es decir, muy rara vez se lograron, extraña ocasión pudieron salir de Cuba y, por el contrario, encontraron la muerte en los paredones de fusilamiento o víctimas de las golpizas que les propinaban en las mazmorras del régimen. Lo anterior significa que pasaron de una feroz oposición al sistema violatorio de los derechos humanos, a una total pasividad e indiferencia en el seno de estos organismos.
Hoy, en el caso de la dictadura en Rusia, de Vladímir Putin, “la tibieza” y hasta ese “volver la cara al lado contrario”, es lo que caracteriza a los mimos organismos internacionales; a tal extremo que los dictadores, tanto el ruso como el bielorruso, Alexandr Lukashenko, se sienten muy cómodos persiguiendo, aprehendiendo, encarcelando, desapareciendo y asesinando a sus opositores, ya que no existe, fuera de las fronteras de sus países, personas capaces de presionarles para que respeten a los derechos
inalienables del ser humano.
Lo mismo acontece en los casos que se dan en la China comunista, donde miles de disidentes y hasta etnias completas, son perseguidas ferozmente, con el riesgo de hacerlas desaparecer. En América Latina, en México específicamente, los asesinatos reiterados de periodistas, la desaparición y la reaparición en fosas comunes de jóvenes estudiantes, es del común diario, sin que su presidente, Andrés Manuel López Obrador, haga algo, o siquiera lo intente para revertir el derramamiento de sangre. Aquí tampoco los organismos internacionales presionan, ni denuncian fuerte y decididamente estas actuaciones reñidas con el respeto a las vidas ajenas.
No obstante lo anterior, lo que está “en boga” es denunciar, sacar a la palestra lo que está haciendo en El Salvador, Nayib Bukele, “el chivo expiatorio” por excelencia, al que se le debe acusar, señalar por todas sus actuaciones y tratar de dañar en su imagen internacional. La defensa de “las maras” por parte de esas organizaciones, nos parece descomunal, desmedida, incoherente, disociada de la realidad y peligrosa en grado sumo, porque están defendiendo nada más y nada menos que al mal que ahora yace tras los barrotes de la mega-cárcel que Bukele mandó a construir. Aquí, lo que priva es un desatino portentoso, impresionante en toda su magnitud e increíble para las personas cabales, que se posicionan en el lado contrario de la maldad. Es decir, cualquier persona que deteste al mal en todas sus variables, no puede, ni podrá nunca, ir en contra de las políticas de seguridad que ha implementado Bukele en su pequeño país. No cabe siquiera la menor crítica al presidente salvadoreño y, por el contrario, el aplauso atronador, la felicitación admirada y la motivación para que continúe en su tarea de limpiar de vándalos a El Salvador, es lo que debe manifestarse de parte de la comunidad mundial que le observa detenidamente.
De nuestra parte, no nos congraciamos con esas ONGs, tampoco con las otras organizaciones que supuestamente velan por los derechos y las libertades del ser humano; y mucho menos estamos de acuerdo en girarle recursos económicos para que sigan callando las atrocidades y atropellos de Putin en Rusia y Ucrania; pero sancionando decididamente el trabajo que realiza Bukele en las calles de las ciudades salvadoreñas. Nunca estaremos de acuerdo con las incoherencias en todas sus manifestaciones.
Hasta para Morir hay que Tener Clase y “Aguantar el Tipo” lo Mayormente Posible
Este comentario editorial ha surgido a la luz pública a raíz de la muerte del ex presidente de Chile, el Honorable Sebastián Piñera; y hacemos énfasis en que lo redactamos sobre la base del profundo respeto y admiración que profesamos por este ilustre caballero y en ningún momento es nuestra intención irrespetarlo o hacer sarcasmo y mucho menos burla de su deceso.
Subrayado lo anterior, hacemos un breve repaso de quien fue Piñera y lo que significó para su país de origen: ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido Chile a lo largo de su historia; su paso por el Palacio de La Moneda tuvo más luces que sombras y supo fortalecer la democracia a pesar de los intentos de los fuertes grupos radicales muy vigentes en el Chile actual. Pero, en todo caso, logró salir adelante con su gestión gubernamental y entregar a un Chile más moderno, más democrático y con mayores y mejores cambios en sus estructuras esenciales. Es por ello, por la fuerte y productiva personalidad de este chileno, que su muerte, además de sorpresiva y conmovedora, la sentimos como una pérdida real, en el sentido profundo del término. Un hecho que se pudo evitar.
Si utilizamos el juego de palabras para explicarnos un poco mejor, Piñera fue al encuentro de la muerte y no al revés; es decir, la muerte no lo buscó a él. Pilotaba un helicóptero sobre el Lago Ranco, en la Región de Los Ríos, cuando perdió el control del aparato que se precipitó hasta lo hondo del mismo lago. Según su instructor, Alfonso Wenzel, el ex presidente tenía una amplia experiencia en el pilotaje de helicópteros “y aprobó satisfactoriamente el curso,” afirmó. Pero hay un detalle que se debe tomar en cuenta para explicarnos lo que sucedió con Piñera antes y durante el percance: Wenzel agregó a sus palabras que “enseñarle no fue tarea fácil (porque) quienes quieran aprender a deambular por las nubes, deben ser personas conservadoras, que arriesgan poco, que no van contra la corriente, como sucede cuando quieres ganar en el mundo de los negocios. Justo lo que Piñera no es. Por ello, tuvo que aprender y se tomó casi un año para hacerlo. Bastante más que su compañero de aula (el también empresario Andrés Navarro, con quien Piñera compró un helicóptero marca Robinson 44).” Lo anterior nos da una idea cabal, más acertada, del porqué Sebastián Piñera terminó con su vida en una muerte que, además de tristeza, concede otros sentimientos encontrados, como rabia y mucho de crítica hacia su actitud que le llevó a la muerte, porque era de esos hombres de quienes nunca queremos que fallezcan, debido a su calidad humana, su inteligencia, su protagonismo de bien y su manera progresiva de vivir su vida y con ello, la ayuda que siempre daba a los demás. Su deceso no debió producirse y con esta expresión comulgan la mayoría de los chilenos. Por eso, además de sorpresa, su muerte nos deja el mal sabor de que debió vivir más, mucho más.
Otra descripción del comportamiento de Sebastián Piñera como piloto de helicópteros, nos la concede el mismo Wenzel, quien dijo de él que, “ya en el aire, le pude cambiar el ‘switch’ al expresidente (porque) aprendió a dejar el celular en tierra para lograr concentrarse y también le enseñé que, ante cualquier eventualidad, lo mejor es aterrizar (cosa que no hizo Piñera el día de su accidente mortal y cayó de lleno en el lago).” Y aquí viene la descripción más gráfica de la manera de ser de Piñera al mando de los controles de un aparato de estos: “En una oportunidad –prosigue su instructor-, hubo muchas turbulencias. Yo decidí volver, pero si no… él hubiera seguido. Piñera debió aprender que para ser un buen piloto, hay que ser más reflexivo y andar más despacio, menos apurado.”
Así era el ex mandatario sentado frente a los controles de su helicóptero: poco o nada reflexivo y algo precipitado al tomar sus decisiones. Y por esa razón decimos que él fue al encuentro con la muerte, cuando Chile y los chilenos le necesitaban todavía más, cuando el país no encuentra un rumbo claro de la mano del marxista que hoy está en el poder. Los empresarios, los tecnócratas, los pragmáticos y sobre todo los políticos que sueñan con un país mejor, son quienes más le echarán de menos.
Su muerte fue más sorpresiva que otras que han acontecido en América entera, porque se le veía lleno de vitalidad, de virtuosismo y daba la sana impresión de que podría dar muchísimo más de sí, quizás desde algún organismo internacional como la ONU, la OEA, el BID o cualquier otra de fuerte impacto mundial. Piñera no era para morir así, tan “rayanamente”, tan poco o nada solemne, porque justamente no era una persona cualquiera, era una personalidad hemisférica, incluso de gran peso mundial. Por ello su fallecimiento ha dolido mucho más que el de otras personas. Él debió morir como mueren los grandes, después de haber conseguido más lauros, mayor performance y de un modo distinto, quizás –permítasenos decirlo-, con estilo de Estadista, después de haber aconsejado a los nuevos mandatarios sobre el camino que deberían seguir junto al país entero. Debió “mantener el tipo” –como dicen los españoles-, en esa hora crucial, porque hay personajes tan admirados, tan rutilantes y carismáticos, como en su caso, que no pueden dejarse atropellar por un auto en una calle o ser apuñalados por un delincuente cuando paseaba con su perro por una vereda de su barrio. Nos parece que hay una muerte para cada quien y cada cual.
En todo caso, el ex presidente que sacó a los mineros que peligraban quedar sepultados en su mina y el que dio lo mejor de sí a Chile, merecía un “adiós” mejor, como fallecen los grandes de todos los tiempos.
¿La Democracia es “Pesos y Contrapesos” u Obstáculos y Recontra-Obstáculos? Que lo Explique Mejor
Javier Milei
Para un político “con espuela”, esto es… con experiencia, los obstáculos diversos que le presenta el sistema democrático –suponiendo que sea una democracia funcional, con los tres Poderes establecidos y definidos con claridad y no ese simulacro de democracia que existe en muchos países latinoamericanos, en los que más bien sus gobiernos son antros de corrupción-, no representarían ninguna novedad, ninguna “sorpresa” y mucho menos, motivos de frustración. Pero en el caso de Javier Milei, el nuevo mandatario de los argentinos, cada situación adversa provenida desde un Poder y otro, o desde los sindicatos, representa una decepción, una desilusión, más todavía si subió al gobierno con el ímpetu, el entusiasmo y la determinación de acabar con todo lo que tiene a su país postrado.
En concreto, la última noticia que nos ha llegado desde el cono sur americano (no europeo, como creen los argentinos que esa parte de América es Europa y ellos son originarios de allí), se refiere a la declaración de inconstitucionalidad anunciada por el Poder Judicial a la reforma laboral que elaboró y ha estado impulsando Milei. Un periódico español lo ha descrito mucho mejor con esta leyenda que encabeza su crónica: “A menos de dos meses de su llegada a la Casa Rosada, el mandatario afronta un rosario de reveses judiciales.” Y esa es la única y gran verdad de los primeros días de Javier Milei al frente del gobierno de ese país ingobernable.
Y es que la democracia, según escuchamos a un demagogo centroamericano, se compone de “pesos y contrapesos” o mejor dicho: “de obstáculos y recontra-obstáculos,” que no dejan gobernar apropiadamente y en beneficio de la patria. No dudamos que Milei esté lleno de fe, de buenas intenciones, que quiere ver a su país boyante, “siendo el mejor del mundo como lo fue hace décadas”, de acuerdo a sus propias y fantasiosas palabras, porque Argentina nunca ha sido el mejor país del mundo, por encima de Alemania, Japón, Italia, Suecia, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Ni siquiera mejor que Brasil ha sido nunca. Pero así son los rioplatenses, tan exagerados al hablar, al comportarse y al conducirse por la vida. Y esos contrapesos, decíamos, la sentencia en la Cámara de Trabajo representa un rotundo fracaso del capítulo laboral del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), redactado por el presidente argentino. Es un fracaso a su reforma laboral y ha sido firmado por los jueces de la sala de Feria, a raíz de una causa impulsada por nada menos que la Confederación General del Trabajo (CGT), de fuerte y absoluta tendencia peronista (o kirchnerista). Los mismos que acaban de hacer una manifestación multitudinaria contra el actual mandatario para tumbarle todos sus proyectos, pasándole por encima al patriotismo y con la única intencionalidad de que este gobierno “naufrague” y retorne al poder la corrupta Cristina Fernández de Kirchner. En específico, los artículos invalidados tenían que ver con modificaciones en las formas de establecer contratos y limitaban el poder a los gremios y sindicatos. Es decir, se entrometía con el verdadero poder en Argentina, los que verdaderamente mandan en esta nación: los sindicalistas y otros gremios que solo existen para defender sus intereses y nunca aquellos que son del común del pueblo. La Kirchner y su monigote Alberto Fernández, nunca tuvieron estos problemas, porque nunca intentaron reformar absolutamente nada y estaban avocados únicamente al saqueo del Estado, una tarea que realizaron con extraordinaria eficacia y diligencia.
Por otra parte, la semana pasada, Milei sufrió otra derrota ante el Poder Judicial cuando los jueces le rechazaron la Ley de Tierras presentada por “el melenas/presidente”, luego de que hiciera una exposición de dicha ley en el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (CECIM), y dijo que la derogación “libera el mercado de tierras, habilita la extranjerización de las mismas, con dinámicas latifundistas, que ponen en crisis los principios de integridad territorial y la soberanía nacional, condicionando no solo la disponibilidad del suelo argentino, sino también los cursos de aguas dulces.” Lamentó Milei en aquella oportunidad, pero, de todos modos, también este intento resultó rechazado por los jueces (¿Peronistas?).
Y es que en Argentina, como en el resto de América Latina, en aquellos países donde los sindicatos son muy fuertes y los otros dos Poderes (Legislativo y Judicial), ejercen una oposición férrea a todo lo que toque los intereses de sus funcionarios en los altos cargos, no basta con las buenas intenciones de un mandatario para tratar de corregir lo que anda mal en su patria. Pero en el caso de Javier Milei, de acuerdo al sesgo que llevan los acontecimientos en Argentina y con su gobierno, cuando lleguemos a diciembre de este mismo 2024, será un presidente con gran experiencia, que habrá aprendido de sus fracasos, de la fortísima oposición de los otros dos Poderes y de los sindicalistas que le quieren ver fracasado y derrotado a diario. Y falta todavía un grupo por pronunciarse, que es el némesis de los sindicatos: los militares, quienes no se hacen a las calles para protestar, sino que aplican la asonada, el derrocamiento sin que les tiemble el pulso. Si Milei sueña reformas para los soldados y su Institución, entonces, es muy posible, que le veamos en el exilio, llorando por su Argentina.
A Propósito de Trump…
Los Estadounidenses de Hoy no son los Mismos Estadounidenses de Ayer
Evidentemente no lo son. En principio, porque los estadounidenses de ayer –que son los mismos de nuestra época, de quienes hacemos este periódico-, nunca, nunca, nunca, hubiesen tolerado ni un solo paso hacia adelante de un individuo como Donald Trump. Lo hubieran rechazado ahí mismo, de plano. Lo hubiesen defenestrado, que es igual a tirarlo por la ventana ipso facto, lo hubiesen rechazado ad portas, sin dejarlo decir tres palabras en el mismo escenario y en la misma ceremonia. Esos eran los estadounidenses de las décadas de los 80s hacia atrás, los que se quitaron de encima rápidamente a un individuo tan extraño, tan raro, como Lyndon Johnson; los que no le permitieron a Richard Nixon más corrupción y los que no permitieron que Gerald Ford, vicepresidente de éste, continuara en calidad de presidente de la nación y por eso votaron a Jimmy Carter, a quien tampoco le permitieron ni perdonaron sus errores políticos (no morales, sino políticos únicamente, porque Carter era un tipo honesto a carta cabal, pero nada sabio políticamente y allí residió su error).
Pero, evidentemente, los estadounidenses de hoy, esos mismos que están desapareciendo debido a la invasión (ese es el término preciso… “invasión”), de latinoamericanos que han cruzado la frontera sur del país y se han ido adueñando de los Estados Unidos poco a poco en la mayoría de los casos y a veces vertiginosamente, ante el estupor de quienes miramos este fenómeno sorprendidos y también intrínsecamente adoloridos, no son aquellos a quienes una vez admiramos profundamente.
¿Pero por qué no son los mismos norteamericanos ahora, en comparación con los del pasado? Porque a Donald Trump le han dado el aval, le han dejado el camino libre para que transite por ahí, a un individuo corrupto, corrompido, requerido una y otra vez por las salas de juicios por causa de sus movimientos gansteriles, a quien se le ha demostrado que ha violado a una mujer en un vestidor de una gran tienda en Nueva York, ha pagado a una actriz pornográfica para que no cuente sus relaciones extramatrimoniales en clara puñalada por la espalda a la elegante esposa suya y porque tiene la desfachatez, la caradura de negarlo todo, cuando las pruebas son meridianas, clarísimas, en su contra. Y con ese “curriculum” indubitablemente criminal, impresentable, sucio, esencialmente deshonesto, le convertirán en el próximo presidente de los Estados Unidos, una eventualidad que sucederá –estamos seguros-, como ocurre la puesta del Sol cada tarde detrás de las montañas. Los estadounidenses de hoy, cada vez menos espirituales, menos sensibles y menos humanos, son los que admiran a Trump, a su grosera manera de ser y de comportarse y le llevarán a la Casa Blanca por segunda ocasión, igual a una simple ecuación matemática de 2 + 2, cuyo resultado todos conocemos anticipadamente.
En otras palabras y retrospectivamente, Donald Trump es lo que es ahora mismo ha conseguido lo que ha conseguido, porque le apoya, le acuerpa y le aplaude un votante estadounidense que se siente reflejado en él, a quien le da igual hacerse millonario bajo el signo de la decencia como si nó…, a ultrajar a una mujer con la mayor naturalidad del mundo porque en él no hay ningún principio, ninguna muestra de respeto ni de límites. Y Donald Trump es así justamente. Es quien está enfrentado a todo aquello que conocemos con el calificativo de “normalidad” y es capaz de romper barreras convencionales, aunque ello signifique hacerles daño a sus adversarios y siempre será un daño irreparable.
De acuerdo a la falta de valores o a la supuesta escala de valores existente en la actualidad, personajes tan nefastos y oscuros como Al Capone, Dillinger, John Gotti, Richard Nixon, Lyndon B. Johnson y otros tan execrables como ellos mismos, si estuvieran en funciones propiamente ahora, los estadounidenses les avalarían, les aplaudirían sus desacatos y les elevarían al mismo sitial en el que han puesto o subido a Trump. También le han ayudado las leyes de esta nación, que se abstienen de castigar a los ex presidentes y les absuelve, seguramente para no manchar la historia presidencialista del país, porque en otra nación, como en el caso del Perú, Donald Trump, desde que hizo su primer movimiento torpe, violento y corrompido en la Oficina Oval de la Casa Blanca, lo hubieran bajado del poder y llevado en un carro policial a una celda donde todavía estaría pudriéndose, que es el lugar que realmente le corresponde.
Así, paso a paso, hemos observado que, paralelamente a sus visitas a los juzgados que le requieren, Trump ha ido ganando “caucus”, desplaza a sus adversarios, quienes deciden retirarse mucho antes de que comiencen las elecciones primarias republicanas y va quedando solo, omnipotente, para enfrentarse al anciano y enfermizo candidato demócrata, el actual presidente de la nación, Joe Biden. Esas elecciones venideras serán la revancha de Trump y vencerá inobjetablemente a un insípido mandatario y se cobrará venganza por la derrota anterior. Si no lo consiguiera, sería capaz de arremeter contra el orden establecido y lanzaría nuevamente sus hordas de drogadictos y delincuentes contra la sede del Congreso y los estadounidenses se lo perdonarían y le seguirían aplaudiendo.
Es la época de Trump, la época del pueblo estadounidense sin moral, sin principios y sin respeto por su propia naturaleza.
Israel y el Gobierno de Netanyahu Acusados ante el Tribunal de La Haya
Benjamín Netanyahu, el dictador no declarado de Israel, el tipo que se ha perpetuado en el poder justamente en el país que siempre se ha auto-definido enemigo de las dictaduras, ha dicho en un video que le ha dado la vuelta al mundo gracias a la difusión de los periódicos por internet, que “el mundo está al revés”, porque el gobierno de Suráfrica ha presentado una demanda por genocidio contra Israel, específicamente contra el tirano asesino que siempre ha sido Netanyahu.
Y es que Netanyahu es un vampiro. Esa es la mejor definición que le describe. Es un individuo que tiene que ver sangre enemiga derramándose para lograr su paz interior y desde el punto de vista político, cuando “sus acciones van a la baja,” cuando su imagen al frente del Estado judío se ve desprestigiada por uno u otro motivo, decide inventarse algún ataque “terrorista” de parte de los palestinos para atacarlos y con ello desviar la atención de la opinión pública israelí y quedar como un adalid de la defensa de su patria, un hombre en el amplio sentido de la palabra y un amante devoto del judaísmo. Aunque es cierto que, en ocasiones, los mismos palestinos, por medio de la facción armada de Hamás, le han dado suficientes motivos a Netanyahu para responder a sus ataques realísticos con toda la saña de la que es capaz y derramar mucha sangre de más, según está sucediendo hoy en día en Gaza. Pero en ambos casos, el hedor de la carne quemada, de la sangre coagulada de los inocentes (y de los culpables también), excita al morbo de Benjamín Netanyahu y se siente pleno, a gusto, aunque ningún psicoanalista del mundo ajeno al judío haya llegado a la conclusión de que el dictador judío es un auténtico vampiro, un asesino que bien podría situarse en el mismo renglón de Jack el destripador en el Londres del Siglo XIX, que sentía verdadera complacencia al ver a sus víctimas agonizando e inertes después de haber expirado.
La acusación presentada por Suráfrica contra Israel, su dictador y su ejército, pone de manifiesto y en evidencia, la altísima criminalidad –si es que el asesinato tiene grados de intensidad-, que le es propia al Estado judío y propiamente a sus autoridades. Las milicias comandadas y enviadas por Netanhayu han masacrado a más de 20 mil ciudadanos palestinos ajenos a la guerra, entre quienes habían mujeres (embarazadas y ancianas), niños (cientos de ellos) y hombres de todas las edades; pero el vampiro y carnicero judío ha dicho en el mismo video que “el ejército israelí es el más limpio del mundo” porque se cuida de no matar a aquellos que están al margen del conflicto. ¡Mentira y más que mentira! Las cifras, los cadáveres chamuscados en las calles y bajo los edificios en escombros de la Franja de Gaza, cuentan otra historia de sangre, muerte, injusticia y vampirismo de parte de este judío que ha vuelto a mentir cuando dijo que encontró ediciones del libro de Hitler, llamado Mi Lucha (Mein Kampf), cuando los soldados israelíes entraron en los túneles que supuestamente fueron construidos por la facción Hamás, en la misma Gaza. Y para seguir con el mismo estribillo cansino de los judíos desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Netanyahu ha vuelto a recordar el mal llamado “Holocausto” (porque no fueron vidas ofrendadas al dios de los hebreos en ningún momento en aquel pasaje histórico) y ha argumentado que “nuevamente están atacando al pueblo judío” de igual manera como lo hicieron los nazis décadas atrás. Es decir, el dictador judío ha tratado de causar lástima, conmiseración en quienes siguen los acontecimientos en Palestina y dar la eterna imagen de que los israelíes son los eternos odiados y perseguidos por el resto del mundo. Evidentemente, su cerebro sanguinario, limitadísimo en inteligencia y de vampiro sediento de sangre, no le da otra posibilidad para pensar diferente y esgrime el mismo “holo-cuento” (del holocausto), para manipular las voluntades, las almas y los sentimientos de las gentes débiles, sin criterio propio, y justificar con ello las masacres diarias que causa en Gaza contra el indefenso pueblo de Palestina.
Antes de estos ataques impresionantes por su criminalidad manifiesta y obvia, Netanyahu había tratado de arrogarse más poderes en Israel, tratando de que le aprobaran una ley para disminuir las facultades del Poder Judicial y así fortalecer aún más a su gobierno dictatorial. Esa intención le había restado popularidad entre los votantes y se sentía intrínsecamente mal. Por eso, el ataque de Hamás, con los secuestros de ciudadanos judíos, le sentó a Netanyahu igual a “un anillo en el dedo” y no desaprovechó la ocasión y atacó con toda furia a la Franja de Gaza, masacró (y sigue masacrando) a los indefensos, pero la finalidad ha tenido dos aristas: 1. Subir “sus acciones” ante la opinión judía, muy disminuida por su intento de delimitar al Poder Judicial; y 2. Saciar su sed de sangre con las muertes de sus enemigos. Un problema psíquico, una aberración que en el fondo y en la superficie es una desviación sexual que le complace a él más que a ninguno en Israel, evidentemente. Sin duda, nos estamos refiriendo a un individuo intrínseca y extrínsecamente pervertido, quien, a pesar de sus desmanes, no ha quedado bien con los israelíes, porque no ha logrado (“no ha querido”, para ser más precisos) rescatar a los rehenes en poder de Hamás y es un reclamo que se le hace a diario en el mismo país de los hebreos. Bien por Suráfrica… mal por este chupador de sangre humana llamado Benjamín Netanyahu, quien se cree con el derecho de asesinar impunemente a quienes a él se le ocurra, en el lugar y el momento que también se le ocurra.
Cualquier Omisión o Tergiversación sobre la Vida de Franz Beckenbauer Significa un Lamentable y Profundo Error
Abrimos aquellos videos en Youtube que nos parecen que pueden ser acertados, decentes, elaborados por personas normales y que se refieren a la vida (y muerte) del ex futbolista alemán Franz Beckenbauer. Tomamos en cuenta, antes de verlos, la nacionalidad de la persona que ha creado el video porque es muy importante que los comentarios vertidos sobre esta figura no vayan a ser exagerados, tergiversados, difamantes o fuera de todo contexto. Y para ser más claros todavía, abrimos y escuchamos con suma suspicacia a los argentinos y mexicanos, porque tienden a sacar siempre el chauvinismo, esa patriotería vulgar que les caracteriza y hacer comparaciones mucho más vulgares. Por ejemplo, acabamos de escuchar de un mexicano que “Rafa” Márquez, el ex futbolista mexicano, era igual a Beckenbauer (¡!). Una verdadera desgracia oír esas aseveraciones dichas solo porque los mexicanos quieren imponer su feo y atrasado país, con todo lo que hay adentro (humano y material), por encima del resto de la humanidad. ¡Como Beckenbauer, en el plano deportivo, no hubo, hay o habrá otro parecido siquiera! Esa es la única verdad existente. No podemos, por más que amemos a nuestro país de origen, decir esas bestialidades que ofenden profundamente.
A lo largo de la historia del hombre sobre la Tierra, ha habido personajes que no se pueden emular, no se pueden disminuir de ninguna manera, vulgarizar y mucho menos… comparar con otros talentos inexistentes o menguados. Y citamos a Juan Pablo II, Thomas Alba Edison, Miguel de Cervantes Saavedra, Pablo Picasso, Pelé, Johan Cruyff, Juana de Arco, Confucio y por supuesto, nuestro personaje de esta ocasión… FRANZ BECKENBAUER. Cualquier comparación que se haga de estos personajes que fueron luces de la humanidad, resultará vulgar, disonante, imprecisa, demencial… y retratará de cuerpo entero a quienes las hacen. Por ejemplo, el mexicano que expresó ese lamentable argumento, es un fantoche a quien deberían quitarle toda oportunidad para que use un micrófono, pues es más peligroso que un ataque de langostas en un cultivo de trigo. Valga el símil.
Tal fue la majestuosidad de la obra deportiva y extra-deportiva, realizada por el Kaiser del fútbol alemán y mundial; y, en el primer aspecto, en el futbolístico, Beckenbauer pertenece al selectísimo grupo de los cinco mejores futbolistas del “Universo fútbol,” junto a Pelé, Cruyff, Puskas y Elías Figueroa. Más abajo, aparecen los del segundo nivel y mucho más abajo en la lista, el resto de supuestas “estrellas” que los argentinos –principalmente- y la prensa mundial (especialmente la misma argentina y la española), han creado artificialmente, con la finalidad de que la intensidad del deporte no decaiga, tampoco los negocios que gravitan a su alrededor y, fundamentalmente, para sustituir a los verdaderos ídolos que se iban retirando paulatinamente. Es decir, ante el retiro de Pelé, los argentinos comenzaron a crear (artificialmente), a un ídolo extremadamente limitado en sus destrezas, pues solo usaba la parte izquierda de su cuerpo (lo mismo que Messi), llamado Diego Maradona, el anti-futbol, el anti-modelo y el anti-ejemplo para los jovencitos que lo vieron. Pero ya sabemos cómo son los argentinos. Últimamente, su nuevo presidente, Milei, soltó la estupidez verbal cuando dijo que “Argentina -en una época-, fue la mayor potencia del mundo.” ¿Cuándo, cómo, en qué y por qué? Preguntamos nosotros. Y la respuesta única que nace, dice que fue una afirmación provenida de un cerebro atrofiado, de un tipo que pertenece a un país donde la gente acostumbra a salirse de todo registro al pensar, hablar y actuar.
Pero la verdad sobre Franz Beckenbauer, tiene que ser dicha, porque cualquier omisión o tergiversación sobre la vida de este atleta alemán, significaría un lamentable y profundo error. Durante los partidos fue un jugador “con smoking”; esto es… elegantísimo, un aristócrata que jugaba al fútbol, quien, en cada desplazamiento, causaba admiración desmedida y un silencio respetuoso de parte de los aficionados, de todos los presentes en los estadios. Inteligentísimo, pulcro para jugar (siempre bien intencionado, sin hacer daño al contrario), constructivo, un líder nato, creador de juego, con capacidad para meter goles, para aparecer en cualquier lugar del campo (en su función de “líbero”), y con una serenidad envidiable que transmitía a sus compañeros, aun cuando el marcador estuviera en contra. Decir que fue solamente un “defensa central” es apocar o disminuir sus actuaciones, porque su función era aportar sus capacidades a lo largo y ancho de la cancha. Por lo anterior, ningún otro jugador contemporáneo a Beckenbauer, retrospectivo o actual, ha hecho lo que hizo él a favor del espectáculo del futbol.
Y “para colmo de bienes”, en su calidad de dirigente deportivo, fortaleció a su Club, el Bayern de Munich, modernizó todas sus estructuras; el impresionante estadio Allianz Arena fue erigido gracias a este personaje quien propulsó las obras arquitectónicas; organizó con perfección germana el Mundial del 2006 y aportó muchísimo al futbol mundial allí donde su presencia fue notoria y tangible. Lo anterior significa que el gran Franz no se quedó en el futbolista, sino que trascendió hacia otros estratos y creó, creó y creó, con base en un incansable trabajo individual, desde lo organizacional, en beneficio donde se hizo perentoria su mano constructiva. Ese fue este alemán. Un hombre completo, inimitable, incomparable y ejemplar.
Un Breve Mensaje por Navidad
Hemos llegado a la edición # 200 de este periódico digital y en su edición en papel (en físico), y la senda que hemos recorrido ha sido exhaustiva, intensa y de un trabajo realmente agotador. Solo quienes han trabajado en un periódico, sabe a lo que nos referimos en este instante. Empero, la satisfacción ha estado garantizada desde un inicio: hemos llegado, observado y triunfado, porque el arduo trabajo ha sido gratificante y allí están nuestros ejemplares para que los repasen y lean aquellas informaciones que en una oportunidad no pudieron leer por una u otra razón. Pueden accesar a https://www.calameo.com/accounts/5739567
Aparte de lo anterior, les informamos, queridos lectores nuestros, que nos tomaremos desde la publicación de esta edición # 200 hasta la primera semana de enero del 2024, un necesario y merecido descanso, pues hemos trabajado sin detenernos, tal y como les hemos sintetizado en las líneas iniciales de este comentario editorial. Es así como esta será la última edición del año 2023, agradeciéndoles, de paso, su preferencia, su fidelidad y el hecho de buscarnos semana a semana para leer nuestras noticias, editoriales y reportajes.
Del mismo modo, les invitamos leer nuestro libro anual, donde aparecen todos nuestros trabajos, en esta dirección web: https://es.scribd.com/document/691142083/LibroArticulos-de-Prensa-Volumen-3
Finalmente, les deseamos una muy feliz Navidad juntos todos ustedes, en familia, con el amor y la protección de Dios en sus corazones y vidas; y para el año entrante, que todos los proyectos, anhelos y los más elevados sueños, se les cumplan a cabalidad y sin demora.
Esos son nuestros sinceros deseos y que la Gracia de Dios esté siempre presente en todo lo que emprendan.
El Sistema Educativo de Costa Rica en Caída Libre
¿Desde cuándo viene descomponiéndose la educación costarricense? Los primeros avisos de que se entraba a una etapa de inseguridad, de falta de calidad y de negligencia de los dirigentes ministeriales y de los educadores (que hoy se autodenominan pomposamente “docentes”), se presentaron a mitad de la década de los años 60s. En las escuelas y colegios ya se notaba que existía un peligroso desequilibrio en el sentido de que unos maestros eran excelentes, principalmente aquellos que no se habían acogido a sus pensiones y que venían trabajando desde épocas muy trasanteriores; pero los nuevos eran un completo fiasco. Es decir, quienes salían de la Facultad de Pedagogía de las Universidades Estatales (las únicas que habían en aquellos tiempos), carecían de calidad, voluntad, empatía con los estudiantes y destrezas varias, aprendidas e innatas, que todo buen profesional de la enseñanza debe tener.
Conforme iban pasando los años, el deterioro se hacía más evidente y con el auge de las Universidades privadas, llamadas peyorativamente “de garaje”, pues a determinada persona se le ocurría abrir un centro de estos en la cochera de su casa con el único afán de lucrar económicamente y nada más, el sistema se vino en picada hasta lo más profundo de la descalificación. Hoy, cuando el nuevo milenio ya ha transcurrido a través de dos décadas, la educación en Costa Rica ha colapsado y no nos referimos a las plantas físicas, los edificios de las escuelas y colegios, que de todas maneras se caen a pedazos por culpa de la pasividad de las directoras (es) de esos sitios, sino que el sistema de enseñanza en sí, su esencia, sus programas, metodologías y formación de la persona humana o de los educandos que visitan sus aulas, simplemente no sirve absolutamente para nada.
Hay cuantificación del tiempo; es decir aumento de la permanencia de los docentes y los estudiantes en los centros educativos, pues comienzan cada jornada en el día a día, desde las 7 de la mañana y concluyen pasadas las 4 de la tarde. Un tiempo exagerado que no compensa la falta de capacidad de los educadores y en el que los jóvenes no aprenden tampoco nada de nada y les espera la frustración por las malas calificaciones y la deserción, después de las vacaciones de medio año. El joven prefiere alejarse de los colegios, porque los programas no le satisfacen y, por el contrario, les “cargan” y los hacen fracasar irremediable e inevitablemente.
Por supuesto que no es culpa de la actual ministra, la señora Müller, porque este problema viene agudizándose, como hemos afirmado anteriormente, desde la segunda mitad de la década de los 60s. ¡Es culpa de los distintos y numerosos ministros que ha tenido esa Cartera ministerial, quienes han preferido llenarse los bolsillos con los salarios percibidos y no se dieron a la tarea de corregir lo que se estaba cayendo a pedazos!
Al lado de los pésimos educadores (mal presentados, con argollas en sus narices, en sus orejas, tatuajes horrendos en cualquier parte de sus cuerpos y un vocabulario callejero, de baja estirpe), persisten los malos programas de enseñanza: una matemática que conduce irremediablemente al fracaso del muchacho, quien, al salir del colegio, nunca más la volverá a ver en su vida diaria; un programa de Estudios Sociales (Geografía e Historia), que da visiones equivocadas de lo que ha sido el mundo y la humanidad, congraciándose con doctrinas como el marxismo y exultando a dictadores sanguinarios como el caso de Fidel Castro o Vladímir Lenin; y lo mismo ocurre en casi todas las materias que se mal imparten en escuelas y centros de secundaria.
Y en lo que atañe a las Universidades (privadas y Estatales), gran cantidad de estudiantes, en aras de conseguir el anhelado título profesional sin importar el esfuerzo o los medios, paga a personas ajenas para que les hagan sus trabajos extra-clases o a los mismos profesores para que les beneficien en las calificaciones. Y esos serán los nuevos profesionales que saldrán de las Universidades para levantar edificios, puentes, autopistas, en el caso de que sean ingenieros civiles o arquitectos; quienes tendrán que operar o curar pacientes en clínicas y hospitales y les veremos equivocarse una y otra vez, porque son “cascarones vacíos”, sin formación elemental, sin humanismo, sin consciencia de la calidad y la falta de ésta, y por esas razones vemos como el país se hunde paulatinamente por la falta de buenos profesionales, con esencia espiritual, intelectual y capacitados para poner en práctica esos títulos académicos que suelen colgar de las paredes de sus consultorios y oficinas.
Nadie en Costa Rica analiza –y mucho menos asegura abierta y valientemente- que la creciente y criminal delincuencia que desangra a su población es causa del pésimo sistema educativo, de sus horrorosos programas de enseñanza y de sus innombrables e irrecomendables profesores. Parece que ir rodando por el despeñadero, con la ausencia total de cualificación o calidad, ya forma parte de la cotidianidad del costarricense, una persona que se habitúa tranquilamente y sin protestar, tanto a los tiempos y circunstancias buenas, como a las malas. Nosotros no querremos ver, dentro de 5 años más, hasta dónde se ha descendido.
Controversia Diplomática Fortísima entre España e Israel
Los judíos, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se han dado a la tarea en los cinco continentes de crear (y recrear), una imagen de “intocables”, de “víctimas permanentes e inocentes de la maldad humana” y han reforzado esa imagen para crear respetabilidad, lástima ajena y dar a entender que siempre han sido los perseguidos de los hombres malos “sin una razón justa o medianamente justa siquiera.” Así han ido alrededor del mundo y se presentan: “Hola, soy judío…” Entonces debes entender que estás frente a un perseguido por los comunistas (pero Lenin era judío, lo mismo que Karl Marx y León Trotsky, los padres del comunismo), por los Reyes Católicos durante la sefarade y por los peores… los nazis. Debes entender que estás frente a un tipo que perdió a sus abuelos, bisabuelos en las cámaras de gas y quemados en los hornos de los campos de concentración y por esas causas, debes guardar un respetuoso silencio, admirarle y ser “fan” incondicional del pobrecito pueblo judío. Toda una ignominia, toda una falta de respeto de los crueles nazis de Hitler, contra “el pueblo elegido de Dios”, porque, a pesar de ser los preferidos del Omnipotente Creador del cielo y la tierra, obviaron esto y arremetieron contra el intocable pueblo hebreo. ¡Toda una blasfemia! Porque atacar a un judío y matarlo, es semejante a hacer lo mismo con Dios… ¡Vaya orgullo insuflado por los rabinos mismos! ¡Vaya insensatez reñida con la realidad de la vida diaria y con la historia centrada y correcta de la humanidad!
Desgraciadamente siempre encuentran hordas enteras de individuos que se solidarizan con ellos, que “muerden el anzuelo” y les miran con ojos de ternura, de conmiseración y despotrican contra los malvados nazis y contra aquellos que odian “al pueblo elegido de Dios.” Son millones alrededor del mundo que creen a pies juntillas que el Antiguo Testamento de La Biblia es una gran verdad, que se debe aceptar con todas esas epopeyas del pueblo judío, cuando el Mar Rojo se abrió para que pasara Moisés y sus gentes y se cerró ahogando a los soldados del Faraón; que Jericó se derrumbó a la séptima vuelta del judío a caballo; que David mató al gigantesco Goliat con tan solo una honda y que una nube iluminada, enviada por Dios en persona, guiaba a los hebreos durante su travesía por el desierto. Todo eso lo creen en pleno Siglo XXI, mientras los rabinos y demás, deben reírse a carcajadas en el interior de sus sinagogas, por la ineptitud de “los gentiles”, como nos llaman a quienes no somos de su raza, o mejor dicho… de los obtusos que conformamos a “las razas inferiores”, porque eso justamente somos para ellos: especímenes racial, sanguínea, moral, ancestral, genética y culturalmente inferiores a los judíos, quienes son los que arrasan con los Premios Nóveles de esto, aquello y lo otro; los que mandan en Hollywood, en Wall Street, en la NASA, el Kremlin, y en todo sitio en la Tierra donde se han logrado infiltrar para lograr el beneficio personal y solo personal, olvidándose del resto de los congéneres.
Pero ahora viene lo peor: con base en todo lo expuesto en las líneas de arriba, se han permitido masacrar a los inferiores palestinos, a esos salvajes a quienes arrebataron sus tierras, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y decidieron emigrar a esta región de Oriente Próximo. Y han encontrado al judío ideal para llevar a cabo esas masacres con sus misiles, tanques y todos los pertrechos que los alemanes (acosados por la culpa del Holocausto), y los estadounidenses les regalan a “los pobrecitos” judíos para que se defiendan. Ese líder ha sido el corrupto, megalómano y manipulador Benjamín Netanyahu, un asesino de nuestro tiempo, a quien, por intercesión del mismo Satanás, ningún otro líder propone llevarlo ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya, Países Bajos, por sus reiterados asesinatos (que se cuentan por decenas de miles cada año), en Cisjordania y la Franja de Gaza. Y aquí finca precisamente la controversia que Pedro Sánchez, el presidente de España, ha desatado contra el criminal Netanyahu: este genocida al que llaman “Primer Ministro de Israel,” cuando en verdad es un dictador sanguinario, ordenó a su ministro de Exteriores, Eli Cohen, para que citara en su oficina a la embajadora de España en Judea, Ana Salomón Pérez, “para que usted le dé una reprimenda (fuerte regaño), por la vergonzosa declaración de Pedro Sánchez (en contra del intocable Estado de Israel y contra el pueblo elegido de Dios). (Las palabras del mandatario español se han escuchado exactamente) el día en que los terroristas de Hamás están matando israelíes en nuestra Capital Jerusalén”, según dice textualmente un comunicado de prensa del Despacho de Netanyahu. Es decir, los judíos tienen la potestad, la arrogancia, la petulancia, el poder conferido no sabemos por cuál demonio, de reprender a cualquier ser humano que a ellos le venga en gana. ¿Pero quién les ha dado ese derecho, qué se creen, si ellos no están por encima (ni por debajo tampoco), de nadie en este planeta que nos pertenece a todos, a chinos, aborígenes americanos, europeos, negros africanos… a todos?
¿Pero qué dijo Pedro Sánchez en Madrid, en su propio país, España, donde puede decir lo que a sus cojones les parezca, sin importarle la reacción de los afectados? Pues dijo una gran verdad: ante la monstruosa matanza de civiles palestinos en Gaza, que sobrepasa a los 15,000 masacrados por las bombas israelíes, “tiene serias dudas de que Israel esté cumpliendo con el derecho internacional humanitario.” Y es que Sánchez, más bien, adornó su retórica con eufemismos y debió decir con mayor claridad que “el Estado judío con su ejército está asesinando impunemente al pueblo palestino a cada hora, a cada minuto, a cada segundo, para beneplácito de su vampiro Netanyahu, siempre sediento de sangre no judía, y que ha encontrado deleite en ver los cadáveres de mujeres, niños y ancianos de Palestina, día tras día.” Eso debió decir Sánchez sin ambages, sin que le temblara la voz.
Y le agregamos nosotros de nuestra propia cosecha: HOY, MENOS QUE NUNCA, EL JUDÍO TIENE MORAL PARA ACUSAR Y SEÑALAR A LOS NAZIS POR EL GENOCIDIO EN LA DÉCADA DE LOS 40S, PORQUE ELLOS, LOS ISRAELITAS, ESTÁN EN MEDIO DE UNA CRIMINALIDAD SEMEJANTE Y SE MERECEN TODO EL DESPRECIO DEL RESTO DE LA ESPECIE HUMANA. Punto. ¡Bien por el cuidadoso Pedro Sánchez y su argumentación sutil! ¡Muy bien por su comedida franqueza!
Miss Universe es una Nicaragüense
A nosotros no nos vengan con otros argumentos baratos o poco fiables. Porque la designación de la nicaragüense Sheynnis Palacios como “la mujer más bella del Universo”, lo cual es también poco fiable pues hay bellezas femeninas por doquier, de cualquier tamaño, color “y sabor”, porque este nombramiento nos huele más a política, a deseo de los organizadores de “meterle un petardo en la bolsa del pantalón” al dictador Daniel Ortega y que todo lo que vaya a decir esta joven a partir de su nombramiento, le vaya a repercutir como “un gusano en la consciencia” del tiranuelo analfabeto que ha destruido a Nicaragua, a su economía, su sociedad y todo lo que se mueva dentro de sus fronteras.
El concurso Miss Universo siempre ha actuado de igual manera: elige ganadoras a aquellas mujeres donde los conflictos políticos, raciales, bélicos y religiosos son preponderantes. Por ejemplo, pudieron haber elegido como “la mujer más bella” a una ucraniana en una final apretadísima con una rusa. Esto para sacar de sus casillas a Vladímir Putin y su séquito de genocidas en el Kremlin. O nombrar a una palestina para ver rabiar a Benjamín Netanyahu, el asesino judío que está masacrando a la población de Gaza en estos momentos. O sino a una venezolana en el exilio, para que despotricara contra el dictador Nicolás Maduro; etcétera, etcétera, etcétera. Siempre han actuado así los organizadores de este concurso que sigue llamando las atenciones a nivel mundial, debido a las teletransmisiones vía satélite.
En el caso de la nicaragüense, si ella se cree la mujer más bella del Universo, de estas galaxias vecinas y lejanas, está equivocada, pues entre sus contrincantes habían mujeres de una increíble belleza, llegadas desde los cinco confines de la Tierra; pero alguien tiene que explicarle cuál deberá ser su papel ahora con respecto a la tiranía que tiene con hambre al pueblo de Nicaragua; que tiene que ser una de las voces más sonoras, más audibles, en contra de la dictadura criminal de Ortega y su horrenda mujer, Rosario Murillo. Si no lo ha entendido, si no sabe para qué la hicieron ganadora contra viento y marea, alguien tiene que decírselo con claridad: “es para que usted comience a señalar las tropelías, los abusos y el sufrimiento al que se ve sometido su pueblo día a día, por los dos dictadores. Para eso fue.”
Algo parecido sucedió con la chilena Cecilia Bolocco, quien tenía que enfrentarse con la dictadura de Pinochet; pero esta mujer no lo hizo y se dedicó a disfrutar de su triunfo y abrirse camino en otros ámbitos, como la televisión y en amoríos con presidentes de países suramericanos, como el argentino Carlos Menem, con quien terminó casándose. Pero esa fue otra historia que no rindió resultados para los organizadores del certamen, porque la Bolocco estuvo lejos de enfrentarse a la férrea dictadura pinochetista. Es decir, la entonces Miss Universo resultó peor que la pólvora mojada.
Y la verdad es que este concurso donde se muestran a las damas con poca ropa, mostrando sus encantos físicos, se parece en mucho al Premio Nobel que se otorga en Escandinavia. Y se asemejan en el sentido de que son premiadas aquellas personas en las que la injusticia, los abusos, la criminalidad, la falta de libertades, la cárcel y la deshumanización campean. Por ejemplo, han recibido el Premio Nobel personas de Irán (especialmente el de la Paz), India, China, etcétera. En tiempos de Hitler, éste ordenaba a los galardonados devolver el premio porque les hacía entender que la famosa premiación no era tanto para reconocer el esfuerzo del premiado, sino, a manera de indirecta, era para criticar al régimen de aquella Alemania. Lo mismo sentía Stalin en la Unión Soviética, con ese y otros galardones que se han otorgado a decenas de ciudadanos rusos que se oponían a la dictadura “del proletariado”, como se hacían llamar los comunistas de entonces.
Lo cierto es que esos premios le daban una estatura gigantesca a quienes los recibían (y reciben en la actualidad), justamente para que se enfrenten allí, en sus respectivos países, contra la injusticia y la canallada de sus tiranuelos. Es una forma, no tan solapada, de llamar la atención de aquellos otros que están despistados sobre lo que acontece en esas naciones, donde sus regímenes desangran, persiguen, asesinan o encarcelan a quienes se les oponen.
Al dictador nicaragüense, Daniel Ortega, el más analfabeto de cuantos analfabetos pueden existir en el mundo, alguien le ha explicado al oído lo que representa que una ciudadana de su país haya sido nombrada “la mujer más bella del planeta” y es por esa razón que envió ramilletes de rosas a la casa de Sheynnis Palacios, en señal de alegría, satisfacción por su triunfo e hipocresía propia de los dictadores. Pero, en el fondo, él sabe que esa joven, si comienza a criticar a su des-gobierno, a su feroz dictadura del hambre, le puede traer serias consecuencias: ella tiene el pueblo a su favor, ella es a quien admiran; mientras que a Ortega es a quien odian y quieren ver fuera del Palacio de gobierno de una vez y para siempre. Por eso será interesante observar y analizar la manera cómo van a tratar a esta muchacha a partir de su regreso a Nicaragua. Si tienen un ápice de inteligencia, la tratarán como la reina que es; pero si le muestran “los colmillos afilados de la envidia” y del desdén, tal y como hicieron al principio, la joven podría movilizar a las masas con solo un ademán seco en el aire. El dictador deberá encontrar el punto de equilibrio. Que alguien se lo explique.
Sí Lloro por Vos Argentina
Si se acuerdan bien, el estribillo de la famosa canción dice: “No llorés por mí Argentina”, según pide el compositor Webber Andrew Lloyd; pero en este caso particular, a finales del 2023, hay que llorar por este país que no sale de su profunda y horrorosa crisis socio-económica durante décadas. Porque estos males vienen desde antes de la dictadura militar y posiblemente de tiempo mucho más retrospectivo. Y parece que el argentino no tiene ni capacidad, ni voluntad, ni formación economista, para arreglar sus entuertos en el renglón financiero nacional.
Territorialmente es uno de las naciones más extensas del mundo (no el mejor del mundo como dicen sus habitantes de manera chauvinista y nunca lo ha sido), y pletórica de ventajas naturales, como sus pampas donde criar todo tipo de ganado; sus campos agrícolas donde el trigo, la cebada, el maíz y otros cereales nacen y crecen de manera ubérrima; y en lo que estriba a sus minerales, posee plata, petróleo, níquel y otros yacimientos que, efectiva y realísticamente, podrían convertir a este país en una verdadera potencia. Pero los argentinos prefieren dedicar sus esfuerzos y sus energías a otras actividades poco o nada rentables, pero que les pueden insuflar el orgullo nacional, tales como el futbol, crear ídolos de barro en ese deporte, enaltecerlos artificialmente al subirlos a la categoría de “dioses” y que sus gentes puedan salir del país con tal de convertirse en “internacionales.” Porque un argentino que no es “internacional”, es poco menos que una persona… Así de obtusos son.
Y dentro de las fronteras de esta nación, si no se nace o por lo menos si no se vive en Buenos Aires, tampoco tiene validez el individuo, porque “no es porteño.” Son estupideces que ellos se las creen y que les depara dignidad, honorabilidad e inflaman sus pobres espíritus con ese orgullo que es reconocido mundialmente y que va de la mano con la agresividad, con la malacrianza, con la explosión en diatribas allí donde crean que es necesario hacer un feo espectáculo; es decir, el argentino se reconoce mundialmente por creerse “el mejor del Universo”, quien posee la más grande arrogancia posible y por sus explosiones de ira y malacrianza, así sea en medio del templo más sagrado donde se encuentre. No respetan a nada ni a nadie, producto de su malformación y cerebros llenos de fantasías que solo ellos son capaces de creérselas.
Aparte de lo anterior, en estas elecciones entre Javier Milei, el excéntrico que solo barbaridades dice, y Sergio Massa, el actual ministro de Economía del gobierno de Alberto Fernández, el títere de Cristina Kirchner, y quien ha causado gran parte de los desajustes financieros que sufre esta sociedad, no nos queda más que decir: “Sí lloro por vos Argentina.” Porque no hay por quién votar. O se deposita el sufragio por un demente que hoy dice que se va a convertir en judío para quedar bien con la comunidad hebrea que reside en este país y argumenta otras excentricidades más; o se vota por el causante de la aberrada situación económica por la que atraviesa este pueblo. Lo anterior significa que votar por Milei supondría algo así como sacar a un payaso del circo y ponerlo en la silla presidencial, aunque solo sepa decir payasadas y poner las cosas serias, las Instituciones Estatales y al fisco mismo, en manos de un irresponsable, bueno para nada y salido de repente de la misma nada. Y sufragar por Massa, es continuar con la corrupción de la Kirchner, con los 20 años que ha pasado al frente del gobierno, robando, desfalcando, evadiendo a la justicia y llevando a los ciudadanos hacia la miseria. Sergio Massa es sinónimo de impericia, improductividad, deficiencia financiera, corrupción (estaría detrás de él la Kirchner, pues esa mujer no suelta las riendas del poder por ninguna razón); e impunidad para aquellos que tienen que enfrentar a los jueces y que un eventual gobierno de Massa los pondría en el sitial de los inalcanzables para quienes tienen la obligación de encarcelarlos.
Por todo lo anterior (y más), “sí lloro por vos Argentina.” Porque, cualquiera que resulte vencedor en los comicios de este domingo 19 de noviembre, no es el indicado para sacar a esta nación del lodazal social y económico en el que se encuentra. Uno por estrafalario, por desajustado mental (Milei); y el otro porque ha demostrado su corrupción y su incapacidad desde el Ministerio de Economía (Massa).
Es precisamente por individuos como esos dos, nada serios, histriónicos, irresponsables, deficientes y deficitarios, que América Latina sigue hundida en el barrizal donde la han llevado sujetos del corte de Petro en Colombia; Evo Morales, en Bolivia; los Kirchner, en Argentina; Allan García y Alejandro Toledo, en Perú; Lula da Silva, en Brasil; Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en Venezuela; todos los presidentes mexicanos y la mayoría de los centroamericanos, todos ellos incapaces, burdos corruptos, delincuentes estafadores, ladrones del erario público y demagogos que se dedican solamente a endulzar los oídos de los votantes, a quienes mantienen incultos y analfabetos, justamente para manipularlos mejor y sacar de ellos los réditos electorales que se proponen.
“Sí lloro por vos Argentina” y es posible que llore mucho más en lo que me resta de existencia.
Detrás de Cada Corriente Migratoria,
Hay un Dictador que Obliga a
Abandonar el País
Estamos transitando por “la época de la inmigración.” Nunca antes mejor dicho y con tanta precisión. En toda la Tierra se está llevando a cabo este fenómeno, que va de los países pobres y en situación de infra-humanidad, que es el tema central de este editorial, hacia las naciones ricas y de continente a continente.
Los casos más llamativos y masivos por la cantidad de gentes que se marchan de sus lugares de origen, se presentan de África, atravesando el Mar Mediterráneo, hacia el sur de Europa; de Oriente Próximo, atravesando la Península de Anatolia (Turquía), hacia Grecia y Los Balcanes; y de la América Insular (Haití y Cuba, prioritariamente), atravesando el Tapón del Darién, en Panamá, hacia los Estados Unidos. A esta última “diáspora” se le unen personas de Venezuela, Ecuador, Honduras, El Salvador y Guatemala, junto a la inmensa ola migratoria de mexicanos. Todas esas gentes buscan a los Estados Unidos, considerado poco más que “la tierra prometida” donde podrán ser felices, alcanzar la dignidad perdida en sus naciones de origen y también lograr la riqueza. Una utopía que no deja de ser utopía, porque una vez que se introducen en suelo estadounidense, tienen que cuidarse de no ser detectados por la policía migratoria y ser devueltos al sitio de donde partieron. Es entonces cuando el sueño termina en pesadilla.
Decíamos que este es un fenómeno de nuestro tiempo, de nuestra época. Los inmigrantes están plenamente identificados, se les conoce por el color de su piel, que oscila entre el moreno caribeño y el negro africano, y también por los matices de sus acentos al hablar en un castellano empobrecido y que denota también el bajo grado de escolaridad de estas personas, aunque en esas “caravanas” viajan también profesionales, quienes lo han perdido todo en sus países natales.
Lo cierto es que, nunca antes de la llegada del narco-comunismo a Venezuela, para ser más concretos, habíamos observado tal situación: madres con sus pequeños hijos que apenas llegan a los 4 años de edad, con muy pocas pertenencias en sus manos y espaldas, cruzando la peligrosísima e intrincada selva del Darién, que separa a Panamá de Colombia. A poca distancia les siguen sus esposos o compañeros, hermanos y padres, quienes prefieren la larga caminata desde suelo venezolano hasta la valla fronteriza que separa a los Estados Unidos de México. ¡Tales son las penurias en sus naciones, que prefieren dejar sus viviendas y a sus familiares atrás y caminar ese larguísimo y durísimo trayecto por todo el istmo centroamericano y México! Y, ante esas
imágenes que nos empujan a la solidaridad moral y a la conmiseración, se nos presentan dos emociones: la primera en forma de pregunta: ¿Tan horrenda es la realidad que sufren los venezolanos y cubanos dentro de los regímenes narco-comunistas de Díaz-Canel y Nicolás Maduro, que prefieren hacer la extensa caminata en franca huida de su país; tan inaguantable es vivir en Cuba y Venezuela? Y la segunda impresión que tenemos es de carácter psíquico y se refiere directamente a la decisión conjunta e individual que toman esos inmigrantes, a quienes la travesía no les echa hacia atrás, cuando descartan todos los peligros que podrían hallar y sin tomar en cuenta que podría ser estéril dicho esfuerzo, porque no podrían salvar la valla fronteriza estadounidense y no entrar jamás en aquella potencia del norte. Nada les amilana, nada les hace desistir y prefieren la inmensa aventura antes que quedarse a morir lentamente en Venezuela y Cuba.
Aunque en lo que sí estamos completamente diáfanos, es en el hecho de que dos dictadores, el cubano y el venezolano, con sus pésimas dirigencias gubernamentales, son quienes obligan a porciones importantes de sus pueblos a emigrar de cualquier manera, antes que sufrir las miserias que solo el narco-comunismo puede deparar. Y un rasgo que se desprende de la personalidad de Díaz-Canel y Maduro, nos muestra que para ser dictador hay que ser indiferente, glacial, actuar solo para él mismo y sus leales y no escuchar las lamentaciones de sus ciudadanos que claman por alimento, medicinas, sitios para trabajar y una vida acorde con la dignidad que la naturaleza humana exige, para ser digno de la Creación de Dios. En otras palabras… detrás de cada columna de inmigrantes que recorre gran trecho de América Latina, hay un dictador sanguinario, un déspota que se escuda en su ejército y que solo actúa a su favor y el de sus leales. El resto, si sufre o nó… no es de su incumbencia. Tampoco para aquellos gobernantes de las superpotencias, derrocar a ambos tiranos es de carácter prioritario; no miden que la inmensa cantidad de migrantes que se introducen en los Estados Unidos, podrían desistir en sus intenciones de efectuar ese viaje esquizofrénico, si en sus respectivas naciones hubiera una democracia funcional, con alternabilidad en el poder, oportunidades sociales también funcionales, como el acceso a la escolaridad, al trabajo y a los servicios médicos. Pero nó… a nadie en Europa ni en los Estados Unidos les interesa revertir el acabose de Cuba y Venezuela. Aquello ni pensarlo.
Tal es la situación actual… tales son los sistemas que obligan a efectuar “la caminata de sus vidas.”
Por el camino que transita Costa Rica, propiamente la sociedad costarricense, dentro de poco tiempo necesitará una determinación radical, fortísima, semejante a la impuesta por Nayib Bukele en El Salvador. Porque en estos momentos, los costarricenses acusan en sus calles y barriadas la pujanza de una delincuencia cada vez más activa y brutal, cuando los jóvenes que apenas despuntan a la vida, ya están habituados al manejo de armas de corto calibre para llevar a cabo actos de sicariato. Y esto acontece en cualquier lugar del país, con predilección en las zonas rurales donde la presencia de la policía es mínima o deficiente. Las regiones del Pacífico Central, el puerto de Puntarenas y la localidad de Barranca; así como en la región del Atlántico, en Matina, Siquirres y Limón centro, son los lugares donde los asesinatos campean y dictan su hegemonía entre las personas sencillas y ahora atemorizadas.
¿Qué va a seguir a partir de ello? El aumento, la “sofisticación” de los crímenes y el gobierno de los delincuentes repartidos en clanes, grupúsculos fuertemente armados y la ley “de los sin ley.” Así comenzó El Salvador y continuó durante décadas, protegidos por los sucesivos gobiernos del FSLN y de ARENA, dos agrupaciones corruptas que llegaron a pactar con los delincuentes de “las maras” por millones de dólares que resultan alucinantes para cualquier lector un tanto despistado en este tema. En el pequeño país centroamericano se llegó incluso a un co-gobierno de los gamberros junto a los politicastros de turno que habitaban el Palacio Estatal. Simplemente El Salvador se tornó, paulatinamente a veces y velozmente en otras, en un territorio propiedad de los delincuentes y en una de las naciones más inseguras del mundo, disputándose el primer lugar con Venezuela, Haití y Honduras. Triste realidad para un país que fue de gente extraordinariamente trabajadora y productiva, antes de la cruenta guerra civil que los comunistas llevaron a sus entrañas.
Y Costa Rica acusa muchos de esos rasgos. Por ejemplo, los crímenes por cobranza de drogas, por préstamos de dinero (el llamado “gota a gota”) y por otras razones igualmente deprimentes. En estos momentos por los que transitamos, los costarricenses normales y sencillos, prefieren encerrarse en sus casas, antes que arriesgar sus vidas en las calles de sus ciudades, una noche cualquiera. Es muy probable que siga el cobro “de peaje” a peatones y choferes de autobuses, para permitirles entrar a ciertos barrios; el secuestro a gran escala (aunque ocasional y aisladamente se han dado); las violaciones de mujeres, el rapto de niños para vender sus órganos en el exterior y otros delitos que “apenas asoman sus cabezas” en la realidad de esta otra nación de América Central.
¿Pero por qué se están dando estas situaciones? Primeramente, que cada quien, cada organismo, cada gobierno, asuma su tracto de responsabilidad en el incremento de la criminalidad, partiendo del Ministerio de Educación, con sus programas aburridos, obsoletos, sus pésimos profesores mal formados o con una malformación intelectual que arrastran desde sus casas; los horarios extenuantes que comienzan a las 7 de cada mañana y se extienden hasta las 4 de la tarde de todos los días, como si los colegios y escuelas fueran internados. Y la verdad es que se enseña muy poco o nada en sus salones de clase. Por eso los jóvenes prefieren desertar y encuentran más emoción, mayor aventura y un aprendizaje vertiginoso en las calles, dentro del submundo de la delincuencia. Básico en sus vidas también son sus hogares que, en la mayoría de los casos, las madres son los ejes de cada seudo-familia y tienen que trabajar. Ese tiempo en soledad de los hijos, lo utilizan en lo peor imaginable, especialmente en delinquir.
A lo anterior hay que añadirle la llegada de muchos extranjeros, expresamente suramericanos y mexicanos, habituados al asesinato, la extorsión, las pandillas, la pornografía y la drogadicción. Por ejemplo, en Costa Rica, en los últimos años han llegado cientos de colombianos y venezolanos con no muy buenas intenciones, quienes se aprovechan de la indiferencia y natural pasividad del costarricense para hacer lo que les viene en gana, dentro del mundillo de los instintos más bajos.
Por otra parte, “los peldaños” para subir a buenos puestos de trabajo, son cada vez más altos y complicados: hay que hablar inglés, hay que tener facilidad de palabra, licenciatura mínimo en esto, aquello o lo otro. Es por eso que los jóvenes se abstienen de competir y esos puestos se quedan únicamente en manos de los pequeños burgueses o la clase alta de la sociedad. Quienes no tuvieron acceso, que se dediquen “a lo que las calles les ofrecen” y ya sabemos qué es lo que ofrecen esas calles frías, duras y manchadas de sangre.
Sin dárnosla de profetas, pronto en Costa Rica hará falta un hombre con las hormonas de Bukele en El Salvador, pero la pregunta que se desprende es: ¿Existirá algún costarricense con parecidas agallas al presidente salvadoreño, que limpió del lumpen a su país natal? Lo dudamos, cuando, en su defecto, critican acremente al mandatario cuscatleco. Es muy probable que no lo dejen nacer siquiera y mucho menos subir al poder.
Que cada quien asuma su culpa de este acabose. Comencemos por ahí.
Los Judíos y el Eterno Papel de Perseguidos, Masacrados y “Hervidos en Aceite
La historia está ahí, para ser leída y analizada por quienes desean hacerlo. No somos “revisionistas” (que es lo mismo que negacionistas). En principio porque las evidencias están allí, son demasiado claras y contundentes. Los edificios de los campos de concentración nazis se pueden visitar a lo largo y ancho de Europa, especialmente en la sufrida Polonia. Pero lo que no nos parece es estar sacando rédito tras rédito a lo largo del tiempo, con base en los asesinatos o en la política criminal de Hitler y los suyos. Repetimos: para quienes quieran enterarse en profundidad, ahí están los libros de historia, debidamente ilustrados y documentados. Millones de judíos y no judíos, han escrito profusamente acerca de los que ellos llaman “holocausto”, un término que han logrado meter en las cabezas de la mayoría de los seres humanos, como parte de sus intenciones por ganar lástima, conmiseración y muchísima, pero muchísima admiración. Porque a raíz de ese sufrimiento traído del recuerdo una y mil veces más, los judíos han conseguido hacerse más populares de lo que ya lo eran, gracias a la propaganda que ellos mismos se hicieron al redactar el antiguo testamento de la Biblia y al colocarse ellos mismos en el impresionante sitial de “pueblo escogido por Dios.” Y han logrado esa gran admiración de parte de la comunidad mundial, decíamos, porque las imágenes de personas entrando en las cámaras de gas de los nazis, de las detenciones arbitrarias en las calles de las ciudades europeas y las golpizas propinadas por los mismos nazis, han hecho a los judíos “dignos de admiración”, precisamente porque el hombre común, sin mucho asidero en su cerebro desde el punto de vista intelectual, le impresionan aquellos otros que han sufrido atropellos. Nos parece bien. Ese sentimiento de solidaridad y sensibilidad habla bien de los corazones de los otros congéneres. Pero lo que está mal es utilizar el asesinato masivo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, para vanagloriarse, para hacer sentir su peso como pueblo y raza, o para engatusar mayormente a gran parte de la especie humana, tal y como lo han logrado.
Y esa “figura doliente del pueblo hebreo” tiene dos aristas: una a favor de los asesinados (los judíos) y otra en contra del pueblo alemán, los perpetradores de dichos asesinatos; aunque estos últimos han visto regenerarse las generaciones (valga la redundancia) y los alemanes nacidos en los mismos 1944/45, no tuvieron nada que ver con el sufrimiento de los judíos. ¿O nos equivocamos? Por supuesto que estamos en lo cierto. Porque aquellos alemanes que trabajaron en el genocidio, o están muy ancianos o la mayoría ya han muerto, producto del mismo avance de sus edades y de la cronoscopia (la medida del tiempo).
Y a medida que la gran mayoría ve a los judíos con admiración y conmiseración, los judíos mismos se dedican a estudiar fuerte, a sacar sus profesiones (porque sus deseos son escalar y escalar puestos gubernamentales y gerenciales en aras de alcanzar el dinero en grandes sumas y el dominio mundial que tienen entre manos y en sus mentes); hacer negocios superlativos que les beneficien económicamente y mantener homogénea su raza, su sangre, sus tradiciones, su religión (seudo-atea, con un Dios que solo tiene ojos para los hebreos y les permite cualquier tropelía que se les ocurra), y, últimamente, masacrar a sus enemigos sin importarle la sangre que derramen, si es de niños, mujeres u otros inocentes, pues ellos consideran, los israelitas, que, en razón de los que los nazis les hicieron sufrir, ahora todo les está permitido en la actualidad, en especial contra los musulmanes y concretamente contra los palestinos.
Según nuestro modo de ver las cosas, los judíos son tan iguales como usted y nosotros. Por supuesto que tienen diferencias en sus conductas y estilo de vida, pero, aparte de ello, su voracidad por la riqueza material (el dinero) y el poder, es tan característica en un australiano, como en un estadounidense o un venezolano (por ejemplo, los cubanos son extraordinariamente ambiciosos y está bien, mientras no perjudiquen a otros semejantes). Es decir, “las peculariedades” del pueblo judío no son tan peculiares, sino, más bien, son rasgos propios de la especie humana y de todas las razas y todas las nacionalidades.
Retornando al tema central de este comentario, por supuesto que nos solidarizamos con el sufrimiento de los viejos hebreos que fueron “cocinados” en los hornos de los campos de concentración en Polonia; pero no estamos dispuestos, que con base en esa horrenda historia, nos vengan a manipular hoy, mañana y siempre, para que les admiremos sin justificación alguna. Nosotros admiramos a los científicos de la carrera espacial, a los turcos que inventaron la vacuna contra el Covid chino, a la Madre Teresa de Calcuta, a Juan Pablo II, libertador de los pueblos sojuzgados por la opresión soviética (a propósito, Lénin, Trotsky y Marx eran judíos confesos); y a tantos seres humanos que han hecho más bello a este mundo y han contribuido con el beneficio de nuestra especie. Empero, admirar a un pueblo que sufrió, solo por ese hecho, y peor aún… admitirle, tolerarle su criminalidad contra los palestinos, a quienes ayer bombardeó y hoy los ha vuelto a bombardear, mientras están hacinados en la Franja de Gaza, eso nunca lo van a lograr los judíos de nosotros. Tampoco aceptamos la indescriptible hiper-fábula de que son “los elegidos de Dios” y Moisés partió en dos al Mar Rojo y demás tonterías de ese corte.
A cada cual lo suyo, que así funcionan las cosas en este mundo.
El Rápido Avance de la Delincuencia en Costa Rica
Posiblemente por la innata pasividad del costarricense, quien no ha terminado de creer todavía lo que está sucediendo con la sociedad a la que pertenece, no ha buscado soluciones al vertiginoso avance de la delincuencia que todos los días del año arremete contra las personas a balazos, por medio de un sicariato que, evidentemente, está en ciernes, pero que asesina sin compasión al fin y al cabo.
Las partes sociales y las partes gubernamentales (con la policía incluida), no han tomado “al toro por los cuernos”, al problema visceral e intrincado por el que está pasando el país entero, ya que se asesina en todos sus puntos cardinales y no ha puesto en práctica medidas tendientes a restablecer la tranquilidad en pueblos y ciudades. Un día aparece un adolescente masacrado a tiros y al otro día es una mujer que estaba tomando unos tragos en un bar, a quien llamaron por celular y al salir, la acribillaron, dejándola irreconocible por la ráfaga salida del fusil Ak-47.
Por Costa Rica se trasiegan diariamente decenas de rifles de asalto, traídos a América Central en la década de los 80s por los vándalos nicaragüenses que se hacían llamar a ellos mismos “guerrilleros” y que luchaban por detentar el poder. Esas armas eran suministradas por la Cuba de Fidel Castro y por la Unión Soviética y que al terminar el conflicto en Nicaragua, cuando su dictador Ortega se perpetuó en el gobierno, comenzaron a ser vendidas y trasegadas entre la delincuencia del istmo; por esa razón las encontramos en “las maras” de El Salvador, Guatemala y Honduras y ahora en Costa Rica. Esa es la explicación del apertrechamiento de los delincuentes en la actualidad, en suelo costarricense.
Por otra parte, la cercanía con Colombia, país siempre inmerso en conflictos internos, permeado por el narcotráfico y la guerrilla de izquierdas, hizo que los “maestros” del crimen viajaran con regularidad a Costa Rica para ejecutar a sus víctimas primero y después, enseñar a los costarricenses a manejar las armas y que se encargaran directamente de sus propios asesinatos por encargo. Sin embargo, ese aprendizaje todavía está en desarrollo, debido a que, después de cada ajusticiamiento en las calles de las ciudades, se demuestra que las técnicas utilizadas son rudimentarias y el nerviosismo todavía se impone a la sangre fría. Por ejemplo, tras haberle disparado a dos oficiales de INTERPOL, hace pocas fechas atrás, los individuos no pudieron encender la motocicleta en la que viajaban, la dejaron abandonada y se dieron a la fuga a pie, en plena carrera hacia cualquier sitio. A los pocos minutos, quien disparó el arma fue aprehendido con relativa facilidad por los patrulleros que se apersonaron en el lugar de la refriega. Les hace falta “ese colmillo” que solo es característico de los expertos en la mafia italiana, neoyorquina, rusa o colombiana. No obstante, “el camino está señalado” y hacia el
perfeccionamiento se dirigen, muy a pesar de las autoridades uniformadas que se comportan también como inexpertos en el sensible tema de la seguridad ciudadana. Partiendo de la base que no tienen el armamento propicio para enfrentarse a su contraparte en el mundo del crimen y tampoco el adiestramiento necesario e imprescindible.
En todo caso, consecuencia de lo anterior, la población siente miedo. Apenas las sombras de la noche toman las rutas, las avenidas, caminos, los edificios y los barrios, las personas normales y decentes aseguran las puertas frontales de sus casas y se niegan a salir de ellas, hasta el nuevo día.
Los expertos consultados en paneles de radio y televisión, han llegado a los puntos confluentes que dicen que la situación va a empeorar, tal como sucedió en El Salvador, un país que apenas está saliendo del “secuestro total y absoluto” al que lo sometieron “las maras” y que contaron con la complicidad de los gobiernos de turno de ambas extremos, la derecha y la izquierda, cuyos dirigentes pactaban con “los mareros” para obtener ganancias económicas también, en un contubernio vulgar y lleno de bajeza de parte de quienes tenían en sus manos la tarea de administrar al país. Y es muy posible que Costa Rica se enrumbe hacia esas mismas situaciones, cuando “los mareros” pedían pago a los conductores de autos y buses para poder ingresar a los barrios, cuando secuestraban, violaban jovencitas, sacaban los órganos internos a las personas y los vendían a los israelitas, quienes son los máximos compradores en ese mercado siniestro en el que están inmersos.
Costa Rica presenta, en la actualidad, todos esos síntomas que podrían agravarse e intensificarse en pocos años adelante, más aún cuando sus políticos, avocados solamente a la política de poco cuño, no pueden observar más allá de sus propias narices, ni vislumbrar el mal que se avecina. Lo cierto es que la delincuencia que ha hecho del crimen, del asesinato, una práctica constante y diaria, buscará diversificarse en sus actividades y con ello darle nuevos matices a la maldad en beneficio de las bandas a las que pertenecen y en perjuicio de la población atemorizada que no sale de la impresión por las muertes diarias.
El costarricense, antes famoso por su pacifismo, ahora trasiega droga, órganos humanos, asesina en las calles, amenaza y extorsiona, en un avance a otros estadios superiores donde la muerte se enseñorea y gobierna. Hay pasividad, incredulidad y lentitud en las autoridades, a pesar de que conocen perfectamente la realidad que las circunda…
Solo imaginemos que estamos en un barrio de Caracas, la Capital de Venezuela. Arriba, un gobierno tiránico, que alcanza riqueza económica superlativa, gracias a la actividad del narcotráfico, el trasiego y la venta de cocaína sembrada en Bolivia y procesada en laboratorios clandestinos en las selvas colombianas. La dictadura de Nicolás Maduro y el régimen comunista implantado por el coronel de pacotilla, Hugo Chávez Frías, son los principales socios de los cárteles de la droga colombianos; incluso, en el seno de la dictadura venezolana, existe el cártel de Los Soles, cuya cabeza es el propio Maduro y su círculo más allegado gravita alrededor suyo y se encarga de la logística para trasegar la droga.
Abajo, entre los vecinos de ese barrio que estamos imaginando, pero que existe en la realidad, persiste la miseria, el hambre, la falta de fuentes de trabajo, la coacción a las libertades individuales, el encarcelamiento arbitrario por cualquier motivo que a la dictadura le parezca y la persecución por razones ideológicas, ello es lo que prevalece diariamente y hace a esos mismos habitantes tomar la decisión de sus vidas: como en Venezuela no hay oportunidad de nada y para nadie, lo mejor es emigrar a pie, cruzando un gran trecho de América Latina (toda Centroamérica y México), e intentar ingresar a los Estados Unidos ilegalmente, para conseguir trabajo y con él, una vida digna.
Todo comienza con una decisión en firme. Hay que escoger entre el hambre que hay en Venezuela, que es culpa de sus narco-gobernantes y de nadie más; o caminar hasta la frontera sur estadounidense. De todas maneras es lo mismo morir en Venezuela que morir en el trayecto; pero, por lo menos en el segundo aspecto, quedará la ilusión intacta por alcanzar un futuro promisorio y la valentía de haber abandonado la patria para resolver la vida propia y la de la familia entera. Hay quienes juntan unos cuantos dólares que talvez les han enviado familiares que viven en USA; pero hay otros que han tomado el sendero, el largo camino, sin un solo centavo en los bolsillos. Vivirán de la caridad ajena a lo largo de la caminata.
Hay documentales filmados por distintas televisoras de América Latina, donde se ve a los venezolanos marcharse de madrugada, con el frío circundante, rumbo a la frontera con Colombia. Unos viajan en autobuses y otros han comenzado el periplo a pie. La policía y el ejército bolivariano observan las largas columnas de ciudadanos que bajan sus rostros enfadados y frustrados con esas autoridades, pero no les dicen nada, no los detienen, les importa un bledo si se marchan. Es más… algunos gendarmes esbozan sonrisas socarronas de burla hacia aquellos miserables dispuestos a dejarse las vidas entre las selvas, los asaltantes, los violadores o caer del techo de los vagones del tren apodado “la bestia”, al que se subirán una vez lleguen a México. A los gendarmes y soldados de pacotilla venezolanos no les importan las vidas de sus compatriotas, de esos que han decidido marcharse, porque ellos, los uniformados, tienen garantizados el pan de cada día, los salarios y la protección del narco-Estado dictatorial. De tal manera, los dejan partir y hay quienes, con todo el cinismo del que son capaces, levantan sus brazos en señal de despedida.
En las columnas de venezolanos van mujeres (muchas de ellas en estado de embarazo avanzado), ancianas, niños muy pequeños en brazos de sus madres, otros, que apenas han aprendido a caminar, van detrás de sus progenitores; viajan muchos jóvenes, hombres maduros, de edad avanzada, casados, solitarios, solteros, hermanos, primos… toda la sociedad venezolana va representada en esas gentes. Muchos son médicos que, antes de que Hugo Chávez llegara al poder, eran eminentes profesionales en los hospitales y clínicas venezolanas; otros son ingenieros, arquitectos, muchachas ex modelos de pasarela y comerciales de televisión, actores de teatro… ¡De cualquier profesión es posible hallar en esas columnas de inmigrantes!
Antes de internarse en la mortal selva del Darién, en Panamá, donde la carretera Interamericana se pierde entre las raíces de los gigantescos árboles, deben subir a lanchas en territorio colombiano y arribar a un pequeño atracadero donde se puede observar el comienzo de la profunda y aterradora zona selvática. Se internan. Los niños muy pequeños, que no entienden adónde los llevan sus padres, solo siguen a sus mayores, algunos van descalzos, pues hace meses no les han podido comprar calzado en Venezuela, donde todo escasea, en especial para las gentes pobres; es decir, la inmensa mayoría del pueblo. Esa imagen de los pequeños es impactante. Muchos caerán enfermos, otros morirán picados por zancudos palúdicos o de inanición o deshidratación. Los que tienen suerte, alguno de los médicos que van en la columna, les habrán salvado de la muerte a duras penas.
Una vez superado el llamado “Tapón del Darién”, se arremolinan en pueblitos y ciudades panameñas o de Costa Rica, para pedir limosna; y son víctimas del desprecio de los habitantes, quienes los observan como si fuesen estorbos en sus calles y aceras. Impacta observar a las madres sentadas con sus pequeños en los regazos, mientras sus compañeros extienden sus manos solicitando una moneda o algún pedazo de pan para engañar al estómago con algo de alimento. Todo es culpa del maldito Hugo Chávez y su régimen de miseria; y ahora, de Nicolás Maduro y la continuidad de esa dictadura. Los tiranos viven semejantes a caciques forrados en oro, mientras el pueblo tiene que huir y en medio del hambre, el dolor y la muerte. Es el signo impactante de los tiempos en muchas regiones del planeta.
Cuando la Ambición es Superior a la Voluntad y a la Inteligencia
Dentro de la panorámica que nos ofrece la Tierra, este planeta profundamente herido de muerte por los abusos y la criminalidad del mismo ser humano que lo ha estado destruyendo desde hace décadas atrás hasta el presente, podemos observar huracanes, riadas, inundaciones, maremotos, tsunamis y demás fenómenos que son característicos del transcurso del presente nuevo milenio. El planeta está respondiendo a los deseos del hombre, quien lo quiso destruir y lo hubo conseguido a medias, aunque el trecho recorrido en esa destrucción ha sido importante, lo suficiente para causarle daño casi irreparable a la naturaleza. ¿Y de qué manera ha respondido nuestro mundo a esa violencia destructiva del ser humano? Con los fenómenos a gran escala que hemos visto y experimentado en múltiples casos, con los diluvios que antes eran lluvias moderadas y con los huracanes que arrancan los techos de las viviendas y dejan a la intemperie y la mayor desolación a familias enteras, entre otras catástrofes que estamos presenciando en la actualidad.
Propiamente en Costa Rica, el pequeño país centroamericano donde la estación lluviosa era, desde siempre, muy copiosa, con el cambio climático desatado por la acción criminal del hombre, aquellas lluvias moderadas e inofensivas, que eran bendecidas más bien por los campesinos porque beneficiaban a sus cultivos agrícolas, ahora causan destrucción por doquier, tanto en las grandes ciudades, en las grandes concentraciones urbanas como en las zonas rurales, arrasando con los cultivos, con los caminos vecinales, las viviendas y arrastrando animales y personas con las corrientes impresionantes de los ríos, mismos que en las épocas de sequía son riachuelos insignificantes, imposibles de creer que en el invierno tropical se transformen tal y como lo hacen, quitando vidas y propiedades materiales a los habitantes de esas regiones.
En la Capital costarricense, San José, en algunos cantones y barrios como Aserrí, Acosta, Desamparados, San Rafael Abajo y Alajuelita, entre otros, los desastres se dan cada vez que ocurren los aguaceros, especialmente en los meses de septiembre y octubre, que son los más lluviosos de todo el año, destruyendo con el lodo y la acción de las riadas que destruyen las calles, las viviendas, las pertenencias de las personas, los automóviles, animales domésticos y todo lo que se encuentran a su paso. El origen de estos desastres que ocurren año con año, repetimos, es por la acción irresponsable del hombre, subrayamos. Y, aparte de ello, los gobiernos locales, las Municipalidades, que reciben millones y millones de colones (moneda nacional), del gobierno central, para que ejecuten obras en beneficio de las comunidades, incurren en el gravísimo error de lo lastrar los ríos, no entubarlos ahí donde se deban entubar, no construyen muros sólidos de gran grosor para contener la acción de los ríos y tampoco limpian de basura los desagües que están a la vera de los caminos, calles, carreteras y demás vías para el tránsito. Todos los años, en los mismos meses, las catástrofes se presentan en perjuicio de las gentes que viven en esos
cantones capitalinos y los responsables de evitar en gran parte esas situaciones, simplemente no dan sus caras a los periodistas y mucho menos a los afectados que conforman la población civil.
En días recientes, mientras los vecinos limpiaban el lodo y sacaban el agua del interior de sus casas anegadas y se quejaban tristemente por la destrucción de sus electrodomésticos y otras pertenencias, una periodista que trabaja para un canal de televisión, entrevistó a un alto empleado de la Municipalidad del cantón de Desamparados e insistió en la inacción de esa misma Municipalidad en relación con un puente que el agua del río botó de sus bases y lo dejó inservible. “¿Por qué si ustedes sabían, en la Municipalidad, que el río iba a destruir ese puente, no hicieron nada por evitarlo? Ahora los habitantes de esta comunidad tienen que recorrer más de tres kilómetros a pie, para llegar a sus trabajos, centros de estudio, clínicas y hospitales, porque el puente ya no existe, fue arrancado por la corriente del río. Tampoco construyeron el muro de contención para que el agua no se metiera en las calles y casas. ¿Por qué si ustedes sabían que todo eso ya había ocurrido en años anteriores y podía volver a pasar, tal y como ocurrió ahora, no hicieron nada?” Exigió la comunicadora para que le explicaran a la comunidad afectada. Y el tipo, representante del gobierno local, con una voz tímida, nada viril y mucho menos convincente, se dedicó a decir una y otra vez que se estaban haciendo estudios, que la gente de la Municipalidad había tomado nota de los destrozos y que estaba reunida para estudiar el caso. Y lo reiteró incansablemente, obviando la pregunta insistente de la periodista. Daba pena escuchar y ver a aquel mamarracho que ocupa un puesto importante en una Municipalidad que no funciona y en la que sus funcionarios ganan jugosos salarios y dietas.
Además de no tener respuestas ante la tragedia, fue evidente ver que el fulano en cuestión no tiene ni lo básico, intelectualmente, para ocupar un puesto de dirección comunitaria; es un individuo sin capacidad alguna y mucho menos para resolver, de tajo, los profundos problemas que afectan a los ciudadanos de su cantón. Pero, sin duda alguna, es poseedor de una gran ambición (por eso optó por ser elegido para ese puesto); es evidente que persiguió el renombre, ser mencionado por sus amigos y familiares como un ocupante de una curul municipal, algo de lo cual vanagloriarse el resto de su vida. Pero, también es muy evidente, no tiene ni inteligencia ni voluntad para resolver, o por lo menos… paliar el dolor, dentro de la tragedia, que afecta a los pobladores. Desgraciadamente, casi ninguno hace acto de consciencia, se confronta consigo mismo y se dice verdades como: “yo no sirvo para eso y mejor que lo ejecute otro.” Pero nó, no hay honestidad, porque lo único que quiso el individuo fue ser munícipe, aunque la capacidad no la tuviera para nada.
Lo escribió en su primer libro autobiográfico: “Francia ama a sus artistas, los cuida; pero España los despedaza.” Nadie mejor que Julio iglesias, un hombre al que el mundo entero es incapaz de guardar secretos, porque es un hombre de mundo precisamente, internacional y viajero impenitente, para haber dicho lo anterior y ser conocedor de lo anterior. Vaya como de una crónica publicada en el diario español El País, en la que el periodista afirma que la fortuna de Julio Iglesias no es honesta, no es honrada, que la mantiene detrás de un velo de misterio en paraísos fiscales. Punto.
El tipo es un imbécil, alguien que quiso darle “peso” a su trabajo escrito para que hablen de él. Porque lo peor para un comunicador de la prensa es que nadie se refiera a sus artículos y que pasen las páginas cuando aparecen bajo su firma. Es lo peor que le puede pasar a un periodista. Nosotros que hemos seguido la carrera artística de Iglesias desde 1968, año cuando comenzó, sabemos de su increíble y continuado esfuerzo laboral en pro de su carrera. Incluso desoyó a su primera esposa, la filipina Isabel Presley, quien, apresurada porque el éxito de Julio no llegaba raudo y veloz, le criticó y le demandó en su papel de esposa porque ejerciera su carrera de abogado, en lugar de andar de aquí para allá tratando de conseguir contratos para actuar. Al final, ella se cansó, lo acusó de infidelidad (¡vaya novedad en las mujeres!), y se divorciaron. Pero el cantante creyó en él mismo, en su capacidad, lo mismo su primer manager, Alfredo Fraile, quien falleció recientemente por causa del Covid llegado desde China.
Lo asombroso en Iglesias es que, a pesar de su entereza, de su trabajo fortísimo, en el que no solo grabó sus temas musicales en castellano sino también en alemán, inglés, francés, portugués, italiano, japonés, etcétera, se fundamenta en que no descuidó a su familia. Siempre estuvo pendiente de la educación y la salud de sus tres primeros hijos (Cháveli, Julio José y Enrique), de su madre, doña Rosario y de su amadísimo padre, el Dr. Julio Iglesias Puga. Aparte de ellos, todos sus músicos, fieles hasta el cansancio, terminaron pensionados y ganaron muy bien a lo largo de sus vidas al lado del cantante. Por lo tanto, nada de opacidad de su dinero, de su fortuna, que ha sido bien ganada gracias a extenuantes giras mundiales, poniendo en alto el nombre de España, como no han sido capaces de hacerlo sus detractores, esos mismos que escriben crónicas inmorales y de bajísima calidad en los periódicos y revistas españolas.
De hecho, nunca, nunca, nunca, Julio Iglesias ha tenido un problema con hacienda por el no pago de sus impuestos dentro de España y allí donde fuera necesario pagarlos. En una ocasión, en Argentina, y en relación con su hacienda de ganado llamada “Momentos”, los argentinos le exigieron el pago anual de sus impuestos y un día antes de que la hacienda de aquel país procediera a embargar el sitio, los asesores de Iglesias depositaron el dinero, “hasta el último peso” por el que ladraban los argentinos, siempre problemáticos, embobados y fatuos. Pocos meses después, Julio ordenó la venta de su propiedad con más de 8,000 cabezas de ganado.
Muchos años posteriores, se asoció en República Dominicana con el no menos famoso Oscar de la Renta y se hizo co-propietario de hoteles y otras propiedades. Una unión financiera clara, prístina, evidente ante las miradas de todos. Nada de opacidad, como cita movido por la envidia el periodista de El País. La sonrisa y la tranquilidad con las que acompaña Julio Iglesias sus actividades financieras, revelan que todo lo que ha hecho y hace es esencialmente honesto y honrado. De esos somos garantes, porque hemos seguido su carrera, su vida personal y sus inversiones, a lo largo del tiempo, desde 1972, año cuando le vimos por vez primera cantando en la televisión internacional.
Lo que sucede con muchos triunfadores, según es el caso de Julio Iglesias en España y de Franz Beckenbauer, en Alemania, para citar otro ejemplo que tuvo gran resonancia en la prensa, se fundamenta en la acuciosidad, en el morbo de ciertos periodistas venidos a menos, quienes no pueden entender ni tolerar que haya personas exitosas, realmente triunfadoras en el mundo y buscan afanosamente la manera de hacerles caer o por lo menos, “ensuciarlos” mediante crónicas mal intencionadas y por supuesto, con base en la mentira, la suposición o como bien acentúa Julio… “en la especulación.” Y parece que la persona triunfadora tiene que convivir con esa clase de alimañas, diestras en tergiversar lo que no se debe ni se puede tergiversar; o sea, el éxito de los demás.
A esa clase de gentuza que labora en los medios de comunicación, Julio Iglesias contesta con el silencio, quizás porque no les presta atención a sus necedades o talvez porque con una sola expresión verbal podría desarmar sus canalladas; es decir, diciéndoles: “aquí están mis reportes financieros, el origen de mis ganancias monetarias y los Bancos donde tengo depositado mi dinero. ¡Investiguen! ¡Levanten sus culos de sus asientos y vayan a cerciorarse con la verdad!”
Porque en el caso de este caballero triunfador, todo está a la vista: lo humano y lo divino, lo espiritual y lo material y solo quienes le conocemos podemos corroborarlo; y en el caso de Iglesias, nada hay de opacidad y, por el contrario, mucho de esfuerzo laboral y visión empresarial. Punto.
El Llamativo Detalle del Suicidio de Salvador Allende con el Arma
que le Regaló Fidel Castro
Los historiadores que tratan el tema del golpe de Estado en Chile, de septiembre de 1973, mencionan el hecho del arma de fuego que llevaba Allende la mañana cuando se dirigía al Palacio de La Moneda y que no era otra que aquella AK-47 que Fidel Castro le regaló durante su visita de poco menos de un mes a Chile. Pero ni los historiadores, los biógrafos ni los especialistas en psicología se detienen un poco para analizar aquel letal artefacto del que no se desprendió Salvador Allende mientras duró el ataque a la Casa de Gobierno. Parecía obsesionado con aquel aparato mortal que “un amigo no debe regalar nunca a otro amigo, si es que en verdad lo aprecia.” Pero Fidel Castro, con su mentalidad criminal, no podía obsequiar otra cosa que no fuera un arma de fuego y eso hizo precisamente con Allende.
Desde el momento cuando salió de su casa en Tomás Moro, hasta que llegó en su auto particular a La Moneda, se hizo acompañar con el arma y no la soltó hasta que se disparó una ráfaga en el mentón y se quitó la vida, en una determinación más teatral, “para la posteridad”, muy posiblemente imitando a Hitler en el bunker bajo la Cancillería en Berlín, en 1945, cuando se disparó con su revolver en el cielo de la boca. Es muy evidente que Allende quiso hacer algo parecido al Führer de los alemanes. La imaginación no le dio al pobre Allende para intentar un suicidio más original, porque el sujeto no tenía la capacidad ni para matarse de una manera diferente.
Pero el arma se convirtió para el ex presidente marxista chileno en algo más importante que un bolígrafo o un pañuelo blanco, el cual blandir para mostrarle a los soldados que asediaban al Palacio gubernamental, que se iba a rendir; sin embargo aquella AK-47 de fabricación soviética –no podía ser de otra manera-, tiene un significado oculto, simbólico y psicológico que se antoja digno de ser estudiado. Para empezar, recordemos que Fidel Castro, el sanguinario tirano de Cuba, visitó Chile, a su amigo Allende, en 1971, del 10 de noviembre al 4 de diciembre, un poco más de tres semanas coexistiendo entre los chilenos y causando resquemores, tensiones y suspicacias en este pueblo, principalmente en las clases media y alta de la sociedad. Fue tan tedioso observar (y soportar a Castro), que se comenzó a divulgar que ambos individuos cogobernaban al país, debido también a la extensa estadía del cubano en Chile.
Y aquí viene el asunto psicológico de fondo: la visita del carnicero cubano se produjo cuando Allende gozaba del respeto, la admiración y las buenas expectativas de los chilenos; se produjo en un tiempo agradable, de total sintonía entre el gobernante y su pueblo. Y el tirano comunista de Las Antillas realizó un recorrido, un periplo de norte a sur, comenzando en Iquique, siguiendo por Antofagasta, Valparaíso, Rancagua, Santiago (la Capital), continuando rumbo a Concepción, Puerto Montt, hasta arribar a la sureña Punta Arenas. Es decir, los chilenos le dieron a Castro lo que tanto le gustaba en cada región y ciudad donde llegó: “un auténtico baño de masas” al dictador que se le enfrentó a los “gringos” sin ningún temor durante la crisis de los misiles y que John F. Kennedy resolvió con un bloqueo naval a la isla de Cuba. Pero retornemos al tema de Allende y el fusil que le regaló Castro… El obsequio se hizo en tiempos agradables, de armonía, en los que parecía que el marxismo del gobierno allendista iba por buen camino e iba a anclar en el alma y la realidad de Chile de manera definitiva y permanente. Es muy probable que, en el momento de crisis más intricada y de manera inconsciente, Salvador Allende se aferró a aquella arma de manera nostálgica, deseando retornar a aquel tiempo de felicidad junto a su amigo cubano, quien, en lo peor del gobernante chileno, no acudió en su ayuda y tampoco lo hicieron los soviéticos. Porque Allende murió en la mayor soledad, solo acompañado por su médico de cabecera, quien no tuvo tiempo de convencerle para que no se disparara al mentón, pues lo hizo repentina y súbitamente.
Hay condenados a muerte, cuando los jueces están a punto de dictar la sentencia, que acarician sus anillos de matrimonio; o aquellos moribundos terminales que sostienen en sus manos el pañuelo de su madre o una prensa del cabello de una hija. Es decir, se aferran nostálgicos o de la misma manera como lo hace un náufrago a una tabla en altamar durante un naufragio, creyendo que aquellos objetos los salvarán de la muerte. Salvador Allende se disparó con el arma que le regaló su amigo Fidel Castro, del mismo modo como se ahorca aquel individuo con el cinturón de su novia o de su amada esposa. Son recursos psíquicos que las mentes en crisis exigen, en un afanoso deseo por reencontrar los momentos felices del pasado.
Llama también la atención, como esbozamos escuetamente en este mismo comentario editorial, que Fidel Castro le regalara un fusil de asalto a su amigo chileno. Un regalo –lo mismo que un puñal o un revólver-, que ninguna persona cuerda y en sus cinco sentidos sería capaz de obsequiar; pero Fidel Castro era así, un asesino compulsivo al que le encantaban los sonidos de los disparos, que había fusilado a decenas de inocentes en la Sierra Maestra en su camino hacia La Habana, en compañía de su hermano Raúl y el no menos criminal Ernesto che Guevara. Pero en el caso singular de Allende, aferrarse a aquel fusil de asalto no le salvó de su intención de suicidarse, no le salvó de la aguda crisis socio-política-financiera que él mismo creó con su pésimo gobierno de corte marxista. Tampoco le devolvió la felicidad de las épocas idas y mucho menos pudo detener el golpe de Estado.
Esa es la pregunta “del millón de dólares,” sin duda alguna. Y si estuviéramos en la piel del presidente de Ucrania, estaríamos sumamente preocupados, más todavía al ver cómo se van perfilando los hechos en la realidad diaria y política de los Estados Unidos, donde, cada vez que se imputa a Trump, cada vez que llega en su impresionante avión a alguna ciudad, requerido por los tribunales, más y más estadounidenses se convencen de que deben votar por él, sin importarles la clase de delincuente y maniático que es. Habría que estar muy preocupados porque, tal y como se presentan las incidencias actualmente, Trump podría ser el presidente nuevamente de los norteamericanos.
¿Pero por qué habría que estar preocupados en Ucrania? la respuesta es sencilla, directa y fulminante: porque Trump es muy amigo de Putin, el tirano y genocida ruso, y es una amistad que data desde el período electoral trasanterior cuando los rusos ayudaron a Trump a ganar las elecciones contra Hillary Clinton, creando un sinnúmero de cuentas falsas en las redes sociales para favorecerlo, instigaron contra la candidata demócrata –que de todas maneras no servía políticamente ni un comino-, y lo catapultaron hasta la Casa Blanca, tal y como aconteció finalmente. La amistad entre ambos maniáticos es sólida y a toda prueba. Lo mismo que la relación amistosa que Trump desarrolló con el loco dictador de Corea del Norte, quien, para colmo de males, también es muy amigo de Vladímir Putin. Es decir, el trío tiene nexos fuertes, casi indestructibles y forman un triángulo geográfico perfecto. Washington D.C.-Moscú-Pionyang; y desde el punto de vista psíquico hay empatía entre los tres, se entienden a la perfección y hasta suelen actuar de muy parecida manera; es decir, prepotentes, tiránicos, farsantes con sus pueblos, megalomaníacos, beligerantes, subversivos, infieles con sus mujeres, vulgares, parcos al hablar y cuando lo hacen solo recurren a múltiples amenazas de todo tipo y calibre. ¡En fin…! Son más las semejanzas entre Putin, Trump y Jon-un, que las diferencias. Es por ello que Zelenski, presidente de Ucrania, tiene razones suficientes para estar preocupado de cara al futuro y acerca de las relaciones con la Casa Blanca.
Pero el amable lector podrá preguntarnos: ¿Por qué preocuparse si Joe Biden todavía es el presidente de los Estados Unidos, las próximas elecciones están distantes y muy probablemente Donald Trump no sea candidato republicano y si lo fuese, sería derrotado en las convocatorias a nivel nacional? Ciertamente Joe Biden sigue en el poder, aunque es un hombre anciano y muy enfermo, que ha superado, incluso, aneurismas que lo pudieron llevar a la muerte; ciertamente las próximas elecciones todavía no se van a dar, pero no están lejanas, y tal como se están decantando los hechos con la fuerte y decidida disposición de los votantes republicanos, quienes quieren favorecer a Trump sin importarles que éste sea un fantoche de pies a cabeza, podrían complicar el futuro cercano y según las encuestas: si las primarias republicanas fueran mañana, Trump arrasaría con todos su oponentes, aún si ellos decidieran unirse en una sola fuerza; y si las elecciones a nivel nacional fueran pasado mañana, es muy probable que Trump venza al enfermo y avejentado Joe Biden por escaso margen, pero la probabilidad está allí, latente. Además, la batería de asesores con la que contaría Donald Trump, estaría deseosa de pulverizar a Biden y a su verbo tranquilo, sus “lagunas mentales” y su lenguaje conciliador. La furia, el veneno retórico de Trump con sus frases cortas pero punzantes, que van directamente a las heridas del pueblo y de las personas individuales, sería nefasto para el caballeroso Biden, quien una vez conquistó a los estadounidenses con su comportamiento civilizado, pero en una segunda ocasión no creemos que sea suficiente para ganarle al venenoso y letal Donald Trump. Ese es el dilema que tendrán los demócratas a muy corto espacio de tiempo, pues las elecciones están al “dar vuelta en la esquina”, según se dice popularmente. Están allí, cerquita.
¿Pero qué tiene que ver lo anterior con Ucrania? Si se concreta el triunfo electoral de Donald Trump y llega a la Casa Blanca, la ayuda para Ucrania corre el riesgo inminente de cesar en forma definitiva, abruptamente, y será algo así como cavar la tumba para sus gobernantes, sus ciudadanos y su valiente ejército. Los millones de dólares que el gobierno Biden le hace llegar a Zelenski y el armamento sofisticado made in USA que ha estado pulverizando a los rusos en los campos de batalla, Trump acabaría con todo ello, así “de un plumazo”, de acuerdo a su temperamento esquizoide que ya hemos experimentado durante los cuatro años trasanteriores, cuando fue el pésimo presidente de los Estados Unidos que fue. En resumen… Putin estaría feliz si Trump ganase las elecciones, porque ello significará el final de la guerra en Ucrania, su invasión genocida terminará con el triunfo militar, se dejará los territorios del Donbás, aledaños a Crimea, y lo que sería peor… podría comenzar otras aventuras bélicas contra su ultra-enemiga Polonia, en África, Oriente Próximo o en el Cáucaso. Trump en la Casa Blanca sería algo así como su “libre licencia” para invadir, asesinar, conquistar territorios ajenos, incrementar el arsenal del mal ejército ruso y presumir de una fortaleza (que realmente no tiene), ante los ojos impotentes y frustrados del resto de la humanidad.
Solo una determinación de los tribunales estadounidenses podrían detener a Trump posiblemente, quizás, talvez. No lo sabemos. Es probable que en la única causa en la que no se puede auto-indultar, por haber querido revertir los resultados electorales pasados, sea ese obstáculo judicial que todos queremos para él. Ojalá, por el bien de la paz mundial y de la victoria del bien.
Todo un Tema: El Despeñadero por el que Cae la Educación Costarricense
Nos preguntamos hasta qué punto esos informes que redactan o elaboran los “tecnócratas”, también llamados desde hace algún tiempo hasta la actualidad, “consultores” (de todo tipo: sociales, económicos, políticos, religiosos, etcétera), son estudiados a fondo, observadas las deficiencias y corregidas como supuestamente sugieren en esas mismas páginas. Nos da la impresión de que esas “consultorías” pasan a llenar los archivos en las distintas dependencias del Estado sin ser leídos por quienes ordenaron elaborarlos y, por supuesto, sin solucionar absolutamente nada de lo que anda mal.
A simple vista, se nota que la educación de Costa Rica viene mal desde hace décadas atrás y comienza desde las Universidades públicas (y peor todavía en las privadas), donde se malforman a los que después asumirán el sistema de enseñanza nacional. Es decir, las Universidades son incapaces de formar adecuadamente a los educadores (“docentes” como se hacen llamar a ellos mismos en estos tiempos), y con esa deficiente manera de trabajar, toman en sus manos los espíritus y mentes de los educandos para convertirlos prácticamente en nada. Ya por la década de los años 70s., se podían distinguir, de un grupo de 10 profesores, a solo dos o tres que daban “la talla”, eran los más admirados, respetados y dignos de la confianza de los jóvenes. Aquello parecía un banco o una mesa, hecha por el peor ebanista que solo le ponía dos o tres patas al mueble cuando debía tener las cuatro de rigor. A esos pésimos “docentes” los veníamos identificando desde la escuela primaria, donde pesábamos de una excelente maestra, quien dichosamente no se acogía todavía a su pensión y seguía trabajando en las aulas con gran mística y energía, a las manos de otros pésimos educadores deficientes, negligentes, obtusos para explicar las materias básicas y arrastrando complejos personales que los estudiantes teníamos que pagarle como si fuésemos los culpables…
El IX Informe del Estado de la Educación costarricense ya está en las manos de los “tecnócratas” del Ministerio de Educación de Costa Rica (MEP), de la ministra de esta Cartera, quien ha confesado que todavía no lo ha leído. En todo caso, cuatro puntos que llaman la atención –en resumen-, explican lo siguiente: “niños de diez años no saben leer ni escribir textos simples”, “colegiales de décimo año son la generación menos preparada,” “10 por ciento de las escuelas (apenas) con oferta académica completa” y “vivimos una crisis por gestión educativa desenfocada de los problemas de fondo.” Entre otros entuertos más que se haría interminable reproducir aquí en este editorial.
El caos “se retrata por sí solo.” No hay que explicar más. En otras palabras, el reto está sobre el tapete y los educadores, todo el sistema educativo de Costa Rica, está llamado a solucionar la problemática. Una problemática que “se refracta” en la sociedad de distintos colores: el analfabetismo, la incultura, la delincuencia creciente (Costa Rica padece altísimos estándares de criminalidad, aún en regiones que antes eran insospechadas), incremento de la pobreza per cápita, y demás lacras sociales que son la preocupación diaria de las autoridades policiales. El declive, “la cuesta abajo”, es evidente, demasiado evidente desde finales de los años 70s y ha venido pronunciándose más y más con el paso el tiempo.
El Ministerio de Educación ha apostado por “más cantidad versus más calidad”; es decir, aumentar el tiempo de estadía de los jóvenes en los recintos de escuelas y colegios, desde las siete de la mañana, hasta las cuatro de la tarde, de lunes a viernes. Pero no ha dado resultado positivo, tal y como se esperaba, porque los males sociales siguen manifestándose más y más. La fórmula era a la inversa; es decir, “más calidad educativa por encima de la enorme cantidad de horas.” Lo anterior desde el aspecto intrínseco de la educación; y desde lo extrínseco, hay que sumarle la llegada de miles de inmigrantes nicaragüenses, quienes traen en sus morrales una impresionante incultura, una natural violencia de acuerdo al carácter general de ese pueblo y una ansiedad incontrolada por vivir una vida que la dictadura de Ortega y su mujer les arrebataron desde 1979. Así mismo, el arribo de colombianos con sus arrebatos de sicariato, tráfico de drogas, pornografía, violencia machista y demás vicios, han “fortalecido” el caos social del costarricense actual.
El auge de las Universidades privadas que existen con el único propósito de generar riqueza para sus dueños fundadores, también ha permeado en la personalidad de las nuevas generaciones de costarricenses, quienes se convierten en “profesionales titulados”, pero sin cultura; es decir, les han permitido alcanzar los títulos académicos, y, paralelamente, la malformación personal. Muchos de ellos pagan a otras personas sin escrúpulos para que les confecciones los trabajados académicos de investigación y redacción, sin que los profesores de cátedra se enteren de aquellos ilícitos. No hace mucho, leímos la despedida de una directora que se marchaba de una escuela de enseñanza especial: tuvo la osadía de firmar al final de su carta con el rimbombante título de “master”, pero a lo largo de su misiva acusaba faltas de ortografía realmente vergonzantes y que decían mucho acerca de lo que había en su cerebro, supuestamente intelectual en una profesional de su “categoría.”
El costarricense actual no lee, vive pegado a su teléfono celular escribiendo textos intrascendentes; llena los juzgados por causa de sus múltiples querellas, comete crímenes contra sus semejantes cuyas razones son tan obtusas como el crimen mismo y acusan pobreza en el lenguaje diario, en el comportamiento y en la personalidad general e individual del pueblo. Ese es el reto, el supra-reto, que tienen las autoridades educativas y para ser sinceros y honestos, no creemos que vayan a solucionar, precisamente porque el daño es muy profundo y no se tienen “las herramientas” para detener lo que va rumbo al despeñadero.
El Caso Rubiales en España, nos Recuerda la Existencia de
los Límites
Cuando redactamos el presente editorial, Luis Rubiales, el presidente de la Real Federación Española de Futbol, está en medio de “un huracán” que ningún hombre quisiera para sí: la FIFA, la prensa de su país, la opinión pública y al parecer, la mayoría de “las fuerzas vivas”, quieren que renuncie a su puesto; pero él ha respondido,“no dimitiré.”
¿Pero qué sucedió con este fulano, quien, hasta antes de su “error” era un desconocido en el resto del mundo? Fue un hecho, si se quiere “inocente” y posiblemente involuntario y empujado por la emoción del momento: besó en la boca a Jenni Hermoso, futbolista de la Selección femenina española, recién coronada campeona del mundo en Australia y Nueva Zelanda. Pero a medida que se habla del asunto, aparecen otros actos que le “enlodan” todavía más: aparentemente, se tocaba los testículos delante de la Reina Leticia y de su hija, la Infanta Sofía, poco antes de agarrar a la deportista y estamparle “su rúbrica” en los labios. En la fotografía no se ve agraviada la muchacha; pero, en la frialdad que da “el después…” aquello no se vio bien, más aún cuando Rubiales ya había protagonizado hechos reñidos con la moral en el pasado.
Ciertamente, conseguir una Copa del Mundo es algo que no se logra todos los días y cuando se alcanza, por supuesto que causa una alegría que rompe toda quietud y los moldes sociales establecidos, aunque siempre deben prevalecer los límites. Incluso, un abrazo fuerte a una de las jugadoras, cualquiera que hubiese sido, de parte de un alto dirigente, por más exultante que estuviese éste, es mal visto en estos países de origen latino. Parece que los famosos –recordemos los extravíos en este sentido del cantante de ópera, Plácido Domingo; y del ex presidente Trump-, olvidan, con el peso de la fama y del dinero, que no son “dioses del Olimpo,” al mejor (o peor) estilo de Zeus, quien, según la mitología griega, acostumbraba convertirse en tiburón, lluvia de oro, o en lo que se le ocurriera, para seducir a las mortales bellas y embarazarlas en contra de su voluntad. Hubo una de ellas que estaba bañándose desnuda en una laguna y Zeus se convirtió en un bello y elegante cisne. Se le acercó y la mujer, seducida por aquella magnífica ave, la siguió hasta una caverna donde el dios retomó su forma original y abusó de ella, de su cuerpo, de su espíritu, de su estado virginal. La mitología es una buena “maestra” con los alumnos distraídos. Solo hay que leer algunos pasajes.
Por naturaleza, el deseo carnal, “la concupiscencia y la carne”, es una de las fuerzas más poderosas que hay en el ser humano, concretamente en “el macho”; pero existe la cultura, la educación dentro del respeto al semejante y recordar que, antes de toda acción en la que haya involucrada una segunda persona, hay unos límites invisibles, “una raya, una línea imaginaria”, puesta allí para no ser traspasada.
En el caso específico de Rubiales, cuenta con la amistad del presidente ejecutivo de la FIFA, Gianni Infantino, de sangre italiana aunque nacido en Suiza y ya le vimos durante el Mundial de Rusia, en el palco oficial, junto a la presidenta de Croacia, en feas poses de seductor, sin respetar a la bella señora balcánica. Parece que ambos están “cortados con las mismas tijeras (del sadismo).”
Lo cierto es que la gran mayoría en España están molestos con el beso impúdico que Luis Rubiales dio a la futbolista Jenni Hermoso, aprovechándose de la algarabía por la conquista del Mundial australiano. Por ejemplo, uno de los últimos editoriales del influyente periódico español ABC, así lo ha escrito: “La continuidad de Rubiales es el síntoma de un país sin exigencias morales suficientes para crear códigos de conducta no escritos. El examen de conciencia y la asunción autónoma de responsabilidades son puras ilusiones en el ejercicio de lo cotidiano del aferramiento al cargo y el privilegio. Y de esto no solo Rubiales es un ejemplo. También muchos de los que se rasgan las vestiduras con sus zafiedades, pero callan ante los datos de feminicidios en estos años o de los ‘indultos’ causados por la ley del ‘solo sí es sí’. Rubiales debe irse o deben echarlo, pero no para calmar conciencias de tanto hipócrita, sino porque es una cuestión de dignidad nacional ante lo que ya es un esperpento.” Escribió el editorialista del diario.
Y es que la mancha larga y extensa de la vida pública de Rubiales es de sobra conocida y en casi todos los casos, está implícito el deseo desaforado de lo carnal, de sacar ventaja de las mujeres, a la fuerza, solo porque se es “hombre” y tiene la influencia, el poder de determinada Institución, y por eso tiene el beneficio de manosear y ultrajar a cualquier mujer que se le ocurra. Las cosas no funcionan así. Incluso dentro del matrimonio, cuando la esposa no desea la relación íntima con su conyugue, éste debe comprenderlo, ni discutir siquiera y marcharse a leer o ver la televisión. Otro día, talvez sí…
En estos horrendos casos se manifiesta la sensibilidad de la mujer en toda su magnitud: la mujer buena, de buenas costumbres, de familia honorable, no consiente que se le fuerce a circunstancias en las que peligra su integridad física, emocional o espiritual, porque todo debe darse con su consentimiento, con su voluntad bien despierta y con el amor y la admiración privando en el hecho.
Luis Rubiales tiene una seguidilla de estas situaciones embarazosas y debe pasar a la vida pública y después al olvido; su rostro no puede aparecer más en las fotografías de los diarios y mucho menos sus palabras que pretenden explicarlo todo. Por honor a la decencia, tiene que marcharse, dimitir…
América Latina y su Plaga de Gobernantes Incapaces, Narco-comunistas, Generadores de Miseria Extrema y el Éxodo de sus Poblaciones
En la convulsa década de los años 70s. la característica más evidente en estas naciones del subcontinente americano, desde México hasta Chile y Argentina, fueron los gobiernos militares, encabezados por un dictador que también era un soldado u oficial castrense, o por una junta militar. Salvo México que era gobernado por el siempre corrupto PRI, que se hacía llamar a sí mismo, “la dictadura perfecta.” Y con esa incapacidad para la auto-crítica, esos militarotes y civiles corruptos, como en el caso mexicano, no querían reconocer que grandes porciones de sus respectivos pueblos estaban sumidos en la peor de las miserias y todas esas naciones en el retroceso extraordinariamente distante de los adelantos sociales, tecnológicos y culturales que marcaban los países adelantados o del primer mundo desarrollado.
Habían dictaduras militares en toda América Central, exceptuando a Costa Rica que siempre se ha engalanado con las elecciones libres y democráticas y la alternabilidad en el poder, aunque la corrupción que se daba era acallada sutil e inteligentemente (de manera maquiavélica), por los líderes de aquel momento. Lo mismo sucedía desde Colombia, pasando por Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil, Paraguay, Uruguay, hasta desembocar en los regímenes de Allende en Chile y la Junta Militar argentina, decidida y descaradamente criminal.
El común denominador de aquellos dictadores, acuerpados por un grupo de militares a sus espaldas, eran sus apellidos europeos, como Banzer, Figueredo, Stroessner, Pinochet, Galtieri, Bignone, Massera, etcétera. Descendientes de alemanes, franceses, italianos o portugueses, radicados en América del Sur. Algo parecido sucedía en el Caribe, con el hijo de gallego, Fidel Castro Ruz; o con Joaquín Balaguer, en República Dominicana; y los Duvalier en Haití (padre e hijo), expoliando lo poco que quedaba utilizable en esa parte de la isla. Es decir, en los años 70s no había “rostro en qué persignarse,” según decían nuestras abuelas cuando comentaban las incidencias y las personas, a manera de decepción clara y concisa.
Hacia mediados de la década siguiente, los años 80s, esos grupos de soldados en el poder de casi todas las naciones latinoamericanas, fueron cayendo por inercia propia o por el empuje de otros signos de poder, principalmente por los grupos adinerados, siempre sedientos por controlarlo todo, en especial lo que estriba al gobierno central de sus respectivos países. Una vez entronizados en el seno de cada Estado, lo disfrazaban de democracia y ellos mismos se decían ser los representantes “genuinos y puros” de esas democracias, cuando en realidad eran plutócratas, líderes y cabecillas de las modernas oligarquías que habían alcanzado el mando supremo-político de estas naciones. Así, vimos “democracia” inesperada y sorprendentemente en Guatemala, Honduras, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Uruguay, mientras El Salvador se desangraba en una feroz guerra intestina, impulsada y azuzada por Fidel Castro. Los Sandino-comunistas parecieron en Nicaragua y Hugo Chávez mostraba sus nefastas intenciones en la corrompida Venezuela, donde sus presidentes “democráticos” habían arrasado con toda la riqueza petrolera de la que fue capaz la producción venezolana. Es decir, los cinco últimos mandatarios en Caracas, fueron los que propiciaron el advenimiento y la dictadura de Chávez, a raíz del descarado saqueo de la riqueza del Estado, en una de las peores muestras y prácticas de corrupción que se recuerden en el subcontinente del que hoy estamos tratando.
Para no hacer más cansino y profuso este recorrido por la historia reciente de América Latina a finales del siglo pasado e inicios del presente, los personajillos, todos ellos aprendices de la política y analfabetos de la economía, llegaron a ocupar los máximos cargos en sus gobiernos: los Maduro, Allan García, Cristina Fernández de Kircher (la mujer que tiene pactos con Satanás, ya que nadie la puede remover de su esfera de influencias y poder); los hermanos Fidel y Raúl Castro, Rafael Correa, Evo Morales, los últimos cinco presidentes mexicanos, en especial el actual, Andrés Manuel López Obrador, quien está defendiendo a los cárteles de la droga surgidos en su país al decir que no tienen nada que ver con el asesinato del candidato a la presidencia del Ecuador; también Daniel Ortega y su horrorosa mujer, Rosario “la bruja” Murillo, el colombiano Gustavo Petro, terrorista urbano y asesino de decenas de ciudadanos inocentes con los ataques violentos que efectuó en las ciudades de Colombia; y todos los demás que han empobrecido a sus pueblos, los han obligado a emigrar a pie hasta la frontera sur de los Estados Unidos y les han robado los sueños, las esperanzas, su realidad anterior y los han condenado al sufrimiento inesperado, inhumano e inconcebible.
Esta es la realidad de hoy en día en América Latina, una región que no puede liberarse de sus cadenas invisibles, que le han sido puestas por esta enorme cantidad de sátrapas, políticos de escaso valor, de poco cuño y dueños de un anti-carisma realmente desolador. Es, quizás, un poco de la mentalidad retrógrada que caracteriza al latinoamericano, patente en sus dictadores.