EDITORIALES IV


 Por qué Netanyahu, Dictador de Israel, Sabotea todo Esfuerzo y Acuerdo de Paz que Pudiere Firmarse en

Oriente Próximo

 

Para “comenzar por el inicio”, según el dicho del argot popular, diremos que a Donald Trump, en lo político (no en lo personal, pues un sujeto como él no puede estar más desprestigiado de lo que ya lo está), y a DJ Vance y Marco Rubio, posibles pre-candidatos por el Partido Republicano en las siguientes elecciones nacionales de los Estados Unidos, no les sirve que el conflicto armado contra Irán se prolongue más de lo que se ha alargado hasta estos instantes. No sería de recibo para el votante estadounidense (no judío), que le sigan arrebatando de sus bolsillos los millones de dólares diarios, para financiar una guerra en la que los intereses de USA son nulos o inexistentes. Un conflicto que sólo ha servido para “sacarle las castañas del fuego” a los israelíes, frente a un ejército colosal como lo es el iraní, capaz de borrar a Israel de la faz de la Tierra. Por ello, por ese coste financiero y político, los republicanos intentan detener definitivamente el enfrentamiento contra los persas.

            Y aquí precisamente es donde aparece la figura criminal, decididamente genocida, del dictador israelí Benjamín Netanyahu, y sus secuaces en su Gabinete de Estado, a quienes una paz corta o duradera no les conviene en absoluto. ¿Pero por qué razón la guerra es “la sinrazón” de la existencia de estos criminales, de estos sátrapas hebreos? ¿Por qué derramar sangre en Oriente Próximo es la prioridad de estos verdugos que tienen el poder en sus garras en Israel? Con la mentira, utilizada como excusa reiterada, de que los iraníes pueden crear la primera bomba atómica, Netanyahu tiene “embobados” a los israelíes y a varios estadounidenses en la Casa Blanca y ello les obliga a seguir en guerra contra Irán. Pero la verdad es la que la inmensa mayoría conocemos: insuflando el “chauvinismo”, ese nacionalismo barato, sin asidero alguno, del pueblo judío, Netanyahu desvía la atención hacia el exterior, “se viste de héroe” que lucha en la defensa de su país, de su raza (“perseguida” durante toda su existencia por distintos enemigos, según el cacareado, repetido y desgastado argumento para crear lástima), y de sus tradiciones, que (supuestamente) están en gravísimo peligro de cara a los iraníes, el enemigo a vencer.

            Pero la verdad real que subyace en el alma criminal de Netanyahu y los judíos radicales que le acompañan, descubre que intenta escaparse de los tribunales israelíes por sus actos de corrupción en el ejercicio del poder, y mediante los cuales, Netanyahu y su mujer Sara, se han enriquecido, gracias a movimientos espurios claramente comprobados. Este dictador, incluso, podría terminar en prisión si pasa a ser un ciudadano común y corriente cuando abandone el gobierno. Y en su escape, asesina a miles de palestinos en Gaza y Cisjordania, a Hutíes, en Yemen; y ataca repetidamente a Irán, arrastrando, de paso, al Pentágono norteamericano en estas aventuras militares de sangre, abusos y genocidio contra pueblos desarmados, indefensos y cuyo único “pecado” radica en ser musulmanes y de tez cobriza, distinta a la “pureza” de los judíos, una pureza que no es otra cosa que racismo de este pueblo parasitario que se alimenta de otros pueblos donde se incrusta, explota y se aprovecha de sus virtudes, ventajas, cultura, riquezas materiales y sociales y escala hasta los más elevados estamentos de sus gobiernos, como el caso de los hebreos que viven en los Estados Unidos y que controlan el Congreso con su mayoría numérica.

            Retornando al tema del entendimiento entre los negociadores estadounidenses e iraníes, un vocero del Estado israelí manifestó que “Israel está muy preocupado por el acuerdo que EE.UU, e Irán están discutiendo últimamente. Y lo más inquietante es el hecho de que Tel Aviv no puede influir en él. Nadie está contento con él. Entienden que no nos beneficia y perjudica los intereses israelíes. Trump nos ha perjudicado. Sea cual sea el acuerdo, la opinión (judía) es que se firmaría bajo presión iraní y la connivencia de los estadounidenses y no al revés. En cualquier caso, este es el sentir en Israel; y, por lo tanto, un acuerdo –al menos a corto plazo-, se considerará un fracaso.” Por su parte, Donald Trump, manifestó que “el acuerdo está programado para firmarse mañana, e inmediatamente después de su suscripción, el estrecho de Ormuz estará abierto para todos.”

            Ante tal posibilidad, Israel, y específicamente su corrupto y criminal dictador, Netanyahu, se propone conservar la libertad para atacar a Irán cuando a él le plazca, al margen del tratado de paz suscrito entre los Estados Unidos y los iraníes. Y fue el ministro de Defensa judío, Israel Katz, tan criminal como su colega Netanyahu, quien dijo en torno a este asunto: “He instruido a las Fuerzas de Defensa de Israel a prepararse para preservar la capacidad autónoma de actuación frente a Irán. Israel deber asegurarse de que también en el futuro tendrá la capacidad de actuar de manera independiente (contra Irán) (…). Israel aspira a victorias, no compromisos ni concesiones.” Nótese en las últimas palabras suyas el altísimo grado de agresividad de estos asesinos israelíes y su irrespeto y desprecio por la paz. De paso, reafirmó que las fuerzas israelíes no se retirarán del Líbano, Siria y Gaza, donde se mantienen invasoras y cometiendo genocidio.

            En respuesta, el Cuartel General Central Jatam al Anbiya, de Irán, respondió al asesino Katz que, “en caso de que continúen sus agresiones y actos de provocación, incluidos los del sur del Líbano, nuestras Fuerzas emprenderán acciones militares contra Israel, mucho más severas y contundentes que antes.” Y esto involucraría la destrucción, mayormente, de las ciudades de Israel que están en posición “de tiro” de los misiles iraníes.

             Finalmente, Trump se manifestó muy molesto con Netanyahu por los últimos ataques perpetrados por este criminal en territorio libanés y aseveró que “no debería haber ocurrido, especialmente en un día tan especial en el que estamos tan cerca de un acuerdo de paz con Irán.” Sin embargo, Trump debe estar preparado mentalmente para que Netanyahu sabotee, por enésima vez, la pacificación de la región, detonando una guerra que a él, prófugo de la justicia israelí e internacional, le permite escapar de ser enjuiciado, hallado culpable inevitablemente y encarcelado durante sus últimos años de vida, pues Netanyahu es un anciano decrépito con todas sus letras.


Ataques desde la Corte Suprema de Justicia de Presuntos Abogadillos y de otros Subordinados de los Magistrados

 

Costa Rica, la añeja democracia latinoamericana, ubicada en América Central, bordeada por la dictadura de la familia Ortega/Murillo,  en Nicaragua, invisible a los ojos de Donald Trump dicho sea de paso, quizás por no tener petróleo y tierras raras para robarle, y por la Panamá de los paraísos fiscales, sufre hasta el fondo del dolor, de sus más profundas entrañas, la corrupción de su sistema gubernamental, específicamente en su Poder Judicial y en las calles de muchas de sus ciudades, el sicariato de jóvenes en motocicletas, andan día tras día asesinando a quienes sus jefes les indican que deben ser ultimados a balazos.

            Relacionados con esos gamberros, están los capos “criollos”, made in Costa Rica, muchos de ellos entrenados y curtidos por narcos colombianos, venezolanos y mexicanos, que han sido capturados en infinidad de oportunidades, llevados a la Corte Suprema de Justicia en unas 500 ocasiones y dejados en libertad por los jueces, con pretextos baladíes, que no convencen a nadie. El pueblo está harto, temeroso, pero realmente harto, hasta la médula.

            Este país está mal, real y convincentemente mal. Si queremos arriesgar nuestras vidas, salgamos una noche cualquiera a cenar con nuestras familias a un restaurante cualquiera y el simple paso de una motocicleta o la mirada casual de otro conductor en otro auto, nos hará temblar de miedo. Porque hay terror en la psiquis del costarricense. Aunque también hay valentía de parte de la policía civil, que se bate día a día contra los malhechores, gana en esas refriegas contra el armamento pesado que manejan los delincuentes, los atrapan y los llevan a los tribunales y a las pocas horas, los criminales y narcos salen libres, con una sonrisa de satisfacción en sus fauces de depredadores callejeros. ¿Qué mueve a los jueces para dejarlos en libertad: miedo, merced a amenazas de estos gamberros, amedrentamiento, paga por debajo de sus escritorios o simplemente deseo de no cumplir con las leyes y hacerle más daño a la población entera de este país, otrora considerado un verdadero oasis para vivir, invertir, trabajar y formar familias en seguridad, decencia y salud emocional? No sabemos cuáles son las razones (o sinrazones) que hacen que los jueces actúen tan irresponsablemente.

            Decíamos en nuestro titular en este comentario editorial, que recibimos amenazas de parte de personal de la Corte Suprema de Justicia, a raíz de otro trabajo similar a este que publicamos en una red social, la más distinguida de todas y donde miles de profesionales, gentes progresistas, bien intencionadas y de comprobados escrúpulos y dignidad, también publican lo que a ellos les mueve e interesa. Fue en Linkedin y nuestra crítica fue precisamente a la ineficacia, al adormilamiento, a la irresponsabilidad de magistrados, fiscales y jueces, quienes no cumplen con lo que la Constitución o Carta Magna del país les obliga cuando tienen frente a ellos a una sabandija de tal magnitud y calado; es decir, no los encarcelan y si o hacen es por espacio de pocas horas solamente. Poco tiempo después de esa publicación, recibimos mensajes violentos, hiper-agresivos, primero de un sujeto vestido con las famosas pijamas que se usan en las artes marciales y como parte de su incoherente argumento, nos dijo que nuestras opiniones “no lo representaban”. Posteriormente, apareció el más agresivo de todos, presuntamente redactado (mal redactado) por un abogado, utilizando la juerga o el seudo-tecnisismo de los de su especie, tratando de darnos clases acerca de las distintas organizaciones policiales del país y finalizó con la estupidez de que la policía civil era la culpable de todos los males y la judicial, la de su mismo gremio, era la mejor de todas. Falacias, mentiras, verdades a medias, mal uso del castellano, amenazas veladas, soberbia, vulgaridad, grosería por doquier y una defensa inútil de un cuerpo, el judicial en Costa Rica, que no funciona ni medianamente bien siquiera y que reclama, desde hace años, profundas modificaciones, no sin antes acabar despidiendo a gran parte de la enorme burocracia que allí se apersona a diario y que, en realidad e inequívocamente, es la culpable de todos los males de este país.

            Esos atacantes nuestros por la red social mencionada, indudablemente trabajan para el Poder Judicial costarricense. Están muy cómodos en aquel lugar inservible y viciado y lo que realmente defienden son sus excesos, fundamentados en sueldos altísimos, injustamente pagados por no hacer bien sus trabajos y una comodidad que en la empresa privada jamás encontrarían, pues en el sector privado tendrían que trabajar en verdad y sin fallo alguno. Y eso no les gustaría en modo alguno a sus indolentes movimientos, a sus decisiones erráticas y a su viciosa manera de comportarse frente a los grandes problemas que aquejan a la población de este país.

            ¡Ah, se nos olvidaba! El último abogadillo que nos retó, finalizó su retahíla de palabras con la amenaza de “no ensucie al país” (con nuestros editoriales). Pero quienes realmente lo están ensuciando son precisamente ellos mismos, los defensores a ultranza del Poder Judicial, con sus carencias, sus vicios, sus irresponsabilidades y su incumplimiento con las leyes de esta nación. Nosotros no espantamos con un simple editorial a los turistas europeos y estadounidenses que prefieren irse a otro país a vacacionar, porque Costa Rica les asusta, les llena de inseguridad y temen perder sus vidas en cualquier calle, bajo una balacera de los delincuentes y con una policía civil cansada y frustrada porque los jueces son los peores enemigos del sistema democrático y jurídico, por supuesto. No somos nosotros quienes tenemos “por el mango” la determinación de hacer cumplir las leyes. ¡Son los magistrados, jueces, fiscales, abogados y demás burócratas que se aglomeran voraces en los finos edificios con los que han dotado a estos funcionarios buenos para nada!

            Y terminamos con una gran verdad, una solución impostergable: si no prescindimos de lo que actualmente existe en el Poder Judicial costarricense, en el plano humano, serán los delincuentes, dentro de poco, quienes dictarán las normas de conducta para la población entera de este país. Y quienes “laboran” en las cortes, tendrán que plegarse a las directrices de cambio, marcharse lejos y dejar sus ociosos puestos a personas de bien, que merezcan representar y llenar las expectativas del pueblo, que exige justicia pronta y cumplida, sin fallo alguno. ¡Pero los de ahora, váyanse lejos, ya!


 La Corte Suprema de Justicia de Costa Rica es una Verdadera e Irrecomendable Vergüenza

 

Muchos costarricenses estaban esa tarde frente a sus receptores de televisión cuando los telediarios transmitían las conclusiones de la reunión entre altos personeros judiciales (el fiscal general, el presidente de la Corte Suprema, el director interino de la Policía Judicial, la magistrada jefe de la Sala III), y la presidenta de la República, doña Laura Fernández, junto a varios de sus ministros. La mandataria ya se había expresado ante el micrófono y ante la multitudinaria cantidad de periodistas que tomaban notas de la alocución. Según su costumbre, fue clara, directa y categórica en sus palabras. Exigió cambios trascendentales en ese Poder, vital en el funcionamiento de la democracia. Su intervención dejó satisfechos a “griegos y troyanos”, que la escuchamos con respeto, admiración y profundo análisis.

            Luego le correspondió dirigirse al público y a la prensa, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, magistrado Orlando Aguirre Gómez, quien no tuvo escape y debió responder a la pregunta directa de doña Laura Fernández sobre la cantidad de años que lleva en el puesto como magistrado. Y resultó que el sedente, cansino y nada funcional personaje, lleva más de 35 años en su puesto, devengando extraordinarios salarios que pesan sobre las espaldas de un cada vez más empobrecido pueblo; disfrutando de chofer pagado también por el Estado, limusina con combustible exonerado de pago para su bolsillo personal; comidas diarias, cenas de gala, viajes al exterior también subvencionados por el gobierno de Costa Rica y una serie de gollerías que rara vez se observan en países del primer mundo desarrollado, pero que en esta nación centroamericana son comunes en sus altos funcionarios.

            Lo cierto es que el magistrado Aguirre estaba en medio de su monótono e inaudible discurso, cuando se le acercó una mujer que roza la tercera edad, de rostro pétreo, mal encarada, visiblemente indispuesta, quien observaba aquí, allá y acullá, casi fuera de sus casillas, esto debido a lo que se había conversado en la sala de reuniones de la presidencia, donde la mandataria del país les había dicho a los invitados de la Corte Suprema, unas cuantas verdades que el anterior presidente de la República, Rodrigo Chaves, también presente en la reunión, ahora en calidad de ministro de la Presidencia y de Hacienda, se las había dicho en el pasado reciente.

            Esa mujer, cuya ansiedad era tan manifiesta que causaba preocupación en quienes la veíamos en medio de su zozobra, era nada menos que la magistrada Patricia Solano Castro, presidenta de la Sala Tercera, quien asumió ese cargo en el 2020 y tiene una trayectoria de más de 30 años en el Poder Judicial de Costa Rica, disfrutando de las mismas o parecidas prebendas del Sr. Aguirre y los demás de su especie.

            Y no se pudo contener más. Se acercó al podio de oratoria donde el Presidente de la Corte balbuceaba más que hacer un discurso, con su voz de anciano… de un hombre de avanzada edad que no está dispuesto a dejar su cargo para cedérselo a un relevo joven, con energía, con claridad mental y a tono con la actualidad delincuencial que sufre el país en estas épocas, y la magistrada Solano Castro, siempre con su rostro que centellada de disgusto e inconformidad, le arrebató el micrófono, allí, delante de “justos y pecadores”, de los periodistas, analistas políticos, ministros de Estado, la presidenta de la República y lo peor… delante del pueblo de Costa Rica que observaba detalle a detalle, por la televisión, aquella ceremonia.

            Una vez con el micrófono en su mano izquierda y sin cambiar un ápice su expresión facial, en la que se notaban sus grandes ojeras, sus bolsas de agua bajo sus ojos que querían salírsele de sus órbitas, merced a su agresividad, se dio a la defensa del presupuesto (multimillonario), que año con año el Ministerio de Hacienda tiene que darle a la Corte Suprema de Justicia. Se mostró tácitamente en desacuerdo con cambios financieros, estructurales y de toda índole al sistema judicial, mismo que no funciona del todo, mucho menos en impartir la justicia a la delincuencia que tiene por la garganta al pueblo costarricense en estos momentos. Y, concretamente, Patricia Solano, la magistrada que nunca debió haber llegado al delicado puesto de presidenta de la Sala III, la que se encarga del asunto carcelario, de la persecución de los delincuentes que desuelan al país, no se mostró de acuerdo en modificar, reestructurar, modernizar y limpiar esencialmente, todo lo podrido que en ese Poder de la República subsiste y persiste enconadamente, gracias a personas como ella, habituada al despilfarro, a los lujos palaciegos que allí se disfrutan y a la ineficacia brutal, desmedida y que tiene a todo el pueblo costarricense harto, desesperado y hasta violento con tanto descaro y abuso que la mayoría (o todos) los magistrados llevan a la práctica.

            La magistrada Patricia Solano Castro, ahora la gran “comidilla” en la crítica de los ciudadanos, demostró con su vulgar prepotencia al arrebatarle el micrófono al presidente de la Corte, el irrespeto que hay entre los altos funcionarios, la inmoralidad, la prioridad por los asuntos insignificantes y que redundan en el despilfarro del presupuesto y en las gollerías a las que están acostumbrados.

           En resumen, tanto esa mujer como todos los que se le asemejan en la Corte Suprema, deberían ser erradicados, despedidos –ya que no creen en la renuncia honorable- y hasta judicializados por la altísima negligencia que han llevado a la práctica por más de 30 años al permanecer en sus cargos.

           El pueblo ha llegado a tal hartazgo que no nos sorprenderían masivas manifestaciones frente al edificio central de la Corte, en San José, la Capital de Costa Rica, y posiblemente obligaría a los ocupantes de esos recintos a extremas medidas de seguridad. Porque precisamente los abusos de estos burócratas, con sus extravagancias,  han traspasado todas las líneas de tolerancia.   


 La Corte Suprema de Justicia de Costa Rica, el Mal Ejemplo de lo Que No se Debe Hacer

 

Alberga a los magistrados, todos ellos en edad avanzada, cuando se supone que el ser humano es más sabio, valeroso y valiente; a los fiscales, abogados defensores, a la policía judicial (el famoso OIJ), y a un impresionante número de empleados que son ejemplo vivo de lo que es la burocracia Estatal. Se les ha dotado de bellos, enormes y funcionales edificios, los mejores de su especie de toda América Central, evidentemente; y los salarios que se pagan son exorbitantes, especialmente a quienes ostentan los cargos de mayor responsabilidad, tasados en millones de colones (moneda nacional), versus las pensiones de los jubilados, la gran mayoría para que los ancianos se mueran de hambre mes a mes.

            Véase por donde se vea, estos funcionarios “bon vivant” (“vive bien”), tienen una sola función: hacer que las leyes se apliquen con justicia, pronta y cumplida y aquellos que las han transgredido paguen adecuadamente por los errores que hayan cometido. Para eso se les pagan a estos ocupantes de los recintos judiciales y se les pagan mejor que al 98 por ciento de los ciudadanos que laboran a diario o están pensionados. Incluso, en el momento de la jubilación, los empleados de la Corte Suprema de Justicia perciben las famosas “pensiones de lujo”, mismas que traspasan a sus viudas y otros familiares cuando los “titulares” fallecen. Pero lo más desquiciante fue aquella frase que dijo una ex magistrada, perteneciente a una de las familias con grandes influencias políticas y en otros sectores de la vida pública costarricense, cuando se le criticó acerca de su pensión por 7 millones de colones al mes (unos US$15,385): “Me la merezco. Incluso debería ser más…” Esas palabras suyas causaron indignación en un país, en una población, donde el costo de vida sube y sube aceleradamente a diario y el poder adquisitivo de la moneda cada vez es menor.

            Según podemos observar, esas prebendas y muchas otras que se haría muy extenso enumerarlas en este comentario editorial, son parte de los altísimos privilegios de quienes ocupan los altos puestos en el sistema judicial de Costa Rica. ¿Y los resultados? Los peores. Incluso, el presidente de El Salvador, Nayib Buckele, al que los organismos defensores de los mal llamados “derechos humanos” de los convictos, a quienes hay que llamarlos con el eufemismo y el improcedente respeto de “privados de libertad”, consideran un dictador inhumano por haber acabado con la apabullante inseguridad en su país, dijo que la situación que ha observado en Costa Rica fue “el punto de partida” en El Salvador, cuando la delincuencia, con la tolerancia e irresponsabilidad de los jueces y fiscales, comenzó a apoderarse de todo el territorio nacional, sembrando el caos, la violencia y el terror entre la población civil. Los magistrados costarricenses han hecho oídos sordos a esta advertencia del salvadoreño y han continuado con su irresponsable y degenerada indiferencia.

            ¿Pero qué es lo que realmente sucede en la Costa Rica de hoy en materia judicial? El acabose completo que beneficia tácitamente a los delincuentes. Citemos uno de los tantos ejemplos existentes: un sicario en motocicleta causa una balacera en un barrio de la Capital o en el puerto de Limón, en el Caribe. Es detenido después de que la policía le ha dado cacería durante varias semanas y hasta ha sufrido la baja de algunos de sus hombres, de sus efectivos, quien ha caído merced a la refriega. El gamberro, quien apenas roza los 20 años de edad, es llevado ante el juez y el fiscal y suceden estas dos cosas: o lo dejan en libertad al día siguiente, alegando cualquier motivo pueril; o lo sueltan al cabo de unos pocos meses. Y eso sucede tanto con los llamados “soldados” del narcotráfico, los que se baten a bala con las autoridades, y con mucha mayor razón con los “peces gordos”, quienes obtienen su libertad apenas han cumplido un tercio de su condena.

            Es evidente que el sistema judicial de Costa Rica no funciona casi en nada. Y lo que resulta peor: sus funcionarios de alto rango se niegan a renunciar por múltiples motivos… porque los salarios son espectaculares y no los tendrán en otros lugares, porque el sitio es elegante y cómodo, porque tienen extraordinarias garantías en lo económico y social y porque las pensiones son jugosas, las mejores en todo el país. Se comportan peor, con mayor inmoralidad que aquellos a quienes la policía judicial y la civil también, detienen en las calles después de los asesinatos, violaciones y asaltos que cometen. Y esto es deleznable y repudiable

            Causa estupor observar a esos avejentados magistrados moviéndose dentro de los recintos judiciales, pesados como rinocerontes viejos, parcos al hablar, casi inalcanzables para la prensa que los busca para conocer sus razones y sinrazones. Se parapetan en sus “torres de marfil” y dan la impresión de que son faraones egipcios intocables, nunca señalables, nunca sancionables y por supuesto, siempre lejos de la crítica del pueblo y de la periodística también. Mientras tanto, las mediciones de la violencia que se hacen a nivel continental, ubican a Costa Rica entre las naciones con mayor auge delincuencial, entre las más peligrosas de América y entre las que no son recomendables para visitar en modo alguno por los turistas. Ello deteriora fuerte y profundamente la imagen de este país que cifra su potencial económico en el turismo internacional y hace mella en la capacidad de sus gobernantes, quienes en los últimos cuatro años han querido limpiar de tajo a esta nefasta situación, pero la misma Corte Suprema de Justicia, el actual fiscal general (un hombrecillo insignificante, de accionar paupérrimo y de nombre de pila ridículo), y los interesados, en las sombras, para que nada funcione en materia jurídica, se opusieron ferozmente porque el anterior presidente de la República, Rodrigo Chaves, no ejecutara los cambios que deseaba hacer. Mientras tanto, el país entero, su población angustiada y con severos síntomas de indefensión y miedo, se asoma al desfiladero, temerosa de precipitarse en él.

            La esperanza la cifran los costarricenses en la nueva mandataria, Laura Fernández, quien no deja de repetir su indignación ante este acabose, gollería económica y disfuncionalidad judicial. 


 La Quimera o el Papel Infame de los Saboteadores dentro de un País

 

En la existencia de los pueblos y de las naciones, puede haber dos tipos de enemigos: uno de ellos claramente definido; pero el segundo, no tanto. Permanece opaco, inentendible para la gran mayoría y raramente evidente o poco visual, pues se mueve en las sombras; pero es el peor de los dos. Uno es intrínseco y el otro, extrínseco. Aunque el segundo suele hacer más daño que el primero, porque en la mayoría de las oportunidades actúa amparado por la legalidad, por las leyes, sobre las que camina como aquel equilibrista famoso de los circos de antaño, sin perder el dominio de sus pasos y de sus acciones dañinas. Es la quimera, entendiéndose este término como “el ser con características anormales (monstruosas) y como tales, proclive a hacer daño al cuerpo donde se hospeda.”

            Concretamente, la señora Laura Fernández Delgado acaba de asumir la presidencia de la democrática Costa Rica, en el corazón de las Américas, en el istmo centroamericano que une a las dos masas continentales… la del norte con la del sur. Es un país pequeño geográficamente, pero grande en autodeterminación, que eligió, después de su independencia, vivir en democracia, la forma más perfectible de gobernarse y, salvo en muy pocas excepciones, algunos pésimos costarricenses, en un pasado ya muy lejano, decidieron dar golpes de Estado para instaurar dictaduras personalistas que duraron lo que dura la vida de un insecto; es decir, nada. Fueron briznas de viento que corrieron veloces y que no dejaron huella en el alma de los nacionales, de la generalidad.

            En partes de su discurso ante los invitados especiales que la escucharon y observaron en el Estadio Nacional de la Capital, San José, doña Laura se refirió al tipo de los saboteadores que existen y subsisten en lo interno, a los peores de esa especie. A los traidores por antonomasia, a los que causan tanto mal a las naciones y a sus pueblos, como sólo sus quiméricas figuras pueden hacerlo. Específicamente, la nueva presidenta se refirió a los diputados de la legislatura anterior que se antepusieron a grandes obras que iban a marcar un acelerado desarrollo del país y se opusieron, no por razones convincentes y realistas, sino por el subjetivismo: por la mezquindad, por el deseo de detener las obras impulsadas por el anterior mandatario, Rodrigo Chaves, o porque obedecían a la naturaleza de sus partidos, en concreto en este caso, a los comunistas del Frente Amplio, cuyo axioma en todas las naciones donde tienen presencia parlamentaria y proselitista, es “estar a favor de los que están en contra; y en contra de los que están a favor.” La antítesis, la tergiversación, la oposición, sólo “porque sí”, “porque somos una fuerza destructora” y “porque así nos hacemos notar ante aquellos que no versan mucho sobre la política y podemos impresionarlos.” Lo cierto es que los marxistas en el Congreso costarricense se ocuparon de soslayar lo que nunca se puede soslayar: el desarrollo de un pueblo, de un país entero. Dichosamente, doña Laura Fernández ganó las elecciones de manera apabullante y tendrá una poderosa fracción legislativa que le dará fluidez a los proyectos progresistas que los comunistas obstaculizaron e impidieron su concreción.

            También dijo, directísimamente, con el nombre de esta otra quimera, quien fue la que peor daño causó a esta centenaria democracia latinoamericana: la actual contralora, llamada Marta Eugenia Acosta Zúñiga, quien se encargó, alegremente, de atacar (y atajar) proyectos, ilusiones, planes positivos y positivistas del anterior gobierno, cuya bandera es la misma de la nueva mandataria. Frustró proyectos importantísimos como la Ciudad Gobierno, o la construcción de todo un barrio que iba a albergar a la gran mayoría de las oficinas Estatales y así se iba a dejar de pagar onerosos alquileres a propietarios privados de edificios y que se enriquecieron merced a esos pagos inescrupulosos y amorales. También se opuso a la construcción de la marina y terminal de cruceros en Puerto Limón, en el Caribe; y se manifestó en contra, así mismo, de otras obras de emergencia y de la Ruta 32, entre otras actitudes que olían más a traición a la patria, que a regulaciones racionales, bien fundamentadas o evidentemente (en el supuesto) mal planteadas por el Poder Ejecutivo. Porque todo ello (y otras obras más), iban a regirse por cánones, reglamentos y leyes de la República responsablemente acatadas y respetadas por parte del presidente y los ministros involucrados en tales proyectos.

            Doña Laura Fernández, en una entrevista televisada manifestó con toda claridad: “Cada día que pasa le pido a Dios que esta mujer (la contralora Acosta Zúñiga), se vaya, desaparezca de la Contraloría y nos deje trabajar por el beneficio de Costa Rica, en paz y con agilidad.” Otro tanto enunció en relación con el actual fiscal general, Carlo Díaz Sánchez: inoperante, incompetente, insignificante, pésimo dentro de su gestión en el Ministerio Público, hasta hacer creer que está allí más para beneficiar a los delincuentes (especialmente a los de grueso cuño), que al pueblo al que se debe en cuerpo, alma e intelecto. Tanto como la nueva presidenta, estamos seguros que con la desaparición de Carlo Díaz, la Corte Suprema de Justicia ganará en respeto, imagen, eficiencia, eficacia y honorabilidad.

            Ciertamente esos dos casos en la democrática Costa Rica, -democracia que a veces entraban esta clase de facinerosos que ostentan altos cargos públicos-, son las quimeras, los saboteadores, cuyo papel es uno y muy infame: perjudicar al país, al gobierno, al pueblo al que se deben y al que deben facilitar las cosas. Son de la misma calaña de Maximilien de Robespierre, quien acabó con el sistema anterior a la Revolución Francesa; y después, intentó acabar también con este mismo levantamiento popular. La guillotina fue su destino, como debería ser el destino parecido de los saboteadores modernos, sabandijas con intereses (y muchas veces sin interés alguno de peso), cuyo sinónimo no es otro diferente al de los traidores a la patria. Y en Costa Rica, las salas de los juzgados y dos celdas en la nueva mega-cárcel que ahora mismo se erige, deberían ser sus puntos de encuentro para ambos, porque el pueblo perjudicado se los demanda por incumplimiento y sabotaje.


 Oposición a Netanyahu se Organiza para las Próximas Elecciones en Israel

 

El objetivo, la premisa impostergable es… sacar a Benjamín Netanyahu del poder, a este sujeto que ha causado un extraordinario daño a Israel, a su gobierno, sus líderes y su pueblo, de cara al mundo, a la humanidad que se ha volcado de lleno a favor de la causa palestina, de los libaneses y de los iraníes. La persona común en cualquier país del orbe, ajena al cristianismo fanático y al sionismo, y que es la mayoría mundial, desea lo peor para Israel por el genocidio que ha causado en los pueblos de Oriente Próximo; y a la cabeza de dichas masacres ha estado quien se considera el dictador y dueño del país judío, Benjamín Netanyahu, el criminal al que todos desean verlo juzgado primero en la Corte Penal Internacional (CPI), de La Haya, que lo requiere precisamente por esas matanzas que él ha ordenado, fomentado y aplaudido, de miles y miles de inocentes en la Franja de Gaza y otros sitios de la región; y después ahorcado como el asesino en masa que real e ineludiblemente es.

            Los israelíes conscientes –que parece ser minoría en la actualidad-, quieren que el rostro del país cambie, que vuelva a ser el Israel aceptado, estimado y querido por todos, después de su fundación como Estado. También, la caída del líder sempiterno de los húngaros, Viktor Orbán, ha motivado a los dos líberes judíos que se han unido para derrocar a Netanyahu y se trata de Naftali Bennett, considerado el principal rival de Netanyahu; y Yair Lapid, del partido centrista-liberal Tesh Atid.

            Las elecciones próximas en Israel se llevarán a efecto en octubre de este 2026; y el partido que ambos han fundado, se llama BeYachad, que en hebreo significa “Juntos.” Anteriormente, Bennet había liderado el movimiento de extrema derecha, Hogar Judío; aunque también había liderado el Consejo Yesha, que es la organización que agrupa a los ayuntamientos de los asentamientos judíos en Cisjordania, una tierra ocupada ilegalmente.

            En todo caso, los dos políticos han amalgamado fuerzas y según Ted Schneider, corresponsal diplomático y político del periódico Times of Israel, el descenso del apoyo a Lapid y el deseo de la oposición israelí de no perder ningún escaño en la próxima formación del parlamento, fueron factores que influyeron con decisión en la formación de esta coalición. Por su parte, Bennet espera conseguir el apoyo de la derecha y de los detractores de Netanyahu. Junto a él, está Lapid, que representa a los israelíes laicos y que podría sumar en importantes cantidades de votantes que antes de esta coalición, no se tenían. El objetivo, reiteramos, es alejar definitivamente a un avejentado Netanyahu y que éste asuma sus responsabilidades como ciudadano común. Responsabilidades que, en efecto, son muchas.

              Aparte del tema Netanyahu, lo que han querido hacer estos dos líderes, Bennet y Lapid, es construir el partido más grande y fuerte de Israel; aunque ellos dos solos no bastarán y tendrían que unirse a un tercero, el Partido Yashar, liderado por el ex general del ejército, Gadi Eisenkot. Este ha opinado así de los dos políticos que se han unido: “Bennet y Lapid son mis socios. He hablado con ambos desde que unieron sus fuerzas y nuestro único objetivo como bloque, será conseguir el máximo de votos en unas elecciones que serán las más importantes de la historia de Israel.”

            Desde la posición actual de Benjamín Netanyahu, la unión de estos tres movimientos llama a la preocupación, pues no sería igual para él estar en la cúspide del gobierno que regresar a ser un ciudadano común, que es requerido no sólo por la CPI, el brazo jurídico de la ONU, sino por los tribunales israelíes a raíz de varios casos de corrupción en los que ha estado inmerso, junto a su mujer Sara. Recordemos que, para evitar ser llamado a la Corte, Netanyahu se ha inventado todas las guerras posibles y ha masacrado a cuanto enemigo suyo se ha posado enfrente, con tal de desviar la atención de los fiscales y jueces hacia los problemas que él ha creado a nivel internacional. Una vez en la sencillez de una vida fuera del gobierno, Netanyahu será “una presa” fácil para la policía israelí y si llegase a salir del país, podría ser capturado por la policía internacional y llevado hasta los Países Bajos para apersonarse frente a un jurado que le señala por sus múltiples crímenes de lesa humanidad en los últimos diez años. Por todo ello, Netanyahu no puede jugarse en estas elecciones próximas una inevitable derrota que lo aleje del poder. Y la verdad sea dicha, la gran mayoría de los israelíes están cansados de verle y escucharle, siempre con los mismos argumentos trillados de que “quieren hacer desaparecer al Estado de Israel” y por eso toda guerra que él desate, es lo que procede en todos los casos. Los judíos dentro de Israel, además de seguridad, desean paz, más que cualquier otro pueblo sobre la faz de la Tierra. Más todavía cuando han visto que aquella falacia que les inventó Netanyahu, de que los cielos del país estaban seguros con sus escudos antimisiles, han observado, en su defecto, que los ataques iraníes penetraban esas defensas con una facilidad impresionante; y por esa mentira y otras más, quieren a este genocida lejos de la silla gubernamental en Tel Aviv.

            Netanyahu sabe que estar lejos del poder será el final para él y su mujer y no tendrá salida alguna, pues, entre otras cosas, se le acabará la inmunidad que le ha dado la mayor impunidad, tal y como la hemos visto en estos últimos cinco años en los que ha desatado toda su criminalidad y vampirismo. Ante esta coyuntura, Yair Lapid ha dicho: “Vemos la angustia que sienten muchos ciudadanos israelíes al ver que se están viendo mermados los medios de comunicación, los tribunales, las libertades civiles y la libertad de manifestación. Al igual que Orbán en Hungría, Netanyahu ejerce un fuerte control sobre las autoridades de seguridad israelíes y parte de los medios de comunicación.” Manifestó.

               La verdad es que los abusos de Benjamín Netanyahu han sobrepasado todos los límites en el interior de Israel y en la Franja de Gaza, donde la prensa mundial no tiene acceso a la información y la ayuda humanitaria es tiroteada por los soldados judíos y alejada de las costas de Palestina. Indudablemente, un cambio en Tel Aviv será parte de la gran solución que una inmensa mayoría está clamando a voces. Además, es un asunto de justicia, que hasta el momento ha sido evadida por este criminal de masas.


Parece que la Justicia en Argentina en Ocasiones… ¡Funciona!

 

En casi toda América, desde los Estados Unidos hasta Ushuaia, en Argentina, la parte más austral del continente, cuando la justicia actúa diligentemente, nos llama, además de la sorpresa, a la meditación profunda y a la reflexión más inesperada, porque ha sucedido lo más parecido a un gran acontecimiento, casi “un hito.” Porque, la verdad, rara vez la justicia en América nos satisface, nos causa admiración y nos impulsa a aplaudir a quienes están ahí, en las salas de los juzgados, para hacerla funcionar.

              El peor de los malos ejemplos ha sido el de Donald Trump en los Estados Unidos, donde se presumía que las cosas funcionaban a la perfección en materia judicial, pero ya vimos que los jueces y fiscales estadounidenses están muy lejos del concepto de la justicia: Trump debió estar preso desde que terminó su primer mandato (su fanfarria de gobierno o des-gobierno para ser más preciso con la terminología). Y debió estarlo por múltiples razones, por múltiples delitos cometidos que no hace falta desglosarlos aquí, al traerlos del pasado reciente.

            Algo parecido o peor con los jueces y fiscales, sucede en México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Colombia, etcétera, etcétera, hasta llegar a la Argentina. Los casos que acontecen en Perú con los presidentes, son excepciones que tienden a dejar de serlo, para convertirse en aberraciones preocupantes: ¿Hasta dónde la justicia peruana tiene total razón cuando arremete contra los presidentes del país o es que acaso ningún político peruano que llega a la presidencia, es honesto y capaz para ejercer transparente y limpiamente su trabajo gubernamental? En otras palabras, la justicia en el Perú da la impresión que roza la exageración, la hipérbole, y se sume en la ingobernabilidad, en la imposibilidad de encontrar hombres y mujeres capacitados para tal fin. En todo caso, los juristas peruanos sabrán explicarlo mejor ante su pueblo y al mundo entero también. Aunque este no es el tema de esta ocasión, sino lo que sucede en la Argentina, ese país indómito, gobernado por dictadores castrenses a lo largo de su historia y en los últimos años por corruptos de “gran calado”, como lo fue el matrimonio Kirchner.

            Hoy, Cristina Fernández experimenta prisión domiciliaria. Algo así como “una rosa blanca” para esta mujer supra-corrupta, que ha dividido peligrosamente a toda la nación. Con esta decisión judicial, el magistrado, al dictar sentencia, se puso de pie y entregó a la acusada una rosa con el tallo más largo que pudo encontrar. Así de agradable ha sido su situación “carcelaria.” Y bajo su balcón se arremolinan los partidarios, sus leales que le han perdonado todos sus desmanes y le llenan sus días y noches de dulzura con cánticos, proclamas, vítores y todas esas muestras de pasión de las que son capaces los argentinos desde que los conocemos.

            Hasta aquí, la justicia argentina nos había defraudado profundamente…

            ¿Pero, cuál fue el “pecado” de esta mujer, ex presidenta sempiterna de la nación? Su causa, iniciada en el 2016, se conoce con el nombre de “Vialidad”, cuando Cristina Fernández y su esposo, Néstor Kirchner, fallecido en el 2010, cometieron actos de corrupción en la provincia de Santa Cruz, cuando adjudicaron obras públicas al supuesto empresario Lázaro Báez, a la postre fiel sirviente de este matrimonio. Fueron 51 proyectos de construcción, pagados con fondos nacionales, entre el 2003 y el 2015. Hubo sobreprecios, demoras injustificadas y la mayoría de esos trabajos quedaron inconclusos, en detrimento del pueblo y del erario público, por supuesto. Por esa razón, nuestro personaje, Cristina Fernández, cumple una condena de 6 años de prisión domiciliaria, con un dispositivo (tobillera), que hace a la policía informarse sobre su ubicación. Esta mujer tiene 73 años actualmente.

           Y aquí viene lo admirable de la justicia argentina: ha ordenado la confiscación de 19 inmuebles a Cristina Fernández por su caso de corrupción. La Cámara Federal de Casación Penal de este país, confirmó el decomiso de sus bienes, una orden que obedece a una decisión tomada en el 2025 por el Tribunal Oral Federal 2; es decir, decomisar los bienes de la ex mandataria, para cubrir un monto cercano a los 685,000 millones de pesos (unos US$480 millones), cantidad considerada por la justicia argentina como el perjuicio causado al Estado. En apariencia, lo robado por Cristina y su marido, regresa al seno del Tesoro del Estado. Admirable de verdad en una América donde la justicia parece pintada en la pared solamente.

            Pero allí no acaba todo, porque esta medida alcanza un total de 111 bienes, entre ellos inmuebles vinculados a los Fernández, a sus hijos, Máximo y Florencia, y al empresario Lázaro Báez, quien, lógicamente, también guarda prisión, al actuar como testaferro de sus “amos” los Kirchner. En una primera etapa, se avanzará sobre unas 20 propiedades de la ex gobernante y su entorno familiar, mientras que más de 80 corresponden a Báez y a empresas vinculadas a la operatoria vinculada, conocida con el nombre de “Grupo Austral.” Según se esperaba, los Kirchner, por medio de sus abogados defensores, intentaron frenar el decomiso; pero, ya vimos, fue inútil todo ese esfuerzo. La resolución judicial también puede alcanzar bienes que fueron transferidos a terceros, incluidos aquellos que fueron recibidos por herencia.

              Convincentemente, esta determinación del juez Mariano Borinsky, es lo que más se parece a un “síndrome” en el alma y el entendimiento de Cristina Fernández de Kirchner y sus socios en esta trama corrupta. Si antes de esta determinación ella todavía saboreaba sus exquisitas copas de vino y champagne en su apartamento/cárcel, mientras la gran turba la glorificaba abajo, en la calle, ahora el golpe ha sido rudo, seco y directo al corazón, a su desmedido orgullo y a su creencia de que podía salvaguardar su patrimonio y con él, gran parte de su riqueza. El tribunal competente espera la correspondiente apelación de parte de los defensores de esta mujer; aunque da la impresión de que no lograrán gran cosa a favor de su defendida.

            Ya lo decíamos: en América la aplicación de la justicia, en la mayoría de los casos, deja un “sabor a bronce” en los labios por la desazón, un sabor que ahora parece tornarse dulce con esta noticia


La Verdad sobre el Expansionismo Israelí. Un Plan Calculado y Fríamente Trazado

 

Territorialmente, Israel es un Estado pequeño, de los más chicos que existen; pero la intencionalidad de sus líderes políticos y populares, es inmensa. Y lo es tanto, que no cabe dentro de las fronteras –nunca oficializadas-, del Estado judío. Esto sólo quiere decir una cosa: el Israel con el que sueñan esos supremacistas israelíes sería tan grande como Irán o quizás Arabia Saudita. Un sueño, un anhelo al que no han renunciado por ningún motivo y han comenzado arrebatándole tierras a los palestinos y a los libaneses, en el sur de su país. En cada conflicto, casi siempre estallado por causa de Israel, se dejan una porción importante de la nación invadida… invadida con la excusa desgastada de que sus enemigos quieren hacer desaparecer para siempre al Estado judío. Algunos pocos les creen alrededor del mundo; pero la gran mayoría ya no creemos en ese “lloriqueo”, esa manipulación que muestra a los judíos siempre como los “pobrecitos” perseguidos, invadidos, expulsados y odiados por el resto del conglomerado de la especie humana. Ya sus caras de tristeza y sus dedos índices señalando a los Reyes católicos del Medievo español, los Zares rusos y los seguidores de Adolf Hitler, poca o nula conmiseración causan en nosotros. Las masacres últimas en la Franja de Gaza y en el Líbano, han alejado de todos nosotros el sentimiento de lástima y de vaga solidaridad por los hebreos. Hoy, los acusamos por genocidio, usurpación de tierras y hasta de tráfico de órganos humanos. Las acusaciones que recaen sobre el mal llamado “pueblo elegido” son contundentes e irrefutables.

            Incluso, hace algunos pocos meses atrás, el gobierno de Inglaterra, enfadado con Israel, prohibió, entre otras sanciones, la entrada de colonos judíos a Gran Bretaña, en especial de Daniela Weiss, quien es una de las líderes judías que sueña con la expansión de las fronteras israelíes, hasta lograr ese “Gran Israel” por el que luchan ella y sus seguidores. Ante la televisión estadounidense e israelí, esta mujer ha sacado un mapa de Oriente Próximo en el que destaca la inscripción “La tierra prometida” y ha dicho ante los micrófonos de la prensa: “Esta es la promesa de Dios a los patriarcas de la nación judía.” En concreto, según su anhelo y de los colonos que la siguen y disparan a las piernas de los palestinos, propietarios ancestrales de las tierras que ahora les han arrebatado a punta de fusiles, el Estado judío incluiría no sólo los territorios palestinos y los Altos del Golán anexados, sino también partes de Jordania, Líbano, Egipto, Irak, Siria y Arabia Saudita. Un territorio que se extiende más allá de la llamada Línea Verde, que desde 1949 define las fronteras de Israel, de acuerdo con el derecho internacional, ese mismo derecho que Benjamín Netanyahu, el verdugo de Gaza, viola a cada instante y lo cubre con sangre inocente de los gazatíes.

            Daniela Weiss se llena la boca al decir ante las cámaras de TV que “son 3,000 kilómetros, casi tan grande como el Sáhara” y lo llama en hebreo “Eretz Israel HaShlema”, que en su traducción al castellano vendría a ser “Gran Israel, Israel Completo o Israel íntegro”, que no es otra cosa que el gran plan o proyecto expansionista, de origen bíblico supuestamente, con el que sueñan miles de israelíes como el actual ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich; o el actual ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir. Ambos, alentaron a Benjamín Netanyahu a cometer genocidio en Gaza y Líbano, porque en cada niño palestino se esconde un futuro terrorista, según recordaron al criminal dictador israelí, hoy requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), el brazo jurídico de la ONU, con sede en La Haya, Países Bajos.

            En todo caso, si algo hay que admirarle a esta mujer judía, Daniela Weiss, llamada también entre los suyos “la madrina de los colonos israelíes”, ha sido su franqueza al develar estos planes ante millones de televidentes tanto de los Estados Unidos, como de Oriente Próximo y Alemania. Sus declaraciones ante la famosa Deutsche Welle (DW), dejaron con las mandíbulas desencajadas por la sorpresa a más de un telespectador en el corazón de Europa. Y lo que resulta peor: esos colonos judíos no están dispuestos a escatimar esfuerzos por lograr su cometido, por llevar a la realidad el gran proyecto sionista, sin importarles cometer más genocidios de los “infrahumanos” musulmanes que actualmente ocupan esos territorios. “Son un estorbo, un obstáculo inútil para nuestros planes del Gran Israel”, ha dicho Weiss. Porque, según ella y sus seguidores colonos, se trata de “una promesa divina”, ordenada por el mismísimo Dios de Israel. De hecho, a todos estos judíos no les interesa ampliar Israel solamente, “sino completar la obra.” Algo que también han dejado escuchar.

            Y lo que es más aterrador se fundamenta en que millones de evangélicos, católicos y otras denominaciones cristianas, tanto en los Estados Unidos como en muchas otras naciones alrededor del planeta, lo creen a pies juntillas y estarían enteramente dispuestos para que ese sueño de los supremacistas hebreos alcance la deseada realidad. Es decir, un territorio sólo para Israel desde el Nilo egipcio, hasta el Éufrates, que atraviesa a la actual Turquía, Siria e Irak. Daniela Weiss, quien no puede entrar a Inglaterra por órdenes del actual gobierno británico, lo enunció por vez primera a la cadena australiana ABC News, en el 2014; y sus ideas son muy bien recibidas entre muchos de los políticos judíos de la actualidad. Y el propio ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, provocó un incidente diplomático en marzo del 2023, durante un evento en París, al mostrar un mapa de Oriente Próximo, con la demarcación del “Gran Israel”. En aquel pedazo de papel habían desaparecido Gaza, Cisjordania y Jordania también. Y un año después, este mismo hebreo dijo ante el canal franco-alemán ARTE, que “el futuro de Jerusalén es extenderse hasta Damasco (Capital de Siria).” Netanyahu, así mismo, ha repetido conceptos iguales a los anteriores. Todos los israelíes parecen estar de acuerdo.

            Y para hacer más grande este desaguisado, el embajador de los Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, dijo al periodista Tucker Carlson que “sería correcto que Israel tomara el control de todo Medio Oriente, tal como se promete en la Biblia.” Todo esto nos explica con claridad la razón del belicismo de Israel a lo largo del tiempo y lo que más preocupa radica en que esas agresiones militares no terminarán contra los países vecinos, hasta que el proyecto sea totalmente conformado. Una verdad que subyace entre tanta sangre inocente derramada.


 Melania Trump Rompe su Silencio

 

La Primera Dama de los Estados Unidos es de esos extraños casos de algunas –aunque pocas-, mujeres que “dicen” más con su presencia silente, que con cientos de palabras que se atropellan unas detrás de otras y que, los equivocados, suelen asociar con el carisma de una persona.

            Con esa silenciosa y discretísima manera de ser y comportarse, Melania Trump ha atraído todas las miradas de las gentes y de los periodistas en esta, la primera potencia mundial. Y no por ser de ese talante, ha quedado indemne esta eslovena casada con Donald Trump, que, dicho sea de paso, es toda una experiencia de las más ingratas para una mujer sensata que puede vivir junto a su marido, porque le ha tenido que soportar decenas de infidelidades (hasta violaciones, como aquella a una columnista en una tienda en Nueva York y cuyo juicio perdió Donald Trump el año pasado), relaciones con actrices del porno estadounidense y demás entuertos que este individuo le ha hecho sufrir. Pero la eslovena ahí está… siempre elegante. Es quizás, la Primera Dama de USA más elegante de toda la historia de esta nación; callada, con su mirada de “acero” siempre vivaz, que suele “decir” más que sus labios.

            Decíamos que su sola presencia, allí donde se pose, “habla” más que un discurso cansino de los muchos políticos que ella suele conocer en Washington y que rodean a su esposo, el presidente; pero hay que saber interpretar ese permanente silencio y lo que hemos podido desprender de su imagen, siempre pulcra y distinguida, es lo magnífica esposa que es (perdonadora ante todo), excelente madre, quien le dijo claramente a su marido, antes de su primera administración, que prefería quedarse en Nueva York para no interrumpir los estudios de Barron, el hijo en común. Es por ello que podemos afirmar sin titubeos ni temor a equivocarnos, que el camino que ha llevado este muchacho, Barron Trump, sin exposiciones públicas innecesarias ni equívocos o actitudes erráticas, a pesar de cruzar por una edad muy difícil en un joven, como es la adolescencia, se lo debe a la educación impecable que su madre le ha dado día tras día, año con año, mientras su padre, aunque presente, no es para vanagloriarse de un sujeto como Donald Trump, quien marcha por la vida de problema en problema y de vergüenza en vergüenza. Más cercano al oprobio (o dentro de él), que a la altivez y al decoro.

            Melania, a pesar de ser una mujer distinguidísima, ha preferido el bajo perfil, mantenerse alejada de los focos de la Casa Blanca y su irrefrenable publicidad –no siempre buena-, para pasar a la historia como esa mujer que es, quien se expresa más con sus silencios sabios (y elocuentes a la vez), que alguien que pudo haber explotado su imagen atrayendo cámaras, produciendo reportajes, suplementos enteros y el pulular de los fotógrafos y cronistas “rosa.”

           Pero, de pronto, nuestra “silenciosa heroína” llegada desde Los Balcanes, se apersonó ante la prensa que la miraba más interrogada que nunca, observó el micrófono y con una seguridad pasmosa e impresionante, la Primera Dama de los Estados Unidos comenzó a hablar con voz segura, directa, firme, como queriendo que no quedara ni la menor duda acerca de lo que estaba afirmando en esos instantes. En derredor, “se escuchaba crecer el pelo”, el silencio parecía provenir de un sepulcro, en una actitud generalizada por parte de los periodistas y asesores de la Casa blanca, que bien podría interpretarse como un comportamiento intrínsecamente respetuoso hacia esta elegante mujer.

           ¿El tema? El mismo que ha quitado el sueño a su esposo y por el que ha desatado la guerra contra Irán, secuestrado de su lecho a Nicolás Maduro y su esposa y ha bloqueado a Cuba con sus portaaviones, con tal de que el votante estadounidense y la prensa, se olviden de este horrendo asunto: el pedófilo judío Jeffrey Epstein. Y Melania comentó sobre este espinoso tema, porque un sector de la prensa mundial la ha querido ensuciar con publicaciones donde se insinúa (y también se afirma tácitamente), que ella participaba en los bacanales que el judío organizaba en las mansiones de su propiedad y que usurpó a sus dueños originales, a lo largo de su relación con éstos.

            “Nunca he tenido conocimiento del abuso de Epstein hacia sus víctimas. Nunca estuve involucrada de ninguna manera. Las imágenes e historias (publicadas reiteradamente de ella), son completamente falsas. Las mentiras que me vinculan con el vergonzoso Jeffrey Epstein, deben terminar hoy. Las personas que mienten sobre mí, carecen de principios éticos, humildad y respeto. Imágenes falsas y declaraciones sobre Epstein y sobre mí, han estado circulando en las redes sociales desde hace años. Tengan cuidado con lo que creen: esas imágenes e historias son completamente falsas. Nunca he tenido conocimiento del abuso de Epstein hacia sus víctimas. Nunca estuve involucrada de ninguna manera. Nunca fui partícipe. Nunca estuve en el avión de Epstein y nunca visité su isla privada. Nunca he sido acusada ni condenada legalmente por ningún delito en relación con la trata sexual, el abuso de menores y otros comportamientos repulsivos de Epstein. Insto al Congreso a celebrar una audiencia pública para los sobrevivientes de los abusos de Epstein y dar a las víctimas la oportunidad de declarar bajo juramento.”

              Cuando terminó su alocución, no se escuchaba ningún barullo y las respiraciones parecían contenidas. Todos los miembros de la prensa la miraban fijamente, con una mezcla de admiración, ternura, aceptación y hasta zozobra por no saber qué otro matiz preguntar acerca de ese asunto. La distinguida había hablado, la mujer dueña de sus silencios, su discreción, su maternidad y de su imagen impecable, había dicho lo que tenía que decir, después de años de silencio voluntario y sabio. Atrás quedaron millones de fotos trucadas donde aparece ella junto al pedófilo hebreo. Todas mentiras, todas deseosas de hacer daño, todas rebatidas por esta elegante mujer, quien, con pocos vocablos, dejaba limpia nuevamente su imagen, y con esto las de miles de mujeres iguales o parecidas a ella también.

              Porque debemos dejar claro: una cosa es Donald Trump y otra muy distinta… Melania Trump.


 Mientras estos Tres Existan y Ostenten el Poder, no Podrá Haber Paz en el Mundo

 

Son tres. Únicamente tres. Ninguno más de ese número. Y se llaman Vladímir Putin, Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Un ruso, un estadounidense y un judío. Un común denominador o un hilo existencial los hace parecerse unos con otros: su deseo de destruir, su deseo de acabar con las vidas de inocentes y una profunda y agravada necrofilia o amor por la muerte y la sangre.

            Primero, asesinan a la verdad y con la muerte de ésta, proceden a mentir a la humanidad entera, a la cual dicen que han tomado las armas “porque el enemigo es muy peligroso y quiere destruirlos a todos.” Por eso hay que destruirlo a él antes de cualquier otra premisa. Ese mismo argumento fue el que utilizó Netanyahu para convencer a los Estados Unidos, a su presidente de turno, y a una coalición internacional, para derrocar a Saddam Hussein en Irak, tras la fantasía o la mentira de que el dictador iraquí estaba a un paso de obtener el arma nuclear. Luego se pudo constatar esa falacia y hoy Irak, lo mismo que Libia, son dos Estados fallidos, con dos gobiernos contrapuestos, guerrilla ulterior y la peor inseguridad posible.

            En esta ocasión, han empleado la misma mentira para atacar a Irán: que los persas están a un “trist” de alcanzar su primera ojiva nuclear. También impulsados por el director de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi, quien, después de visitar reiteradamente Irán, pasó información no cierta a los gobiernos de Israel y los Estados Unidos y causó los ataques a la nación persa que ahora mismo estamos viendo. Era un espía más, gratuito, en contra de este país islámico, milenario por demás. Nunca antes la OIEA se había convertido en una agencia tan pueril y vulgar, subvencionada por los gobiernos que pertenecen a la ONU, para que hiciera este desaguisado en contra de los iraníes.

            Con la guerra en marcha, Donald Trump ha mostrado su verdadera naturaleza; es decir, no había “tal culebra de pelo”, no era el pacifista que decía ser, pues su mismo comportamiento, antes, durante y después de haber alcanzado la presidencia de los Estados Unidos en dos ocasiones, delataba que se trataba de un individuo supra-violento, a quien el ser humano, sus congéneres, le importan tanto como un papel sucio arrastrado por el viento en una sórdida y lúgubre calle de Nueva York, un día cualquiera. Lo suyo es la guerra, los bombardeos, asesinar a mansalva, destruir joyas arquitectónicas, saquear países, robarles el petróleo y otras riquezas naturales y, sobre todo, mentir, mentir, mentir, siempre mentir sobre todo tema y en todo momento. Ha causado mucho dolor al mundo en estos escasos meses que lleva en la Casa Blanca, jugando a ser el emperador Nerón o el Calígula moderno, cantando ante un colosal incendio planetario.

             Pero Trump no ha actuado solo, como lo sabemos quienes seguimos fiel y puntualmente las informaciones internacionales, porque tiene un “socio” en esto de segar vidas, de matar a más de 80,000 personas, entre ellas madres, niños, ancianos y hombres comunes y normales en la Franja de Gaza y el sur de Líbano. Nos referimos al verdugo de nuestra época, un vampiro ancestral que parece haber salido de su cripta y como le definió el presidente de Turquía, Recep-Tayyip Erdogan: “Estamos ante un vampiro de nuestro tiempo, insaciable de sangre humana.” Es Benjamín Netanyahu. El criminal por antonomasia. Un personaje macabro, surrealista, a quien le da lo mismo asesinar a hurtadillas, en secreto, como hacerlo delante de millones de personas alrededor de la Tierra, que se enteran de sus crímenes diarios.

            Y lo que se supone es peor en él: debe tener una guerra los 12 meses del año, de todos los años, y con ello evitar que se le enjuicie por sus gravísimos actos de corrupción a él y a su esposa, la obesa, antipática y detestable Sara. Bombardeando, llenando el cielo con misiles, enviando los tanques hebreos más allá de las fronteras israelíes y contabilizando los cadáveres de inocentes, además de que le causa una satisfacción sádica y en extremo lasciva, le permite mentirle al pueblo judío con aquello de que está “luchando por la preservación de esa raza y de su país.” Netanyahu no lucha por Israel… lucha por él y por la libertad de su mujer, para que no sea apartado de la política israelí ni lo encarcelen por sus delitos. Los palestinos, libaneses e iraníes le pagan con sus vidas esos fraudes, esas inmoralidades que ha cometido cuando regresó al poder como primer ministro, quien después pasaría a ser un vulgar dictador de su país. No habrá paz mientras este sujeto continúe con vida, con libertad, impunidad y peor aún… con poder.

            Finalmente, Vladímir Putin, el carnicero ruso, el oscuro e insignificante funcionario o burócrata de la KGB en la Alemania Oriental y el posterior taxista en las calles y avenidas de San Petersbugo cuando la Unión Soviética colapsó. Otro genocida de nuestra época, quien sabe con todo acierto que el triunfo militar en Ucrania le es esquivo y no lo alcanzará nunca, de ningún modo. Hoy, ahora mismo, Putin yace en medio de una encrucijada existencial: sabe que si no derrota a los ucranianos, el pueblo ruso podría levantarse en su contra y exigirle su dimisión y después de ella, procesarlo por crímenes de lesa humanidad, sino entregarlo a la Corte Penal Internacional (CPI), que lo requiere precisamente por causa de esos mismos asesinatos cometidos contra la población ucraniana y por haber envenenado a sus opositores. De tal manera, si Putin nunca hubiera llegado al gobierno de Rusia, Ucrania no hubiera experimentado la destrucción que este ruso ha llevado a sus fábricas, sembradíos y ciudades, en un conflicto que no acaba, justamente porque Vladímir Putin no quiere que acabe sin su victoria. Una utopía tan grande como su sed de criminalizar la realidad diaria.

            Son tres criminales. Tres sicópatas. Tres nosferatus que buscan su ración de sangre cotidiana, que gozan observando documentales en los que sus bombardeos terminan con las vidas de los inocentes en los distintos países que atacan. Y pululando en derredor, otros hombrecillos menores que les hacen la “comparsa”, la “corte”, en los casos de Milei, Orban, Abascal y varios de su especie. No nos queda la menor duda: sin ellos tres, el mundo actual tendría paz, verdadera paz.


 La Evasión de Netanyahu de los Tribunales de Israel, ha Costado el Asesinato de Miles de Personas en Oriente Próximo

 

Benjamín Netanyahu, quien ostenta el eufemístico título de “Primer Ministro” de Israel, cuando en realidad es el dictador de dicho país, tiene cuentas pendientes con la justicia israelí por sus actos corruptos durante el ejercicio del poder; aparte del requerimiento de la Corte Penal Internacional (CPI), el brazo jurídico de las Naciones Unidas, por los miles de crímenes que ha cometido por medio de su ejército, en la región de Oriente Próximo. En resumidas palabras, es un prófugo de la justicia, tanto en el ámbito nacional como internacional.

            Él lo sabe y también su esposa Sara, quien no se le queda atrás en los abusos que ha cometido y sigue cometiendo en la actualidad, en el centro del poder judío. Por esa razón, Netanyahu crea guerras, ataca a naciones vecinas con el pretexto de crear seguridad para Israel y sus habitantes y se las da de extraordinario patriota y defensor de la nacionalidad israelí, algo así como “David” el de la fábula hebrea que mató a Goliat con una pedrada en la cabeza, con el agravante de que él no se parece en nada a David y los países adyacentes a Israel, no son gigantes, como si fuesen Goliat que hay que vencer antes de que acaben con todos los israelíes que allí viven. La treta es fácil de descifrar: con cada guerra que se inventa, con cada ataque con misiles, aviones de combate y bombas, Netanyahu atrasa su comparecencia ante los jueces de su país, evita su desprestigio total (porque los ultra-radicales judíos todavía creen en él) y lo más importante… evita ser llevado a prisión y el final de su extensísima actividad como político.

            En este delirio por salvarse a sí mismo y con él a su corrupta esposa Sara, ha arrastrado a Donald Trump, el cuasi-analfabeto presidente de los Estados Unidos, quien se deja arrastrar gustoso por el hebreo prófugo de la justicia y crea guerras fratricidas, en las que se matan a niñas que estaban estudiando en un colegio de Teherán y cometen otras tropelías, características sólo de aquellos que no tienen alma ni sentimientos.

            Desde la masacre en la Franja de Gaza, orquestada y dirigida por Netanyahu en su bunker de Tel Aviv, un genocidio de más de 80,000 palestinos inocentes, que incluyó el bloqueo con su ejército de criminales para que no entrara la ayuda humanitaria ni los alimentos durante meses enteros, se notó que Netanyahu estaba huyendo de algo y por eso prefería asesinar a sus enemigos naturales, a quienes considera “infrahumanos”, antes que enfrentar a los jueces israelíes y que éstos desnuden sus actos reiterados de corrupción y que se le aleje y prohíba la continuidad en el poder de la nación hebrea. Los miles de asesinados en la Franja de Gaza, el Líbano, Siria (un país, un pueblo, que viene superando una de las guerras intestinas más prolongadas de toda la historia de la humanidad, Netanyahu ordenó bombardearlo recientemente, sin motivo alguno y le arrebató las Alturas del Golán), Qatar, Irán (cuya Guardia Revolucionaria está destruyendo Tel Aviv, Haifa y otras ciudades judías, en respuesta a esta guerra que Netanyahu ha llevado a territorio persa); también este dictador judío ha ordenado que los colonos israelíes sigan arrebatando tierras a los palestinos de Cisjordania, en masacres que parecen no se detendrán jamás, mientras él tenga vida y mientras “la espada de Damocles que pende sobre su cabeza,” no la aparten de ahí los jueces hebreos y aquellos de la CPI.

            Es muy evidente el juego criminal que está practicando Benjamín Netanyahu; y el incómodo periodista estadounidense Tucker Carlson, a quien el Mossad (servicio de espionaje israelí), ya ha puesto precio a su cabeza, acaba de divulgar el contenido en las cintas que contienen más de 1,000 horas de interrogatorio, por parte de la policía de Israel, a este criminal. Carlson entrevistó a Alex Gibney, productor del documental “The Bibi Files” (a Netanyahu le apodan “Bibi” en Israel), en el que se muestran escenas nunca antes vistas de uno de los interrogatorios a este nefasto personaje judío. En el film, Netanyahu se muestra nervioso, muy nervioso, golpeando la superficie de su escritorio, alza la voz e intenta defenderse con “uñas y dientes” ante los oficiales que lo interrogan en su propio despacho al frente de la dilatada dictadura que mal dirige y criminaliza a diario.

            Esta película fue estrenada en el 2024 y un fragmento de ella fue publicado hace pocos días en los Estados Unidos y subido a la red social X. Gibney, aclara con una seguridad que impresiona, que Netanyahu se ha aprovechado de su puesto como primer ministro para conseguir dinero y todo tipo de favores, como joyas para su esposa, puros cubanos auténticos y cientos de millones de dólares en condonaciones, para obtener una cobertura favorable en el sitio de noticias llamado Walla. “En este sentido, las más de 1,000 horas de cintas contienen entrevistas tanto al líder israelí como de su esposa Sara, su hijo Yair y varias personas clave cercanas a Netanyahu, como su ex jefe de comunicaciones Nir Hefetz, el magnate estadounidense Sheldon Adelson y su esposa, Miriam, y el empresario israelí Arnon Milchan.” Y añade el productor entrevistado: “Fue una especie de conjunto extraordinario de pruebas (…). Las cintas son muy reveladoras, en especial para Netanyahu, porque él intenta cultivar esa imagen de gran líder de Israel, pero aquí ves a un hombre bastante mezquino y corrupto, mintiendo para salvar su pellejo. (…) Cuando se iniciaron las investigaciones, Netanyahu comenzó a llevar a cabo acciones que condujeron a Israel hacia una dirección sumamente oscura para quedarse con el poder, como los ataques contra la Franja de Gaza, que superaron ampliamente cualquier sentido de proporcionalidad (…). Uno de los objetivos de la prolongada ferocidad y salvajismo de las agresiones que Netanyahu está llevando a cabo (…), es convertirse en un líder en tiempos de guerra que luego no pueda ser enjuiciado por los crímenes que ha cometido.” Explica el productor.

            Ese es Netanyahu. Quien quiera ver otros rasgos en él, amparado en el positivismo, o está confundido con otro personaje o es un reo inmoral de los desmanes de este judío criminal. No hay nada más que decir. Todo está muy claro. Extraordinariamente diáfano.


 En Costa Rica, los Dos Primeros Extraditados Hacia los Estados Unidos. Algo Más que un Asunto de Narcotráfico

 

Tres aviones ejecutivos pertenecientes a la famosísima DEA norteamericana, aterrizaron imponentes en el aeropuerto internacional Juan Santamaría, sita en la provincia de Alajuela, Costa Rica. En la madrugada siguiente, los medios de prensa nacionales se arremolinaban en las afueras de la rampa de aterrizaje, con toda la parafernalia compuesta por cámaras, micrófonos, empujones, voces y demás histerismo por captar las mejores escenas. Las principales empresas televisivas alargaron sus programaciones por horas, hasta que los aparatos despegaron con rumbo a Guatemala, donde hicieron una escala técnica, y después hacia Dallas, Texas, donde, a estas horas, ya deben estar en sus estrechas celdas, que constan apenas de una cama, su servicio sanitario y cámaras de vigilancia que los enfocan las 24 horas en ese reducido cubículo donde pasarán años enteros sin saber absolutamente nada de lo que acontece en el mundo exterior.

            Los dos primeros extraditados de nacionalidad costarricense, se llaman Celso Gamboa Sánchez y Edwin López Vega, quien responde al horrendo sobrenombre de “pecho de rata.” Ambos implicados en el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. El primero, representa el caso más asombroso y deleznable en estas extradiciones, pues alcanzó todo lo que un funcionario o político, desea alcanzar: fue magistrado de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia, Director de la Dirección de Inteligencia y Seguridad del Estado (DIS), Ministro de Seguridad Pública y Fiscal de la República. Un curriculum vitae realmente impresionante para un solo individuo, capaz de despertar la envidia de aquellos políticos que se pasan las vidas tratando de alcanzar un solo puesto de importancia y a duras penas lo logran o se quedan varados “en la cuneta” de la impotencia o el olvido. Gamboa lo había alcanzado casi todo, pues sólo le faltó la presidencia del país, cargo al que nunca propuso su nombre.

            El segundo, López Vega, es un delincuente común, de esos que abundan en nuestra América Latina en garitos, callejones, tugurios, prostíbulos y todo aquel sitio donde la inmundicia suele posarse y permanecer. Aunque tuvo la osadía de acercarse a Gamboa y formar una dupla en la provincia de Limón, en el litoral Caribe de este país, dedicada a la exportación masiva de cocaína hacia la potencia del norte. Al fin y al cabo, Gamboa, a pesar de sus éxitos en la función pública, acabó siento tan “rata” como su socio. Ambos aparecieron a mitad de la mañana de su extradición, esposados en manos y pies, con chalecos antibalas y cascos. Eran imágenes únicas en una nación no habituada a esos trances y cuyos diputados acordaron aprobar la extradición en mayo del 2025, cuando ciudadanos nacidos en su territorio, estén vinculados con terrorismo y narcotráfico.

            Quizás para un colombiano o mexicano que nos lee, estas dos primeras extradiciones en Costa Rica no signifiquen gran cosa o sean solamente parte de la rutina de esos dos países, donde esos trámites, en conjunto con las autoridades estadounidenses, se efectúan con suma constancia y con “peces gordos” de verdad, como “el chapo” Guzmán y otros más que hemos visto por las informaciones vía satélite. Pero en la, hasta hace pocos años atrás, tranquila Costa Rica, donde no sucedía nada de envergadura y donde se podía caminar por las calles de sus principales ciudades a altas horas de la noche sin que ningún hampón nos asaltara o asesinara, esas extradiciones fueron el corolario de una serie de hechos delictivos y corruptos a nivel Estatal y ciudadano, que han colocado a esta nación en los primeros puestos en toda América y que son profundamente preocupantes de verdad.

            Y es que en el caso de Celso Gamboa, el sujeto que lo alcanzó todo en el gobierno y que no se conformó con ello, sino que quiso ser algo así como el magnate George Soros o Elon Musk, aunque fuera basado en el narcotráfico y no en el trabajo digno y ejemplar, representa para la realidad costarricense algo más que un asunto de drogas, de tráfico de estupefacientes, pues se trata nada menos que de la anquilosada corrupción que está minando las estructuras del gobierno y de un sistema policial y judicial ineficaz, también permeado por los actos corruptos. De hecho, Celso Gamboa estuvo actuando con total impunidad durante muchos años, sin que el sistema lo atrapara, hasta que, por su misma impericia, tuvo que caer en manos de la policía. Y como fundamento de lo que afirmamos aquí en este Editorial, otros 18 extraditables saldrán también de este país, con destino a las cárceles de los Estados Unidos, y en el futuro, muy posiblemente muchos más experimenten las mismas circunstancias.

            Colateralmente, llamó también la atención una amenaza que fue proferida por agentes policiales contra el canal 6 de televisión (Repretel), simplemente porque sus reporteros estaban en las tareas informativas, propias de este acontecimiento. Esta es otra prueba del bajísimo grado de profesionalismo que tiene la policía costarricense y que ahora tendrá que confrontar la reacción de la dirección del telediario, que podría elevar su queja y denuncia ante los tribunales de Costa Rica, amparada en su derecho a la información. Muchos policías actúan con prepotencia simplemente porque llevan un revólver al cinto y un desgastado uniforme color azul, violando todos los códigos y leyes que establecen el derecho a los periodistas a trabajar en libertad y con seguridad. Otro matiz de lo mal que anda Costa Rica en este aspecto.

            En retorno a los dos extraditados, los dos comenzarán a brindar datos, nombres de otros pillos, direcciones físicas, actividades y todo aquello que ayude a la DEA a localizarlos y aprehenderlos. Y aquí la gran pregunta es: ¿Quiénes están en esas dos mentes perversas, quiénes han violentado las leyes de esta nación, quiénes son esos narcos que usted ni nosotros imaginamos siquiera? ¿Están en Instituciones gubernamentales actualmente o dirigiendo sus nefastas actividades desde sus mansiones; han sido presidentes de la República, diputados, ministros, diplomáticos, o políticos de alto perfil? Gamboa y López Vega tienen sus identidades en sus memorias y pronto comenzarán a informar a la DEA sobre esos “pechos de rata” también, que aquí se mantienen ocultos en las sombras. Estas extradiciones primeras han sido algo más de lo que observamos en el aeropuerto internacional sin duda alguna. Y veremos algo más asombroso, según se decantarán las cosas.


Pete Hegseth, el Fiel Representante de la Soldadesca en la Guerra

 

Para acercarnos a su imagen, debemos comenzar por decir que es el Secretario de Guerra (antiguamente de “Defensa”) de los Estados Unidos. Siempre aparece al lado de Marco Rubio, el secretario de Estado, y detrás de su amadísimo jefe e ídolo impenitente, Donald Trump. Nunca sonríe, nunca esboza una insignificante mueca facial siquiera, porque ese no es “su estilo.” Muchas personas con quienes hemos conversado sobre él, nos han dicho que se lo imaginan, siempre que aparece ante las cámaras de la televisión, con una capucha y una sábana blanca sobre su cuerpo y una cruz de madera consumida por el fuego, a sus espaldas.

            Y la verdad, esas personas no andan muy distantes en su imaginación, porque este sujeto es representante fiel de esos estadounidenses supremacistas, para quienes la raza blanca es lo primero, lo único y lo que verdaderamente tiene valor sobre la superficie de la Tierra. Y, si en una oportunidad los norteamericanos buscaron a un individuo idóneo, totalmente comprometido con el Pentágono y sus acciones internacionales, su guerrerismo sin cuartel en cualquier parte del planeta, ahora mismo lo tienen allí en su Despacho, en medio de figuritas bélicas (cañones, aviones, carros de combate diversos), que adornan su escritorio y demás muebles. Porque la verdad es una: Hegseth no concibe un solo día de su vida en el que no se haya disparado un misil o un bombardero no haya destruido una comarca entera. Él es para la guerra y su mundo sólo contempla la guerra.

            Y para formarnos una idea más precisa de lo que hay en su cerebro, personeros de la UNESCO, hace escasos días, le manifestaron que debería respetar y preservar el patrimonio histórico de Irán, que data de miles de años atrás y es un verdadero e incalculable tesoro que no solo pertenece a los iraníes (persas), sino a la humanidad entera; y la respuesta de Hegseth, el flamante secretario de Guerra de los Estados Unidos fue la que esperábamos, pues no es impredecible en sus argumentos: “La guerra no puede limitarse por esas estupideces.” Eso es justamente lo que anida en su reducida “masa pensante” y que no es otra cosa que una preocupante incultura que es capaz de arrasar con todo lo valioso que se le ponga enfrente.

            En otras palabras, para este supremacista blanco, con su dorso completamente tatuado con cruces alegóricas a la corriente que sigue y profesa, la historia, el legado de las culturas antiguas, la arquitectura irrepetible y las corrientes que han marcado el derrotero del hombre sobre la faz de la Tierra, valen menos que un cigarrillo de marihuana, que con toda seguridad degusta con sus piernas subidas en su escritorio, una tarde cualquiera. Porque eso es también Pete Hegseth… un consumidor de sustancias y yerbas prohibidas, según declaraciones suyas vertidas en una entrevista televisada, algún tiempo atrás. Un “hipopótamo suelto y asustado en medio de un museo de cristal.” Ese es el secretario de Guerra, en quien confía su no menos inculto jefe e ídolo, Donald Trump, para que destruya todo lo que hay que destruir en Oriente Próximo, desde escuelas atestadas de niñas iraníes hasta indefensas barcazas que navegan por el Golfo Pérsico. Ellos dos, junto a su no menos criminal amiguete, el dictador de Israel, Benjamín Netanyahu. Es la soldadesca, las hordas, en su máxima expresión.

            No nos queda la menor duda: transitamos por una época particularmente sangrienta, atenazada por las garras de esos sujetos sin moral, con pasado tenebroso y que deberían estar detrás de los barrotes de sus celdas en una penitenciaría y nunca en la sede del gobierno israelí y mucho menos al frente del Pentágono y de la Casa Blanca.

            En retorno a la personalidad genocida de Hegseth, a este tipo le da lo mismo pulverizar al Coliseo romano en el corazón de Italia, como acabar con la elegante estructura gótica de la Catedral de Colonia, en Alemania. Todo lo hermoso, lo estético, lo que hemos heredado, como humanidad entera, de un pasado glorioso, para él son simplemente “estupideces.” Lo importante para él son los misiles y su estallido, los cuerpos humeantes de iraníes, palestinos y todo lo que se mueva en las regiones de Oriente Próximo, “porque para eso he nacido, para eso existo y para eso estoy aquí en el Pentágono, para seguir las órdenes de mi amado jefe, Donald Trump”, ha dicho, y Trump existe para servir a su “marionetero”, el judío genocida Benjamín Netanyahu, quien mueve los hilos del presidente de los Estados Unidos cuando le place y con el mayor deleite. Así estamos hoy mismo y eso es lo que nos dejan ver y escuchar los actuales gobernantes de las superpotencias.

            En tal caso, aquellos que creímos una vez que “todo lo habíamos visto ya” durante nuestras andaduras por el mundo, nos equivocamos de plano, porque nos faltaba presenciar a sátrapas de esta calaña que hemos descrito aquí mismo. Porque nunca imaginamos, veinte años atrás a un esperpento como Donald Trump o a su “socio” en esto de asesinar en masa, Benjamín Netanyahu. Mucho menos imaginamos a alguien como Pete Hegseth, el “chaval” que lleva la bandera de los Estados Unidos hasta en los calcetines que se pone día a día (si es que se los cambia).

            En una ocasión creímos que lo peor había sido Richard Nixon, Bill Clinton, Saddam Hussein, Fidel Castro, Hugo Chávez, Daniel Ortega y su horrorosa mujer y otros de parecida estampa y corte psicológico (patológico para ser más precisos); y que psicópatas como Nerón y Calígula en la antigua Roma eran asunto más que acabado y superado, pero estábamos transitando por caminos totalmente equivocados en nuestro pensamiento y no tomamos en cuenta al filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien enunció su tesis del “eterno retorno”; es decir, los personajes y sus acciones se repiten en la existencia de la humanidad cada cierto número de épocas, surgen de la densidad de los años que han transcurrido, para cobrar nuevamente vida, con toda su dañina disposición. Es por ello que individuos como Hegseth, Netanyahu, su horda de ministros y Donald Trump, parecen arrancados de una traumatizante pesadilla, provenida de la noche de los tiempos.


 Del Ataque Cobarde Contra Irán y Otros Temas que Rara Vez se Mencionan

 

Recuerdo, a mediados de la década de los años 60, cuando éramos alumnos de la escuela primaria, que los niños varones teníamos un código que cumplíamos a raja-tabla y aquellos que infringían la regla eran severamente sancionados de distintas maneras: la primera de ellas era verbal, se les hacían ver la cobardía al haber actuado de esa manera; la segunda, era una reprimenda física que siempre hacía que el infractor saliera en clara huida a lugares seguros, ya fuera hacia los salones de clase, las faldas de la maestra o hacia sus casas si ya habíamos abandonado el edificio escolar. Nos referimos a las peleas “a manos”, que tenían que ser siempre “uno contra uno” y en igualdad de condiciones, sin ventajas de ninguna índole; es decir, uno de los contendientes no tenía que ser más alto ni más fuerte que el otro; y lo más importante era que ningún amigo se metiera en la pelea a favor de su “colega” en ventajoso “dos contra uno.” Eran disputas hasta cierto punto “nobles”, si el término no es impreciso; y por lo general se dirimían con gran sentido de la justicia.

            Esas “postales” de nuestro ya lejano ayer, nos sirven ahora para observar y sancionar moralmente las guerras a las cuales acuden ahora las superpotencias, en específico los Estados Unidos junto a sus “socios” en esto de matar inocentes; es decir, siempre que causan las inmensas y sangrientas problemáticas armadas, se hacen acompañar de dos y hasta tres ejércitos amigos, en lo que, a todas luces, es un acto de cobardía, pues las ventajas siempre están a favor del arsenal norteamericano desde antes de haber comenzado el conflicto. Y es cobardía porque la regla de que toda pelea deberá dirimirse en igualdad de condiciones queda olvidada o relegada a un último plano, determinación que priva a favor de “vencer o vencer” al enemigo, así, de cualquier manera… mediante la desgastada máxima maquiavélica de que “el fin justifica los medios.”

            Así entraron los estadounidenses a la Segunda Guerra Mundial, con mayoría numérica, aliada con Inglaterra, la Unión Soviética, los partisanos (guerrilleros), los exiliados franceses y polacos, la China, India y casi todas las demás naciones a las que presionaron con sanciones económicas si no combatían contra la Alemania en poder del nazismo. Algo semejante hicieron contra el Irak de Saddam Hussein, un país al que dejaron prácticamente en ruinas y sumido en la mayor indefinición política jamás vista. Ahora los iraníes han tenido que sufrir esta criminal guerra cuando israelíes y estadounidenses los han atacado, sin que mediara un pretexto real, convincente y aprobado por el resto de la humanidad, que se ha tenido que “conformar” con observar esta cobardía del “dos contra uno”, típico y característico de los matones cobardes que siempre han existido en todas las épocas, lugares y culturas.

            Aparte de esa ventajosa posición de gringos y judíos contra Irán, podemos ver que no les importa a ambas Armadas, asesinar a niñas en escuelas, ciudadanos de “a pie”, arrasar ciudades enteras donde no existen bases militares ni fábricas de armamento; hospitales, clínicas, orfanatos, asilos para ancianos, etcétera, etcétera, como buscando asegurar y cimentar su innata cobardía y criminalidad. Y mientras perpetran esos asesinatos en masa, Donald Trump, lo mismo que Nerón en la antigua Roma, baila moviendo sus manos ridículamente en la Casa Blanca o en su antro lascivo de La Florida, sin tocar la lira como el demente emperador romano, simplemente porque el gringo no sabe siquiera interpretar ningún instrumento musical, dada su visceral incultura. En el caso de Benjamín Netanyahu, el dictador judío, atina a meterse en un refugio antiaéreo en los subterráneos de Tel Aviv o lo que es peor, salir en huida silenciosa hacia Alemania, cuyo gobierno está en la obligación de entregarlo a la Corte Penal Internacional de La Haya (CPI); pero su veleidoso Canciller, Friedrich Merz, sigue repitiendo igual a un pajarraco tropical y parlanchín: “Israel es razón de Estado para nosotros los alemanes”, poniendo en relieve una culpa que ningún alemán tiene que llevar encima por lo que causó la guerra de hace más de 80 años atrás en Europa. En esto, y en otros temas, el gobierno de Berlín se equivoca de manera horrenda, siendo garantes de la justicia que imparte la CPI y que tanto han defendido los teutones en épocas no muy lejanas.

            Otro aspecto de esta criminal y cobarde guerra desatada por Trump y el judío Netanyahu contra Irán, es la censura impuesta por este último a los periodistas internacionales, quienes, desde que ingresan a Israel, ya llevan sobre sí el fardo de ser enviados por sus medios de prensa y por ello tienen que apagar sus cámaras, teléfonos móviles y todo aquel aparato que sirva para tomar fotografías o hacer films. Se trata de una convincente dictadura, represiva, inhumana y de las peores posibles en estos años por los que estamos pasando. Sin embargo, Netanyahu, con sus evidentes limitaciones racionales y de inteligencia, no ha tomado en cuenta a las redes sociales, donde los mismos ciudadanos hebreos suben los videos cuando los misiles iraníes borran barrios enteros de la geografía israelí. Es obvio que el sátrapa judío, Netanyahu, no quiere que salgan a la luz pública los daños materiales ni la cantidad de personas muertas, porque ello debilitaría su ya hiper-debilitada imagen política y guerrerista.

            Y el gobierno de Donald Trump, propiamente el Pentágono, saca los restos mortales de sus soldados en la espesura de la noche, suben los féretros a los aviones de carga del ejército, no sin antes cerciorarse de que no esté encendido ningún teléfono celular en derredor, y mucho menos que hayan periodistas “fisgones”, que puedan enviar esas imágenes dantescas de los soldados gringos aniquilados, al resto de la humanidad. Sin embargo, con el paso de los años, esas fotografías, tomadas por no sabemos quién o que estaban en los archivos militares, se han colado hasta los periódicos y han mostrado a madres, esposas, hijas y hermanas, inclinadas sobre los ataúdes, llorando por esos familiares uniformados que fueron a guerras en los que nada tenían que ver y que fueron obligados a ofrendar sus jóvenes vidas, para satisfacer el vampirismo de Netanyahu, su sed de sangre humana; y la esquizofrenia megalómana de Trump, un sujeto que amanece cada día sin saber qué hace en este mundo ni cuál es su misión en la vida. Verdades que callan y que son verdades ineludibles.


 “Israel no es un Aliado de los Estados Unidos, sino un Lastre.” Tucker Carlson

 

Este es un periodista estadounidense que ha logrado gran notoriedad desde que Donald Trump alcanzó por primera vez la presidencia, precisamente por sus duras y ciertas críticas a las políticas erráticas y criminales de los Estados Unidos en gran parte de la geografía mundial.

            Tucker Carlson se ha convertido en algo así como “la piedra en el zapato”, que no te mata, pero no te deja en paz y se convierte en una verdadera molestia para las gentes que tienen el control del poder en estas naciones que se consideran las dueñas de la humanidad. Es una voz que, aunque solitaria, repercute y suena fuerte, como un eco que se incrusta en las consciencias sucias de los malos gobernantes. En este caso, Donald Trump, más atrás Joe Biden, junto al judío criminal, Netanyahu, requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), el brazo jurídico de la ONU, por sus reiterativos asesinatos masivos en la Franja de Gaza.

            Justamente, Tucker Carlson viajó hace pocos días a Jerusalén, para entrevistarse con el embajador de los Estados Unidos en Israel, con vistas a un nuevo reportaje; pero la policía judía lo detuvo, lo metió en un cuartucho, le gritó, le insultó y le requisó el material periodístico por un tiempo. Todo ese matonismo porque saben que Carlson es un reportero que no se guarda nada para sí, no se anda con eufemismos, llamando, por ejemplo, a un dictador como Netanyahu… presidente, cosa que evidentemente no lo es. Y mucho menos ponerse al lado, como hacen tantos comunicadores de la prensa en la actualidad, de las políticas genocidas y expansionistas de Israel, ya sea por temor, por intereses creados o porque son voceros del Mossad, el servicio secreto judío.

              Y una de las verdades más impresionantes, pues nadie la había manifestado nunca, a pesar de que es totalmente convincente, es esta y la dijo el mismo Carlson hace escasas semanas atrás: “Israel no es aliado de los Estados Unidos… sino un lastre.” Un pesado lastre por supuesto, de los más pesados que puede tener todo un pueblo, como el estadounidense, que tiene que poner a sus jóvenes de “carne de cañón,” allí donde Benjamín Netanyahu se lo insinúe apenas a Donald Trump. Y en este punto específico, el periodista del que hoy estamos tratando, reveló que Netanyahu ha dicho repetidas veces en privado: “Yo soy quien manipula a Trump, él hace lo que yo le digo que haga.” Evidentemente, realmente es así, siempre ha sido así, desde la primera administración de este psicópata, organizador de concursos de belleza y comprobado enfermo sexual, gran amigo del también judío suicida, Jeffrey Epstein, tan famoso y problemático hoy en día, a pesar de su muerte en su celda de Nueva York. Trump acude donde Netanyahu se lo ordene y lo último errático que ha hecho, ha sido el ataque reciente contra Irán, poniendo a todo Oriente Próximo en el “filo de la navaja”, ante el peligro de una gran guerra regional. De hecho, sabemos con certeza y sin necesidad de consultar a una adivina, a una de esas tantas gitanas que se las dan de ver el futuro en su bola de cristal, que, mientras esos dos psicópatas, Netanyahu y Trump, estén en el poder de sus respectivos países, no habrá paz en el mundo. Sino observemos el panorama geoestratégico de los días actuales: Estados Unidos tiene que estar en permanente tensión militar y política en el Caribe, por el problema desatado en Venezuela y que está lejos de ser remediado, precisamente porque Trump dejó allí, en el gobierno, a la misma camarilla de narcotraficantes (con el peor de ellos comandando a las turbas callejeras, el sanguinario Diosdado Cabello, quien goza de una injusta impunidad); así también ha creado tensión en Groenlandia, la isla del Atlántico norte, propiedad de Dinamarca; en las inmediaciones de Cuba, una isla que tiene sitiada, pero a la que tampoco resuelve su antiquísimo problema del comunismo enquistado que tiene sobre su sufrido pueblo; ha abandonado prácticamente a Ucrania, país al que no le resuelve la invasión que sufre de parte de Rusia y en lugar de donarle el armamento para que se defienda, cínica e inmoralmente se lo vende, por el contrario. Al mismo tiempo, gusta congraciarse con Vladímir Putin, el sátrapa ruso, a quien llama “mi amigo”, mientras éste se burla abiertamente del psicótico Trump y deja a la deriva la solución de la infame guerra que el ruso llevó a las llanuras ucranianas. Pero la enorme problemática que ha causado Trump ha sido el ataque bélico contra Irán, a instancias de Netanyahu, quien no ha querido ir a la guerra solo, porque sabe del poderío militar iraní, que podría pulverizar a las ciudades judías en menos de una semana, con sus misiles hipersónicos.

            Ese es Trump, quien dijo la barrabasada: “Como no me dieron el Premio Nobel de la Paz, ya no tengo que estar sometido a la paz.” Es por esa causa que ahora ha llevado la guerra a casi todos los puntos del planeta, donde su cerebro retorcido se lo ha dictado o su amiguete Netanyahu le ha exigido.

            Volviendo al periodista Tucker Carlson, ha definido con toda precisión la impúdica relación, disfrazada de “hermandad”, entre Israel y los Estados Unidos: “es un lastre”, un peligro para las familias estadounidenses, cuyos hijos adolescentes tienen que acudir a poner y exponer sus vidas, allí donde a Benjamín Netanyahu se le ocurra que los Estados Unidos tienen que “sacarle las castañas del fuego.” Porque los mal llamados soldados israelíes, que no son otra cosa que una piara de asesinos, supra-armados, no se bajan de sus aviones, no atacan como infantería, allí en el terreno del teatro de guerra, sino que lo hacen cobardemente desde sus baterías de misiles y cañones y contra poblaciones indefensas en Gaza, Cisjordania, Líbano y recientemente en Irán, donde los primeros blancos han sido civiles.

            Sin embargo, Carlson es sólo una voz, aislada, desamparada por otras que sienten y piensan igual o parecido; sin peso en los Estados Unidos donde viven más de 6 millones de judíos y que tienen al Congreso en sus garras, con la mayoría de congresistas de su misma raza y religión, incluyendo al analfabeto Trump, semejante a un monigote sin cerebro ni alma. Esta es la realidad de nuestros días y Tucker Carlson nos la ha recordado, a pesar de sus limitaciones, con su habitual crudeza.


 Es Satisfactorio Estar Allí y Observar Cuando se Aplican las Leyes Eficientemente

 

Desdichadamente los sustantivos “eficacia” y “eficiencia” no son del común de las personas o en los trabajos de las personas. Y mucho menos cuando se trata del tema de la aplicación de la justicia, porque cada vez que abrimos un periódico (a la usanza tradicional, en papel) o leemos la versión digital del mismo, nos percatamos que son más quienes burlan las leyes, a la justicia como tal, que aquellos que son atrapados, encarcelados y puestos a la orden de un juez.

            Ejemplo de lo anterior, es el judío Benjamín Netanyahu, el dictador de Israel, uno de los criminales superlativos de nuestro tiempo, quien tiene la nefasta costumbre de dejarnos boquiabiertos cada vez que ordena matanzas masivas de palestinos, de mujeres, niños, ancianos y hombres ajenos a su problemática racista, genocida, guerrerista y de ambición, que patenta con su sanguinaria personalidad cada día que pasa.

            Vladímir Putin es otro de estos tránsfugas, reclamado por la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos; el binomio tiránico de Nicaragua, Daniel Ortega y su impresentable mujer, la co-dictadora Rosario Murillo; y por supuesto Donald Trump, el esquizoide presidente de los Estados Unidos, quien lleva en su contabilidad personal decenas de muertos, específicamente en El Caribe, cuando ordena destruir lanchas, ocupadas quizás por simples pescadores y que él asegura, sin saberlo con propiedad, que son narcotraficantes. También tiene a su haber otras muertes en las calles y avenidas de las ciudades estadounidenses, donde ha ordenado la persecución de presuntos “delincuentes”, emigrados a la Unión Americana. También ha actuado en su tenebroso e impúdico papel de pederasta en las propiedades del judío Jeffrey Epstein, razones suficientes para fundirlo en una celda por éste y otros delitos que ha cometido, como la violación en una tienda de ropa de Nueva York, a una ex columnista famosa. Una condena que Trump tiene que pagar con millones de dólares, debido a la magnitud de su deleznable acto contra esa mujer y porque todo fue tan claro que no le permitió su habitual escapatoria al costado.

            En esos casos y en otros, la justicia simple y llanamente no ha estado ahí y posiblemente no lo estará nunca. ¡Y es que duele tanto saber cuándo un déspota muere apaciblemente en su cama de enfermo, rodeado por sus familiares y médicos de cabecera, que el hecho se torna inconcebible desde todo ángulo en el que se le mire! Raúl Castro, quien fuera durante toda la dictadura de su hermano, Fidel Castro, el jefe del aparato represor en Cuba, posiblemente sea uno de esos, quien morirá en su lecho de enfermo y por causa de lo que llaman los médicos: “muerte natural.” Pero se llevará en su consciencia números escalofriantes de fusilados, “un arte” que aprendió de su colega el che Guevara, cuando estaban en la Sierra Maestra y continuó perfeccionándolo cuando Fidel era el autócrata de la isla. Raúl Castro también fue socio de Pablo Escobar Gaviria, el narco colombiano, en esto de trasegar droga, usando a Cuba como “portaaviones” para infiltrar finalmente la cocaína en los Estados Unidos. Porque el objetivo era asesinar, mediante las sobredosis, a cuantos jóvenes estadounidenses se pudiese. Pero morirá apaciblemente en su lecho de anciano. Y muy posiblemente lo mismo ocurrirá con Miguel Díaz-Canel, su marioneta en el poder, quien aprendió diligentemente la manera de matar de hambre a los cubanos y de enfermedades, con los faltantes crónicos de medicinas en toda la isla. También debemos sumarle el nombre de Bashar al-Assad, ex dictador de Siria y protegido actualmente por Putin, en Rusia.

            Desgraciadamente, así será. La ausencia de la justicia será ese lastre que llevaremos todos nosotros con el escape de esos tiranos, hacia “valles y tierras de impunidad.”

            Por todo lo anterior, la detención y el interrogatorio realizado al ex Príncipe británico Andrew, ha sido, además de sorpresiva, muy satisfactoria para quienes exigimos “eficiencia” y “eficacia” en estos trances por los que pasa la humanidad. En principio, porque una bestia de esa calaña, por más títulos de nobleza y medallas militares que su misma familia le haya impuesto y condecorado, no puede continuar como iba en estos días cuando su propio hermano, el Rey Carlos III, no tuvo más remedio que sacarle de encima tanta parafernalia, tanto titulillo que no cabían ya en cuanto libro “real” hay en Inglaterra.

            Su caso de pedofilia, junto al judío estafador de millones de millones de dólares, Jeffrey Epstein, tiene que conducirlo a la cárcel. No hay otro sendero y tampoco hay otro destino para él. Porque está muy claro su delito reiterativo, al desflorar a jovencitas engañadas por Ghislaine Maxwell, “la celestina” del hebreo o quien le llevaba engañadas a las casi niñas, para que aquel se complaciera sexualmente con ellas. Y Andrés, ex Duque de York, sentía verdadero delirio con toda esa perversidad. Por eso, ver a los automóviles, camuflados de civiles, con Andrés en su interior, significó observar a la autoridad en su verdadero y significativo papel de aplicar la ley, sin importar quién fuera el delincuente y cuánto poder se decía él que tenía, por ascendencia familiar supuestamente.

            Epstein, en su nefasto ejemplo, le ahorró al fisco estadounidense millones de dólares, al quitarse, supuestamente, la vida en su celda; es decir, se aplicó a sí mismo la justicia y muchas de sus víctimas se sintieron aliviadas y complacidas.

            El asunto Andrés Mountbatten Windsor apenas comienza en Inglaterra. Pero demore el tiempo que tenga que demorar, siempre lo entenderemos y decodificaremos como la aplicación eficiente, eficaz y efectiva de la justicia y ello nos causará una profunda admiración e ineludible tranquilidad. Porque la humanidad tiene que mejorar así, en cualquier circunstancia que lo amerite.


Con Respecto a Venezuela y Cuba, Debemos Mantener la Cabeza Fría y una Mesurada Esperanza

 

El revuelo que causó en el exilio venezolano la captura del dictador Nicolás Maduro, fue el lógico, el esperado y la explosión de una diáspora cuya mayor esperanza se fundamenta en el fortísimo anhelo, casi incontenible, de que le devuelvan a su país sin la tiranía que ahora lo tiene atrapado; y una vez que esos déspotas sean alejados del poder, regresar a Venezuela para comenzar la gran reconstrucción de todo lo que esta camarilla compuesta por los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladímir Padrino, han destruido durante tanto tiempo usurpando un gobierno que no les pertenece y nunca les ha pertenecido.

            Comprendemos esa algarabía de los venezolanos en el exilio. Fue totalmente válida, plausible y hasta admirable para quienes no somos venezolanos, pero comprendemos también las razones de su sufrimiento, el alejamiento obligado de la patria y las ansias por liberar a su país. Y aquí la gran pregunta que surge es: ¿Entenderá Donald Trump ese sentimiento generalizado en el exilio venezolano; tiene esa capacidad para desmenuzarlo, decodificarlo y tratar de actuar en consecuencia? Porque lo que hizo mediante una acción militar impecable, sin fallo alguno, al sacar a Maduro de su cama en el bunker donde se hallaba esa noche, fue solamente una muestra del poderío logístico/militar del Pentágono; pero desde el ángulo pragmático no significó la resolución y la solución del problema venezolano.

            Nicolás Maduro era algo así como el rostro visible del régimen narco-comunista; pero no era él todo el poder. Era solamente el “vocinglero”, el que metía la bulla, el que amenazaba y retaba a Trump y el que decía en voz alta lo que sus compañeros, esos que Trump ha dejado en el gobierno en Caracas, le dictaban que dijera a los cuatro vientos. Porque si Maduro hubiese sido el todopoderoso amo de la realidad venezolana, el régimen ya estaría en el suelo y los demás sátrapas en franca huida por las selvas suramericanas, para no ser atrapados por la furia del pueblo y el ejército libertador. Ese fenómeno con los dictadores lo hemos visto a lo largo de la historia; es decir, cuando es atrapado, muerto en la horca o mediante el suicidio, el régimen acaba con él. Lo vimos con Muammar Gaddafy en Libia; y con Saddam Hussein en Irak. Muy recientemente con Bashar al-Assad en Siria. Los dictadores se llevan todo aquello que era falso en sus maletas de huida, para no regresar nunca más. Y Maduro no era esa clase de dictador. Simplemente era el hablantín que daba su cara día a día ante las cámaras de la televisión, para expresar sus bravuconerías, su matonismo y su ridiculez. Fuera de eso, no representaba gran cosa. Aunque otra historia será lo que vaya a declarar ante la justicia de los Estados Unidos y que podría comprometer a sus ex compañeros.

            La verdad fue que, después de aquella felicidad de los venezolanos en el exilio, lo que causó Donald Trump fue un auténtico “balde de agua fría”, tanto para los periodistas, los analistas, los políticos pro-democracia, los defensores de los derechos humanos y para la Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, heredera legítima de la libertad en su país, una libertad que le sigue siendo esquiva a ella, al triunfador de las últimas elecciones nacionales, Edmundo González y a todo el pueblo de esta nación. ¿Lo sabrá Trump, será capaz de entenderlo, le importará esta situación tan penosa o sus intereses son únicamente financieros, en su deseo por explotar las riquezas naturales de Venezuela? Por eso, lo aconsejable es mantener fría la cabeza y una mesurada esperanza, sin que el entusiasmo se desborde como la noche cuando capturaron a Maduro, porque la decepción podría ser nuevamente muy dura y hasta traumática.

            De hecho, el opositor y ex preso político, Leopoldo López, lo ha manifestado con toda claridad en una entrevista reciente: “Ellos no quieren perder el control de la represión. (…) La represión era una herramienta estratégica para la dictadura y al implementaron estratégicamente. (…) Evidentemente, la dictadura interina de Delcy Rodríguez no quiere soltar la herramienta de la represión (…).” Es decir, la dictadura Trump la ha dejado intacta y hasta se permiten decir esos gamberros en el Palacio de Miraflores, que Maduro sigue siendo el presidente legítimo y no falta el día en el que la misma “presidenta encargada”, exija su liberación de su celda en Nueva York. Y allí continúan Vladímir Padrino al frente del ejército; y Diosdado Cabello, un verdadero verdugo del pueblo venezolano que clama por libertad y democracia y es quien tiene las manos más ensangrentadas que ningún otro en esa nación. Haberlo dejado al frente del aparato represor venezolano, fue un claro mensaje de parte de Trump en el sentido de que a él no le interesa gran cosa el respeto de los derechos humanos y mucho menos la oportuna aplicación de la justicia a un homicida del peso de Diosdado.    

            Y lo mismo se aconseja con el caso cubano: no permitir que el sonido de las campanas arrastre la alegría del exilio cubano, hasta no ver concretados los hechos, hasta no ver alcanzada la añorada liberación de la isla. Y Donald Trump tampoco parece muy convencido de ese fervor que sienten los cubanos radicados en La Florida y en otros puntos del orbe. Porque hasta no ver a Miguel Díaz-Canel, el dictador de turno en Cuba; lo mismo que al avejentado Raúl Castro apresados y con rumbo a Nueva York en un helicóptero de la Armada estadounidense, nada tendrá significado, porque no sólo es cuestión de democracia, de liberación y de nuevos aires en la economía, sino que se trata de justicia con aquellos que han martirizado a los pueblos con el hambre, la cárcel, el asesinato y la miseria. Tanto Delcy Rodríguez, su hermano, Diosdado Cabello y Vladímir Padrino, en Venezuela; como Díaz-Canel y Raúl Castro, en Cuba, no pueden morir apaciblemente en sus lechos de enfermos y rodeados por una servidumbre pagada con el dinero robado a los venezolanos y cubanos y a cambio del hambre de esos ciudadanos. ¿Entenderá esto Donald Trump?

            Ahora mismo, y aunque las ansias quieran salirse por nuestros poros, debemos saber esperar, tranquilizarnos y tener fe en que los cambios se van a producir, a pesar de que los dictadores sigan ahí con su despotismo y repartiendo la miseria por doquier dentro de sus fronteras. ¿Será capaz de entenderlo Donald Trump? Y esa es precisamente la gran duda que nos carcome los sentidos a todos nosotros.


¿Hasta Dónde el Asunto Epstein Influye en las Decisiones que Toma Donald Trump?

 

De repente estalló en el cerebro y en el alma (si la tuviere), del presidente de los Estados Unidos, una verdadera e impresionante “fiebre guerrerista”, que lo llevó a ubicar una flota letal frente a las costas de Venezuela, comenzó a aniquilar con misiles a las pequeñas lanchas que se movían por el Caribe y secuestró a Nicolás Maduro y su mujer, cuando estaban en lo más profundo de su sueño nocturno, no sin antes dejar a decenas de cubanos y venezolanos de la guardia pretoriana del dictador, tendidos, sin vida, en el piso.

            Posteriormente cortó el crudo que salía de Venezuela hacia Cuba y amenazó a la mandataria de México, Claudia Sheinbaum, una mujer a la que le gusta jugar y gobernar con ambivalencias; es decir, “de acuerdo, pero también en desacuerdo con eso que usted me pide.” Esa amenaza de Trump fue con sus famosos aranceles a los productos mexicanos, cuyo principal mercado es el estadounidense precisamente, si seguía regalándole el crudo a la dictadura cubana. La presidenta ha aceptado a regañadientes, guardándose la posibilidad de seguir con ese “jueguito” tan mexicano, de apoyar a la criminal gavilla que tiene a la isla por el cuello desde 1959, cuando Batista salió en clara huida hacia el exilio.

            Los siguientes pasos belicistas de este Trump desatado en su violencia, lo llevó a amenazar precisamente a Miguel Díaz-Canel, el monigote del envejecido y enfermo Raúl Castro, para que dé “un golpe de timón” y enrumbe el sistema de Cuba hacia la democracia. Pero con el respaldo de la fuerza de sus buques, portaaviones y cazas-bombarderos en las cercanías de la isla y en Puerto Rico. Evidente y convincentemente se trata de un Donald Trump en su mejor versión belicista, como nunca habíamos visto a un mandatario de los Estados Unidos, a lo largo de su historia presidencial. ¿Las causas? Las sospechamos y es un tema para un buen analista de las actitudes y aberraciones humanas.

            Lo último que hemos sabido de este individuo, que ha obtenido una desaprobación abrumadora en su propio país, debido precisamente a la violencia que ha desatado en ciudades a lo largo y ancho de la nación contra los inmigrantes, donde han muerto y ha apresado inocentes de esa acusación inhumana tan “trumpiana” de que todo lo que se mueve y no es rubio o no habla el inglés con acento estadounidense, es un delincuente al que hay que deportar esposado y encadenado a su país de origen o a la Base de Guantánamo. Eso último que nos ha deparado este insufrible mandatario de USA, ha sido la posibilidad de una guerra regional en Oriente Próximo, tras atacar a Irán, cuyo régimen le molesta tanto a él, como a Netanyahu, en Israel.

             Evidentemente es un Trump muy distinto al de su primera administración, donde tranquilizó al dictador fanático de Corea del Norte y éste dejó, por un tiempo determinado, de lanzar misiles al Mar del Japón; y el mismo Trump, en aquella época, sacó a las tropas estadounidenses de Afganistán. Comparado con el Trump actual, aquel  se parecía mucho a lo que es un pacifista. Pero ahora está “desatado” en sus ansias de guerra. Eso es así.

            Y la pregunta que nos sirve de titular en este editorial es posible que dé en el quid del asunto: los documentos –que pasan de millones-, desclasificados por la justicia de los Estados Unidos y donde aparece el actual presidente de la nación en centenas de ellos, será lo que está causando esta aparente fiebre guerrerista que, en el fondo, no es otra cosa que una táctica (desgastada) para desviar la atención hacia el plano internacional y consiga que lo dejen en paz en lo interno. Es posible. Pero, ¿Hasta dónde el asunto Epstein, el pedófilo que abusó sexual y moralmente de tantas jóvenes y ensució las reputaciones de quienes se llamaban sus amigos, influye en la actualidad en las decisiones que toma Donald Trump a nivel global? Es una excelente pregunta para que un analista en psiquiatría la estudie, la analice, la desglose y nos dé una conclusión certera.

            Porque los argumentos, también desgastados, de Trump de que “yo no estuve ahí”, además de vagos y nada convincentes, delatan su deseo de escaparse de esa sombra del judío pederasta que lo persigue desde las entrañas del infierno. Y el problema crece en la misma medida que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos desclasifica más y más documentos sobre este caso, porque “el infalible y todopoderoso” Trump aparece en ellos cada vez “más embarrado” y desprestigiado hasta el tuétano, con repercusiones en los periódicos y telediarios más importantes alrededor del mundo.

            Se puede ver al presidente abrazado con Epstein, mirando con ojos libidinosos a las jovencitas en torno suyo y con amplias sonrisas que denotan que la estaba pasando bastante bien en aquellos antros, propiedad del hebreo. Pero Trump no tiene la gallardía ni la valentía, como la princesa noruega Mette-Marit o el ex Lord británico, Peter Mandelson, quienes han aceptado que se equivocaron con el pedófilo, al haberle dado su confianza y la amistad. Trump es de esos que no aceptan haberse equivocado; pero las fotografías ahí están como documento incriminatorio único, irrefutable e irremplazable, que lo hacen ver como el individuo inmoral que siempre ha sido.

            El problema actual se fundamenta en que, cimentado en esas ansias de escapar de Jeffrey Epstein, pone al planeta entero en tensión bélica y eso no “es de recibo”, no se puede aceptar. Mucho menos cuando, basado en esas mismas ansias, asesina a personas que nada tienen que ver con su cobardía al querer evadir su responsabilidad con respecto a los juegos sucios en los que participaba junto a Epstein y la esposa de éste, Ghislaine Maxwell, quien tiene sobre sí una condena de 20 años de prisión. Y Donald Trump pide a “quien él crea” que esta mujer no abra su boca y diga todo lo que ella sabe. ¿O también la mandará a asesinar, como muy posiblemente hizo con Epstein, en su celda de Nueva York, con el eufemismo difundido de que fue un suicidio? Porque de Trump se puede esperar todo… especialmente lo malo, lo bizarro y lo perverso.


Una Costa Rica Llena de Fisuras Llega a su Gran Cita Electoral Este Primer Domingo de Febrero del 2026

 

“A pesar de los pesares,” la añeja democracia costarricense, la más sólida y segura de América Latina, se ha negado a descartar lo que los comunistas del Frente Amplio, supra-obedientes a las dictaduras sedentes de Nicaragua, China, Cuba, Rusia y Venezuela, han querido implantar aquí, que no es otra cosa que la tiranía, la falta de libertades en todos los aspectos y la dictadura al mejor estilo marxista-leninista, tan fracasada allí donde se ha implantado en el devenir del tiempo. Esto no significa otra cosa que los costarricenses de todos los estratos y profesiones, han apostado fuerte por el sistema presidencialista, alternativo cada cuatro años, mediante el sufragio universal, libre, transparente y popular, antes que caer en sistemas caducos, peligrosos y nada funcionales, como lo pretenden los comunistas.

            De esta manera, ocho candidatos, contando al comunista del Frente Amplio, quien se vacía con su retórica torcida a cada instante, algo que no podría hacer en la Nicaragua de los Ortega-Murillo o en la Cuba de los Castro-Díaz-Canel, y aparte de esos trasnochados marxistas, siempre impresentables con sus tatuajes, sus trajes raídos y sus cabellos teñidos de púrpura, tres mujeres están en la nómina de los candidatos, lo cual es atractivo, sorprendente y le agrega un condimento mucho mejor a lo de otras elecciones donde los hombres han ejercido mayoría con sus candidaturas. Y es muy posible que una de ellas, la oficialista, Laura Fernández, será la ganadora, tal y como se presenta la intención de voto antes de la apertura de las urnas.

            Algo bastante significativo se fundamenta en que el bipartidismo, erosionado desde hace años atrás, ha aparecido en esta oportunidad debilitado en el corazón y la esencia de los movimientos Liberación Nacional (PLN) y la Unidad Socialcristiana (PUSC), que no representan lo que en un cercano ayer representaron: poderío, influencia, propiedad del destino del país y una permanencia que parecía inacabable en los distintos Gabinetes de gobierno que se intercambiaban cada cuatro años. Tampoco el Partido Acción Ciudadana (PAC), sepultado en las elecciones nacionales anteriores, que decretaron una vida cortísima de este movimiento que, sin embargo, alcanzó dos presidencias y luego se extinguió súbita e inesperadamente, del mismo modo como había surgido a la vida política de este país.

            Pero, a pesar de todo ese derrotero, la democracia de Costa Rica sigue firme, plena, obediente al Estado de derecho y permitiendo la participación de todos aquellos hombres y mujeres que creen tener la capacidad para gobernar a este pueblo. Aun así, la actual Costa Rica presenta fisuras en su vida diaria, en su cotidianidad, que son realmente preocupantes y que, según el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, visitante asiduo de esta República, son los mismos síntomas que presentaba El Salvador antes de la irrupción de “las maras” criminales que él tuvo que combatir y encerrar en la penitenciaría más grande y moderna de toda América, el CECOT. Es decir, la lucha contra los alarmantes índices de asesinatos en las vías públicas costarricenses, es una de las fisuras más profundas y que debe ser solventada definitivamente. Incluso, tanto como en El Salvador, en Costa Rica se escuchan voces esquizofrénicas que deploran las visitas y los consejos del carismático Bukele y dejan pensar que se trata de defensoras de la delincuencia supra-criminal que tiñe de rojo-sangre la realidad costarricense día tras día. Una tarea con la que deberá cumplir el próximo gobierno: con la erradicación de la inseguridad, las muertes “por encargo”, amén del tráfico de drogas, un flagelo que va muy unido a los altísimos índices de criminalidad, allí donde ocurren.

            La carestía de la vida es otro de los grandes problemas que confrontan los costarricenses en su día a día. Los salarios aparecen estancados, no hay aumentos y los poquísimos que se han dado, principalmente en la empresa privada, se pueden contar con los dedos de una mano y son paupérrimos, llegando hasta la desmoralización de aquellos que los han recibido. Mientras tanto, otro sector, ínfimo en su número, está compuesto por los pensionados de lujo, una ralea de gentes, ex funcionarios Estatales (ex jueces, ex fiscales, ex magistrados, ex diputados, ex ministros y otros gamberros de saco y corbata), que se recetaron pensiones millonarias, mientras el hambre ya campea en las clases bajas de este país.

            Aparte del tema socio-económico, otra de las fisuras que presenta esta vieja democracia latinoamericana, se fundamenta en el sistema educativo, disfuncional, estéril, que invita a los jóvenes a la deserción, con pésimos educadores (o docentes como se hacen llamar ahora), y programas que, en lugar de enseñar, lo que logran es aburrir a los educandos, quienes, después de las vacaciones de medio año, deciden no regresar nunca más a las vetustas y desvencijadas aulas de los colegios, muchas de ellas en franco deterioro pues el Ministerio del ramo no invierte en infraestructura ni en nada que se le parezca. Y precisamente esos jóvenes desertores son el caldo del cultivo del sicariato, el narcotráfico y el uso de drogas, mientras los gobiernos anteriores han hecho muy poco en prevención, combate a esta dura realidad y mucho menos en cambiar todo lo que no funciona en el Ministerio de Educación y que aleja a los muchachos en desbandada.

            Finalmente, la inmigración de aquellos “que llegaron para quedarse”, engrosa las problemáticas que hemos mencionado arriba de estas líneas y de manera sucinta. Se trata, en su gran mayoría, de nicaragüenses que vienen huyendo de la dictadura bicéfala de Daniel Ortega y su mujer, Rosario Murillo, y encuentran en Costa Rica, un verdadero paraíso de libertades que muchos de ellos convierten en libertinaje y en oportunidad para delinquir o abultar los índices de analfabetismo y miseria. Tampoco ningún gobierno costarricense anterior, desde 1979, año del derrocamiento de Anastasio Somoza, ha intentado siquiera solucionar el problema de la frontera norte, extraordinariamente porosa, insegura y prácticamente inexistente.

            Este domingo los costarricenses acudirán a las urnas de votación en medio de un ambiente, empero, que no es entusiasta, posiblemente por todo lo que hemos enumerado aquí y otros inconvenientes más. Aun así, el sistema democrático se mantiene, demostrando su solidez admirable y su alternabilidad saludable.


 El Caso Contra Julio Iglesias se Asemeja a una Estrella de Cinco Picos y Uno de Ellos nos Exhorta al Combate de la Pobreza

 

“Cinco picos” en la estela: 1. Dar más y mejor educación a nuestros niños y hacer asequible la literatura a toda la población, bajando el precio de los libros; 2. Incentivar profunda y cuantitativamente la cultura: más artistas, más pintores, más músicos regionales y clásicos, más escultores, más, más, más… y con más exposiciones gratuitas para el gran público; 3. Mayor inversión nacional y extranjera con el afán de crear más puestos de trabajo; 4. Combatir asertivamente la prostitución, que, ya vimos, en República Dominicana resulta sórdida por la inmensa  cantidad de niños que ejercen en sus garitos, covachas y demás sitios, ese añejo y degradante problema social; y 5. Sacar al país adelante, con un esfuerzo mancomunado, que lo lance lejos de la pobreza, de la miseria apabullante, evidente en cada esquina, en cada recodo de sus desvencijadas ciudades. Pero esto último suena a slogan de campaña de los tristes y débiles políticos latinoamericanos y que, al final de sus decadentes y estériles gobiernos, no lograron hacer nada en beneficio de las clases marginadas.

            Recordamos la ocasión cuando un ciudadano común y corriente le dijo a un presidente de una de estas repúblicas latinoamericanas cuando ya iba a terminar su mandato: “Usted nos prometió que nos iba a sacar de la pobreza. No lo hizo ni en mínima parte; porque si usted hubiera sacado a un solo individuo de su miseria, ahora tendría nuestra admiración. ¡A uno solo! Pero no se preocupó por realizar su promesa; posiblemente se olvidó de ello o simplemente no le importó.” No obtuvo respuesta alguna del demagogo, propiciador de una administración mediocre, como suelen ser casi todas las administraciones gubernamentales en casi todos los países de esta sufrida América Latina. Los “gorilas” (guardaespaldas tan de moda en estos tiempos), alejaron al ciudadano quejoso. ¡Ni uno solo fuera de la miseria! Lapidario, escabroso y grotescamente impresionante este asunto.

            ¿Y por qué decimos que el reciente caso del cantante Julio Iglesias nos recuerda lo que se debe hacer en materia socio-económica en estas naciones insulares y continentales de América? Porque precisamente la acusación de las dos mujeres que trabajaron para él en su mansión de Punta Cana, una dominicana y la otra venezolana, ha quedado al descubierto en su intención oculta: las dos querían un poquito de la inmensa fortuna del artista ya retirado de los escenarios. El periódico digital español okdiario.es, uno de los más serios de la península ibérica, ha develado que ambas mujeres estaban a punto de ser finiquitadas en sus contratos laborales con Iglesias y tuvieron miedo de regresar a su estado de pobreza anterior, donde un masaje quiropráctico, en esa nación, vale su peso en pobreza. Por eso era urgente idear algo para ganar “buena pasta”, a costas de Julio.

                 Y es que la riqueza de algunos, genera la envidia de muchos y puede llegar hasta márgenes insospechados, hasta la violencia más sanguinaria incluso (sino repasemos las causas de la Revolución Francesa). Por eso es importantísimo, ineludible, el combate eficaz de la pobreza y hay que comenzar brindando educación de primer nivel de parte del Estado, en escuelas y colegios. Una instrucción de ese tipo, facilitará las cosas al individuo de frente a las problemas que le presentará la vida. Una máxima tan verdadera como la mayor de todas ellas.

             Luego, hay que pensar en crear fuentes de trabajo reales, plenas de justicia laboral, alejadas de la explotación de parte de los patronos y así el combate a la prostitución, la extorsión y “la danza” macabra en los tribunales de justicia de las denunciantes por supuesto acoso, habrá disminuido ostensiblemente. ¿Utopía? No lo creemos. Es realizable en el tanto no sean más los zoquetes que se postulan a la presidencia de la República y que, a la hora de las verdades, no pueden, no recuerdan, no quieren, no les nace, no les sensibiliza, trabajar a favor de las clases marginadas. Porque América Latina está llena de esos demagogos baratos (Hugo Chávez, Fidel Castro, Daniel Ortega, etcétera, etcétera), destructores de todo lo bueno que había antes de su llegada al poder. Es cuando retornamos del recuerdo aquella famosa frase de Juan Domingo Perón, refugiado en Venezuela después del golpe de Estado que lo sacó del gobierno argentino: “Los líderes latinoamericanos están cortados con las mismas tijeras mágicas: son vendedores ardientes de ilusión, fuego de artificio (….).” Y efectivamente eso son y hay algunos de ellos tan incapaces, que ni “fuego ferial” son.

             Son tiempos duros en nuestro continente. Todos lo sabemos. Las gentes buenas se parapetan en sus casas que parecen jaulas o bunkers, para no ser violentadas por los malos que circundan las calles; la inmigración de un país a otro, de un continente a otro, está a la orden del día; los hombres perversos y falsos ocupan las sillas presidenciales y las drogas campean a toda hora de los sembradíos hasta las grandes ciudades anglosajonas. ¡Y parece mentira! Pero el surgimiento de todo ello yace en la falta de oportunidades, porque detrás de una prostituta, de un narcotraficante, un extorsionador, un secuestrador y un sicario, se esconde una historia en la que se les negó la oportunidad de progresar decentemente; en la que sus padres no ganaron el dinero suficiente para enviarlos a la escuela, para comprarles libros buenos y darles una vida confortable, digna y segura. Sino revisen ustedes las biografías de Pablo Escobar Gaviria, “el chapo” Guzmán y de muchos otros que hicieron de sus vidas una auténtica desgracia.

             Por supuesto, también en las vivencias de estas dos mujeres que intentaron extorsionar a Julio Iglesias, hay mucho de lo que hemos reseñado anteriormente. Una dominicana y otra venezolana. Repasemos un poco lo que son sus países de origen y obtendremos la respuesta contundente. El mismo Iglesias lo escribió en una oportunidad en la primera autobiografía que redactó: “La pobreza en nuestros países no se soluciona con una limosna, sino con una gran acción de gobierno (que ataque con eficacia ese mal).” 

            La educación, la honestidad y las oportunidades, siguen siendo, junto a la voluntad de los gobernantes, parte de la inmensa solución…


 El Controversial Tema de Ofrendar la Vida por Alguien o por una Ideología

 

Miles, quizás millones de personas han dado sus valiosísimas vidas por defender durante un ataque único o dentro de una guerra, al dictador de turno, todo porque así se lo ordenaron y lo creyeron un deber “patriótico” defender a ese monigote. Porque la mayoría de los dictadores, sino todos, son auténticos monigotes, sin alma, erráticos en la mayoría de los casos y con una inteligencia más que debatible por la escases de la misma. Y la verdad sea dicha: ningún tirano, sea en el país que fuere, ni de la ideología que profesare, merece que nadie, absolutamente nadie, ofrende su vida por defender la de él y posiblemente la de su familia.

            Y otra verdad se fundamenta en que muchos de ellos, cuando tuvieron oportunidad de escapar, así lo hicieron, no sin antes dejar tendidos en las calles, edificios y plazas, los cuerpos inertes de aquellas personas que se sacrificaron por ellos. Nunca, a lo largo de la historia del hombre sobre la faz de la Tierra, ha valido la pena morir por un dictador. ¡Nunca!

            Aunque debemos tener la cordura, la lucidez, para separar lo que es real de lo demagógico, el concepto trasnochado, reiteradamente utilizado de la “patria”, de las ambiciones del dictador. Por lo general, éste suele invocar la representatividad de la “patria” para que se sacrifiquen por él, que es lo que realmente quiere que hagan los demás. Y resulta que la patria es un concepto también abstracto, talvez de los más abstractos que existen y últimamente muy devaluado.

            ¿Pero qué es lo que realmente tiene valor para la persona dentro de una sociedad, de un país equis donde vive? La familia inmediata: los hijos, padres, hermanos, esposa (o) y hay quienes introducen en esta nómina a las mascotas. En todo caso, eso es lo que realmente vale la pena, por quienes se debe arriesgar nuestra propia existencia cuando ellos se hallen en peligro. Lo demás es muy subjetivo, sino baladí y debatible también.

            En una oportunidad le escuchamos a un sujeto muy sabio decir: “en caso de una invasión a mi país y si me ordenaran defenderlo, yo pediría dos rifles: uno para disparar a los invasores extranjeros; y el otro, para defenderme de mis compatriotas.” Suele suceder. Suele acontecer con regularidad, aún más en estas naciones latinoamericanas, donde la solidaridad, la amistad y otros rasgos filiales son muy endebles, sino inexistentes. Repetimos: la familia inmediata es lo que realmente debe llamarnos a responsabilidad, a proteger y a luchar por su preservación y seguridad absoluta.

            Si echásemos a rodar un poco “la película” de la historia en acción retrospectiva, veremos que los dictadores, cuando se encuentran en sus días finales, suelen poner en primera línea de combate a los ancianos, niños, adolescentes, tullidos y otros ciudadanos más que, 

por el contrario, son los que realmente necesitan ser protegidos y salvaguardados. Al final, con el escape del dictador hacia un “exilio dorado” para gozar de sus millones, siempre guardados con mucha antelación en los Bancos internacionales, lo que queda entre los escombros es la muerte y el terrible desengaño.

            El ejemplo más reciente de lo que afirmamos, se acaba de ver en la Venezuela atrapada entre las garras y fauces del “chavismo” narcotraficante: durante la incursión de la Delta Force, compuesta por soldados de élite de los Estados Unidos, además de los cubanos enviados allí por la dictadura cubana, so pena de ser fusilados o encarcelados si no viajaban a Venezuela, quedaron inertes en el sitio del ataque con misiles y bombas, más de 40 militares venezolanos, quienes estaban emplazados allí, en ese búnker, para ofrendar sus vidas por un tirano que en el fondo era un vasallo más de la dictadura de Cuba, como era el caso de Nicolás Maduro.

            Y con la penosa situación económica por la que atraviesa Venezuela, es muy probable que las viudas e hijos de esos soldaditos, no reciban compensación económica alguna y mucho menos pensar en una pensión tan necesaria a partir del momento cuando quedaron desprotegidos.

            Vemos con este ejemplo recién acaecido en Venezuela, que esa clase de sacrificios, que más bien parecen inmolaciones “por nada y por nadie”, sólo sufrimiento extremo causa desde el ángulo espiritual de las familias de los caídos. Y, al final, nadie se acordará de ti y mucho menos te lo agradecerá. Y ello ha pasado con Salvador Allende en el Chile de inicios de los 70s; con Duvalier en Haití; Mobuto en el antiguo Zaire (hoy Rep. Democrática del Congo); Idí Amín, en Uganda, y muchos, muchos más, que reclamaron ser defendidos con las vidas de inocentes, que bien quisieron no haber estado allí en esos instantes y mucho menos sufrir por culpa de un criminal en el poder.

            También siempre será bueno traer a colación lo que hicieron miles de rusos cuando Putin invadió a Ucrania y los llamaba a filas para engrosar al pésimo ejército ruso: tomaron sus coches, sus familias, sus pertenencias más necesarias, sacaron sus ahorros de los Bancos y se marcharon a gran velocidad por el sin fin de fronteras que tiene Rusia, hacia Finlandia, Georgia, Mongolia, China, etcétera, etcétera, para no complacer al tirano en Moscú y ofrendar sus vidas por un capricho, por una razón de orgullo, en una guerra que se ha cobrado la existencia de más de un millón de soldados desde que iniciaron la invasión.  

            Decía el filósofo alemán Friedrich Nietzsche que “huir o correr hacia adelante, es uno de los principales casos de consciencia” en la conducta humana. Hasta las bestias más feroces lo hacen: los leones huyen cuando sus instintos le anuncian que sus vidas están en peligro. Al fin y al cabo, toda guerra es estúpida, como estúpidos son aquellos que deliran y aman la fuerza de las armas.

            No vale la pena defender lo que no tiene ningún valor. En este caso, a esos déspotas que usurpan los gobiernos alrededor del mundo.


 Donald Trump: “Si No Me lo Dan… ¡Lo Tomo!”

 

Hacemos énfasis en que el secuestro de Nicolás Maduro nos complace y afirmamos que “se quedó corto” Donald Trump en otras decisiones que debió haber tomado seguidamente y que no lo hizo, como derrocar definitivamente al régimen criminal “chavista”; pero sus asesores tendrán algún motivo de fondo por lo cual no lo hicieron, cuando todo el país suramericano, su población, yacía en medio del “shock” que les causó la incursión del Delta Force hasta las propias fauces del gobierno, un pueblo, un Estado, un ejército y milicias que se creían indestructibles e irreductibles con las armas avejentadas, obsoletas, sin recambio, sin municiones ni repuestos que Putin les había vendido y como todo lo ruso… “no servían para nada.”

            Sin embargo, lo que nos llama poderosamente la atención en Donald Trump, aparte de lo arriba expuesto, es su “matonismo global”; ese creerse el dueño del planeta entero, aunque, en el fondo y en la superficie, todos los presidentes estadounidenses han tenido ese mismo sentimiento de que son los amos de la Tierra y de todo lo que gira sobre ella, pero en el actual mandatario de USA la situación es inaguantable y como tal… sancionable y repudiable.

            Y vamos a los hechos y las amenazas que han partido (y parten a diario) desde la Casa Blanca: después de la extracción de Nicolás Maduro, el venezolano que tiene las manos (hasta los codos), manchadas de sangre, Trump volvió su mirada de esquizoide incontrolado hacia México, hacia la residencia de Los Pinos donde reside Claudia Sheinbaum, de que quien creíamos, por ser judía, que al subir al poder tendría una actitud displicente, agradable y en sintonía con Washington; pero hemos visto que ha sido siempre lo mismo en relación con Cuba, primeramente, isla hacia la cual pasó de las palabras a los hechos cuando le envió toneladas de petróleo (muy posiblemente gratuito), para que los comunistas en el poder pudieran paliar la crisis que se les vino encima cuando los barcos y aviones de Estados Unidos establecieron el bloqueo petrolero contra Venezuela. También, la presidenta de México ha dicho no estar de acuerdo con la intervención militar de “los USA Boy’s” contra Caracas para detener a Maduro y otras barrabasadas más que esta atontada y soporífera hebrea en el poder mexicano, ha dicho en estos últimos días. Amén de la casi nula guerra contra los cárteles de la droga, que son los que verdadera y subrepticiamente gobiernan a México. Tanto su antecesor, López Obrador, como ella, han tolerado (y muy posiblemente han recibido dinero a manos llenas) a los narcotraficantes y han dejado que nazcan, crezcan, se consoliden y exporten la droga hacia su vecino del norte, de manera impune y descarada. Todo eso y más han hecho ambos mandatarios mexicanos y han generado la justa reacción estadounidense; pero con Trump, las cosas se han agravado, porque ha amenazado con bombardear, “actuar en el terreno”, en suelo mexicano, quizás peor de lo que ha ordenado hacer en Venezuela. Pero Donald Trump, su secretario de Estado, Marco Rubio; y el secretario de Guerra Pete Hegseth, un belicista de “rompe y rasga”, un amante declarado de las conflagraciones y la sangre derramada, no tienen el derecho de andar amenazando e interviniendo con el poderío militar de los Estados Unidos, sólo porque una mañana se despertaron de mal humor. Aun así, con ese “bagaje”, Trump ha exigido el Nobel para sí, cuando todos sabemos que detrás de esa máscara de pacifista que se ha puesto él mismo desde sus conversaciones con el dictador de Corea del Norte, durante su primera administración, se esconde un simpatizante del dominio, el intervencionismo, el saqueo, la expoliación y el apropiamiento de las tierras y países que no le pertenecen a él ni a USA.

            Repasemos un poco el contexto: ha permitido que Netanyahu en la dictadura de Israel, llevara a efecto el peor genocidio del Siglo XXI (el holocausto del pueblo palestino en la Franja de Gaza); bombardeó los supuestos laboratorios donde los iraníes hacían sus supuestas bombas atómicas; ha bombardeado la Capital de Yemen, también naciones en África, lanchas en el Mar Caribe, sin cerciorarse si, efectivamente, llevaban cocaína en su interior; se ha apoderado de cargueros petroleros en las mismas aguas y finalmente secuestró al dictador asesino de Venezuela, Nicolás Maduro, en una misión militar realmente admirable de parte del ejército norteamericano. Todo ello de espaldas a la ONU, al derecho internacional y al respeto que se debe tener a las naciones y que es una obligación desde todo ángulo desde donde se le mire.

            No contento con lo anterior, con ese “historial”, ese legajo –ya voluminoso-, de abusos y derramamiento de sangre inocente incluso, por culpa suya y sus aliados igualmente sanguinarios, ha lanzado una amenaza todavía más preocupante: quiere apoderarse de la isla de Groenlandia, propiedad de Dinamarca, sólo porque a él se le ha metido esa idea en la cabeza o a alguno de sus asesores –quizás a su yerno judío, Yared Kushner, siempre presto a apoderarse de lo que no le pertenece para sacar dinero de esos sitios-, en una mañana cualquiera, apenas al abrir los ojos. Y lo peor es cómo lo ha dicho: “Tomaré Groenlandia por las buenas o por las malas.” Y escuchándolo de Trump, sabemos que habla en serio… porque, de acuerdo a su naturaleza, si las cosas no se las dan… “¡Las tomo!” Y así ha ido por la vida amasando fortuna, pasando por encima de adversarios, de la Hacienda estadounidense, de las mujeres que ha deseado y de todo lo legal que se la ha puesto en el camino y que él ha decidido infringirlo, sólo porque es Donald Trump, porque alguna fuerza extraña en otra dimensión desconocida, así se lo ha ordenado y permitido. Y como él, hay miles de seres seudo-humanos que caminan por la superficie de la Tierra causando daño a las demás personas cuerdas, decentes y serenas con las que se encuentran en determinados momentos.

            Su amenaza a Dinamarca ha causado una incisión en la OTAN, ha preocupado a las potencias europeas y ha puesto en vilo a los habitantes de Groenlandia, quienes esperan la invasión de las tropas estadounidenses en cualquier instante, en estos días. Y da la impresión de que estamos en guerra… en la guerra de Donald Trump, un loco de atar.


Al Cierre del 2025 y al Encuentro del

Nuevo 2026

 

Se marcha el 2025 y nos deja una serie de acontecimientos, de asuntos peliagudos sin resolver. Veamos: la “paz de cristal” en la Franja de Gaza, donde los israelitas asesinan hoy, lo mismo que ayer y lo mismo que mañana, a varios niños, mujeres y hombres ajenos a la problemática terrorista. Una paz que solamente en la mente de Donald Trump existe y que Netanyahu, el carnicero de Israel, se complace en quebrar cuando le da la real gana.

            La guerra en Ucrania prosigue, pero con una variable a tomar en consideración: los rusos atacan con mayor ímpetu y saña, especialmente cuando Putin, el genocida Putin, ha hablado con Donald Trump y le ha asegurado que quiere la paz. Una vez que cuelga el teléfono en su oficina del Kremlin, nos imaginamos que después de haber lanzado al aire una sonora carcajada de burla, ordena los ataques con drones y misiles a las ciudades ucranianas, dejando en las calles y entre los escombros de los edificios, los cuerpos inertes de madres, sus hijos y ancianos.

            En el lejano oriente, China sigue reclamando para sí la isla de Taiwán y su dictador, Xi Jinping, no se anda con rodeaos y dice con toda claridad que, en cualquier momento, atacará a la ubérrima isla y la anexará por la fuerza a la gran China continental. Estados Unidos ha respondido con maniobras militares conjuntas con los taiwaneses, quienes viven, día a día, la zozobra de ese ataque inminente.

            En el Caribe, frente a las costas de Venezuela, una impresionante fuerza naval, enviada por Donald Trump, se posa frente a Venezuela: ataca a lanchas sospechosas que Trump asegura que no son otra cosa que narcotraficantes, sin dar prueba de ello; se apodera de petroleros con bandera iraní que iban hacia la empobrecida y miserable Cuba, una isla que permanece a oscuras y con sus autos de la década de los 50, detenidos en las calles sin carburante de ninguna índole. Millones de demócratas, especialmente los componentes de la diáspora venezolana repartida por el mundo, esperan ansiosos el ataque final del ejército estadounidense contra el Palacio de Miraflores, donde Nicolás Maduro, el histriónico dictador, hace papelones profundamente ridículos, que alejan las dudas sobre su condición mental, moral, política y social: canta, habla en un pésimo inglés, sale a caminar por las calles de Caracas de la mano de su esposa, mientras va entonando canciones que sonrojan las caras de quienes lo escuchan. Es el acabose en su máxima expresión.

            Pero Donald Trump no da la orden de ataque porque muy posiblemente uno de sus asesores le ha dicho quedamente que “el territorio de Venezuela es inmensamente más grande que el de Vietnam, con ríos más caudalosos, selvas más intrincadas, cordilleras más elevadas y una población mucho más numerosa, dispuesta a dar su vida por la patria de Bolívar.” El fantasma de Vietnam vuelve entonces, a deambular por los pasillos del edificio del Pentágono y hace que los militares desistan de un ataque a los venezolanos.  

Mientras eso sucede en distintos puntos del globo terráqueo, en Honduras, la empobrecida Honduras, se dan muestras de que el tercermundismo es evidente en todas las Instituciones, gentes, burócratas y especialmente en el acontecer democrático: porque pasan y pasan las semanas después del proceso electoral y todavía no se sabe quién ha sido el ganador y por ende, el nuevo presidente de la República. Hay países y pueblos que gustan de vivir en el subdesarrollo, sin duda alguna.

            Y a Juan Orlando Hernández, el ex mandatario acusado de trasegar cocaína hacia los Estados Unidos y de hacer pactos con los narcos colombianos y mexicanos principalmente, Trump le ha dejado en libertad tras indultarlo. Pero si pone un pie nuevamente en su natal Honduras, será detenido por el fiscal general de ese país y encerrado en una de las mazmorras de su paupérrimo sistema carcelario. Tendrá que ver desde “las playas del exilio” a su amada patria.

            Muy cerca de allí, en Costa Rica, la democrática nación centroamericana, el febrero próximo sucederán las elecciones generales en medio de un ambiente inseguro por la altísima delincuencia y la creciente tasa de asesinatos diarios que han puesto en evidencia la incapacidad, la esterilidad y la fanfarronería de sus autoridades policiales. Una policía ausente de sus calles, de sus ciudades y que invita a los sicarios a actuar de lleno, sin detenerse ante nada y mucho menos ante las leyes. Un grupo nutrido de candidatos se disputan la presidencia de la República, pero todos ellos sin carisma, sin contenido en su palabrería y por lo tanto, sin convencimiento alguno. No son siquiera aquellos “ardientes vendedores de ilusión”, como definió una vez Juan Domingo Perón a los demagogos latinoamericanos.

            En México, mientras tanto, todo sigue igual: la Sheinbaum con sus soporíferos encuentros con la prensa, siguiendo los pasos de su antecesor y “mentor”, López Obrador; los narcotraficantes de los cárteles más poderosos del mundo en la actualidad, continúan enviando la droga hacia los estadounidenses, un pueblo urgido del consumo de esas sustancias prohibidas; y los gritos desfasados de “¡Viva México! ¡Viva México lindo y querido!” Siguen escuchándose de norte a sur y de océano a océano. El mexicano siempre seguirá siendo el mismo, pase lo que pase, ocurra lo que ocurra… “Por la Gracia de Dios”, como nos dijo en una oportunidad uno de ellos.

            Y la pregunta de fondo es: ¿Nos deparará algo diferente el nuevo 2026? Quisiéramos que así fuera. Que nos acordáramos de que tenemos espíritu inmortal, inteligencia, racionalismo, sentimientos, nobleza e infinita capacidad para cambiar lo que anda mal. Pero lo dejaremos de lado, como siempre hemos hecho, y por ello el mundo siempre ha andado mal.

            No creemos que el 2026 será distinto; pero rogamos al Cielo porque lo sea.

 


 Este 2025 ha sido un Año Particularmente Violento y Desesperanzador

 

A lo largo de la historia del hombre, del ser humano, sobre la faz de la Tierra, hemos visto cambios trascendentales logrados precisamente por la acción e interacción de algunos de esos hombres, quienes, más por la inercia de la voluntad que por la inteligencia o la cultura, pudieron cambiar el sendero que llevaban las épocas, los acontecimientos y el derrotero de las demás personas. En otras palabras, hombres que asumieron los mandos de los países, imperios y continentes, han cambiado lo que parecía inamovible y se movía a un ritmo ralentizado, acorde con la naturaleza.

            El devenir está lleno de esos ejemplos: para no irnos tmuy atrás, podemos partir de la Revolución Francesa, “el acontecimiento de acontecimientos” por antonomasia, donde personajes como María Antonieta de Habsburgo y Lorena, Jean-Jacques Rousseau, el Marqués de Montesquieu, Dantón, Marat, Roberspierre, Arthur Schopenhauer, el Conde Joseph Arthur de Gobineau, Werner von Braun, Mijail Gorvachev, el Papa Juan Pablo II y muchos más, dieron un “golpe de timón” en la trayectoria que llevaba la humanidad en sus distintos períodos y ejecutaron cambios portentosos en muchos casos y desastrosos en otros.

            En el 2025, no podemos dejar de lado, dejar de pensar en la presencia de sujetos que se han hecho tan familiares por conducto de los servicios noticiosos, en los casos de Vladímir Putin, Volodímir Zelenski, Benjamín Netanyahu, Nicolás Maduro, María Corina Machado y por supuesto, el omnipresente Donald Trump, el claro ejemplo de que el conocimiento, el raciocinio y la inteligencia, quedan atrás cuando la voluntad, sumada a una desmedida ambición personal y a una megalomanía sustentada en la egolatría, son las preponderantes en determinado individuo. Y Donald Trump es la adición de todas esas manifestaciones en su personalidad; es decir, ha logrado lo que todos hemos visto (y criticado con acidez): dos mandatos en los Estados Unidos y en ambos, “poner al mundo de cabeza,” sumirlo en la desesperanza, en la humillación, en el desprestigio, al borde de la guerra, en la transformación de aquel “matonismo escolar”, en un matonismo con tintes, si se quiere, “universales”, elevado a la N potencia, con amenazas a otros dirigentes, como ésta: “si no te bajas del poder, yo te echaré a patadas de él.” Ese ha sido Trump a lo largo de su aparición en la política de los Estados Unidos, sin saber absolutamente nada de política y mucho menos de gobernar a una potencia como esta de la cual estamos tratando.

            Y mientras este “gringo” intolerable hace de las suyas en este hemisferio, Vladímir Putin, el tirano frívolo por excelencia, el dueño de “las cápsulas de cianuro” con las cuales elimina a sus adversarios alrededor del orbe, desde Londres hasta Beijing, allí donde se escondan o refugien, se ha convertido en el némesis de la paz, de la concordia, de las fronteras inviolables y de la convivencia armoniosa.    

           Un poco más hacia el sur de Rusia, en Oriente Próximo reapareció el clásico vampiro, de esos que nos retrató en sus libros, en sus partes argumentales, el irlandés Bram Stoker. Este monstruo sediento de sangre, que se complace cada noche observando los videos filmados exclusivamente para él por sus milicias en los campos de muerte, de esa muerte que él ha llevado a manos llenas a la Franja de Gaza, el sur de Líbano, Siria, Qatar e Irán, entre otras naciones que ha atacado impunemente y de manera infame, no es otro distinto a Benjamín Netanyahu. Un antropófago de nuestro tiempo. A quien el hedor de los cadáveres enemigos calcinados, quemados por el estallido de sus misiles, le seduce hasta hacerle sonreír apenas perceptiblemente y en la soledad del salón donde observa esas filmaciones.

            Son tres psicópatas, así como se lee, sin agregarle ni restarle una sola letra al término, que nos han hecho ver uno de los años más violentos, dentro de muchos que ya hemos vivido o transcurrido. ¡Y pesar que a los dos primeros, Trump y el ruso Putin, les queda todavía bastante “cordel” en sus sillas de gobierno! Y el tercero está sujeto a unas elecciones que muy probablemente ganará, si los tribunales lo indultasen como él mismo ha pedido, debido a su flagrante corrupción junto a su mujer, y las ganará porque representa a un pueblo, el judío, que justamente piensa y siente como él, como a Netanyahu le define y le hace actuar en consonancia y consecuencia.

              Este 2025 ha sido un año particularmente violento y nos ha arrebatado toda esperanza. Una prueba de ello fue la reunión que sostuvieron Trump y Putin en Alaska a mitad de este mismo año: sabíamos anticipadamente que nada o nada bueno surgiría de ese encuentro; y el ruso nos dio la razón, porque apenas llegó a Moscú, comenzó a bombardear con mayor ferocidad a las ciudades ucranianas, en especial a aquellos centros donde los civiles eran comunes que estuviesen allí. Es decir, derramar sangre inocente ha sido de beneplácito en el sadismo intrínseco de este dictador que ataca a Ucrania día y noche, sin detenerse.

            Y cuando recordamos el viejo aforismo de que “lo primero que muere en una guerra es la verdad”, lo observamos con toda su nitidez en esta guerra ruso/ucraniana, cuando Putin nos muestra su seca sonrisa y nos habla de paz, de la esperanza de alcanzar la paz, pero, al darnos vuelta para hacer otros menesteres, este ruso criminal ordena más matanzas en el país que está desangrando con sus bombas y misiles. En la Franja de Gaza ocurre algo peor, tales cosas como francotiradores israelíes, apostados a escasos metros de sus víctimas civiles, dan muerte a niños que no llegan siquiera a los 10 años de edad y cuyo “peligro” radica en que son palestinos y en el decálogo de Netanyahu, podrían haber sido “terroristas” al llegar a la edad adulta.

            Ciertamente este 2025 ha sido un año particularmente sangriento; pero lo peor se fundamenta en la inacción y la impotencia del resto de la humanidad, que ha hecho muy poco o nada por corregir estas masacres y acabar con los perpetradores. ¡Adiós 2025! 


Boicot a Israel en el Festival de la Canción de Eurovisión

 

Cuando redactamos el presente comentario/editorial, hemos conocido la noticia de que el ejército israelí acaba de bombardear un sector de la Franja de Gaza, a pesar del alto al fuego acordado con la mediación del gobierno de los Estados Unidos, y ha dado muerte a cuatro palestinos civiles (no terroristas), entre ellos dos niños muy pequeños. Consultado en la Casa Blanca, Donald Trump, el supuesto gestor e impulsor del plan de paz para Oriente Próximo, haciéndole hincapié en que los judíos han roto dicho acuerdo con este último ataque (que ya suma varios desde que presuntamente entró en vigencia el alto a la guerra), el mandatario de los EE.UU restó importancia al hecho y no contestó a la pregunta de la periodista. Obviamente se trata del presidente más pro-israelí de todos cuantos han llegado a la Casa Blanca, con judíos dentro de su familia, como lo es Jared Kushner, el esposo de Ivanka Trump. Es oportuno recordar en este ínterin que el plan de Kushner de convertir a Gaza en un resort parecido a la Rivera francesa, es algo así como “el sueño dorado” de este corredor de bienes raíces, capaz de sacarle dinero a las mismísimas piedras o, en este caso específico, a la sangre vertida por los palestinos inocentes que han sido masacrados aquí y cuya suma se acerca a los 80,000 ultimados por las fuerzas de ataque judías.

            Pero vamos al tema. Otro cable noticioso llegado desde Europa y que tiene que ver directamente con el genocidio (con todas sus letras y acepciones) que sigue cometiendo Israel en Gaza y esporádicamente en Cisjordania, donde  los colonos israelíes siguen arrebatando tierras a los palestinos, arbitraria e impunemente, nos informa que varias naciones que iban a participar en el Festival de la Canción de Eurovisión, han decidido no participar en la edición 2026, precisamente porque en este evento va a participar también la artista que enviará Israel. Una decisión que aplaudimos y que, ojalá, se repita en otros campos: culturales, políticos, económicos y de toda índole donde los judíos quieran participar. Por ejemplo, sería bueno y muy oportuno que aquellos gobiernos, alrededor del mundo, que tienen nexos comerciales con Israel, que les compran los poquísimos productos que los judíos crean, y que fundamentalmente son armas (¡vaya sorpresa!), rompan esas relaciones comerciales con Tel Aviv, como lo han hecho España y Colombia, para citar solamente dos casos representativos e ilustrativos. Una masacre que está cercana a los 80,000 asesinatos de civiles, flagrante y a plena luz del día, de parte del ejército cobarde de Israel, especializado en atacar objetivos débiles o desarmados en todo Oriente Próximo, y en plenitud del nuevo milenio, no puede ser tolerada de ninguna manera y se le debe dar a entender a los judíos que ellos no tienen “carta blanca” para cometer esos homicidios masivos en ningún momento ni contra ningún pueblo que a ellos se les ocurra, con la absurda, sin asidero, desgastada y ridícula frase de que son “el pueblo elegido” (¿de qué, por quién, por cuánto y cuándo?). Esto, en principio, porque cualquier vida humana es inviolable desde todo ángulo en que se le mire, ni por el motivo que se esgrima para hacerlo.

            En específico, al conocer la noticia de que la representante de Israel va a participar en el Festival olímpica y desvergonzadamente, España, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia, anunciaron que se retiran de esta competencia por la presencia, precisamente, de la cantante judía. Tienen que entenderlo los israelíes: su ejército de cobardes no puede andar masacrando sólo porque a su líder, Benjamín Netanyahu, requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), el brazo jurídico de las Naciones Unidas, ha querido desviar la atención de los tribunales de su país que lo acusan por corrupción Estatal, asesinando a casi 80,000 seres humanos a los que considera infrahumanos por no ser israelíes y que son “la carne de cañón” para satisfacer los desvaríos de este criminal hebreo, siempre sediento de sangre.

            Los representantes de las cuatro naciones arriba señaladas (y posiblemente otros más que se irán sumando al boicot), lo han anunciado formalmente y no participarán en esta edición “como respuesta a la presencia israelí y a las violaciones (flagrantes, masivas y colosales), a los derechos humanos en Gaza.” De acuerdo a un comunicado que le ha dado la vuelta al planeta.

          Y es que la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del Festival, no quiso realizar una votación para apartar a Israel del certamen. Esto durante su última asamblea general. España fundamentó su admirable y plausible decisión, justamente por las violaciones de los derechos humanos de los palestinos en Gaza y “el incumplimiento de Israel de las normas del propio concurso”, según un despacho de prensa emitido por Madrid. En el caso los Países Bajos, para citar otro de los ejemplos, indicaron que “la continuidad de Israel en la competición, pese a las denuncias de injerencia política en las últimas ediciones del Festival, la restricción de la libertad de prensa y el sufrimiento humanitario en Gaza, supera los límites que están dispuestos a aceptar como servicio público. La cultura une, pero no a cualquier precio.” Argumentó Taco Zimmerman, director general de la emisora neerlandesa, Avrotros. Lo anterior significa, para mayor pena, que ninguna de las emisoras de radio de los países que se han hecho a un lado, transmitirá el concurso que tendrá lugar en mayo del 2026, en Viena, Austria. Porque haber continuado con la participación, conjuntamente con Israel, habría significado, tácitamente, aceptar todas esas masacres de civiles que Netanyahu y su ejército de criminales han llevado a cabo en Palestina. Bélgica manifestó que en los días próximos dará a conocer su determinación, que se cree será de igual talante que los otros países mencionados.

            Otro argumento válido ha sido el de Natalija Gorsscak, presidenta de la junta directiva de RTV, quien recordó que la UER rechazó la participación de Rusia una semana después de su agresión contra Ucrania “y ahora no se atreve a rechazar a Israel”, cuyo genocidio ha sido evidentísimo, incluso filmado ahí, “en el terreno”, cuando sus bombas y misiles acababan (y acaban) con las vidas de los ciudadanos de Gaza (mujeres, ancianos y niños, muchos niños). “Por tercer año consecutivo, el público ha exigido que digamos no a la participación de cualquier país que ataque a otro. Debemos seguir los estándares europeos de paz y entendimiento.” Recalcó esta misma funcionaria radiofónica.

            Lo que esperamos es que estas acciones contra los perpetradores de asesinatos en masa, como son los israelíes, se repitan en otras actividades como en el deporte, la política, la diplomacia y todo sitio donde los judíos vayan a participar. Es imprescindiblemente necesario que estos verdugos sepan que el mundo, mayoritariamente, no comparte sus sentimientos y acciones genocidas y que la vida ajena es RESPETABLE E INVIOLABLE en todo momento y lugar.        


 La Mayor Sorpresa y Felicidad para el Ex Presidente Hondureño Juan Orlando Hernández

 

Cuando finalizó su gobierno en Honduras (2014-2022), la DEA norteamericana se apersonó en ese país centroamericano, lo esposó y lo subió a un avión expreso para estos menesteres de la lucha contra la droga y los narcotraficantes y lo llevó hasta los Estados Unidos, donde fue condenado por tres cargos: por tráfico de sustancias prohibidas y armas. En tercer término, también se dijo de él que había recibido dinero (grandes cantidades de dólares), de parte del capo mexicano, Joaquín “el chapo” Guzmán. Purgaría 45 años de prisión.

            Se dice que con ese dinero, Orlando Hernández financió el fraude electoral que presuntamente le hizo ganar las segundas elecciones hondureñas. Esa cantidad de dinero se lo pagó “el chapo”, según argumentan sus enemigos, por haber participado en una conspiración para introducir en Honduras más de 500 toneladas de cocaína y de allí, trasegarla hasta la Unión Americana.

            Ese fue el periplo que vivió y sufrió este político hondureño una vez que abandonó el poder que, según dicen los conocedores profundos de su gestión y sus movimientos más allá del gobierno, era ambivalente; porque, por un lado perseguía a los narcos (dentro de la suposición o lo que hacía creer a la opinión pública); y por otro lado, confabulaba con ellos para enriquecerse y facilitarles el trasiego de cocaína hacia los Estados Unidos.

            Y allí estaba resignado Juan Orlando Hernández en su celda en los Estados Unidos, que, comparada con lo que existe en América Central, en todas las naciones que componen al istmo, es una verdadera suite de hotel, a pesar del terror o el pánico que les despierta ser deportados ante la justicia estadounidense. En todo caso, según se dice, es más “humano” purgar prisión en USA que en cualquier otro país latinoamericano.

            Y decíamos que allí estaba JOH (como también se le llama a este ex político), cuando le llegó la noticia de que el presidente Donald Trump le va a conceder el indulto. Nos imaginamos la alegría que este ex mandatario hondureño habrá sentido en ese momento. Y se puso todavía más feliz cuando le narraron que Trump había escrito en su red Truth Social que “ha sido tratado de manera muy severa e injusta” por la policía y los jueces de los Estados Unidos. Y añadió: “Estaré concediendo un total y completo indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, quien ha sido tratado, de acuerdo con muchas personas a las que respeto mucho, de forma severa e injusta.” Por supuesto, muchos de quienes escucharon la noticia no salían de su estado de sorpresa e incredulidad. Mientras Juan Orlando Hernández no cabía de gozo, como hemos resaltado en las líneas anteriores.

              Seguidamente, Trump se declaró simpatizante del candidato a la presidencia de Honduras, el conservador Nasry “Tito” Asfura, del Partido Nacional, la misma agrupación a la que perteneció JOH; incluso prometió mucha ayuda para esta nación centroamericana si Asfura resulta vencedor en los próximos comicios y lo escribió de esta forma en su red social: “Voten por Tito Asfura para presidente; y felicidades a Juan Orlando Hernández por su próximo indulto.”

            Aparte si Hernández favoreció o no o trabajó solapadamente con los narcotraficantes mexicanos, este acontecimiento ha dejado a más de uno con las “mandíbulas desencajadas” por la sorpresa; porque, la verdad, en el istmo centroamericano se afirmaba a pies juntillas que este ex mandatario era tan culpable como el que más y mereció su vergonzosa captura y su deportación a los Estrados Unidos; pero Trump hace creer que fue un error y actúa en consecuencia para darle la libertad. Y en el interior de Honduras esta determinación e información, han causado un verdadero “cataclismo”, en especial porque ahora el poder está en manos de enemigos declarados de JOH. Incluso, hay quienes creen que sería un error si JOH regresara a su país de origen, pues podría ser apresado por esas fuerzas que lo adversan y quieren fundirlo en los muros de una celda penitenciaria. “Lo mejor sería que se marchase de los Estados Unidos hacia un país seguro y Honduras no lo sería en modo alguno para él.” Ha dicho un ex diplomático hondureño, quien declinó dar su nombre.

            ¿Quién le habló a Trump para convencerlo de otorgar el indulto a JOH? ¿Quiénes son esas personas a las cuales Trump ha dicho que “respeta mucho”? No lo sabemos. No han trascendido sus nombres; pero lo cierto es que las mentes morbosas que existen en cantidades exageradas, han dicho que el presidente de los Estados Unidos ha dado este paso porque JOH sabe “cosas” de él que, si las declarase, podría crear una crisis peor que la del pedófilo judío Jeffrey Epstein. Y con su liberación, Donald Trump estaría asegurándose que el hondureño “calle para siempre.” Pero esto son solamente especulaciones, de esas que nunca faltan de parte de quienes gustan de desmenuzar los acontecimientos o verlos más allá de lo que aparentan ser.

            Otro contraste de este indulto radica en que, mientras un supuesto narcotraficante, Juan Orlando Hernández, saldrá libre, merced al perdón otorgado por Donald Trump, otro narco, el venezolano Nicolás Maduro, podría caer en las redes de la DEA, próximamente, si los acontecimientos se decantasen tal y como se evidencian en estos días; es decir, con su captura, después de haber derrocado a la narco-dictadura venezolana. Incluso, esas mentes que pululan en “las sombras”, han asegurado que JOH podría atestiguar en contra de Maduro en un eventual juicio y que ese testimonio hundiría al jefe del cártel de los soles hasta lo más profundo, hasta castigarlo con la cadena perpetua en una penitenciaría en los Estados Unidos. No lo sabemos, pues todo se mueve dentro del campo de la especulación.

            Lo único seguro es lo que estamos presenciando: el carácter impredecible de Trump, dado a causar sorpresas cuando todos creemos que las cosas marchan con normalidad; algo que ha quedado patente con este indulto, que es el motivo de felicidad de este personaje hondureño, más aun en esta época donde la espiritualidad sale a flote en la mayoría de las personas. Ese es Trump y esas son sus actitudes.


Zelenski Oscila Entre una Posición Heroica o Ser Repudiado Eternamente por Alta Traición a la Patria

 

Si estuviésemos en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, frente a Donald Trump, le preguntaríamos esto, aunque nos volviera a ver con esa mirada asesina y nos insultase luego: ¿Señor Trump, si se desatara una guerra entre los Estados Unidos y Rusia y los rusos invadieran la mitad de Alaska, usted, por obtener la paz, le concedería al invasor esas tierras en forma definitiva? Ya sabemos cuál sería la respuesta del intolerable Trump. Pues eso mismo es lo que está exigiendo de Ucrania, propiamente de su presidente Volodimir Zelenski: que deje que los rusos se queden con el Donbáss y otros territorios que no han conquistado ni medianamente siquiera, con la finalidad de alcanzar un acuerdo de paz, que, a la postre, con Vladímir Putin, no garantizaría nada en el futuro.

            En el caso de que el mandatario ucraniano aceptase dicha exigencia –pactada por Trump y Putin en la reunión que sostuvieron en Alaska, precisamente-, Zelenski quedaría para la eternidad, mientras la humanidad exista sobre la faz de la Tierra, como el peor gobernante de Ucrania y un traidor de inconmensurable magnitud. Esa exigencia de Trump para contentar a quien él llama “mi amigo”; es decir, a Putin, quien no es amigo ni de sí mismo, sería el féretro político y quizás físico de Zelenski, ante un eventual asesinato perpetrado por  algún ucraniano que se pudiera sentir gravemente ofendido por esta traición. De tal manera, el único camino que le queda a Zelenski es: o Ucrania logra una victoria rotunda y contundente sobre el deficiente ejército ruso, con la ayuda de Europa Occidental; o se hunde en la derrota; pero en ambas tesituras con la frente en alto, con su territorio completo, absoluto, como le ha pertenecido siempre. El presidente de esta nación invadida no tiene otra opción y él lo sabe y los ucranianos que conforman a ese valiente pueblo… también lo saben.

            Y es que desde los albores de lo que hoy conocemos con el nombre de Rusia, con los Zares Romanov en el Trono de San Petersburgo, hasta los comunistas criminales, desde Lenin hasta Konstantin Chernenko, los rusos siempre han practicado una política ofensiva/militarista de conquista tras conquista, hasta lograr el territorio que hoy le conocemos. De hecho, Josef Stalin vio su gran oportunidad al final de la Segunda Guerra Mundial para quedarse con la mitad de Europa, aglutinando y rodeando con sus tanques a Hungría, Checoslovaquia, Polonia, Alemania Oriental, Rumanía y Bulgaria. Otra cosa fuera que pudiera alimentar a sus poblaciones y sostener a sus gobiernos. Una situación volátil que les explotó con la caída del Muro de Berlín. En principio porque la libertad es para todo ser humano (y para los animales irracionales también), tan elemental, tan necesaria e imprescindible, como el aire que respiramos a diario. Ningún ser humano nace preparado para vivir en cautiverio y eso nunca lo previeron Karl Marx, Friedrich Engels ni Vladímir Lenin. Es por ello que la llamada Europa del Este les explotó a los soviéticos en sus propios rostros, después de que los afganos les dieran una paliza a los rusos invasores y los expulsaran de su territorio.

            Retornando al tema de la política invasiva rusa, a sus gobernantes les fascina apoderarse de tierras y más tierras, aunque luego no sepan qué hacer con ellas. Es por esa razón que un viaje en auto por el extensísimo territorio de Rusia, se nos puede asemejar a una inmensa tierra desolada, solitaria y sin aprovechamiento alguno. ¿Para qué tanta tierra si los mismos rusos no saben qué hacer con ella, si no pueden ni saben explotarla y mucho menos mantenerla? Pero entre más sojuzguen a los otros pueblos fronterizos, más satisfechos se sienten “los hijos de Putin.” Explicaba el ex canciller de Alemania, Helmut Schmidt, que parte de la política internacional y bélica de los rusos, de todas las épocas, radica en conformar una especie de “arco” con varias naciones “lacayas”, que estén ubicadas entre sus enemigos naturales y el territorio ruso. En este caso, Bielorrusia y Ucrania sirven para tal propósito. Por ello, la consigna de Putin al invadir al segundo país, era para conformar esa inmensa “valla defensiva” que protegería a “la madre Rusia”, primeramente, ante cualquier ataque armado.

            Y al ver que Ucrania no se dejaba conquistar y le presentó una contraofensiva valiente y determinante, lo que le ha pedido al obtuso y manipulable Donald Trump, es que Ucrania no ingrese nunca a la OTAN y reduzca su ejército a más de la mitad de efectivos, sin armas nucleares y las convencionales apenas para “lucirlas” en sus cinturones. Ese miedo ancestral de los dirigentes rusos, de ser invadidos desde Europa Occidental, es la base de sus conquistas a las naciones “intermedias” entre ellos y el resto del continente.

            Por otro lado, y a pesar de que las tropas ucranianas están profundamente cansadas y sin posibilidades de “recambio”, hacer caso a las exigencias inauditas, deshonorables y esquizoides de Donald Trump, y después de haber infligido graves pérdidas materiales y humanas al ejército invasor llegado desde Rusia, sería algo catastrófico para la moral, la psiquis y la naturaleza del pueblo ucraniano. Sería mejor, en caso de derrota, soportar un armisticio cuando se sabe que las fuerzas no pudieron responder más ante el empuje del invasor. El honor ante todo y en toda circunstancia, más aun en la guerra entre las naciones.

            En palabras sencillas, lo que pide Trump, manejado como marioneta por Putin, es ni más ni menos la fábula del “asno amarrado con el tigre suelto.” Es decir, en el tanto Ucrania se desmilitarice, se desarme y no haga alianzas con el resto de Europa, será un “bocado” fácil, siempre dispuesto y a primera mano para los rusos, quienes, en este supuesto plan de paz, no concederán absolutamente nada, no harán ninguna concesión (ni política, ni territorial ni militar) y lo más peligroso será: no garantizarán que no volverán a invadir a otro país europeo. Y eso lo sabemos todos (menos Donald Trump por lo visto).


 Maduro al Borde de un Auténtico Paroxismo ante el Inminente Ataque de los Estados Unidos a su Indecente Dictadura 

 

No es para menos, pues el triunvirato que compone a la dictadura de Venezuela, Vladímir Padrino, Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, sabe que frente a las costas de su sedente Venezuela, hay una portentosa fuerza militar, capaz de lanzarle solamente tres misiles para acabar con la nefasta tiranía que ha causado tanto daño a esta nación suramericana, otrora una de las más boyantes y ricas de todo el planeta, en épocas de democracia.

            Sólo tres misiles perfectamente dirigidos contra el Palacio de Miraflores, sede de la dictadura venezolana, bastarán para que Maduro, Padrino y Cabello, se ensucien en sus calzoncillos y se arrodillen temblando. Y no exageramos, porque es mucho el daño que han causado, todavía más que Manuel Antonio Noriega, “el policía corrupto”, como le describió el narcotraficante colombiano, Carlos Lehter, en la década de los 80s. Es decir, por mucho menos fue derrocado Noriega, hecho prisionero y llevado de un lugar a otro, de los Estados Unidos a Francia y de aquel país de regreso a Panamá, para que pagara por todos sus ultrajes al pueblo y políticos panameños, hasta que murió en prisión, que era el destino que él había elegido, acorde con su infame vida al trasegar cocaína en cantidades impresionantes hacia EE.UU y Europa. Por mucho menos fue derrocado, subido a un avión militar estadounidense y procesado por sus crímenes de lesa humanidad, además de su narco-actividad. Es por ello que la camarilla venezolana piensa que su final podría estar cerca.

            Por lo tanto, la pregunta de rigor en este tema es: ¿Pueden dormir los tres sátrapas en Caracas, con tal amenaza anclada en las costas de Trinidad y Tobago, Puerto Rico y en pleno Mar Caribe, desde donde pueden ver los militares estadounidenses las costas de Venezuela y mucho más allá, gracias a los satélites que están posicionados sobre territorio enemigo? Dudamos que puedan estar tranquilos; y es muy posible que se imaginen a ellos mismos sentados ante un tribunal en cualquier ciudad de USA, escuchando a los fiscales con sus acusaciones precisas, claras y verdaderas, por los crímenes que han cometido desde que Hugo Chávez, el culpable de toda esta situación, engañó a los votantes venezolanos y le permitieron llegar al poder.

            En un principio, el Pentágono dispuso de tres destructores y los ancló allí mismo, por donde el trío de tiranos hacían pasar la cocaína hacia el norte; después le fue sumando más embarcaciones, helicópteros y aviones caza, más las maniobras que se están efectuando en estos momentos en forma conjunta con el ejército de Trinidad y Tobago, el pequeño pero estratégico país insular, vecino de Venezuela; lo mismo en Puerto Rico donde yace anclada otra parte importante de la marina estadounidense en estos instantes. Y para poner a temblar más a Nicolás Maduro, el verborreico dictador venezolano, acaba de llegar a la región el portaaviones nuclear más grande y poderoso del mundo, el Gerald Ford. No es para menos… es para ingerir toda clase de bebidas y pastillas tranquilizantes para calmar los nervios. Más aun cuando el Premio Nobel de la Paz no se lo otorgaron a Donald Trump, como él pretendía, y esa eventualidad le ha dejado las manos libres para llevar la guerra adonde a él se le ocurra. ¿Y Rusia y China que se dicen aliados del régimen opresor de Venezuela? ¡Bien gracias! ¿Y usted? Es la respuesta obligada que se le puede dar a esa pregunta. Porque ambos gobiernos lo único que han hecho con el régimen de Caracas es venderle armamento, mismo que se iría en los primeros combates con misiles contra la descomunal fuerza militar estadounidense que está posada frente a sus costas. Tampoco moverán un dedo para defender a un sátrapa como Maduro y sus “socios” en esto de asesinar y encarcelar a inocentes, exportar droga y causar la peor diáspora jamás vivida en América del Sur, con millones de venezolanos en clara huida de su país, escapando del hambre, la falta de trabajo y oportunidades para vivir dignamente. Si dejaron a Irán solo ante los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos, lo mismo harán con estos delincuentes que se han apoderado de toda una nación suramericana. Es por eso que es preciso afirmar que Nicolás Maduro está solo, completamente aislado y abandonado por aquellos gobiernos que, en tiempos lejanos al peligro, le prometían defenderlo ante un eventual conflicto militar y mantenerlo en la cima de la dictadura. Si este tirano, ex conductor de autobús, no se ha percatado de ello, alguien debería explicárselo con gráficos y dibujitos incluso.

            Y el temor pudo habérsele incrementado a los tres cabecillas del cártel de los soles, cuando las agencias de prensa mundiales acaban de reproducir la noticia de que Donald Trump ya tomó “la decisión” con respecto a Venezuela. ¿Cuál decisión? Pues la que todos deducimos de esta altísima tensión que se vive actualmente en el Caribe: el ataque frontal, directo y fulminante contra los narco-dictadores. Además, Estados Unidos necesita hacerse respetar internacionalmente y enviar un mensaje claro a otros cárteles, como los mexicanos, de que, en materia de narcotráfico, la Casa Blanca, la DEA, el FBI y el Pentágono, “no están para juegos absurdos”, en los que la tolerancia y la indiferencia campean.

            Es tanto el miedo de Maduro, que ha suplicado –así como se lee-, a los ciudadanos estadounidenses para que se manifiesten en las calles y avenidas de las metrópolis de su país, para que detengan las intenciones de Trump y no le ataquen y le permitan continuar con su oprobiosa y vergonzante dictadura de hambre, vejaciones, drogas, éxodo masivo y, principalmente, que puedan conservar y preservar sus abultadas cuentas bancarias, logradas con la actividad criminal de la exportación de cocaína y otras sustancias.

            Y es que un eventual y decisivo ataque contra Venezuela sería bien visto por la comunidad internacional, en términos superlativos. Porque todos queremos el final del sufrimiento del pueblo venezolano, su libertad, su progreso, su bienestar y que regresen, voluntariamente, los millones de exiliados y desterrados de este régimen inhumano que ha expoliado a diario sus riquezas naturales y ha convertido a las personas normales en mendigos a lo largo y ancho de las Américas. Rara vez apoyamos a Donald Trump; pero en esto… seríamos capaces de aplaudirlo…


Ante la Camarilla Anquilosada del Pasado, el Panorama Político de Costa Rica Ahora Aparece más Difuso e Incierto

 

“El oasis político, social, jurídico, económico y educativo” que siempre ha sido esta nación en medio de América Central, en estos momentos luce sombrío e inseguro. Las falencias en el aparato gubernamental son cada vez más grandes y tienden a convertirse en inmanejables para las generaciones de políticos y economistas actuales y los que vendrán en la inmediatez del tiempo. En palabras simples y directas: la centenaria democracia de Costa Rica está en “cuidados intensivos.”

            En el ángulo político/proselitista lo que se presenta en estos días, los “personajes” (que en realidad y con toda sinceridad son “personajillos” por su carencia de carisma), se contraponen a lo que resultó de aquella revolución de 1948, llamada por los costarricenses “la segunda república”, que arrojó a la vida nacional a líderes que difícilmente soltaron las riendas del poder y se intercambiaban el aparato Estatal entre los dos partidos únicos que había: Liberación Nacional y la Unidad Socialcristiana. Con el paso de los años se fueron erosionando, cayendo en la inoperancia, en el descrédito y lo peor ante los ojos del pueblo… en la corrupción de aquellos hombres y mujeres, la mayoría de ellos envejecidos, que se sirvieron (y legislaron) a su favor, asaltando a las arcas del Estado.

            Lo que surgió después de esa decadencia partidista, de los dos movimientos de masas imperantes, ha sido increíblemente deficiente, inestable, inseguro y nada convincente. Fueron los resentidos del bipartidismo los que fundaron movimientos como el Partido Acción Ciudadana (PAC), que en nada ayudó ni propició el cambio, “el golpe de timón” a nivel nacional y en todos los aspectos, que se esperaba para que la democracia costarricense se modernizara y fuera eficaz en lo económico, social, laboral y educativo principalmente. Esto ha significado que, en lugar de fortalecer y renovar a la democracia, lo que hicieron esos politicastros que tomaron impulso y fuerza con el nuevo milenio, fue debilitar, desprestigiar y poner al borde de la desaparición a esta añeja democracia centroamericana.

            Esos mismos continuaron con el saqueo del Estado, con el aumento de una burocracia también corrupta, indolente, adherida al gobierno de manera permanente; el arribo de miles de miles de extranjeros cuyo analfabetismo impresionante y sus costumbres -que más bien son vicios peligrosos para la seguridad ciudadana de los nativos de esta nación-, han venido a socavar lo que ya estaba “pendiendo de un hilo” en materia de cultura y seguridad policial en las entrañas de Costa Rica. Valga un vulgar ejemplo: oficiales de policía, en la frontera norte, por menos de US$50, mucho menos, dejan pasar a los inmigrantes nicaragüenses que se establecerán para siempre en suelo costarricense, con todas las carencias y horrendas prácticas, en todos los ámbitos donde se muevan.

Prontamente, el gobierno de Rodrigo Chaves llegará a su final. No aportó nada positivo en estos cuatro años en la Casa Presidencial y, por el contrario, acentuó el personalismo (el enaltecimiento a la imagen propia), por encima de un gabinete oscuro que le fue renunciando conforme pasaban los meses y los años, para quedar únicamente los fieles, esos que, callados siempre, aceptaron todos sus devaneos, equívocos, desatinos, desafueros y groserías que demostró a lo largo de este cuatrienio. Con Chaves en la presidencia, Costa Rica no avanzó ni medio centímetro y más bien parece que se estancó en todos los órdenes, con amagos de retroceso; porque hay un aspecto cierto que se da a nivel gubernamental: si un Gabinete de Estado no propicia el avance, en lugar de estancarse, lo que ejecuta es el peligroso retroceso. Y esos “pasos hacia atrás” los notamos en un cada vez más deficiente Ministerio de Educación, que no prevé los males de los estudiantes, quienes, en casos recientes, han optado por suicidarse como clara señal de que casi todo va marchando mal en la actividad educativa; también lo evidenciamos en la economía del país, de esta nación que se ha convertido en una de las cinco más caras e imposibles de vivir tranquilamente, en el subcontinente americano; y si hablamos de delincuencia, el sicariato, los asesinatos continuos, asestados por la venta de estupefacientes, la presencia de clanes mexicanos y colombianos que han hallado en Costa Rica un “remanso” para llevar a cabo su actividad delictiva, y de una policía (especialmente la judicial), permeada por la corrupción, el panorama costarricense en lo civil y jurídico, se torna más “cuesta arriba” de lo que ya estaba. Muchos ciudadanos hablan de “aquella Costa Rica que hemos perdido.” Mientras tanto, los políticos de ayer, hoy sumidos en la ancianidad, permanecen callados, en parte porque saben que si dan sus rostros a la prensa y emiten sus opiniones, les caerá encima el pueblo que les tiene por culpables de haber empezado este deleznable acabose.

 

En perspectiva, de cara al futuro y a la actualidad, los políticos que están pidiendo el favor del electorado, un electorado que permanece desanimado, sin voluntad, desencantado, hasta glacial, no llenan las expectativas. Ninguno de ellos. Incluso, en el tinglado político costarricense actual, no existen partidos políticos, con la rigurosa excepción de Liberación Nacional y la Unidad Socialcristiana, que lucen hoy sin fuerza, con sus antiguos partidarios dispersados y sin fe alguna, buscando “un alero” donde depositar su inseguridad y sus reducidos anhelos. Desde hace cuatro años atrás, los partidos en Costa Rica se han limitado a formarse únicamente para enfrentar un proceso electoral y punto. No subsisten al día preciso de las elecciones y después fenecen irremediablemente, justamente por la desidia de sus dirigentes. De tal modo, ante aquella camarilla de políticos –muchos de ellos fallecidos, otros gozando de sus pensiones de lujo y todos ellos ancianos-, aquella camarilla anquilosada y con aires dictatoriales y representando a la oligarquía, el panorama político de hoy en día aparece más difuso que nunca y mayormente incierto. Es por ello que la pregunta inevitable que resulta es: ¿Sobrevivirá el sistema democrático costarricense tal y como marchan las cosas, será capaz de reinventarse o sucumbirá ante la falta de políticos verdaderos?


 El Miedo Perfectamente Cimentado de Benjamín Netanyahu. El Fundamento de su Permanente Nerviosismo

 

Existe un viejo y popular adagio que dice: “Quien siembra vientos, recoge tempestades.” Y en esto de sembrar vendavales, el dictador de Israel, Benjamín Netanyahu, es un verdadero experto; empero, no quiere recoger la cosecha de esa siembra o mejor dicho aun: no quiere enfrentar las consecuencias que vendrán del futuro y mucho menos, alertar al pueblo israelí que, de todas maneras, ya no cree en él. Porque si llegase a narrarle cuáles son esos temores que le asaltan a diario, a  toda hora, es posible que los votantes se percaten de que el causante de toda esta nefasta situación no ha sido otro que el mismo Netanyahu.

            ¿Pero cuál es el fundamento de ese pánico que siente este genocida la mayor parte del tiempo calladamente; pero que de vez en cuando se refiere a ese miedo de manera abierta cuando hace sus cansinos y superficiales discursos? Él sabe certeramente que dentro del pueblo palestino que está masacrando ante las miradas de la humanidad entera, le cobrará a él, a sus hijos, nietos y toda la descendencia que de él se desprenderá, esos asesinatos. Y por ello, tanto él, Netanyahu, como casi todos sus ministros, más varios rabinos en Israel y en los Estados Unidos, quieren que “el trabajo sea concluido” en la Franja de Gaza y que no es otra cosa que el exterminio del pueblo gazatí, precisamente para que no nazcan o no continúen creciendo esos niños que en el futuro les reclamarán a los judíos estas masacres en las que asesinaron a sus abuelos, padres, tíos, hermanos y amigos. Netanyahu y sus vasallos radicales temen, tiemblan temerosos, al pensar que en cada niño, por más pequeño que éste sea, se alberga la semilla del rencor, la venganza y la justicia por lo que están haciendo ahora mismo los judíos con los palestinos.

            La cobardía de Netanyahu sale cada día, cada hora, a flote y se le nota… y mucho. Por ejemplo, ha dicho que en cada recién nacido en Gaza se esconde un terrorista. Aplicando siempre la retórica barata de que los musulmanes, todos, son terroristas; y en el resto del mundo, quienes no congeniamos ni aceptamos sus desplantes, somos “antisemitas.” Un adjetivo que de tanto repetirlo se ha desgastado y ha perdido su valor. Tanto como el llevado y traído “holocausto”, del que casi nadie habla ya, aparte de los judíos, y que ha quedado relegado debido a las matanzas perpetradas por los israelíes en Gaza; es decir, estas masacres, este genocidio actual, ha dejado de lado la discusión del demagógico concepto hebreo del “holocausto.”

            Aquí la pregunta que surge es: ¿Será por ese temor, bien fundamentado desde luego, de que cada bebé que nace en palestina es un terrorista (genética y mentalmente hablando), que Netanyahu ha destruido todos los hospitales y clínicas en la Franja de Gaza, para evitar que esos niños se conviertan, al crecer, en los verdugos del pueblo de Israel? Algo así como Herodes, según nos narra el Nuevo testamento en la Biblia. Porque los judíos siguen atados a tradiciones, historias (fantasiosas casi todas ellas), y mitologías que han acuñado a lo largo de su existencia como etnia y pueblo.

            De tal manera y visto lo anterior, a los hebreos no les queda más remedio que el exterminio total, sin contemplaciones y ahora mismo, de todo aquel que sea palestino, para evitar que “la cobranza” de este genocidio, por las nuevas generaciones, se lleve a efecto. Pero aun con la partición o la adhesión de Cisjordania y Gaza al territorio de Israel, con el exterminio mediante bombardeos diarios, no podrán terminar con los palestinos que viven en el extranjero y que son millones; tampoco con quienes simpatizamos con este pueblo y su justa lucha por la supervivencia y por lograr el ansiado Estado. Y mientras haya un solo palestino con vida, las vidas de los israelíes peligrarán, porque ha sido tanta la matanza, la humillación, el despotismo, la criminalidad, la soberbia y el dolor que Netanyahu y su ejército de criminales, le han causado a este pueblo, que será imposible olvidar toda esa vejación y se las cobrarán a los judíos… Y ante los ataques guerrilleros, en las urbes israelíes, casi respirándoles a los hebreos en sus mejillas, les será imposible usar sus misiles regalados por Washington y mucho menos podrán lanzar sus bombas atómicas, so pena de auto-destruirse en un ataque de esa magnitud. La guerra de guerrillas, el terror urbano, que quita el sueño al cada vez más envejecido Netanyahu y a sus aves de rapiña que le rodean (entiéndase que no son “halcones” de la política en modo alguno), y que no conocen otra solución que acabar con los gazatíes radical y rotundamente y cuanto antes mejor…

            Pero los palestinos, esta masacre que comenzó desde 1948 y se ha intensificado en los últimos tres años, sabemos… se la cobrarán… y con creces. Nuestros hijos, nietos y bisnietos lo verán y llenarán de rojo sangre, sangre vengativa y justiciera, los titulares y columnas de los periódicos, revistas y telediarios. Esa realidad, que se asemeja a una nefasta profecía, les espera a los judíos en el futuro. Ese es el temor perfectamente cimentado en los nervios de Netanyahu, su permanente nerviosismo y el de sus secuaces.

            Posiblemente ya no se hablará de Hamás ni de Hezbolláh, porque las nuevas facciones serán otras, más organizadas, más entrenadas, mayormente armadas y con un odio, rencor y deseos de vengarse que superarán todo lo visto hasta estos días por los que pasamos. Netanyahu y los vampiros suyos que le rodean con títulos de ministros, lo saben. Por ello se apuran en derramar toda la sangre posible en Gaza.

            Otro indicio de ese pánico, siempre explícitamente cobarde en Netanyahu, lo dejó escuchar hace poco tiempo retrospectivo cuando dijo que se oponía a la creación del Estado palestino, porque será un peligro para Israel. ¿Lo entendemos así o requiere de más claridad para ser comprendido?

            Es demasiado el dolor que este sátrapa judío ha causado a los palestinos, asesinando a más de cien cada día, con sus cobardes bombardeos a distancia. Demasiado, como para ser olvidado…


 La Rigidez de Palacio y las Consecuencias Fatales Conforme los Individuos van Creciendo

 

Uno de los peores insultos que se le puede hacer a una persona, es tratarlo de “imbécil”, “tarado” o “retrasado mental”; es decir, insultarle su inteligencia. Y hay mil maneras de hacerlo y todas ellas se perciben inmediatamente “en el aire” cuando son proferidas. ¿A qué se debe esta introducción en este editorial? Porque Donald Trump ha utilizado una de esas formas y nos hemos sentido contrariados quienes seguimos a diario su problema, heredado por su innegable e inseparable amigo, el judío pedófilo, Jeffrey Epstein, quien se suicidó en su celda en la penitenciaría de Manhattan, donde esperaba juicio por abuso a decenas de jovencitas que eran engatusadas, primeramente, por su esposa (y celestina), la inglesa Ghislaine Maxwell, sentenciada y castigada a 20 años de prisión.

            Cuando le mostraron a Trump las fotografías donde aparece “en grandes” con Epstein, la respuesta de aquél no pudo ser más descabellada y característica de su escasa sustancia gris cerebral: “(Esas fotos) fueron hechas con Inteligencia Artificial.” Dijo. Es más, no creemos que esa respuesta haya sido de su “propia cosecha”, sino de alguno de sus asesores, de esas rémoras que llegaron a la Casa Blanca, “navegando sobre su lomo” y aprovechando su innata estupidez, congénita por demás.

            Dejando a un lado a Trump, tomamos el tema del Príncipe británico Andrés, ex Duque de York, otro gran amigo del judío pederasta. Y éste “noble” (nótense las comillas) fue más lejos en su insulto a la inteligencia de los británicos primero, y del mundo entero después, cuando dijo en la famosa entrevista que le hizo la BBC de Londres, que no conocía a Epstein y que nunca había compartido las mismas jovencitas, menores de edad, a las que estaba acostumbrado el delincuente sexual. Al día siguiente, los periódicos ingleses, siempre tan acuciosos, descarnados, directos y sin temor a nada, publicaron fotografías de Andrés tomando por la cintura a una jovencísima Virginia Giuffre, la joven que era abusada reiteradamente por el hijo de la Reina Isabel II; y en una de esas gráficas se puede observar con toda nitidez a Andrés caminando al lado de Epstein, por Central Park de Nueva York, en animada conversación, bajo el cielo gris de la enorme ciudad estadounidense. Es decir, ambos, tanto Trump como el ex Duque de York fueron amigos muy cercanos de Epstein, compartieron las mismas niñas que a duras penas llegaban a los 17 años de edad y se sintieron satisfechos con ese sucio juego sexual, practicado no se sabe cuántas veces en las mansiones e isla privada del judío.

            Para desgracia del “Príncipe” británico, Virginia Giuffre, víctima de una vida personal sufriente, sufrida y nada halagadora, antes de suicidarse en Australia, dejó sus memorias, sus ingratas memorias, donde narra, con “pelos y señas”, todo lo que Epstein le obligó a hacer, hasta caer debajo del cuerpo siempre sudoroso de Andrés, “el hijito” preferido de la Reina británica. Ese libro es nada menos que “el último clavo al féretro” del Príncipe pederasta, “emblema” de lo que siempre ha sido la familia Real Windsor. Debido a la salida de dicho volumen a la venta, Andrés apresuró a despojarse a sí mismo de cuanto título le había impuesto su madrecita amorosa y candorosa, pues los “aristócratas” (nótense las comillas) ingleses acostumbran ponerse entre ellos cuantas medallas y títulos se les ocurre.

            En todo caso, el comportamiento de enfermo sexual de este sujeto lo ha manifestado a lo largo de sus 65 años que tiene en este momento, allí donde estuviera; es decir, alrededor del mundo, pues representaba a la Casa Real británica en sus intereses con distintos gobiernos. Quienes le acompañaban han narrado sus desafueros y desajustes con respecto al género femenino, al que gusta utilizar de todas las maneras pervertidas posibles. La utilización que hizo de la entonces jovencísima Virginia Giuffre, sólo fue un detalle en el extenso historial lascivo de Andrés, un individuo con una educación deficiente, “dejado de la mano” de institutrices, maestros privados y cualquier sustituto que se le ocurriera a su madre, la Reina Isabel II. Esto significó que Andrés nunca tuvo las imágenes de sus padres frente a frente, principalmente porque éstos siempre le rindieron prioridad al manejo de la monarquía que a la educación de sus hijos. El ejemplo de vida que el mismo Rey Carlos III ha dado a lo largo de las épocas, también nos enseña que su educación fue deficiente y la mano de su madre, la Reina, los hizo equivocarse a ambos, a Carlos y Andrés, en sus fallidos matrimonios con dos mujeres elegidas por Isabel II, sin que mediara siquiera admiración alguna de ellos hacia sus esposas. Partiendo de esa premisa. Lo que sobrevino después, todos lo conocemos hasta la saciedad y que acabó con las silbatinas que recibía Camila Parker, la mujer que realmente amaba Carlos, cuando ésta aparecía por vez primera a su lado en las ceremonias oficiales. Y Fergie, la ex esposa de Andrés, ni se diga… fue otro equívoco de Isabel II al imponérsela a su “bebé” y que terminó en estruendoso divorcio, después de la infidelidad comprobada de los dos, cada uno por su lado.

            En otras palabras, la rigidez del Palacio de Buckingham, de la Reina siempre ocupada en sus deberes; y su esposo Felipe, el Príncipe consorte, enredado en sus propios amoríos allí donde estuviere y fuere, no permitió que Andrés tuviera esa educación profunda, que hace a los hombres ser respetuosos, contenidos, maduros, centrados y caballerosos con el sexo opuesto. Esa misma rigidez de antaño, precipitó la muerte de Isabel II, quien aceleró todas sus dolencias cuando se destapó el escándalo en el que estaba sumergido su hijito preferido, por andar en pésimas compañías, abusando de niñas o menores de edad. Porque la elección de los buenos amigos, indubitablemente, depende también de la dirección que se le da a los hijos mediante consejos y orientación en sus edades más fértiles para sembrar motivación y directrices acertadas en sus espíritus. En todo caso, ya es tarde… y Andrés, ex Duque de York, lo lamenta con el alma.


Hamás Posee “Acciones” que Podría Devaluar y Hasta Perder Definitivamente

 

Algo que admirábamos en silencio de este grupo armado palestino, se fundamentaba en que, a pesar de la inmensa “sangría” que había causado en la Franja de Gaza al provocar al dictador de Israel, Benjamín Netanyahu, y que éste ordenara la matanza de casi 70,000 gazatíes ajenos al conflicto, eran las simpatías que había logrado en casi todas las naciones del planeta por la supuesta causa palestina y había desprestigiado hasta “el fondo” al genocida Estado de Israel. Que lo es, sin titubeos ni dudas de nuestra parte.

            Hamás se había convertido en el atacado, el ofendido y en el perseguido, según había invertido los papeles en este conflicto, cuando en verdad fue este grupúsculo armado el causante de toda esta desgracia. Admiramos, en su momento, esa supuesta destreza para cambiar la realidad por una situación hasta cierto punto ficticia, en la que los judíos aparecieron como los grandes verdugos (que lo son), y los combatientes de Hamás los luchadores por la justicia, el logro de un Estado y los que trataban de reivindicar décadas enteras de sufrimiento y muertes a manos de sus vecinos y enemigos, los judíos. Todo ello habían causado en nuestras mentes; pero éramos conscientes de que todo se debió a un truco (macabro, pero truco al fin), para desvirtuar la realidad y hacer aparecer a los hebreos como los perversos en este sangriento episodio entre ambas etnias.

            Ciertamente, Netanyahu “mordió el anzuelo” que le lanzó Hamás y se volcó de lleno en los ataques criminales, no contra la facción palestina, sino contra todo el pueblo de Gaza (que pasaba de los 2 millones de habitantes). Pero lo real era que Netanyahu estaba en su “elemento”, complacido, arrollando, masacrando y destruyendo todo lo que existiera en Gaza. Su naturaleza está en el mismo contexto de los grandes asesinos de la historia, donde observamos a Nerón, Calígula, Stalin y otros más. Netanyahu es el criminal, el ajusticiador de niños, mujeres y hombres normales, comunes y corrientes, porque eso le causa satisfacción profunda en su negro corazón y en su espíritu asesino. Su psiquis necesita ver cadáveres esparcidos por el suelo, vestigios de lo que fue una gran ciudad y juguetes de niños destrozados por las bombas que él ordena lanzar sobre Gaza, a sabiendas de que allí una vez existió un pequeño que huía de sus ataques cobardes con misiles. De este maldito judío no se puede decir otra cosa. Siempre ha sido así, siempre ha clamado desde el parlamento israelí o desde su desgastada, corrupta y sangrienta dictadura, el asesinato masivo de los palestinos. Siempre, siempre, siempre, desde que sabemos que este depredador cobarde existe en Israel. Pero lo evidente en este caso, se fundamenta en que los dirigentes de Hamás lo sabían y por eso lo provocaron, algo que él, decíamos, aprovechó complacido para masacrar lo que siempre ha querido masacrar: a los seres humanos que vivían detrás del muro que divide a la Franja de Gaza del territorio israelí. Hasta aquí estamos clarísimos y ciertos.

            Debido a ello, las manifestaciones se han estado dando en casi toda Europa, América Latina, los Estados Unidos, a pesar de que  Donald Trump persigue con la policía a quienes piden la cabeza de Netanyahu y humanidad para el pueblo gazatí. Es decir, desde Japón hasta Sierra Leona; y desde allí hasta Colombia y Chile, estábamos claros de que la lucha de Hamás tenía un sentido: por la liberación de los palestinos inocentes que los israelíes habían atrapado y metido en mazmorras (mal llamadas prisiones), sin proceso judicial previo ni garantías de nada. Aunque ciertamente lograron la liberación de 2,000 de esos presos y hasta aquí todo iba bien, pero Hamás se ha desprovisto de su máscara y nos ha enseñado recientemente su verdadera naturaleza. Porque a la luz del plan de paz impulsado por Donald Trump, y con la retirada parcial del ejército judío de Gaza, los milicianos de Hamás han tomado las calles y han empezado con sus atropellos, con sus tropelías en contra del supra-sufrido pueblo de Gaza; es decir, están actuando en contra de los mismos hermanos palestinos, exhibiéndolos amordazados, vendados y esposados con las manos hacia atrás y los han ahorcado y fusilado delante de niños y mujeres, quienes han sido obligado a ver su barbarie.

            Aquí, Hamás ha mostrado su verdadero rostro. El mismo del Estado Islámico (EI, Isis o Daesh), que causó masacres en Siria e Irak, y que estaba conformado por ex soldados de Saddam Hussein y que dichosamente aquella Rusia de Putin que parecía humanizada, borró de la faz de la Tierra, a petición de su aliado Bashar al-Assad, hace poco derrocado de su dictadura en Damasco.

            Es posible que todas esas “acciones” que le han hecho aparecer como un movimiento pleno de justicia, luchador por la identidad y la razón de ser del pueblo palestino, ahora hayan comenzado a descender y esas manifestaciones en todo el mundo, dejen de producirse, al darse cuenta de la naturaleza criminal que compone a cada combatiente de Hamás. Y ha sido tal la decepción, que estaríamos de acuerdo en la aniquilación de esta facción armada, por completo, ya sea por acción del ejército estadounidense o del mismo israelí, con el temor, incluso, de darle la razón a Netanyahu en su actitud confrontativa contra estos renegados que se creen los dueños de Gaza. Y lo más penoso radica en que, mientras Hamás esté presente (evidente o escondido) en este enclave, la paz no será lograda o establecida. De hecho, el ejército judío acaba de cerrar uno de los pasos fronterizos, obstruyendo completamente la entrada de los furgones con ayuda humanitaria, precisamente por culpa de Hamás, porque no ha entregado el resto de rehenes sin vida que se comprometió a devolver a sus familiares en Israel. Por supuesto que, una vez más, Netanyahu equivoca sus decisiones y sus acciones, porque juega con el hambre del pueblo gazatí, sin que éste tenga la culpa de lo que hace Hamás, ni sepa a ciencia cierta qué es lo que está sucediendo nuevamente en derredor. Y desde luego, el “torpedeo” al plan de paz ha comenzado nuevamente y es muy probable que se lo traigan hacia abajo, los judíos y los miembros de Hamás. 

            Por nuestra parte, ya estamos claros acerca de cómo es, qué pretende y lo que llevan en sus almas los mercenarios de Hamás: es lo mismo que el Estado Islámico, que mereció ser borrado de la superficie de la Tierra, lo mismo que estos yihadistas que se creen dueños de Palestina. A partir de ahora, cualquier determinación por acabarlos la veremos plausible y la apoyaremos moralmente. Como debe ser. Porque, con la desaparición de Hamás, podría haber paz real y verdadera.


Mr. Trump, con el Comité Nobel las Cosas no Funcionan Así Como Usted y su Socio en Esto de Asesinar, Benjamín Netanyahu, Creen

 

Acostumbrado a tenerlo todo, comprarlo todo, arrebatarlo todo y hasta usurparlo todo, Donald Trump creyó que el Comité del Premio Nobel, con sede en Oslo, Noruega, iba a caer rendido ante sus pies, como lo ha hecho con la mayoría de los representantes de las potencias europeas, con base en amenazas militares, anti-diplomáticas y económicas. No, el Comité Nobel no funciona de esa manera; es decir, bajo presión, con cartitas de un criminal amigo suyo, en este caso Netanyahu, quien también está acostumbrado a tomarlo todo, pero con la fuerza de sus milicias asesinas. Pero esa carta, previamente bien planeada y redactada, no alcanzó el objetivo apetecido, cuál era la obtención del Premio Nobel de la Paz, algo que le hace falta a Trump en su vitrina de condecoraciones, muchas de ellas logradas presionando a los organizadores y otras compradas por él mismo.

           Es posible –y así ha sucedido en el pasado-, que el Comité se equivoque y premie a alguien que no ha hecho absolutamente nada a favor de la paz y que se haya ido solamente en intenciones o en puro bla-bla-bla-bla. Porque ese galardón es el único que se confiere de manera distinta a todos los demás; es decir, en muchas oportunidades, el premiado no ha logrado absolutamente nada y fue solamente “bulla” y “redoble de tambores” a favor de la pacificación de una región o un conflicto determinado, pero nada en concreto, en realización...

             Y es que Donald Trump ciertamente lo ha logrado todo: rascacielos aquí y allá (hasta en el corazón de Nueva York), un club exclusivo para millonarios en La Florida, llamado Mar-a-Lago, canchas de golf en Escocia y hasta ha sido dueño y organizador del concurso Miss Universo, con todas las espectaculares participantes femeninas que allí se apersonan y todo lo que ello implica… Incluso, Trump posee ahora mismo las deudas más cuantiosas que hombre alguno no haya deseado para sí y sus empresas, más una fama de pervertido sexual, violador, ultrajante de mujeres y dueño de un vocabulario brutal, descabellado y supra-vulgar, como nunca se le hubo escuchado nunca a un presidente de los Estados Unidos. Y… hasta esto: ha logrado ser mandatario de la primera potencia del planeta, a pesar de su nula cultura, su nulo conocimiento en casi todos los campos del saber y su nula experiencia política. En esto, si repasamos su historia personal, podremos decir que Trump hizo un pacto con el diablo y éste le ha dado todo, absolutamente todo, lo que este salvaje discípulo suyo le ha pedido…. hasta lo malo que hay alrededor.

             Pero sólo le falta el premio Nobel de la Paz. Y sabemos que en la soledad de su elegantísima suite, Donald Trump echa a volar su racismo que le ha hecho famoso también, al decir: “Si un negro como Obama, que no ha nacido siquiera en los Estados Unidos, lo obtuvo, por qué yo no lo puedo tener también.” Porque Obama es su punto de comparación. Es su némesis. A quien quiere igualarse, superar y vencer; pero, para empezar, el negro ex mandatario es extraordinariamente inteligente, poseedor de un vocabulario refinadísimo; y para “colmo de bienes”, es titulado en las mejores Universidades; tiene una diplomacia fina, elegante y natural, de la que hizo gala cuando viajó por el mundo cuando era presidente de los Estados Unidos. Y Trump, desgraciadamente para él, no posee ni el mínimo de lo que hemos enumerado de su archienemigo y archirrival, Barack Obama.

            Retornando al premio Nobel de la Paz, es posible que este 10 de octubre del 2025 haya sido uno de los días más horrendos en la vida de Donald Trump; en principio porque él esperaba hoy mismo que la Academia del Nobel le comunicara vía telefónica a la Casa Blanca, el otorgamiento del premio. Es posible que, al abrir los ojos esta mañana, lo primero que buscó Trump fue el teléfono de mesa y su celular, en la espera de la llamada desde Oslo. Y después de asearse y vestirse para desayunar, su esposa, Melania -la pobre Melania-, y sus asesores, le mirasen con temor y evadiéndose, no quiso ninguno darle la mala noticia de que el Premio Nobel de la Paz “se lo dieron a una verdadera luchadora por la decencia, el decoro, la democracia, los derechos humanos y lo que es peor…. ella no tiene ni un centavo partido por la mitad, para haberse granjeado tal premiación.” Mientras él, además de que lo ha pedido, exigido, implorado y mentido (que ha pacificado una decena de guerras en las últimas semanas), y ha usado al ejército más poderoso del mundo para presionar (y bombardear también); y ha recibido así mismo el apoyo (inmoral y criminal) de su socio en esto de matar en Gaza, el israelita Benjamín Netanyahu, quien mandó la carta al Comité noruego, pero no consiguió absolutamente nada, la gran y dolorosa nada.

            Quizás, después de haber conocido la infausta noticia, Trump haya pensado con su reducido cerebro de cavernícola: “Talvez si me hubiera escondido de alguien como la Machado que se esconde de Nicolás Maduro; talvez si yo mismo me hubiera encarcelado, aunque fuera simple teatro; talvez, talvez, talvez… ahora tendría el Nobel para mí.” Pero es un gran obtuso. Un troglodita que está en el cargo en Washington, porque los votantes estadounidenses, desde Jimmy Carter, perdieron la orientación, el rumbo político y lo más importante…. perdieron la decencia, porque ante un votante cabal, justo, sensato y moral, Donald Trump estaría detrás de los barrotes en una penitenciaría y nunca en la silla más importante de los Estados Unidos, en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

             Así son las cosas. El mundo gira con cordura, aunque a veces nos parezca que no es así. Y la gente noble de corazón tiene su recompensa altruista; mientras los abusadores tienen su castigo. Y el de Trump todavía no ha llegado y solo es cuestión de tiempo para que lo obtenga… Porque la justicia muchas ocasiones tarda; pero llega, infalible e indefectiblemente. ¡Adiós al Nobel Mr. Trump! ¿Piensa ahora bombardear Noruega? Por que con usted todo lo ilógico, malévolo e irreal parece posible.


 El Porqué de las Posturas Intransigentes de Israel y Hamás

 

El plan para pacificar la Franja de Gaza, visto desde afuera e imparcialmente, es ambicioso, es bueno, y sería viable si los dos actores, Israel y el movimiento islamista Hamás, tuvieran otras prioridades que no fuesen aniquilarse mutuamente. Es un plan hecho por gente civilizada y por lo tanto, se trata de un proyecto civilizado, que por tener esa naturaleza, no calza en este enclave, sino en otras latitudes del planeta, donde las gentes no aniden tanto rencor, tanto deseo de venganza y tanto dolor en sus almas. Porque los gazatíes están deseosos de ponerles sus manos a los judíos cuando éstos se descuiden y los primeros tengan oportunidad. Eso lo saben los hebreos y por ello Netanyahu, su líder carnicero, dijo reiteradamente que en “cada niño que nace en Palestina hay un terrorista que va a querer vengar a sus madres y padres muertos” por los bombardeos israelíes. Eso es así y será mientras la violencia siga campeando y enseñoreándose en este territorio.

            El plan de paz para Gaza no fue elaborado por el gobierno de Donald Trump, en principio porque quienes rodean al obeso mandatario estadounidense son tan “miopes” como él y tan ignorantes como su jefe. Por eso han aconsejado hacer un resort en la Franja, desplazar a todos los palestinos que ahí subsisten a duras penas o entregarles esas tierras a los colonos judíos, quienes, a punta de fusil, arrebatan casas, predios y todo lo que pertenece a los gazatíes. Pero ha sido Tony Blair, el ex premier inglés, quien, por medio de su oficina especializada en estos avatares, y gracias también a sus duchos asesores internacionalistas, los que idearon este plan de paz que contempla el respeto al pueblo que allí sobrevive, reconstruirle sus ciudades y darles herramientas para que tengan una economía sólida y que llene todas sus expectativas. Mientras que a Israel le ordena retirar a sus milicias compuestas por gamberros asesinos y a los colonos, armados de pies a cabeza, que devuelvan los territorios que han usurpado y robado a los gazatíes.

            En resumen, Blair quiere que la civilización llegue a este enclave, que Netanyahu deje de bombardear y masacrar a mujeres, ancianos, niños, hospitales, periodistas, clínicas y a todo lo bueno que camine y se mueva dentro de Gaza. Pero tanto la devolución de las tierras a los palestinos por medio de los colonos judíos, como el respeto de Netanyahu a la etnia palestina, son bellos ideales convertidos en amargas quimeras irrealizables. Y esto lo sabe la plana mayor de Hamás, que ha analizado el plan de Blair con reticencia y ha afirmado que está de acuerdo en unos puntos; pero no en otros… Mientras Donald Trump y Netanyahu amenazan a los gazatíes con hacer de sus vidas un infierno, asesinándolos con misiles y disparos de fusilería, si Hamás se aletarga en aceptar el plan de paz o lo rechaza. No nos cabe la menor duda de que los palestinos están enfrentándose (a merced de ellos), a dos criminales, dos psicópatas, a quienes no les tiembla el pulso para accionar sus armas. Uno en Tel Aviv y el otro en Washington, en la Casa Blanca.

            En el caso de Netanyahu, éste ha sido completamente mentiroso, hipócrita y falso al decirle a su “hermano del alma”, Donald Trump, que está de acuerdo totalmente con el plan de paz, pero sabemos que no es así. Partiendo de la base que Blair ha contemplado en el mismo pliego que contiene los 20 puntos, el camino que lleva a la conformación del Estado palestino, algo que es rechazado intrínsecamente por el dictador de Israel y así lo expresa casi a diario cuando escucha que casi todos los países de Europa avalan el surgimiento de dicho Estado.

            La devolución de los territorios a los gazatíes es otra de las quimeras, imposibles de vencer para los idealistas que han redactado estos 20 puntos pro-paz: porque ningún colono radical hebreo está dispuesto a desprenderse de esos lugares que conquistaron a sangre y fuego y donde, muchos de ellos, asesinaron a sus antiguos dueños palestinos con la finalidad de arrebatarle sus posesiones. No es tan sencillo como pudiere creer Trump. Talvez con otro gobernante en Israel, distinto al tirano criminal que hoy ostenta la dictadura, llamado Benjamín Netanyahu, el panorama podría ser diametralmente distinto a lo que nos deja observar hoy.

            Y con respecto a Hamás, el grupo palestino que causó todo este desaguisado con el ataque del 7 de octubre, al tomar rehenes judíos, no desea la paz y le importa un bledo la cantidad de gazatíes que mueren a diario bajo las bombas y misiles israelíes, porque el objetivo de sus guerrilleros es sepultar para siempre al Estado hebreo con todos sus judíos adentro. Esa es la prioridad de Hamás, por encima del nacimiento de un Estado palestino y de la defensa de sus compatriotas en Gaza y Cisjordania. Además, cuando el plan elaborado por Blair indica que deben desarmarse y podrán participar en la vida política de Gaza, pero de manera civilizada, ajena a las armas, si no hace reír a los mercenarios islámicos acantonados en las filas de Hamás, posiblemente les enfurezca, porque esa tesitura, esa postura, no ha estado nunca contemplada dentro de sus objetivos. En otras palabras, el axioma de Hamás es (aunque no lo digan abiertamente), “asesinar a todos los israelíes o ser asesinados por ellos”. Más o menos lo que hemos estado observando en estos dos últimos años dentro de esta masacre.

            En resumen, si Tony Blair y su gente logran implementar en la práctica estos 20 puntos pacificadores, si lograsen el consenso, la aceptación de los dos bandos, judíos y palestinos, no sería un logro político-diplomático, sino “un verdadero milagro”, porque para que en esta zona del mundo se den las cosas, se obtengan los objetivos y los resultados positivos, ya se ha demostrado que la fuerza, la voluntad y la inteligencia humana, no basta, sino que pasa a otro nivel en el que tiene que aparecer el poder de Dios, Yahvé o Aláh y se haga un auténtico milagro. Y en estos momentos, en este trance particular, no hay ninguna excepción en la regla. Y nosotros repetimos: veremos qué sucederá con el paso del tiempo…    


 La Soledad y el Desprecio Mundial Hacia Benjamín Netanyahu, el Criminal por Antonomasia

 

La mujer guía le acompaña hasta el podio de los oradores y le señala el sitio donde debe apostarse, delante de la mesa directiva y ante el público compuesto por los representantes de cada país ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los mandatarios de varias naciones que se apersonaron para celebrar el 80 aniversario de fundación de esta magna Institución mundial, los periodistas acreditados y otros funcionarios que allí trabajan.

            Era Benjamín Netanyahu, el dictador de Israel. Nos negamos a conferirle lo que la mayoría hace al decirle “primer ministro”, porque claramente no lo es. Es un dictador. Se trata del primer dictador del país de los judíos. La historia que le pertenece desde que apareció en el tinglado de la política israelí, lo demuestra con claridad: Benjamín Netanyahu es un dictador y como tal, es un ser perverso, supra-corrupto, requerido por los jueces de su país por actos comprobados de corrupción junto a su mujer Sara, una judía rolliza, que se dice de ella que es la que verdaderamente manda sobre él y lo manipula a placer, debido a que le ha pillado en distintos deslices con otras mujeres, en clara traición marital. Y Netanyahu, evitando su caída en picada ante la opinión pública israelí, prefiere tragarse las diatribas de su esposa en la intimidad de su casa, que hacer públicas esas faltas a la moral, al decoro y a la dignidad. Es entonces cuando ella aprovecha y hace con Netanyahu lo que los compañeros suyos en el gabinete dictatorial, los líderes europeos y sus enemigos islámicos no pueden: vencerlo y gobernarlo a placer y con suma facilidad. Por ello se dice que “el poder” de la mujer es inconmensurable y es capaz de elevar al hombre que ama hasta cimas indescriptibles en su altitud; como lanzarlo hasta la profundidad del averno cuando éste le ha faltado, le ha fallado y ahora lo tiene entre sus garras, sus fauces, en un corazón que no perdona y una mente que siempre recuerda ese profundo y doloroso yerro que le ha matado sus más nobles sentimientos a ella, su esposa. Con esta sabandija que des-gobierna a Israel, llamada Benjamín Netanyahu, todo es posible, especialmente lo malévolo, lo rastrero, lo indigno y lo criminal.

            Decíamos que Netanyahu se posesionó frente al gran público de los delegados ante el seno de la ONU. Allí, en el podio, le esperaba una carpeta cuidadosamente preparada por él mismo en su oficina en Tel Aviv, con los consabidos mapas con los que explica –o tiende a explicar-, dentro de su discurso, pronunciado siempre de manera lineal, sin exabruptos, sin elevar su voz, contenido y auto-controlado glacialmente, así como su espíritu frívolo se lo dicta: es un sujeto frío, quien, con las decisiones que ha tomado y toma a diario, demuestra que en el fuero interno, donde anida su alma, hay un ave rapaz, gigantesca, capaz de despedazar a sus víctimas, de igual manera como lo hacen los buitres hambrientos sobre la carroña que les da vida… vida sobre la muerte y gracias a la muerte precisamente…

             Cuando se sentía preparado para entonar sus primeras palabras, notó que los embajadores y mandatarios invitados se fueron poniendo, uno a uno, de pie. Parece como si se hubieran puesto todos de acuerdo con anticipación en los corrillos del edificio; pero no ha sido así. La reacción de abandonar el hemiciclo de la ONU, la han ejecutado de manera espontánea. Es la personalidad de este criminal de nuestro tiempo, el primero de su baja especie y estirpe del Siglo XXI y del Nuevo Milenio. Un judío, empero, que decidió quitarse su máscara de bondad, víctima de “aquellos, éstos y los demás,” las eternas víctimas de “una humanidad que los persigue y que no les quiere,” según han repetido a lo largo de los anales de la historia y nuestra contemporaneidad también.

            Él mira impasible, siempre frío, glacial como aquel témpano que flota por el mar sin prisa ni lentitud. En su mirada de criminal, se puede notar el odio que siente, la frustración, pues tendrá que hablar ante las sillas vacías y lo peor será que tendrá que mentirle a esas mismas sillas abandonadas. También se puede interpretar en su mirada su afán infatigable de venganza. ¡Qué no daría él, Benjamín Netanyahu, el criminal por antonomasia, por lanzarle a cada uno de esos países allí representados y que han abandonado el recinto para no verle ni escucharle, un misil y asesinarlos a todos, de igual modo como ha hecho contra Gaza, a diario, el Líbano, Yemen, Irán, Qatar y Siria! Se le nota el inmenso rencor que siente hacia todo aquel y aquello que no es judío. Su sola mirada, observando a quienes lo abuchean y le gritan criminal, genocida y otros epítetos (condición innata del sustantivo), ha hablado más que todo el discurso que traía preparado.

            Ya sabe sobradamente que la inmensa mayoría del mundo le odia, que es non grato allí donde quiera viajar y que si llega a poner un pie en una nación honesta, con gobernantes con escrúpulos y afanados por el cumplimiento de la justicia, será detenido en el acto y llevado preso a La Haya para ser procesado por sus reiterados crímenes de lesa humanidad, en contra del pueblo palestino en el enclave de la Franja de Gaza. Y sabe también –y es lo más importante-, que ya nadie se come el “cuento chino” (judío en este caso), de que pertenece al “pueblo elegido.” Y hoy más que nunca, la civilización moderna se pregunta: ¿Elegido por quién, para qué, por qué, con qué y con cuál autoridad? Se ha dado cuenta de que la inmensa mayoría de las personas, alrededor del planeta que habitamos, ya no creemos en las fantasías construidas por mentes antiquísimas, hace miles de años atrás, y que como fantasías que son… se han tornado indigeribles, inexplicables y por lo tanto… no más creíbles. Israel, sin duda, ha tocado fondo en su existencia. Y lo que es peor, ya no tiene moral para quejarse de aquel, aquello y lo otro, por lo que ha venido quejándose siglo tras siglo, década tras década.

            Lo cierto es que Netanyahu quedó petrificado por la mala impresión que le causaron quienes abandonaron el hemiciclo de la ONU, ya que se marchó más del 90 por ciento de los circunstantes; y quienes quedaron para verle y escucharle, se dedicaron a filmar con sus teléfonos móviles lo que estaba sucediendo. Algunos sonreían satisfechos. Mientras los silbidos, abucheos y gritos de “asesino, criminal, genocida, exterminador” se escuchaban al paso del abandono del recinto. ¿Así o más claro para este vampiro sanguinario llamado Benjamín Netanyahu? El peor de nuestro tiempo, el más sanguinario.


 De la ONU, La Corte Internacional de Justicia y Otras Instituciones Globales Más…

 

Nombres que, hasta hace poco, eran rutilantes en las mentes y corazones de la mayoría de las personas componentes de la humanidad, ahora son un triste sinónimo de irrespeto, ineficacia, insolvencia, frustración general, impotencia y hasta de burla de parte de quienes, precisamente, se burlan de la ONU, de la Corte Penal Internacional (CPI), de ONGs otrora tan eficientes, Amnistía Internacional (AI) y otras organizaciones que sirvieron tanto de apoyo como de libertad, dignidad, honorabilidad, justicia y lo más importante… de equilibrio en el mundo para que pudiera “girar mejor” con el respeto entre sus pueblos, gobiernos y naciones.

            ¿Por qué afirmamos, no exentos de tristeza, lo anterior? Porque las guerras que ahora mismo se están librando, han hecho fracasar estrepitosamente todas las iniciativas e impulsos de paz que se han puesto en funcionamiento para detener a esos conflictos. Y nos referimos concretamente al de Ucrania, a la invasión rusa a esta nación libre e independiente de Europa; y a la situación inaudita, intolerable e inaceptable desde todo ángulo en el que se le mire, de la Franja de Gaza, de sus gentes que son masacradas indistintamente, día a día, por las milicias criminales enviadas allí por su líder, el déspota dictador del Estado israelí, Benjamín Netanyahu, un belicista, un carnicero, un depredador de vidas humanas, como no vimos siquiera en la famosa guerra de los Balcanes, en la antigua Yugoslavia; y tampoco en Libia, ni en las distintas guerras africanas, ni en ninguna otra parte del planeta y que pudieron haber servido de punto de referencia para cualquier analista de estos acontecimientos. Netanyahu, por lo tanto, es “único” en su naturaleza: un sujeto que aparenta absoluto control sobre sus emociones cuando aparece en público; pero que, en el fondo negro de su espíritu profundo y atormentado, existe un irrefrenable sentimiento, deseoso de ver correr la sangre de sus enemigos (y posiblemente de aquellos otros que no son enemigos suyos en modo alguno), y así como el escorpión necesita urgentemente envenenar a sus víctimas con su ponzoña mortal, el dictador de Israel necesita ver cuerpos esparcidos, cadáveres destrozados por los misiles y bombas lanzadas por sus milicias en Gaza, Yemen, Siria, Líbano, Irán y Qatar, que son las naciones que ha atacado en los últimos meses. Recept Tayyip Erdogan, el presidente de Turquía lo describió con toda precisión como “un vampiro de nuestro tiempo,” un Nosferatu que se alimenta de la sangre ajena, con prioridad palestina, y se siente complacido por ello. Porque ese es el adjetivo más exacto que le calza a Netanyahu: “complacido”, al saber de cifras de muertos, al ver las fotografías de la desgracia que él ha causado en Gaza y en todos los lugares que ha ordenado atacar con el mayor encono, odio y deseo de aniquilamiento que busca el exterminio de etnias enteras, en especial islámicas.

              Decíamos que la ONU y demás organismos internacionales se nos muestran impotentes ante tales masacres, justamente porque esos genocidas, encabezados por Netanyahu en Israel, procuran que aparezcan así; es decir, totalmente ineficaces en sus tareas de alimentar ante las hambrunas a los miles de necesitados; y más ineficientes todavía cuando se ha tratado de detener esas mismas masacres. António Guterres, el actual Secretario General de la ONU, muy posiblemente pasará a la historia como el hombre que lo intentó todo, pero no obtuvo resultado alguno en favor de la pacificación, del respeto a los derechos humanos y de restablecer ese equilibrio que fue destruido por el ejército israelí y su dictador, para colocar en su lugar el caos y el exterminio de todo un pueblo… el gazatí. Han sido malos tiempos para Guterres, sus funcionarios de alto rango y para aquellos que representan a las otras Instituciones.

            La pésima reputación que tienen en estos instantes, se debe, además de su esterilidad por no poder alcanzar sus metas y propósitos, al uso premeditado que hacen los embajadores, tanto de Israel como de Rusia, en sus foros de discusiones, para mentir, dar datos inexactos o tergiversados y salir con amplias sonrisas de burla después de que captaron la atención de todos los allí presentes. El pleno de la ONU, por ejemplo, ha sido convertido por Israel en la pista circular de un circo, donde él gesticula, grita, acusa con su índice, amenaza y sobre todo… miente, miente repetida e incansablemente, sobre los asesinatos que su ejército está causando en Gaza. A ese extremo han llevado y convertido a las Naciones Unidas, los sátrapas que hemos mencionado.

            Y en lo que concierne a la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos, y que ha dictado órdenes de captura contra Putin y Netanyahu, los líderes de países signatarios al Convenio de Roma que dio vida a esta Corte, también se burlan de ella cuando esos dos prófugos de la justicia sobrevuelan tranquilamente los espacios aéreos de esas naciones firmantes y se les deja transitar libre y cómodamente, cuando deberían ser bajados de sus aviones, apresados y llevados ante los jueces para ser procesados por los crímenes masivos que están cometiendo diariamente. La esterilidad, la ineficacia, la disfuncionalidad y la imagen aparencial solamente, son aspectos deprimentes en quienes esperamos respuestas de esos organismos. Aunque nos queda una leve esperanza que se asoma tímidamente por un resquicio de nuestras almas y que nos dice que, probablemente, después de que estas masacres hayan terminado -en concreto, el exterminio del pueblo palestino-, quizás la humanidad al unísono, quiera darle un nuevo semblante a estas Instituciones y encuentre fórmulas para hacerlas funcionales, humanamente funcionales, cristianamente funcionales, elevadamente funcionales y podamos superar el caos vigente de hoy en día. Talvez, quizás, posiblemente…


 La Inconsistencia del Aparato Judicial Brasileño

 

Lo que sucede en Brasil con sus fiscales y jueces, componentes de su sistema jurídico, es lo mismo que se puede encontrar y observar en otras latitudes de Latinoamérica: deficiencia, corrupción, intereses creados que favorecen a los imputados, impunidad abierta e impresionante y, en algunos casos, aciertan con los veredictos; pero, en casos parecidos o iguales, se equivocan estrepitosa e inexplicablemente.

            En el último aspecto, vemos como Jair Bolsonaro, el penúltimo presidente brasileño, ha sido condenado a 27 años y 3 meses de prisión al hallársele, supuestamente, culpable de “intento de abolición violenta del Estado constitucional democrático, intento de golpe de Estado, participación en una organización criminal armada, daños graves a la propiedad y daños a bienes culturales protegidos.” Según explicación emitida por los jueces que lo condenaron, liderados por el cuestionable Alexandre de Moraes, a quien Donald Trump impuso sanciones, precisamente por su persecución desmedida y descarada contra Bolsonaro y su favorecimiento al actual presidente del país, Luiz Inácio Lula da Silva, quien conforma la otra “arista de esta figura político-judicial.” Es decir, es la parte marxista-leninista de la realidad brasileña, mientras Jair Bolsonaro es el líder y máximo representante de la ultra-derecha.

            Supongamos (sólo supongamos) que los tres jueces que han dictado sentencia en contra de Bolsonaro tienen absoluta y total razón, que demostraron sobradamente la participación del ex presidente en los actos de anarquía contra las tres principales Instituciones del país, en su intento por frenar el resultado de las elecciones anteriores, algo que no ha quedado completamente demostrado, puesto que él se encontraba en los Estados Unidos en ese momento, aunque se insiste en que participó en los hechos, a pesar de la distancia, y dirigió los acontecimientos vía telefónica. Todo en un político de su naturaleza es posible, incluyendo la asonada militar, puesto que, adicionalmente a su personalidad, forma parte de la casta militar dura, tendenciosa a cualquier acto en contra de la institucionalidad, tal y como es costumbre y “tradición” en este país de golpistas y golpes de Estado a lo largo de su historia.

            Sin embargo, así como Bolsonaro se habrá ganado esa sentencia y los años de prisión que le sobrevendrán, Lula da Silva tiene que estar en una situación carcelaria parecida. ¡Y no lo está! Aquí notamos seriamente las inconsistencias de las Cortes brasileñas, que no aplican el mismo rasero a todos los implicados en actos reñidos con la justicia y con el orden que debería siempre prevalecer.

            Para comprender mejor parte del derrotero de la vida de Lula, es oportuno, aquí y ahora, repasar que en marzo del 2016 estuvo envuelto en uno de los peores escándalos que recuerde el pueblo brasileño, causado por la empresa Petrobras, de la que Lula recibió dádivas, “regalías” o coimas, para favorecer a esta compañía, famosa, por demás, por sus reiterados actos de corrupción a lo largo y ancho de América y parte de África. Lula estuvo detenido, en principio, durante 11 días, con el objetivo de ser interrogado por su participación en las decisiones –al margen de la ley-, de los directivos de Petrobras. Pero, en un intento desesperado por evadir la justicia, su compañera y amiga, la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, lo nombró Ministro de la Casa Civil, una determinación que alteró los ánimos de la mayoría de los brasileños, hasta que un juez del Supremo Tribunal Federal, en Brasilia, suspendió ese nombramiento que, a todas luces, pretendía obtener inmunidad para Da Silva.

            Rousseff le nombró nuevamente en el mismo puesto y por segunda ocasión; pero otro juez; esta vez Gilmar Mendes, lo volvió a suspender. Así Lula da Silva quedaba a las órdenes de la justicia en condición de un ciudadano común. Y el 12 de julio del 2017, Lula fue condenado en primera instancia a nueve años y seis meses de prisión, por el juez Sérgio Moro. Era la primera ocasión en la historia de Brasil que un expresidente era condenado por el cargo de corrupción pasiva. Lula se entregó el 7 de abril del 2018 y estuvo preso 580 días e imposibilitado de presentarse a las elecciones presidenciales del 2018, que fueron ganadas precisamente por Jair Bolsonaro.

            Y aquí viene lo aterrador de este caso… la insatisfacción generalizada y la desconfianza en aquellos que aplican la justicia en Brasil y que hacen del aparato judicial un “antro de inconsistencias” y de igual corrupción (algo que es evidente y se repite en casi todas las naciones de América latina): el 8 de marzo del 2021, uno de los jueces de la Corte Suprema anuló todas las sentencias dictadas contra Lula da Silva, bajo la argumentación de que “el juez Moro carecía de competencia para entender en los supuestos delitos que se le imputó” y por ende, inició una investigación en contra del mismo magistrado Moro.

            Y para “remachar” este desaguisado vergonzante ante los ojos del resto de los latinoamericanos, en el 2023 la Corte Suprema brasileña anuló la validez de las pruebas de corrupción y emitió un comunicado de prensa en el que calificaba la condena contra Lula, de “error histórico.” El resto de esta narrativa todos la conocemos: el susodicho se presentó a las elecciones y, en gran medida por los errores gubernamentales de Bolsonaro, como el pésimo manejo de la pandemia del covid-19 entre otros, Lula regresó como presidente del país. Y hoy está exultante, extraordinariamente feliz por lo que le acontece a su archi-enemigo Jair Bolsonaro…

            Pero que Lula da Silva recibió las coimas de Petrobrás… las recibió, en cuenta la remodelación total de un apartamento de lujo que fue “la punta de lanza” de la investigación en su contra. Es un corrupto con todas sus letras y acepciones que pueda tener el término, como posiblemente sea un golpista Bolsonaro. Y por ello, que ha quedado irrefutablemente demostrado, estuvo prisionero, pero un juez amigo lo liberó y borró por completo su voluminoso expediente judicial. De tal modo, si Bolsonaro merece estar en prisión… Lula también; pero son las inconsistencias de las Cortes brasileñas… también corruptas.


 El Trauma Permanente en la Mente Colectiva del Pueblo Ruso

 

Cuando se viaja a lo largo de Rusia (o la antigua Unión Soviética, URSS), es imposible no encontrarse siempre y en cada recodo de la inmensa geografía de este país euro-asiático, con monumentos y museos conmemorativos de “la Gran Guerra Patria”, que no es otra cosa que a la guerra librada por los entonces soviéticos contra la invasión alemana ordenada por Adolf Hitler.

            El Alto Mando alemán la llamó “Operación Barbarroja” y dio inicio el domingo 22 de junio de 1941, en plenitud de la Segunda Guerra Mundial. Fueron más de 4,5 millones de soldados teutones los que ingresaron al vasto territorio conformado por Estonia, Letonia, Lituania, Rusia, Bielorrusia y gran parte de Ucrania (hoy naciones independientes de la URSS, excepto los bielorrusos que fungen como un “Estado títere” de Moscú).

            La intención del Führer, Adolf Hitler, era conquistar aquel inmenso territorio para heredarlo a las futuras generaciones alemanas, en lo que él llamó “Lebensraum” o “espacio vital”, en su traducción al castellano. Meses antes, el ministro alemán de Exteriores, Joachim von Ribbentrop y su par soviético, Viacheslav Molotov, habían firmado el famosísimo pacto de “No agresión” de uno hacia el otro, lo cual daba cierta seguridad a los soviéticos ante el temible enemigo (ideológicamente) alemán. Pero aquello fue un ardid, una medida táctico-política para engañar a los soviéticos y encontrarlos confiados al asestar el golpe definitivo con la invasión de su territorio. Incluso, cuentan los veteranos alemanes, muchos años después de la contienda, que las tropas germanas se encontraron durante la invasión, a los trenes soviéticos cargados de materias primas y granos que fueron vendidos a Berlín, como parte del tratado que ambos gobiernos habían firmado en Moscú. Es decir, los rusos estaban cumpliendo lo estipulado hasta en el último momento; aún a pesar del momento invasivo.

            La destreza de los alemanes, curtidos en las campañas militares contra Polonia, los Países Bajos, Bélgica, Francia, Inglaterra y los Estados Unidos en África del Norte, los había hecho prácticamente invencibles, debido al portento de su maquinaria de guerra, como por la experiencia acumulada en los campos de batalla. Por esas razones y porque Stalin había decapitado a su ejército de sus mejores generales, debido a su consabida paranoia que le hacía ver enemigos “hasta en la sopa”, los alemanes iban capturando miles de miles de soldados soviéticos con una facilidad asombrosa, nunca antes vista en la historia de la humanidad, ni siquiera por las tropas napoleónicas durante su campaña en la misma Rusia. Pronto los prisioneros llegaron a ser más del millón y se convirtieron en una verdadera calamidad y preocupación, pues no había manera de alimentarlos, vigilarlos y concentrarlos; tampoco dedicarles el tiempo requerido que una masa humana de este tipo necesita.  

           Ante aquella nefasta realidad, tan penosa como acuciante para los soviéticos, los más optimistas observadores, políticos y periodistas de la época, cifraron prontamente la derrota de la Unión Soviética, de su famoso “ejército rojo” ante el empuje de las fuerzas alemanas. En su desesperación, el dictador sanguinario de la URSS, Josef Stalin, ordenó que aquellos desertores, los soldados (mal entrenados, mal alimentados y sin arma alguna en sus manos), que decidieran volverse hacia atrás para no caer ante el fuego alemán, debían ser fusilados por sus propios comandantes y compañeros de lucha. Era el pensamiento criminal de Stalin, quien creía que todo ruso debía dar su vida sin que le temblara el pulso, así… de cualquier manera. Pero una de las órdenes más impresionantes por su fondo asesino, fue aquella que giró y que decía que los más jóvenes, niños incluso, debían correr hacia adelante en los extensos campos, pisando las minas anti-personales, ofrendando sus vidas a la “madre Rusia”, para que la infantería que les seguía pudieran avanzar posteriormente. No había duda, la Unión Soviética entera estaba en acción de guerra, con sus manos vacías, con instrumentos de labranza y con armas recién salidas de las precarias fábricas de armamento. Esa fue la semblanza presentada al resto de la humanidad de parte de los soviéticos en la defensa de su país.

             Una vez que el conflicto mundial acabó, los soviéticos no olvidaron nunca aquel ingente e impresionante esfuerzo bélico, tendiente a expulsar y aniquilar a los invasores. Y hasta nuestros días, en cada conversación de sobremesa, en cada asiento en un parque cualquiera con un ruso, nos traerá del recuerdo aquella epopeya, que es mucho más impresionante que las de los antiguos griegos, troyanos, romanos o determinado pueblo antiguo. Fue un hito inolvidable para ellos, “la épica de épicas” por excelencia. Es por esa causa que el actual dictador de Rusia, Vladímir Putin, se refiere al Estado ucraniano como un “Estado nazi” y ve “nazis” por todas partes, aunque solamente esté en su mente de ex soviético que gusta recordar aquella épica contra los alemanes. Evidentemente, en este caso particular, Putin no repara en la ilógica cuando señala a Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania, de “nazi”, pues este dirigente ucranio es judío. Es decir, Putin está afirmando algo así de ilógico como que “el Sol se ha congelado, es frío y nieva constantemente” en ese astro. ¡Ha sido tan fuerte, tan profundo y tan inolvidable el trauma de la invasión alemana a la Unión Soviética, que los rusos de hoy no escatiman nada para señalar a todo enemigo suyo con la denominación de “nazi”! Aunque se falte a la realidad, la verdad, el racionalismo y la lógica.

             Finalmente, hace pocos días atrás, la misma calificación le fue impuesta por la llamada “inteligencia rusa” (suponemos que es la heredera de la anterior KGB), al nuevo Canciller alemán, Friedrich Merz, de quien se dijo en Moscú: “Sólo quienes no conocen la biografía de Merz pueden sorprenderse. (Porque) el Canciller se crio bajo los preceptos de su abuelo y padre, quienes sirvieron plenamente al régimen fascista (de Hitler). La sed de venganza creció en él desde la infancia y después de comenzar su carrera política tomó la forma de una pasión totalmente consumidora.” Este argumento ruso en contra del dirigente alemán actual, sirve para atacarlo por la determinación firme del Canciller germano de seguir apoyando a Ucrania, en todo aspecto, en su guerra contra la invasiva Rusia de Putin. Y en especial por el deseo de Merz de dotar al ejército ucraniano de los temibles misiles “Taurus” alemanes, que tanto asustan y preocupan a los rusos.

           En todo caso, la psicología, permeada por una evidentísima paranoia, es lo que domina la mente colectiva de los rusos en la actualidad, quienes ven un “nazi” en cada opositor a sus beligerantes políticas. Los comprendemos. Pero también queremos que nos comprendan los mismos rusos, cuando vemos en ellos a los soviéticos de siempre, con sus afanes de conquista, sojuzgamiento y esclavitud de las naciones vecinas. Pero nosotros no estamos traumatizados; aunque no podemos evitar sentirnos estereotipados por el comportamiento estalinista de Putin y sus hordas.


Crisis Venezolana.

 En Juego la Reputación y el Matonismo de

Donald Trump

 

“El matón del barrio o de la escuela” ha difundido que habrá pelea con uno de sus selectivos enemigos. Se ha quitado la camisa y ha enseñado sus músculos, sus bíceps, a una concurrencia de muchachos y chicas que han aprendido a admirarle y a temerle a la vez. Sin embargo, los viejos que le conocen sobradamente, saben que todo ese desplante y palabrería es una bravuconada más, para darse importancia y hacerse notar que está allí, para que le admiren aún más y de ser posible, que le aplaudan también. Pero no habrá pelea. No porque el matón tenga miedo o se sienta mal físicamente, sino porque sabe que aquel combate se alargará por un prolongado espacio de tiempo y porque no conoce bien a su contrincante, un chico que acaba de llegar al barrio y de alguna manera “le hace sombra.”

            Si utilizamos la analogía con el caso arriba planteado y que se repite a diario en nuestros vecindarios y escuelas y muy posiblemente lo vimos como terceras personas en nuestra infancia, nos daremos cuenta de que Donald Trump calza a la perfección en la imagen y la psicología del matón del barrio. En principio, se inventó la cita con el genocida ruso Vladímir Putin en Alaska; y después fue en busca del otro “chico que le hace sombra”, en la persona del dictador de Venezuela, Nicolás Maduro. Y es que Trump ya no soportaba más la intensa presión, sin descanso, que los periodistas, periódicos y telediarios estadounidenses, estaban ejerciendo sobre él con el vulgar “caso Epstein”, el judío gran amigo suyo, con el que compartió muchas ocasiones a las jóvenes que el hebreo acostumbraba a engatusar para explotarlas sexualmente. Donald Trump ya no podía salir, antes del encuentro con Putin, ante la prensa estadounidenses porque lo atribulaban una y mil veces más con preguntas sobre su participación en el sórdido y banal mundo del judío. El anciano que es Trump sentía que el corazón le iba a estallar en mil pedazos, sino su cerebro también, ante tal insistencia y “bombardeo” siempre con el mismo tema. Incluso, analistas curtidos en esto de las crisis gubernamentales, barajaban la posibilidad de que se diera un levantamiento de parte del Pentágono o ciudadanos en las calles, convencidos de que su presidente es el indecente que es y había que bajarlo de la silla presidencial sin dilación ni equívoco… menos titubeo.

            Por eso Trump se “re-inventó” la búsqueda de la paz para Ucrania, citó a Putin, quien presume de ser muy inteligente, pero en esta oportunidad fue usado por el gringo para acallar las necedades de los periodistas con el caso Epstein, y el ruso nunca se dio cuenta de dicha maniobra “triunpana.” Por supuesto que, en la Casa Blanca, entre bambalinas, Donald Trump tiene en esta segunda administración a un “Rasputín” que le está aconsejando tal y cual cosa y le está sacando las “castañas del fuego.” Luego, se inventó la lucha contra el cártel de los soles, que realmente existe en Venezuela, y movilizó a los tres destructores, a los 4,000 marines, aviones de reconocimiento, un submarino nuclear y hasta “embarcó” en el mismo acto de matonismo a otro iluso: el presidente francés, Emmanuel Macron, quien se ha creído a pies juntillas el “heroísmo” de Trump y su idealismo por acabar con los narcotraficantes. Pero en el fondo, repetimos, el gringo sólo quería que le dejaran en paz con el “asunto Epstein.”

¡Pues bien…! La treta le ha dado resultado al Rasputín que le habla al oído a Trump y le aconseja, porque ya en USA no se habla del judío pedófilo que se suicidó en una celda en la penitenciaría de Manhattan. Y la esposa viuda del hebreo, Ghislaine Maxwell se está desdiciendo de lo dicho anteriormente en contra de Trump, porque ahora dice que “nunca lo vi en casa de mi marido Jeffrey Epstein.” Después de que juraba con ambas manos que eran grandes amigos. Porque lo que busca esta inglesa caída en desgracia, es que Trump la indulte y pueda regresar a Londres a vivir la vida que perdió junto al pedófilo.

Retornando a la analogía del “matón del barrio”, Donald Trump con todo ese despliegue de poderío naval y aéreo frente a Venezuela, ahora está metido en otro “trance” que deberá resolver: esa presencia en el Caribe sur, cuesta al erario de los Estados Unidos millones de millones de dólares ¡semanales, sino diarios! Y tiene apretujados en los tres barcos a los 4,000 marines, quienes sueñan estar con sus padres, esposas e hijos en los Estados Unidos, en lugar de estar haciendo ¡NADA! Sin entrar en acción de ningún modo. Porque hay una cosa clara: Trump no va a declarar la guerra a Venezuela, ni va a invadir a ese país, ni va a capturar al chofer de autobús, Maduro. Trump es el mismo que erradicó la democracia en Afganistán, sacó a los soldados yanquis de aquella nación centro-asiática y entregó el mando en Kabul a los talibanes, a quienes una coalición de ejércitos occidentales habían apartado del poder durante el gobierno de George Bush. Trump es capaz de cualquier cosa, pero que sea una cosa enrevesada, reñida con la lógica y el raciocinio, nunca con la inteligencia, el sentido común, ni el bien general de las personas. Además, atacar a Venezuela, cuando la Academia Nobel todavía no ha designad, presuntamente, al ganador del premio Nobel de la Paz, sería algo así como “dispararse a sí mismo en el pie.” Donald, el come-hamburguesas, quiere que le recuerden como el “buen chico que era o el buen presidente amante de la paz a toda costa y que un día pacificó a éste, ese y aquel…” como la canción.

Pero si esos buques se regresan a los Estados Unidos sin derrocar a Nicolás Maduro ni llevarlo encadenado a una Corte estadounidense, Trump quedará como el más charlatán y ridículo de los mandatarios de esa superpotencia. ¿Para qué tanto ruido frente a Venezuela, para saludar solamente a Maduro y a su cohorte? He ahí el dilema de este presidente de EE.UU, el menos político de cuantos ha habido en esa nación. Sin duda, se trata de un serio caso de ser consecuente con sus propias palabras o un impostor que sólo ha pensado en “enseñar sus músculos.” Veremos con el pasar de los días.


 El Derrocamiento del Régimen Narco de Nicolás Maduro en Venezuela: “Ver

 para Creer”

 

Tres barcos destructores, atestados con misiles y 4 mil hombres a bordo; más un submarino que es indetectable por los radares enemigos y aviones de reconocimiento que se pueden introducir en lo profundo del territorio y tomar las fotos más nítidas posibles, es la fuerza bélica que Donald Trump ha ordenado viajar hasta las aguas del Caribe sur, frente a las costas de Venezuela. En torno a ello, se han tejido las más variadas especulaciones, en especial la reiterada que dice que el derrocamiento del narco-dictador Nicolás Maduro, va a ocurrir en las próximas horas; y hay quienes afirman sin temor a la mentira, que sucederá antes de que finalice el presente mes de agosto.

            La reacción de Maduro Moro ha sido la lógica en un sujeto que se sabe inferior a la fuerza que le han puesto al frente de su país: está nervioso, sumamente contrariado y lo mismo que otros dictadores de su talante, en los casos de Manuel Antonio Noriega, en Panamá, en 1989; y Saddam Hussein, en Irak, hablan como desquiciados –producto de ese evidentísimo nerviosismo-, salen a los balcones del palacio de gobierno, blanden espadas o machetes, amenazan, profieren insultos al presidente de turno en los Estados Unidos y llaman al pueblo a unirse contra el invasor “yanqui.” Todo ello, reiteramos, es producto del estado alterado de nervios en el que se encuentran. Maduro, sabemos bien, ya se ha imaginado en poder de los gringos, en una celda reducida, con la luz eléctrica encendida las 24 horas, durante la cadena perpetua que el juez le daría por ser uno de los grandes exportadores de cocaína y otras sustancias prohibidas, con destino a los jóvenes estadounidenses. Por eso, su miedo, convertido en auténtico e irrefrenable terror, le ha hecho decir la insensatez, la fantasía, producto de su mente atribulada, que 4,5 millones de milicianos, listos para la gran batalla, defenderán a su presidente (él mismo), su régimen (dictatorial y de hambre generalizada), y a Venezuela entera. Pero esos milicianos ya han comenzado a hacerse a un lado, a esconderse, y a demostrar que no darían sus débiles y ancianas vidas (se trata de ancianos, mujeres y hasta niños), por un sátrapa como lo es Maduro y sus secuaces del “cártel de los soles”, entre quienes están en primera plana, Diosdado Cabello, el más virulento de todos, un fanático de “rompe y rasga”, dispuesto a vender cara su captura a los gringos; y el no menos criminal y narco-militar, Vladímir Padrino López, el ministro de Defensa y el creador de toda la logística para el trasiego de la droga hacia los Estados Unidos, México (los cárteles mexicanos compran la coca a los venezolanos), las islas del Caribe y Europa. Hasta aquí, todo parece comprensible, lógico y realista, pues con un esquizoide como Donald Trump en el gobierno estadounidense, todo se puede esperar y todo se puede dar, debido a su violenta manera de ser y de actuar.

            Sin embargo –y dentro del ámbito de la especulación siempre-, creemos que es necesario observar con cuidado la realidad, los movimientos en el “tablero estratégico”, para formarnos una opinión lo más asertiva posible. Y debemos partir de la premisa de que Trump desea en forma delirante y obsesiva, el Premio Nobel de la Paz. Un cálculo que ya debe haber tomado para que se lo entreguen desde Oslo y Estocolmo, Capitales escandinavas donde se “cocina” esa premiación. De tal manera, un ataque en los próximos días a la narco-dictadura de Venezuela, alejaría esa posibilidad que Trump sueña para sí. Los suecos y noruegos observarían, en su defecto, a otra personalidad realmente comprometida con la paz y precisamente esas son las que sobran en estas fechas, especialmente aquellas organizaciones y ONGs que han denunciado las masacres en Ucrania y la Franja de Gaza. Incluso, han perdido miembros en el terreno, por culpa de los bombardeos rusos y judíos a esos sitios geográficos, lo cual los hace más merecedores que el gordo presidente de los Estados Unidos, quien, a todas luces y descaradamente, quiere esa premiación para alcanzar en prestigio a Barack Obama, su némesis existencial, desde que se introdujo en el complicado mundo de la política que Trump todavía no acaba de empezar a comprender siquiera.

            Por otra parte, desde el punto de vista técnico-táctico, se necesitará una fuerza todavía mayor para vencer al ejército venezolano en su propio territorio, la Venezuela que conocen al “dedillo”, mientras los estadounidenses podrían inmiscuirse en una aventura guerrerista sin mucho asidero realista. Algo así como les sucedió en el desconocido Vietnam, donde la espesa selva tropical del sureste asiático confabuló en contra del ejército yanqui y fue ventajoso para los vietnamitas apoyados por la antigua Unión Soviética. Venezuela también estaría apoyada por Rusia, Irán y China en esta oportunidad.

            Por las razones anteriores que aquí someramente hemos desglosado y porque los estadounidenses no van a una guerra en solitario –desde la vergüenza sufrida en Vietnam precisamente-, podría ser solamente una medida coercitiva, un desplazamiento de los tres buques destructores para incentivar a las fantasías de los analistas y periodistas internacionalistas; y, fundamentalmente, alejar “el fantasma” del judío Jeffrey Epstein que estaba molestando tanto a Donald Trump, cuando, en las ruedas de prensa, se le preguntaba constante e incansablemente por ese amigo suyo que se suicidó en una celda de Manhattan y en cuyas listas, en manos de la fiscal Pam Bondi, aparece repetidamente el nombre del insaciable (sexualmente), Donald Trump. En esto de actuar como un pulpo o un calamar, extendiendo una cortina de tinta frente a sus depredadores, se ha hecho experto Trump, posiblemente aconsejado por el también judío Benjamín Netanyahu, quien ha obviado rescatar a los rehenes en manos de Hamás y ha preferido asesinar a los palestinos inocentes de la Franja de Gaza, dilatando su comparecencia ante los tribunales de Israel, en los que podría ser sentenciado por sus prácticas corruptas, lo mismo que su esposa Sara.

            Por ello, decimos: “ver para creer.” El desplazamiento de los tres destructores, soldados y aviones frente a Venezuela, nos parece más una práctica dilatoria y evasiva de la realidad personal de Trump, que el final realista del narco-dictador Maduro y toda su camarilla. Y será el tiempo el que nos dará la razón o nos hará ver nuestro error.